31 de julio de 2015
¡Primer aniversario!
Hoy es una maravillosa ocasión para recordar y celebrar el lanzamiento de Señora del tiempo con su booktrailer. ¡A disfrutar!
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Vida de escritor
23 de julio de 2015
Tiempo atrás...
El próximo 31 de julio Señora del tiempo cumplirá su primer año de haber sido lanzada. Fue una noche memorable, pues ante una concurrida audiencia, tuve la oportunidad de escuchar la estupenda presentación que hizo entonces Emilia Fallas, filóloga y estudiosa de la literatura, sobre la novela. Entre otras cosas, combinó muy bien los temas principales que dan vida a la historia, la ciencia y la (supuesta) brujería de las protagonistas, y aprovechó para formular algunas reflexiones en torno al tema y nuestro tiempo. Luego, charlamos un poco más sobre Señora del tiempo y cerramos la velada con un agradable refrigerio con vino.
A partir de esa fecha, el camino de Señora del tiempo fue hermoso. Además de recibir los primeros comentarios en torno a su lectura, tuvo la oportunidad de volver a brillar en la Feria del Libro de ese año, que se realizó en agosto en la Antigua Aduana. Ahí no solo tuve la oportunidad de vivir una de las mejores ferias del libro que hemos tenido en Costa Rica en mucho tiempo, con gran afluencia de lectores y enorme trasiego de libros, sino también pude conocer y reencontrarme con escritores amigos y colegas, charlar sobre nuestros libros y proyectos, explorar las nuevas propuestas, y algo todavía más emocionante: conocer a algunos de mis lectores, tanto los que se acercaban por primera vez a conocer Señora del tiempo, como los que ya la conocían por entonces y querían contarme sus experiencias en torno a ella. Algunos habían disfrutado con ciertos personajes, otros más con las predicciones que la novela exploraba, otros, con lo que significaba para ellos y sus vidas personales. Saber que alguien atesora un mundo que una fraguó en su imaginación y en el que puso su corazón y su entusiasmo es quizá uno de los sentimientos más poderosos que un escritor puede tener en el contacto con sus lectores.
El año ha transcurrido y Señora del tiempo está ahí, en las librerías, brillando con su luz propia, aún siendo adquirida, leída y comentada. En Goodreads han ido apareciendo algunas reseñas y calificaciones, otros lectores se han acercado a mí para comentar sus más recientes vivencias, y aún quedan más que se acercan por primera vez, la toman en sus manos, la ponderan con cuidado y se la dejan, para sumergirse en sus páginas como otros cientos de lectores lo han hecho ya.
Me siento afortunada porque mi novela sobre terremotos y poder
psíquico aún está presente entre nosotros. Habla de dramas personales y retos colectivos, de un país, pero también de seres humanos, que en un momento crucial de sus vidas se ven enfrentados a tomar decisiones que no solo los afecta a ellos sino a otros muchos, sin que estos siquiera se percaten. Habla de amor, comprensión y tolerancia. También de prejuicio, rechazo y mentiras. Habla de corrupción y de trampas, pero también de honestidad, valentía y persistencia. Habla de un mundo que ha cambiado en muchos aspectos, pero en otros permanece exactamente igual, pues, cuando hablamos del futuro, jamás podemos olvidar que los seres humanos no siguen siempre pautas preestablecidas o ya marcadas, sino que son muy capaces de innovar y crear cosas nuevas, pero también, de conservar lo antiguo, sea para su bien o para su mal.
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Vida de escritor
19 de julio de 2015
Lectura telefónica
No me refiero a la cuenta del teléfono ni nada parecido, sino a la lectura de obras literarias en los teléfonos celulares. Libros electrónicos, sí, pero en el mismo aparatito que nos sirve para hablar, mensajear, acceder a las redes sociales o a Internet, escuchar música, tomar fotos y hasta para consultar la hora (aunque muchos de nosotros no hemos abandonado nuestros relojes de pulsera, curiosamente). ¿Que quién lo hace? Pues muchos más de los que en un principio uno se imaginaría.
El otro día, por ejemplo, iba en el autobús de regreso a mi casa y al pasar la mirada por los restantes pasajeros, noté la expresión usual de cansancio o seriedad de quienes vuelven al hogar tras largas horas en alguna oficina. La mayoría llevaban sus celulares encendidos en sus manos, y era obvio que estaban consultando Facebook, o Twitter o más probablemente el Whatsapp. No faltaba quien simplemente se había colocado unos audífonos y escuchaba música mientras contemplaba la lluvia que caía incesante en el exterior. Mi mirada errabunda se detuvo, sin embargo, en una mujer joven que iba leyendo un capítulo de algo. Sí, un CAPÍTULO de algo. Así, marcado, especial, con florituras o arabescos en torno. La mujer leía concentradamente e iba deslizando la pantalla poco a poco, por lo que pude comprobar que se trataba de un texto largo, con párrafos, sin imágenes, y quizá un diálogo. Digo "quizá" porque no iba yo a acercarme más para saber qué era lo que atrapaba su atención, pero solo saber que no se trataba de la usual red social o de la aplicación de mensajería fue suficiente: lectura en el teléfono, en español, en el bus, en mi país.
Y me dije que tenía que pasar. Hace poco estuve reflexionando sobre la supuesta muerte de la lectura, que consideraba relativa, dado que la preferencia por los libros en papel es mayor de lo que se ha querido pensar y dado que ha habido un importante resurgimiento de librerías independientes, que dan cuenta de que la vitalidad del libro en papel persiste. Por otro lado, los libros electrónicos no siempre se venden: muchos se ofrecen gratuitos y otros muchos, tristemente, se piratean. Pero de que se leen, se leen. El dilema de cómo hacer que el negocio perdure es un asunto distinto de si la lectura en sí está viva o no. Y lo está.
placer. Uno de los comentarios que me hicieron fue más bien pesimista: me aseguraba que según la experiencia de libreros y editores, el declive en las ventas de libros, aun los digitales, era tan importante que solo podía revelar una significativa reducción de lectores en nuestra sociedad. Le respondí que aunque era un dato relevante, no podía ser considerado con tanto determinismo, pues, en primer lugar, el "poco" uso de los libros en papel no significa automáticamente que hay menos número de lectores que antes, pues estos habrán migrado hacia otros soportes; en segundo lugar, se sabe que de todas formas, la
Los japoneses, por ejemplo, inauguraron el millonarísimo negocio de las novelas para celulares o novelas de pulgar. Son escritas en los sistemas de mensajería del teléfono, carecen de todo estilo y son bastante monotemáticas (aunque parece que se están diversificando), pero son novelas: se descargan y se leen por millones de lectores, están en varios idiomas y algunas han llegado al papel. Es un auténtico género del siglo XXI, si me preguntan, que confirma el hecho de que la lectura sigue vitalísima, necesarísima, energética.
Otra tendencia, favorecida por el agrandamiento de las pantallas de los celulares "inteligentes", es el de poder descargar en ellos versiones completas de novelas clásicas, como Guerra y paz, por ejemplo, o cualquier otro en el que puedan pensar. Estamos hablando de los clásicos de siempre, trasladados a una pantalla de celular, que son leídos enteros o por partes, en el bus, en el banco, en la fila, y que cuando uno se da cuenta, ya se ha terminado. Libros maravillosos dentro de un aparatito. ¿Imposible? ¡Está ocurriendo! (En este enlace, Gabriella Campbell cuenta con más detalle este interesante experimento).
Y si los clásicos llegan, ¿por qué no los modernos? Yo misma estoy leyendo capítulo a capítulo mi novela de entregas Estrella Oscura, en mi teléfono. De hecho, ese día, el de la mujer leyendo en el bus, iba con uno de los capítulos (creo que era el X), perfectamente legible, perfectamente cómodo. Y creo que más de uno de mis suscriptores están haciendo lo mismo, porque han preferido los formatos EPUB o MOBI que se adaptan bien a los lectores electrónicos.
Así que ¿leer en el teléfono? ¿Por qué no? La novela clásica o la romántica de moda, la de ciencia ficción o la psicológica más actual, cualquiera cabe en un telefonito, y cualquiera sigue siendo un placer y una fuente de diversión. =)
El otro día, por ejemplo, iba en el autobús de regreso a mi casa y al pasar la mirada por los restantes pasajeros, noté la expresión usual de cansancio o seriedad de quienes vuelven al hogar tras largas horas en alguna oficina. La mayoría llevaban sus celulares encendidos en sus manos, y era obvio que estaban consultando Facebook, o Twitter o más probablemente el Whatsapp. No faltaba quien simplemente se había colocado unos audífonos y escuchaba música mientras contemplaba la lluvia que caía incesante en el exterior. Mi mirada errabunda se detuvo, sin embargo, en una mujer joven que iba leyendo un capítulo de algo. Sí, un CAPÍTULO de algo. Así, marcado, especial, con florituras o arabescos en torno. La mujer leía concentradamente e iba deslizando la pantalla poco a poco, por lo que pude comprobar que se trataba de un texto largo, con párrafos, sin imágenes, y quizá un diálogo. Digo "quizá" porque no iba yo a acercarme más para saber qué era lo que atrapaba su atención, pero solo saber que no se trataba de la usual red social o de la aplicación de mensajería fue suficiente: lectura en el teléfono, en español, en el bus, en mi país.
Y me dije que tenía que pasar. Hace poco estuve reflexionando sobre la supuesta muerte de la lectura, que consideraba relativa, dado que la preferencia por los libros en papel es mayor de lo que se ha querido pensar y dado que ha habido un importante resurgimiento de librerías independientes, que dan cuenta de que la vitalidad del libro en papel persiste. Por otro lado, los libros electrónicos no siempre se venden: muchos se ofrecen gratuitos y otros muchos, tristemente, se piratean. Pero de que se leen, se leen. El dilema de cómo hacer que el negocio perdure es un asunto distinto de si la lectura en sí está viva o no. Y lo está.
placer. Uno de los comentarios que me hicieron fue más bien pesimista: me aseguraba que según la experiencia de libreros y editores, el declive en las ventas de libros, aun los digitales, era tan importante que solo podía revelar una significativa reducción de lectores en nuestra sociedad. Le respondí que aunque era un dato relevante, no podía ser considerado con tanto determinismo, pues, en primer lugar, el "poco" uso de los libros en papel no significa automáticamente que hay menos número de lectores que antes, pues estos habrán migrado hacia otros soportes; en segundo lugar, se sabe que de todas formas, la
Los japoneses, por ejemplo, inauguraron el millonarísimo negocio de las novelas para celulares o novelas de pulgar. Son escritas en los sistemas de mensajería del teléfono, carecen de todo estilo y son bastante monotemáticas (aunque parece que se están diversificando), pero son novelas: se descargan y se leen por millones de lectores, están en varios idiomas y algunas han llegado al papel. Es un auténtico género del siglo XXI, si me preguntan, que confirma el hecho de que la lectura sigue vitalísima, necesarísima, energética.
Otra tendencia, favorecida por el agrandamiento de las pantallas de los celulares "inteligentes", es el de poder descargar en ellos versiones completas de novelas clásicas, como Guerra y paz, por ejemplo, o cualquier otro en el que puedan pensar. Estamos hablando de los clásicos de siempre, trasladados a una pantalla de celular, que son leídos enteros o por partes, en el bus, en el banco, en la fila, y que cuando uno se da cuenta, ya se ha terminado. Libros maravillosos dentro de un aparatito. ¿Imposible? ¡Está ocurriendo! (En este enlace, Gabriella Campbell cuenta con más detalle este interesante experimento).
Y si los clásicos llegan, ¿por qué no los modernos? Yo misma estoy leyendo capítulo a capítulo mi novela de entregas Estrella Oscura, en mi teléfono. De hecho, ese día, el de la mujer leyendo en el bus, iba con uno de los capítulos (creo que era el X), perfectamente legible, perfectamente cómodo. Y creo que más de uno de mis suscriptores están haciendo lo mismo, porque han preferido los formatos EPUB o MOBI que se adaptan bien a los lectores electrónicos.
Así que ¿leer en el teléfono? ¿Por qué no? La novela clásica o la romántica de moda, la de ciencia ficción o la psicológica más actual, cualquiera cabe en un telefonito, y cualquiera sigue siendo un placer y una fuente de diversión. =)
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12 de julio de 2015
La lectura no ha muerto
Suena extraño, pero es así. Por supuesto que hablo de la lectura como pasatiempo, como placer, no la que tenemos que hacer todos los días en nuestro trabajo y que consume horas de dedicación e intensos pensamientos (o serias frustraciones), y que por cierto jamás desaparecerá, sino esa que nos sumerge en mundos ficticios donde las reglas son otras y nuestras vidas se ven de pronto en suspenso. Esa lectura, pese a los malos augurios de muchos, no, no ha muerto. Sigue más viva que nunca.
Quizá mi aseveración parece intempestiva y posiblemente fuera de lugar, pero he estado pensando en esto desde hace mucho tiempo, en especial cuando leo en foros y redes sociales que muchos se quejan de que "ya nadie lee", que "la lectura es un bien despreciado" y frases parecidas. Hace unos meses leí un interesante artículo sobre la supuesta muerte de la lectura, al que encontré refrescante, porque no solo me aportó algunos datos, sino también puso en perspectiva varias reflexiones propias. Se trata de The "Death" of Reading?, de L.R. Styles, quien explicaba, de manera más bien sombría, cómo el panorama general de la lectura por placer parecía más bien deprimente.
En efecto, dados los números que Styles manejaba, la situación no podía ser más triste. Las ventas generales de los libros electrónicos de autores "independientes" (entiéndase "autopublicados") y las de los libros impresos (entiéndase "de editoriales"), han experimentado una caída durante el año pasado, y dado lo que ella misma presenciaba en la biblioteca local -donde los jóvenes estaban todos dedicados a sus redes sociales y sus juegos de video y ninguno a un libro, en papel o digital-, el pronóstico para la literatura es negro: cada vez menos jóvenes leen, cada vez menos adultos leen, y lo peor es que es ahora, más que antes, cuando la cultura occidental se da cuenta del enorme valor que la lectura tiene para nuestro desarrollo.
Sin embargo, no todo estaba perdido. Styles también menciona que existen redes sociales para adolescentes en las que miles de lectores discuten sus libros de moda: prácticamente un tercio de los adolescentes actuales. A Styles le parecía exagerado, pero no imposible. Al final, cierra su artículo con una visión prometedora: su propia hija de 17 años prefiere guardar su teléfono que dejar el libro que acaba de tomar del estante, lo que le imprime la esperanza de que tal vez la lectura esté en coma, pero no muerta.
No pienso de manera tan drástica. En primer lugar, es iluso pensar que la mitad de la población vaya a ser asidua y sesuda lectora algún día. Muchos de quienes se quejan de las malas ventas de los libros parecen pensar que es obligación moral de la población humana leer X número de libros al año, cuando en realidad, la lectura por placer es solo uno de muchos pasatiempos posibles. Están otros como los deportes, o los juegos, o las salidas a los bares, etc. Y no todos tienen por qué compartir los gustos. Así como a mí no me interesa jugar fútbol los domingos, no tengo por qué exigirle a Pedro que cambie sus partidos por una novela de aventuras, si a él lo que le gusta es ir a patear una bola. Entonces, la expectativa con respecto a la población lectora debe ser más realista.
¿Un tercio? Pienso que es mucho más probable que así sea: una población lectora tenderá a mantener más o menos la misma proporción de lectores con respecto a los no-lectores si las condiciones sociales son apropiadas, o sea, si hay libros, sistema escolar funcional, nivel de vida aceptable y tiempo posible destinado a la recreación. Entonces, si en EE.UU. un tercio de los adolescentes son lectores, me parece un número más que aceptable: me parece realista. Y viendo la popularidad escandalosa que muchas novelas juveniles están teniendo en estos momentos en aquellas tierras, lo creo más posible.
Hace unos años se dijo que Harry Potter había enviado a los niños ingleses a leer "de nuevo". Que los había separado de sus video juegos y que les había hecho redescubrir los placeres de la lectura. Quizá no fue tan dramático, quizá fue que Harry Potter consiguió algunos millones de lectores más, pero cuando se acabó, el número de lectores volvió a su estadio normal. Quizá Los Juegos del Hambre o Crepúsculo hicieron lo mismo en su pico con el público adolescente. Quizá el boom de El Código DaVinci fue reproducido hace poco por Las 50 sombras de Grey o libros similares. O quizá Paulo Coelho ha estado manteniendo una red de lectores a lo largo de su carrera que muchos no cuentan o no quieren contar.
No pienso que la lectura por placer haya muerto. Ni siquiera que esté en coma. Pienso que está tan vital como siempre y que los "booms" y las "caídas" son solo cuestión de modas: que si los libros electrónicos cayeron en sus ventas es porque ya no son el último grito de la moda, no porque haya menos lectores. Los que leen, leen, y los que no, aunque compren libros, no leerán. ¿Que hay muchos títulos, más que antes? Pero, ¿acaso somos menos personas que antes? Rebasamos los 7 mil millones y todavía hay quien espera que los números se mantengan iguales. Por supuesto que hay más títulos.
Pero también hay más lectores.
No, no ha muerto. Es solo que... bueno, sigue tendencias y modas, cambia de soportes (ahora muchos leen novelas en el teléfono, ojo) y de estilos. Pero la literatura es mucho más que un vetusto libro de papel: es un arte que sigue atrapando a millones.
Y mientras el ser humano esté ávido de historias, lo seguirá haciendo.
Quizá mi aseveración parece intempestiva y posiblemente fuera de lugar, pero he estado pensando en esto desde hace mucho tiempo, en especial cuando leo en foros y redes sociales que muchos se quejan de que "ya nadie lee", que "la lectura es un bien despreciado" y frases parecidas. Hace unos meses leí un interesante artículo sobre la supuesta muerte de la lectura, al que encontré refrescante, porque no solo me aportó algunos datos, sino también puso en perspectiva varias reflexiones propias. Se trata de The "Death" of Reading?, de L.R. Styles, quien explicaba, de manera más bien sombría, cómo el panorama general de la lectura por placer parecía más bien deprimente.En efecto, dados los números que Styles manejaba, la situación no podía ser más triste. Las ventas generales de los libros electrónicos de autores "independientes" (entiéndase "autopublicados") y las de los libros impresos (entiéndase "de editoriales"), han experimentado una caída durante el año pasado, y dado lo que ella misma presenciaba en la biblioteca local -donde los jóvenes estaban todos dedicados a sus redes sociales y sus juegos de video y ninguno a un libro, en papel o digital-, el pronóstico para la literatura es negro: cada vez menos jóvenes leen, cada vez menos adultos leen, y lo peor es que es ahora, más que antes, cuando la cultura occidental se da cuenta del enorme valor que la lectura tiene para nuestro desarrollo.
Sin embargo, no todo estaba perdido. Styles también menciona que existen redes sociales para adolescentes en las que miles de lectores discuten sus libros de moda: prácticamente un tercio de los adolescentes actuales. A Styles le parecía exagerado, pero no imposible. Al final, cierra su artículo con una visión prometedora: su propia hija de 17 años prefiere guardar su teléfono que dejar el libro que acaba de tomar del estante, lo que le imprime la esperanza de que tal vez la lectura esté en coma, pero no muerta.
No pienso de manera tan drástica. En primer lugar, es iluso pensar que la mitad de la población vaya a ser asidua y sesuda lectora algún día. Muchos de quienes se quejan de las malas ventas de los libros parecen pensar que es obligación moral de la población humana leer X número de libros al año, cuando en realidad, la lectura por placer es solo uno de muchos pasatiempos posibles. Están otros como los deportes, o los juegos, o las salidas a los bares, etc. Y no todos tienen por qué compartir los gustos. Así como a mí no me interesa jugar fútbol los domingos, no tengo por qué exigirle a Pedro que cambie sus partidos por una novela de aventuras, si a él lo que le gusta es ir a patear una bola. Entonces, la expectativa con respecto a la población lectora debe ser más realista.
¿Un tercio? Pienso que es mucho más probable que así sea: una población lectora tenderá a mantener más o menos la misma proporción de lectores con respecto a los no-lectores si las condiciones sociales son apropiadas, o sea, si hay libros, sistema escolar funcional, nivel de vida aceptable y tiempo posible destinado a la recreación. Entonces, si en EE.UU. un tercio de los adolescentes son lectores, me parece un número más que aceptable: me parece realista. Y viendo la popularidad escandalosa que muchas novelas juveniles están teniendo en estos momentos en aquellas tierras, lo creo más posible.
Hace unos años se dijo que Harry Potter había enviado a los niños ingleses a leer "de nuevo". Que los había separado de sus video juegos y que les había hecho redescubrir los placeres de la lectura. Quizá no fue tan dramático, quizá fue que Harry Potter consiguió algunos millones de lectores más, pero cuando se acabó, el número de lectores volvió a su estadio normal. Quizá Los Juegos del Hambre o Crepúsculo hicieron lo mismo en su pico con el público adolescente. Quizá el boom de El Código DaVinci fue reproducido hace poco por Las 50 sombras de Grey o libros similares. O quizá Paulo Coelho ha estado manteniendo una red de lectores a lo largo de su carrera que muchos no cuentan o no quieren contar.
No pienso que la lectura por placer haya muerto. Ni siquiera que esté en coma. Pienso que está tan vital como siempre y que los "booms" y las "caídas" son solo cuestión de modas: que si los libros electrónicos cayeron en sus ventas es porque ya no son el último grito de la moda, no porque haya menos lectores. Los que leen, leen, y los que no, aunque compren libros, no leerán. ¿Que hay muchos títulos, más que antes? Pero, ¿acaso somos menos personas que antes? Rebasamos los 7 mil millones y todavía hay quien espera que los números se mantengan iguales. Por supuesto que hay más títulos.
Pero también hay más lectores.
No, no ha muerto. Es solo que... bueno, sigue tendencias y modas, cambia de soportes (ahora muchos leen novelas en el teléfono, ojo) y de estilos. Pero la literatura es mucho más que un vetusto libro de papel: es un arte que sigue atrapando a millones.
Y mientras el ser humano esté ávido de historias, lo seguirá haciendo.
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18 de mayo de 2015
¿Y si la historia se explicara diferente?
En el 2010, y siguiendo el camino que nos habíamos trazado con los cuentos populares, el grupo de escritores de Sedice.com que nos reunimos para "per-versionar" aquellas clásicas historias, decidimos retorcerle la tuerca a la historia y avanzar posibles explicaciones, fantásticas o propias de la ciencia ficción, que resultaran no solo alternativas a la historia oficial, sino incluso, retorcidas, per-versas, y por eso lanzamos: (Per)versiones: Historia. En esa ocasión, me sumergí en un incidente famoso: el asesinato de Julio César en aquel lejano Idus de marzo del año 44 antes de Cristo, en Roma, evento que habría de desencadenar una serie sucesiva de hechos que llevarían a Roma hacia el establecimiento del Imperio, lo que quizá no estaba en los cálculos de los conspiradores y asesinos del insigne general. En mi cuento "¿Tú también, hijo mío?" exploro una alternativa fantástica (o quizá no lo fue tanto) que explicaría por qué César, quien aparentemente estaba al tanto de los planes de sus asesinos y que había sido advertido por amigos y allegados, insistió en acudir al Senado aquel aciago día.
Es una temática muy propia de la ciencia ficción (e incluso de la fantasía) especular con posibles explicaciones alternativas a los fenómenos o eventos ya conocidos, que pueden desafiar la lógica que creemos muy sólida. No por casualidad existe la fantasía histórica, que incorpora elementos fantásticos, o a veces sobrenaturales, en la historia, y por supuesto, la ucronía, un interesantísimo subgénero de la ciencia ficción que especula con la idea de qué habría pasado en la historia si un acontecimiento se hubiera dado diferente o no se hubiera dado: por ejemplo, si en vez de España, hubiera sido Francia la que descubriera América, o la propia Inglaterra hubiera llegado a las del Caribe; o si los rusos hubieran llegado primero a la Luna; o si Aníbal hubiera conquistado Roma; etc. Tenemos novelas escritas sobre premisas así, como Britannia Conquistada ('Ruled Britannia'), de Harry Turtledove, o El hombre en el castillo ('The Man in the High Castle'), de Philip K. Dick, que exploraban, una, el que la Armada Invencible de Felipe II jamás hubiera sido derrotada por el almirante Nelson en Trafalgar y por tanto, que España hubiera conquistado Inglaterra; y la otra, el que Hitler hubiera ganado la II Guerra Mundial y hubiera ocupado Estados Unidos. Ambas son novelas ucrónicas, interesantísimas, que aprovechan la literatura prospectiva para lanzar elucubraciones sobre la naturaleza humana y las consecuencias de sus actos, amén de avanzar la idea de que la historia se mueve por caminos muy sutiles y que un mínimo cambio en un evento, habría podido traer resultados muy distintos que nos afectaran a nosotros en nuestro presente.
En el caso de la fantasía histórica, ésta no necesariamente altera el curso de la historia, sino que a los acontecimientos tal como están registrados les brinda motivaciones y causas muy distintas de las que estamos acostumbrados a escuchar, y que de alguna manera, pueden resultar tanto más ciertas como imposibles. En el caso de "¿Tú también, hijo mío?", la pregunta que subyace en el evento histórico siempre fue: ¿por qué César acudió al Senado si sabía lo que le aguardaba? ¿Por qué desafiar al destino? ¿Acaso no temía la muerte? Pues en mi propuesta... bueno, pero ustedes pueden considerarla, creerla o no, si acuden a mi sitio y leen el cuento que ya está disponible en línea. =) Los invito a participar de esta experiencia. =)
Es una temática muy propia de la ciencia ficción (e incluso de la fantasía) especular con posibles explicaciones alternativas a los fenómenos o eventos ya conocidos, que pueden desafiar la lógica que creemos muy sólida. No por casualidad existe la fantasía histórica, que incorpora elementos fantásticos, o a veces sobrenaturales, en la historia, y por supuesto, la ucronía, un interesantísimo subgénero de la ciencia ficción que especula con la idea de qué habría pasado en la historia si un acontecimiento se hubiera dado diferente o no se hubiera dado: por ejemplo, si en vez de España, hubiera sido Francia la que descubriera América, o la propia Inglaterra hubiera llegado a las del Caribe; o si los rusos hubieran llegado primero a la Luna; o si Aníbal hubiera conquistado Roma; etc. Tenemos novelas escritas sobre premisas así, como Britannia Conquistada ('Ruled Britannia'), de Harry Turtledove, o El hombre en el castillo ('The Man in the High Castle'), de Philip K. Dick, que exploraban, una, el que la Armada Invencible de Felipe II jamás hubiera sido derrotada por el almirante Nelson en Trafalgar y por tanto, que España hubiera conquistado Inglaterra; y la otra, el que Hitler hubiera ganado la II Guerra Mundial y hubiera ocupado Estados Unidos. Ambas son novelas ucrónicas, interesantísimas, que aprovechan la literatura prospectiva para lanzar elucubraciones sobre la naturaleza humana y las consecuencias de sus actos, amén de avanzar la idea de que la historia se mueve por caminos muy sutiles y que un mínimo cambio en un evento, habría podido traer resultados muy distintos que nos afectaran a nosotros en nuestro presente.
En el caso de la fantasía histórica, ésta no necesariamente altera el curso de la historia, sino que a los acontecimientos tal como están registrados les brinda motivaciones y causas muy distintas de las que estamos acostumbrados a escuchar, y que de alguna manera, pueden resultar tanto más ciertas como imposibles. En el caso de "¿Tú también, hijo mío?", la pregunta que subyace en el evento histórico siempre fue: ¿por qué César acudió al Senado si sabía lo que le aguardaba? ¿Por qué desafiar al destino? ¿Acaso no temía la muerte? Pues en mi propuesta... bueno, pero ustedes pueden considerarla, creerla o no, si acuden a mi sitio y leen el cuento que ya está disponible en línea. =) Los invito a participar de esta experiencia. =)
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10 de mayo de 2015
(Per)versionando los cuentos clásicos
Hace unos cinco años, un grupo de escritores reunidos en Sedice.com tuvo la idea de plantearse un proyecto: contar de nuevo viejas historias de sobra conocidas, pero con un quiebre en sus argumentos que pudiera considerarse retorcido, o incluso, "perverso". Jugamos con la idea de "versionar" cuentos clásicos, pero hacerlo de tal manera, que se sintieran oscuros, de suerte que nuestra "versión" fuera una "(per)versión". Y así nació el proyecto (Per)versiones Literarias, que vio nacer su primera antología de relatos en 2010 con (Per)Versiones: Cuentos populares.
En esa primera ocasión, participé con una versión alterada de "La Bella Durmiente". Quería jugar con la idea de que la princesa supiera de la maldición de la bruja (pues en el cuento original la toma por sorpresa) y saber qué pasaría si así fuera. ¿Evitaría el destino? ¿Caería de todas formas en él? ¿Tendría ayuda? ¿Lo enfrentaría sola? El resultado de tales divagaciones fue "Eterna ensoñación", que ustedes podrán encontrar ahora disponible en línea en mi website. =) =)
En esa primera ocasión, participé con una versión alterada de "La Bella Durmiente". Quería jugar con la idea de que la princesa supiera de la maldición de la bruja (pues en el cuento original la toma por sorpresa) y saber qué pasaría si así fuera. ¿Evitaría el destino? ¿Caería de todas formas en él? ¿Tendría ayuda? ¿Lo enfrentaría sola? El resultado de tales divagaciones fue "Eterna ensoñación", que ustedes podrán encontrar ahora disponible en línea en mi website. =) =)
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4 de mayo de 2015
Otro relato disponible en línea
¡Hola! Me paso por aquí para contarles que a partir de hoy está disponible (en línea) mi cuento "Misión inconclusa", en la sección de Relatos de mi website. Es un cuento del 2008, que fue escrito en clave de fantasía con miras a participar en el concurso Domingo Santos. En aquella ocasión no logró meterse en la final, pero luego fue tomado en cuenta para ser publicado, junto con otros relatos de géneros fantásticos de autores diversos, en la antología ¡Jodido lunes! (Bubok, 2008). Una gran experiencia, por El Anillo de los Nibelungos y su historia sobre Brunelhid y Siegfried. =)
cierto, y para mí, una de mis historias consentidas, de esas que escribí tomando en cuenta un escenario especial: el de las valkirias. =) Sí, las valkirias, no los vikingos (que hoy en día están de moda otra vez, pero en aquellos tiempos no lo estaban tanto), o sea, esas doncellas inmortales que se ocupaban de trasladar las almas de los héroes muertos en el campo de batalla a la mesa de banquetes del Valhalla, para ser recibidas por Odín, el Padre de los Dioses, con todos los honores: mitología nórdica, la misma que adorna las leyendas que inspiraron a Wagner
Claro que "Misión inconclusa" no es la historia de Brunelhid y Siegfried, sino la de alguien que despierta una mañana con la terrible sensación de que está atrapada en una historia antigua que ya ha olvidado... ;)
Por otro lado, no olviden que pueden suscribirse en cualquier momento a mi nueva novela por entregas Estrella Oscura. Esta es una novela de fantasía, sobre un mundo que está en peligro y cuya salvación se esconde en una memoria perdida. Los primeros dos capítulos son gratuitos, y se reciben uno a uno las dos primeras semanas; los demás se reciben también cada semana, por una suscripción mensual de $1 US. =) Se puede recibir cada capítulo dentro del propio correo electrónico, en versión PDF, en versión EPUB o en versión MOBI (para Kindle). Ya hay quienes están leyendo los capítulos tres y cuatro, otros que apenas están empezando con los dos primeros (y que pueden activar su suscripción también en cualquier momento): la ventaja es que se puede uno suscribir hoy mismo y ya este viernes recibe el primer capítulo. =)
Al final, todos los suscriptores pagos recibirán la versión digital de la novela completa, para que la tengan en un solo archivo, según el formato que hayan escogido o deseen (PDF, EPUB, MOBI).
¡A leer! =) =)
cierto, y para mí, una de mis historias consentidas, de esas que escribí tomando en cuenta un escenario especial: el de las valkirias. =) Sí, las valkirias, no los vikingos (que hoy en día están de moda otra vez, pero en aquellos tiempos no lo estaban tanto), o sea, esas doncellas inmortales que se ocupaban de trasladar las almas de los héroes muertos en el campo de batalla a la mesa de banquetes del Valhalla, para ser recibidas por Odín, el Padre de los Dioses, con todos los honores: mitología nórdica, la misma que adorna las leyendas que inspiraron a Wagner Claro que "Misión inconclusa" no es la historia de Brunelhid y Siegfried, sino la de alguien que despierta una mañana con la terrible sensación de que está atrapada en una historia antigua que ya ha olvidado... ;)
Por otro lado, no olviden que pueden suscribirse en cualquier momento a mi nueva novela por entregas Estrella Oscura. Esta es una novela de fantasía, sobre un mundo que está en peligro y cuya salvación se esconde en una memoria perdida. Los primeros dos capítulos son gratuitos, y se reciben uno a uno las dos primeras semanas; los demás se reciben también cada semana, por una suscripción mensual de $1 US. =) Se puede recibir cada capítulo dentro del propio correo electrónico, en versión PDF, en versión EPUB o en versión MOBI (para Kindle). Ya hay quienes están leyendo los capítulos tres y cuatro, otros que apenas están empezando con los dos primeros (y que pueden activar su suscripción también en cualquier momento): la ventaja es que se puede uno suscribir hoy mismo y ya este viernes recibe el primer capítulo. =)
Al final, todos los suscriptores pagos recibirán la versión digital de la novela completa, para que la tengan en un solo archivo, según el formato que hayan escogido o deseen (PDF, EPUB, MOBI).
¡A leer! =) =)
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20 de abril de 2015
Celebremos juntos el Día del Libro charlando sobre "Señora del tiempo"
Me siento feliz de contarles que este próximo domingo 26 de abril tendremos una nueva oportunidad de charlar sobre Señora del tiempo, pues estaré a partir de las 3 de la tarde en la Librería Internacional de Multiplaza Escazú, con motivo de la celebración del Día Internacional del Libro. Si bien éste se celebra el 23 de abril, la Internacional está organizando una maratón de lecturas y encuentros literarios durante varios días, y ustedes pueden acompañarme el domingo para celebrar esta importante fecha.
¡No falten!
¡No falten!
"Fantasías controladas" y una semana más que comienza
Hola =) Comenzamos la segunda parte de abril, que parece expirar pronto, y entre mis relatos en línea hay una historia nueva: se trata de Fantasías Controladas, que vio la luz en el lejano 2008, con motivo de la edición VIII del concurso de jurado popular Tierra de Leyendas de Sedice.com. Es un cuento corto, que relata las extrañas aventuras oníricas de un ciudadano común, envuelto en una desbocada fantasía con el concurso de personajes de cuentos de hadas que él no reconoce. La razón está, pues... en el cuento, y tiene que ver con la necesidad de sobrevivir. Los invito a leerlo y disfrutarlo y a darse una vuelta por los demás cuentos que están a su disposición para leer en línea.
Además, por supuesto, les recuerdo que pueden suscribirse a mi nueva novela de fantasía Estrella Oscura, cuyo primer capítulo podría llegar a su correo este mismo viernes, en el formato que Uds. prefieran para leer en sus dispositivos, sea éste su propio computador o sea uno móvil (celular o tableta): puede ser dentro del propio correo, en formato PDF, en MOBI (para descargar y leer en el Kindle) o en EPUB, para descargar y leer en su dispositivo android.
¡Material de lectura disponible para todos! =) =)
Además, por supuesto, les recuerdo que pueden suscribirse a mi nueva novela de fantasía Estrella Oscura, cuyo primer capítulo podría llegar a su correo este mismo viernes, en el formato que Uds. prefieran para leer en sus dispositivos, sea éste su propio computador o sea uno móvil (celular o tableta): puede ser dentro del propio correo, en formato PDF, en MOBI (para descargar y leer en el Kindle) o en EPUB, para descargar y leer en su dispositivo android.
¡Material de lectura disponible para todos! =) =)
12 de abril de 2015
Una nueva semana comienza
Esta semana comienza con actividad en mi sitio, pues no solo he renovado mi página de relatos en línea, sino también se reciben suscripciones para una nueva lista de lectores que deseen iniciar Estrella Oscura, mi reciente novela por entregas.
En efecto, el relato Tu madre ha muerto, ganador del 2do. puesto en la única edición del concurso "Amores extraños" del portal Sedice.com, está ahora en línea, disponible para todos Uds. que quieran disfrutar de una historia de ciencia ficción con una premisa algo retorcida. =)
Con respecto a Estrella Oscura, como mencioné arriba, si Uds. se suscriben esta semana por medio de la página indicada, podrán recibir el primer capítulo este mismo viernes 17 de abril, tal como los suscriptores de la semana pasada lo recibieron el viernes pasado.
Así, ¡a leer! ¡Que lo disfruten! =) =)
En efecto, el relato Tu madre ha muerto, ganador del 2do. puesto en la única edición del concurso "Amores extraños" del portal Sedice.com, está ahora en línea, disponible para todos Uds. que quieran disfrutar de una historia de ciencia ficción con una premisa algo retorcida. =)Con respecto a Estrella Oscura, como mencioné arriba, si Uds. se suscriben esta semana por medio de la página indicada, podrán recibir el primer capítulo este mismo viernes 17 de abril, tal como los suscriptores de la semana pasada lo recibieron el viernes pasado.
Así, ¡a leer! ¡Que lo disfruten! =) =)
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Mis obras...,
Vida de escritor
7 de abril de 2015
Una antigua y a la vez, muy actual tradición

Los Miserables, Crimen y castigo, Los tres
mosqueteros, El conde de Montecristo, Madame Bovary, Mujercitas, David
Copperfield, Oliverio Twist, La isla del tesoro, La vuelta al mundo en 80 días,
Guerra y paz, las
novelas de Balzac y de Pérez Galdós, de Salgari, las historias de Edgar Allan
Poe y muchas otras historias famosas, son hoy en día grandes clásicos de la
literatura universal, leídas, comentadas y vueltas a leer por miles y miles de
personas en la cultura occidental, y aun en otras culturas. Su calidad, su
capacidad de conectarse con el público, la relevancia que han tenido para el
desarrollo de las novelas modernas, en fin, son muchos los rasgos que las distingue
y las conecta entre sí y que todos conocen, y aun así, uno de los que se
comenta poco hoy en día es la manera en que fueron
difundidas por primera vez: todas fueron publicadas por entregas, en
semanarios o revistas mensuales, durante un año o dos.
Novelas por
entregas. Una práctica nacida al calor de las innovaciones del siglo XIX, el
siglo industrial, cuando surgieron las ciencias modernas, el comercio
internacional, las máquinas a vapor como las locomotoras, y cuando surgió la
prensa tal como la conocemos hoy: periódicos, revistas, semanarios, publicaciones
que se pregonaban en las esquinas, que fueron el campo de batalla de políticos
y pensadores, y que fueron también, el asiento de las grandes novelas de ese
siglo: cada edición traía un capítulo, que iba concretando una gran historia,
cuyo final era sabido por los suscriptores al cabo de un año o dos, y que
volvió populares toda clase de historias de detectives, fantasmas, misterios y
aventuras, romances y grandes proezas.
El siglo XX
profundizó la noción de la novela por entregas y la convirtió primero en las
radionovelas, cuyas entregas semanales o diarias eran seguidas por miles de
oyentes con gran ansiedad, y luego en las famosas teleseries, que hoy en día
dominan la televisión y hasta Internet, con sus temporadas llenas de sucesos y
aventuras, y que pueden prolongarse no ya por uno o dos años, sino hasta por
décadas.
Hoy en día
cualquier teleserie nos parece la cosa más normal del mundo y la idea de una
novela entregada a pedacitos, un concepto muy curioso. Después de todo, nos
hemos acostumbrado a que las novelas se venden completas en ediciones muy
acabadas en cualquier librería, sea física o digital, como si la idea de que
alguna vez fueron entregadas por partes pueda ser extraña.
Pero
resulta que la novela del siglo XIX, esa gran novela repleta de grandes
historias, fue la que inició el concepto de la serie y es la serie la
que domina los programas más populares de la TV y hasta del cine: pueden ser teleseries con
guiones imaginados por escritores –piénsese en The Walking Dead, Lost, Mad Men, Breaking Bad, etc.-, pueden ser
reality shows (donde se supone que no hay guiones, pero se sigue la realidad
entrega por entrega, normalmente alrededor de una competencia o concurso)
–podemos pensar en Survivor, The Amazing
Race, America´s Next Top Model, American
Idol, The MasterChef, etc.-, o
pueden ser historias llevadas al cine por partes (The Avengers, Transformes, The fast and the furious, Scream, etc.).
Hay reportajes que se escriben o se exhiben en serie y ¡hasta discusiones
públicas desarrolladas por partes! (a las que la gente llama, por cierto,
“verdaderas novelas”).
La novela
por entregas tan solo destapó el disfrute innato del ser humano por las
historias que puede presenciar conforme se desarrollan, ni más ni menos.
¿Sería
entonces muy extraño que ahora surgieran, otra vez, novelas por entregas, tal
como sucedió en su día en los semanarios y revistas de las ciudades
industriales del siglo XIX? ¡Por supuesto que no! Y menos aun si sucede en Internet,
que con su formato ágil e instantáneo, su facilidad de comunicación y su
cercanía con los lectores, permite que una nueva era de novelas por suscripción
lleguen hasta nuestras manos en formato digital, pero con el mismo espíritu de
ayer.
Es así cómo
Estrella Oscura se inscribe en una
vivaz, antigua y noble tradición. Y no puedo estar más orgullosa de
comprobarlo. ;)
5 de abril de 2015
Una historia nueva, de una forma nueva...
Una vez más, estoy inmersa en una gratificante
experiencia: el lanzamiento de una nueva novela, Estrella Oscura. Es de fantasía esta vez, y voy a hacerla
llegar a todos ustedes de una manera diferente, esto es, reviviendo una costumbre del
pasado. Sí, así como se oye. ¿Recuerdan las novelas por entregas?
Pues sí. Estrella Oscura llegará a sus lectores por medio de un
sistema de entregas, que a diferencia del pasado, cuando aparecían en periódicos
o revistas en papel, estará disponible en formato digital y por medio del
sistema de suscripción mensual, que otorgará derecho al suscriptor a leer la
novela poco a poco hasta su final.
¿Cómo funciona? Es muy fácil.
En la página de Estrella Oscura, en mi sitio, hay un pequeño formulario para
solicitar los primeros dos capítulos de forma gratuita. Luego de éstos, el
lector tendrá la posibilidad de continuar leyendo la novela por medio de la subscripción, haciendo el pago
de solo $1 mensual a través de PayPal.
Cada capítulo será enviado por correo electrónico
y cada quien podrá leerlo en su dispositivo favorito (más instrucciones en la página de Estrella Oscura).
¿Cuándo iniciamos? A partir de ahora. ¡Estrella Oscura comienza a rodar con ustedes! Los espero.
=)
29 de marzo de 2015
"Sueño profundo" en Lauraquijano.com
Hola. Ya está listo en mi sitio un nuevo relato para leer en línea. Se trata esta vez de Sueño profundo, que por ser un relato largo, estará dividido en dos partes. La primera parte está disponible a partir de hoy; la segunda, estará a disposición de todos los lectores el próximo lunes 6 de abril.
Sueño profundo relata las vicisitudes de una telépata retirada, Sasha Verona, que luego de un alejamiento autoimpuesto por causas personales, es llamada de nuevo a la acción por un viejo colega para que intente establecer conexión con su ex amante, antiguo compañero de trabajo y amigo entrañable de otro tiempo, que ha sufrido un terrible accidente que lo mantiene en coma. Sasha intentará comunicarse con su mente dormida para indagar las causas del dramático incidente y encontrar la manera de regresarlo a la vigilia, pero en el proceso, comenzará a descubrir que una historia más siniestra se esconde detrás de todo esto.
Sueño profundo ganó en su día (2009) un puesto entre los tres finalistas del XXI Certamen Literario Alberto Magno de Ciencia Ficción, de la Universidad del País Vasco, y así le fue reconocido con un certificado muy especial que me hicieron llegar entonces. Posteriormente, apareció publicado en la revista electrónica NG 3660, también en dos partes, y hoy vuelve a estar con nosotros desde mi sitio. ¡Espero que lo disfruten!22 de marzo de 2015
Otro cuento: "Por siempre otro"
Lo prometido es deuda. =) Siguiendo con la publicación en mi sitio de los cuentos o relatos que han aparecido antes en medios electrónicos o impresos, esta vez inauguro la semana con Por siempre otro, el cual relata la historia de un brillante científico del futuro que se enfrenta a la oscura verdad de su pasado, en medio de una terrible crisis familiar.
Este cuento de ciencia ficción apareció por primera vez en la revista electrónica NGC 3660, allá por el año 2007, y luego fue seleccionado para integrar la antología española Fabricantes de Sueños 2008 (AEFCFT), colección que reunía lo mejor de los géneros fantásticos y de terror publicados en 2007. Más tarde, ese mismo año, y bajo el sello Leer-E, lo publiqué en mi colección propia Por siempre otro y otros relatos (2007). =)
Hasta el momento, además de Por siempre otro, están en lista:
El precio de la eternidad, donde un juez retirado debe resolver, de forma inesperada, el caso de un fantasma.
Mala copia, donde un científico cree haber resuelto sus problemas familiares y laborales con la creación de un clon que pueda sustituirlo, mientras él se dedica a proyectos propios, pero no se imagina que el resultado será muy contrario a sus deseos...
La próxima semana (lunes 30 de marzo de 2015), estará en línea Sueño profundo, que fue finalista del XXV Certamen Alberto Magno de Ciencia Ficción de la UPV de España en 2009.
Este cuento de ciencia ficción apareció por primera vez en la revista electrónica NGC 3660, allá por el año 2007, y luego fue seleccionado para integrar la antología española Fabricantes de Sueños 2008 (AEFCFT), colección que reunía lo mejor de los géneros fantásticos y de terror publicados en 2007. Más tarde, ese mismo año, y bajo el sello Leer-E, lo publiqué en mi colección propia Por siempre otro y otros relatos (2007). =)
Hasta el momento, además de Por siempre otro, están en lista:
El precio de la eternidad, donde un juez retirado debe resolver, de forma inesperada, el caso de un fantasma.
Mala copia, donde un científico cree haber resuelto sus problemas familiares y laborales con la creación de un clon que pueda sustituirlo, mientras él se dedica a proyectos propios, pero no se imagina que el resultado será muy contrario a sus deseos...
La próxima semana (lunes 30 de marzo de 2015), estará en línea Sueño profundo, que fue finalista del XXV Certamen Alberto Magno de Ciencia Ficción de la UPV de España en 2009.
15 de marzo de 2015
Un pequeño anuncio
Me detengo un instante para contarles que he decidido reunir en mi sitio los cuentos de mi autoría que han sido publicados a lo largo de estos años, tanto en medios electrónicos como físicos. De esta manera, quienes ya los conocieron alguna vez, tendrán la oportunidad de recordarlos =), y quienes no, de conocerlos. Algunos vieron la luz hace ocho años, otros, en cambio, son de hace unos tres años; algunos son de ciencia ficción, otros de fantasía, y creo que les hará pasar un muy buen rato. =)
Esta semana, he subido Mala copia, que originalmente se publicó en el no. 167 de la revista argentina Axxón en 2007, y El precio de la eternidad, que en 2006 ganó el 3er. lugar del concurso de jurado popular "Tierra de Leyendas VI", del portal de CF, fantasía, terror y misterio Sedice.com, y que en 2007 apareció en el No. 59 de la antigua revista electrónica española Aurora Bitzine. =)
Esta semana, he subido Mala copia, que originalmente se publicó en el no. 167 de la revista argentina Axxón en 2007, y El precio de la eternidad, que en 2006 ganó el 3er. lugar del concurso de jurado popular "Tierra de Leyendas VI", del portal de CF, fantasía, terror y misterio Sedice.com, y que en 2007 apareció en el No. 59 de la antigua revista electrónica española Aurora Bitzine. =)
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Mis obras...,
Vida de escritor
7 de marzo de 2015
Personajes femeninos creíbles
No sé si
Uds. han tenido la sensación de que leen una historia cualquiera y les parece
que un personaje se repite muchas veces con diferentes nombres. Algo así como
que Juan es exactamente igual a Pedro y éste a Rosendo y éste también es igual
a Lope. O que Juan tiene todas las características que se esperan de un héroe,
mientras que Pedro es un villano muy, muy malo y que se ríe mucho, o que
Rosendo es el clásico segundón del héroe, graciosito y medio torpe que
justifica su existencia por la necesidad de resaltar al guapote, encantador,
siempre acertado Juan (el héroe). Y que Lope es el clásico anciano sabio, que
habla de forma solemne, al cual Juan el héroe puede acudir para dilucidar el
camino.
Apuesto a
que sí se han encontrado con esos dos casos. Por un lado, se trata del
personaje que se repite en esencia con diferentes nombres: seres acartonados,
planos, que no te producen la sensación de que puedan existir. Parecen clones
perfectos.
Por el otro
lado, el segundo caso se refiere a los llamados personajes-tipo, los que
cumplen con ciertos requisitos previos para formar una figura que se mueve a lo
largo de la historia y que cualquier lector identifica de inmediato con solo
que lee las primeras líneas.
Pues,
bueno. Ambos tipos de personajes han sido abandonados por los escritores de
forma consistente desde hace ya varios años, en especial, porque pronto se notó
que estaban sirviendo de figurines sin dimensión ni interés para los lectores.
Por eso, muchos autores han desarrollado los personajes “tridimensionales”,
esos que parecen auténticos seres humanos, con ideas, pensamientos, emociones y
contradicciones propios que nos hacen creer que realmente existen, que
podríamos encontrárnoslos en cualquier esquina y que quizá hasta quisiéramos
hacerlo. Son los personajes profundos, bien desarrollados, creíbles en todo
momento, seguidos y amados u odiados por los lectores como si fueran personas.
En relación
con este tema, hace poco la escritora Kate Elliot trató el tema de la creaciónde personajes femeninos creíbles. Resulta que muchos autores le preguntaron
cómo podían crear personajes femeninos que resultaran tan creíbles como todos
esos personajes profundos que ya (por fortuna) encontramos en muchas buenas
historias, pues ha resultado que mientras los personajes masculinos se han
profundizado con los años, los femeninos han continuado más o menos igual: o
son clones, o son personajes-tipo.
No en todos
los géneros es frecuente este fenómeno; y en realidad, Elliot se refiere principalmente
a los géneros fantásticos (fantasía –en particular la épica-, y CF), donde el
uso de personajes femeninos acartonados parece todavía vigente. Sin embargo, no
es de descartar que haya este problema en otros géneros con características muy
específicas, como el de la novela negra o la romántica, donde los
personajes-tipo tienden a repetirse constantemente. Y, ¿por qué no?, también en
alguna que otra novela dramática contemporánea.
De esta
manera, según Elliot, para lograr una buena construcción de un personaje
femenino en una historia (y la verdad, puede ser cualquier historia –digo yo-),
lo que hay que plantearse en primer lugar es quién es y por qué es así ese
personaje. O sea, el punto de partida a la hora de crear un personaje femenino
es pensar en las mujeres como seres humanos, de la misma forma en que se
consideran a los hombres, para lograr esa sensación de que realmente existen y
que podrían hablarnos en cualquier momento.
Pero como
ese consejo es tan general, la autora da tres trucos que podrían ayudar a un
autor a construir un conjunto de personajes femeninos creíbles en su historia.
El primero
es hacer que las mujeres interactúen entre sí. O sea, que hablen, que no solo
se relacionen con hombres, sino entre ellas. Esto, por cuanto en muchas
historias, aunque hay varias mujeres en puestos más o menos claves (pueden ser
protagonistas, secundarias o aun terciarias), ellas solo se mueven en relación
con hombres y casi no interactúan entre sí. Como en el mundo real las mujeres
interactúan constantemente entre sí (sean amigas, enemigas, colegas,
dependientes, empleadas, etc.), si se crea una fluida interacción normal entre
los personajes femeninos, la sensación de verosimilitud será más pronunciada.
El segundo
truco consiste en llenar los puestos de los personajes terciarios con
suficientes mujeres. O sea, que si en la historia el protagonista se mueve en
una ciudad, en un pueblo, o en diferentes escenarios, y todos los personajes
terciarios (el dependiente, el secretario de la oficina pública, el policía,
etc.) son hombres, la sensación de verosimilitud se perderá, pues en la vida
real el número de mujeres presentes en distintos escenarios es muy elevado.
Lógico, es la mitad de la población humana…
El tercer
truco, el más complicado, es hacer que suficientes personajes femeninos de una
historia existan por sí mismas, y no tanto en función de un personaje
masculino. O sea, que algunos personajes femeninos deberían ser más que la
víctima de un asesino, la chica violada, la sirvienta fiel, o la secretaria o
la madre de un personaje masculino. Deberían poder existir de forma
independiente y no en roles pasivos relacionados con hombres. Eso las haría
también más creíbles, porque en el mundo real, las mujeres existen en sí
mismas, aunque sean dependientes de hombres.
Revisando
estas sugerencias, y algunas reflexiones más que la autora expuso en función
del tema, comprendí por qué algunas historias producen mejor sensación de
credibilidad que otras, y por qué a veces un personaje femenino se me ha hecho
tan irreal, absurdo o poco creíble, y por qué en otras ocasiones, casi parece
que podría conocerlo (sea que me agrade o no).
Un
ejercicio interesante, si uno es autor. Y también ilustrativo, si uno es
lector, porque en este último caso te vuelve más exigente…
¿Historias
donde he encontrado personajes femeninos creíbles? En las novelas de Jane
Austen, en las de George RR. Martin, en las de Agatha Christie (sí, por cierto
que sí, es uno de sus puntos fuertes), en las de Suzanne Collins… =)
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Vida de escritor
2 de marzo de 2015
Realismos, verosimilitudes y ficciones
Las modas
vienen y van, algunas veces regresan intactas, otras se renuevan y disfrazan un
poco para reinstalarse; y hay de las que parecen aferradas contra viento y
marea. Y siempre se comportan de la misma manera: si uno se viste de cierta
forma y parece impactar a los demás, todos los otros se van corriendo a
imitarlo, sea que su elección resulte un auténtico acierto, sea que les luzca
bien a ellos o no, sea que valga la pena el cambio. Por eso es moda, por lo
superficial.
¿Creen que
estoy hablando de vestidos y zapatos? Pues, poco importaría, porque en materia
de libros, el comportamiento humano es muy similar, yo diría que igual. Si lo
que está de moda son las historias con vampiros luminosos, hacemos, publicamos,
vendemos y leemos historias con vampiros luminosos. Si lo que está de moda son
poesías compuestas por palabras repetidas durante seis versos consecutivos,
hacemos, publicamos, vendemos y leemos poesías compuestas por palabras
repetidas durante seis versos consecutivos. Si lo que está de moda son
microcuentos de tres líneas con final sorprendente y un lenguaje bizarro, pues…
ahí continúa. El punto es que en literatura, tanto como en el vestido, como en
técnicas médicas alternativas, como en políticas públicas de impacto, la moda
sigue dictando su imperio. Y tal parece que quien no se ajuste a ella, es
visto como el “raro”.
En los
últimos tiempos, por ejemplo, más que las novelas de vampiros luminosos, he
notado que la moda imperante, la Gran
Tendencia, es la búsqueda desesperada y minuciosa del “realismo”: toda
historia que se precie de ser “buena” debe ser “realista”, porque si no es
“realista”, es una basura mercadológica destinada a ser consumida con rapidez y
olvidada con más velocidad aún, y que no merece el apelativo de “literatura”.
Realismo, realismo, realismo: debe imperar la “fidelidad” a la “realidad”.
De esta
manera, las historias que causan mayor impacto en nuestros días suelen ser las
que están “basadas en hechos de la vida real”, las biográficas, las históricas
y, por supuesto, las dramáticas de la vida contemporánea. Pero, ojo, eso no
significa que la literatura fantástica esté en retirada: ¡ni pensarlo! Lo que
ocurre es que a la literatura fantástica también se le exige realismo. Así como
se oye: la historia podrá contener hidras de muchas cabezas, magos poderosos y
hechizos de sangre, pero debe ser “realista”, porque si no lo es, no se acepta
como “buena”: no se sigue, no se recomienda, no se lee.
Lo que nos
deja en una gran laguna de preguntas, de las cuales, la principal es: ¿qué
estamos entendiendo por “realismo”?
Tengo la
impresión de que “realismo” es para todos sus más afanados defensores,
escritores o lectores, todo aquello que
huela mal. Si cuento una historia “realista” esta debe contener sangre, sudor y lágrimas, en gran
abundancia y despliegue. Debe haber personajes retorcidos y crueles, grandes
traiciones y sufrimiento a granel, y por supuesto, jamás pensar en un final que
no sea amargo, o al menos, agridulce (sea lo que esto signifique). Así, si la
historia está “basada” en “hechos reales”, debe ser una historia amarga o
trágica, o por lo menos muy triste, de algún enfermo terminal, de un soldado
mutilado o algo por el estilo, porque contar una historia de una familia feliz,
aunque esté basada en hechos reales, no sería “realista”. Igual sucede con las
novelas históricas, que suelen abordar períodos del pasado cargados de dramas…
Claro que en este rubro es mucho fácil hallar épocas históricas repletas de
sangre y sufrimiento, pues el ser humano ha sido muy generoso a la hora de
llevar tragedia a sus congéneres, todo hay que decirlo.
En cuanto a
los dramas contemporáneos, naturalmente impera el sufrimiento, la muerte y la
desgracia. La novela negra, por ejemplo, no sería lo que es si su detective principal
o su investigador, no fuera un tipo sufridísimo y acomplejado cargado de
demonios y otras variantes del sujeto “complejo”. Y aquellas novelas que sin
ser negras abordan dramas políticos o sociales, con denuncias incluidas, también
se precian de escarbar en lo más podrido del drama humano, con el afán de ser
“realistas”. Y, ¿qué se puede decir de la literatura fantástica? Lo mismo: la
sangre, la depravación, la crueldad y la traición deben imponerse en la
historia, so pena de ser juzgada de “fantasiosa” (¿???).
Vamos a
ver. ¿Es realista suponer que el “realismo”
solo compete a la parte más podrida de la realidad? ¿De verdad es creíble que
vivimos en este mundo en medio de sangre, corrupción y muerte? Ni siquiera en
los países donde la situación política es realmente grave, donde impera la
falta de gobierno y de comida, donde hay vandalismo y asesinatos a diario, ni
siquiera ahí dejamos de encontrar muestras de solidaridad, apoyo y confianza,
ni siquiera ahí se desvanece un juego infantil ocasional, una lucha que vale la
pena resaltar, un triunfo de la vida sobre la muerte. ¡Ni que decir tiene de
todos los demás, donde la vida diaria es difícil, pero no imposible! Por favor,
la realidad es mucho más variada, multicolor y polifacética que la podredumbre
insistente de los “realismos” de moda.
Un sujeto
“complejo” no necesita cargar con demonios para ser complejo. Un ser humano normal, sin traumas infantiles ni tragedias
familiares, es lo suficientemente complejo en sí mismo como para ser
protagonista de una historia interesante. El arte del escritor sería pode
mostrar esa complejidad sin recurrir a los clichés “realistas” de moda. (Sí, lo
siento, ya son clichés: todo el mundo los usa).
Esto, por
cuanto el arte del escritor no estriba en su capacidad para mostrar escenarios
o personajes “realistas”, sino verosímiles:
o sea, historias que nos permitan a los lectores creer en ellas.
Seamos,
ahora sí, realistas. Ninguna historia, por muy sangrienta o podrida que esté,
es fiel a la realidad, como pretende
esta moda que ya va durando demasiado. Nada puede “calcar” la realidad, porque
ésta es tan inmensa que no puede ser abarcada por ningún ojo. Puede ser representada en partes, con ayuda de la
imaginación y la sensibilidad de un escritor, pero necesariamente, el resultado
será tan solo un mundo ficticio que querrá representar no la realidad tal como
es, sino la realidad tal como la ve el
escritor y como la imagina auténtica o posible.
Toda
historia es ficción, toda, sin excepción. La misión del escritor es convencer
al lector de que esa ficción puede ser sentida como auténtica, como creíble, de
que puede imaginar que entra en ella y la vive. O sea, convencer al lector de
que firme un pacto, en el que el lector acepta
que está leyendo una ficción como si fuera real.
Esto
significa que no es necesario incluir siempre sangre, sudor y lágrimas. De
hecho, la hiperabundancia de estos elementos está tornando las historias
actuales en calcos unas de las otras, en clichés repetidos hasta la saciedad que
terminarán por aburrir a todo el mundo. No incluirlos se convertirá entonces en
un desafío: en una auténtica transgresión a una moda persistente que inunda
toda la literatura actual.
Al menos,
hasta que aparezca la siguiente moda, claro. ;)
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Cultura y sociedad,
Vida de escritor
25 de febrero de 2015
Culto a lo corto, amor a lo largo
Últimamente
he escuchado y leído, de parte de muchos académicos y críticos, discursos más o menos
contundentes en relación con la extensión de los escritos literarios. Estos
deben ser, según ellos, sintéticos,
es decir, deben saber condensar en pocas palabras la sabiduría entera de su
propuesta literaria.
O sea, que
las mejores novelas, por ejemplo, son las que no se extienden más allá de unas
200 páginas; eso, considerando que toda novela, para serlo, debe presentar una
mayor extensión que un cuento. Y en cuanto a éste último, por supuesto, los más
“brillantes” son aquellos que no pasan de una página, pero si tienen más de 14
o 15 son aceptables, aunque no “brillantes”.
Síntesis, dicen, síntesis
ante todo. Poca paja, mucha condensación de ideas. No hay que gastarse el
tiempo en descripciones abigarradas e innecesarias, ni tampoco en diálogos
extensos o repletos de detalles “que no vienen al caso”. Hay que ir al punto,
contar el meollo y saber decirlo “con estilo”.
Dado este
punto de vista, no es de extrañar que el mundo académico desprecie con tanta
intensidad la enorme cantidad y variedad de sagas y megasagas literarias que
inundan el mercado y que se constituyen en tremendos best-sellers aquí y allá. Porque eso es notable en los libros más
vendidos y buscados de la actualidad: no son solo novelas extensas, muchas
veces tienen continuaciones y segundas y terceras partes que no parecen
terminar nunca. La Rueda del Tiempo,
de Rober Jordan y Brandon Sanderson, por ejemplo, terminó con 15 o 16 volúmenes
(en inglés) y Canción de Hielo y Fuego,
de George R.R. Martin, aunque apenas va por el quinto volumen, en realidad,
como son tan inmensos, se podría partir en dos cada uno de los volúmenes 3, 4 y
5 y tendríamos ya ocho volúmenes bien nutridos. Eso, sin contar la gran
cantidad de trilogías y tetralogías ya establecidas y consolidadas o que están
apenas consolidándose.
En nuestra
academia, por tanto, se precia como “brillante” lo sintético. En el mercado
librero, al parecer se prefiere el desarrollo, cuanto más extenso, mejor. Ah, dicen nuestros connotados críticos y
estudiosos, eso es porque son libros tan
malos, tan mediocres, que necesitan mucha paja para mantenerse funcionando, no
como los libros geniales que en pocos párrafos son capaces de contar historias
maravillosas. Sin embargo, no parece que tal opinión cale ni mucho ni poco
en el mercado editorial importante.
¿Qué
pensar? Yo diría, como cualquier equilibrista, que la extensión no determina la
calidad de antemano y que el hecho de que una historia sea contada en pocas o
muchas palabras solo depende de la historia misma y del estilo de su autor. Sin
embargo, es tan insistente la reiteración sobre este tema, que me parece casi
obligatorio recordarlo.
Grandes
obras de la literatura universal, amadas y alabadas por esos mismos críticos
son cualquier cosa menos cortitas: Don
Quijote, La Regenta, Guerra y paz, Historia de dos ciudades, Anna Karenina, Los
Miserables, En busca del tiempo perdido, Ulises, etc., todas son obras
monumentales, con cientos y cientos y cientos de páginas.
Ah, es que son viejas. Era el estilo, la época, dicen. ¿De veras? ¿Para
desarrollar tanta maravilla con tantas palabras es preciso haber nacido hace
más de 100 años? ¿Por qué? ¿La calidad depende de la época, no del autor o de
su texto? ¿Desde cuándo? Después de todo, de la misma época que el Ulises de Joyce tenemos La Metamorfosis, de Kafka, y uno es
extenso mientras el otro es corto. Y ambos son maravillosos. O eso dicen los
críticos.
Culto a la
síntesis. ¿De veras? ¿Es preciso contar rápidamente en dos líneas todo el
diálogo entre don Quijote y Sancho Panza para captar la sabiduría desplegada
por el autor? ¿Es mejor Monterroso que Cervantes? (¿o son solo diferentes?).
No sé.
Tengo la impresión de que exigir tanto resumen puede ser un asunto de economía
o de pereza, pero no de calidad. Si vas a contar una historia corta, te saldrá
corta. Tu arte será saber contarla para que quede impresa en el alma del
lector. Y si vas a contar una historia larga, te saldrá larga, por mucho que
cortes aquí y edites allá. Y tu arte solo dependerá de cómo impacte al lector.
No más.
Por otro
lado… ¿acaso es preciso, de verdad-de
verdad, desarrollar una saga larguísima e interminable de un único
personaje viajando por todo el mundo para perpetuar tu memoria en el mundo de
las letras? ¿No será que existe el temor de no poder desarrollar otra historia,
en otro mundo, con otros personajes? (OJO: no me refiero aquí a las distintas
historias generadas en un mismo universo, sino a esas historias únicas que
parecen requerir de tomos de 500 páginas o más, uno detrás de otro, para poder
ser contadas). De veras: no todo lo
que se quiere contar de un personaje le va a importar en absoluto a los
lectores. Ni cambiará su forma de pensar sobre él.
Ya basta de
exigir y alabar síntesis tras síntesis. O de creer que para escribir una buena
historia hay que escribir una larguísima saga de 17 libros. Estas
disquisiciones son tan molestas como distractoras.
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Vida de escritor
19 de febrero de 2015
¿Qué es un buen libro?
¿Han notado
la frecuencia con que enconadas discusiones en torno al best-seller de moda
suelen presentarse cada cierto tiempo? No más tenemos una nueva novela erótica,
un thriller oscuro, una novela
paranormal o de terror, o cualquier libro dramático con una sentida historia
personal de superación o una envolvente historia de amor, surgen las batallas
verbales en torno a su calidad y (supuesta) mala o buena influencia. Algunas
veces parece que va a correr sangre, incluso.
Confieso que
me he llegado a involucrar yo también, en especial cuando cae en el caldero de
la discordia algún libro de mi especial afecto, pero, claro, ¿qué lector no
siente que su vida está siendo injuriada de alguna forma cuando algún fulano se
atreve a ultrajar el buen nombre de su libro o de su personaje favorito? Sin
embargo, entiendo y soy consciente de que dicha derivación de un debate así es
enteramente subjetivo.
El punto es
que la calidad de un texto siempre entra en el terreno del debate. Sea que se
trate de un best-seller de último momento o una oscura edición de un libro
cuasidesconocido, la discusión en torno a su calidad puede tornarse agria o
apasionada, pero casi nunca, o nunca, llega a resolverse. ¿Por qué?
La
respuesta quizá se encuentra en otra pregunta. ¿Qué es, después de todo, un buen libro?
Algunos
dirán que un buen libro es siempre uno que esté escrito de forma impecable y,
obviamente en el caso de la literatura, de manera innovadora, sorprendente,
especial. Que una novela o un cuento, mucho menos una poesía, sea escrita en la
misma lengua formal y correcta de un informe técnico o de un artículo académico
no parece agradar a quienes sostienen este criterio, pues un “buen libro” no
puede igualarse con lo que cualquiera puede hacer en su campo.
Quizá.
Otros dirán
que un buen libro es aquel que contiene un mensaje poderoso, sea de denuncia o
de crítica social, política o filosófica, que logra transformar la vida entera de quien lo lee. En esta tendencia,
quienes defienden la necesidad de contenidos potentes, prefieren que estén
anclados en “la realidad”, que sean significativos para la vida cotidiana del lector o la
de su sociedad, y que puedan exponerlo a temas "trascendentales". Un libro que
contenga un fondo relativo a fantasías, sueños o placeres “no conectados” con
una realidad crítica, no puede ser “bueno”.
Hum…
Otro sector
asegura que un buen libro es aquel que no solo está bien escrito, sino que
transmite un mensaje positivo, de superación y avance, tanto para el lector
como persona, como para la sociedad como conjunto. Son libros, dicen, que
funcionan como fuente de inspiración para el cambio, para la transformación de
los pueblos, mediante la elaboración de modelos de conducta, o de sociedad,
“ideales” o “deseables”. Un “buen libro”, alega este grupo, no debería contener
ambigüedades morales ni apologías de la violencia o el odio que pudieran
ejercer una “oscura” influencia en los lectores. Suelen ser, por cierto,
quienes creen que la literatura es una actividad destinada especialmente al
público infantil o juvenil.
Pues…
En la otra
orilla, existe el grupo que cree que los buenos libros solo son aquellos que
transgreden el orden social establecido, desenmascarando sus más crueles y
macabras facetas, desnudando la podredumbre de una sociedad abocada a la
destrucción. Un buen libro, para estos lectores, no puede contener frases
“bonitas”, ni héroes “arquetípicos”, ni mucho menos, ¡por favor!, finales
felices, porque en este mundo infecto no existen los finales felices. Aunque se
parece mucho al sector que abogaba por un mensaje poderoso de denuncia o
crítica social, en realidad, se vuelven más extremos, pues todo tema debería
ser tratado, en un “auténtico buen
libro”, desde su ángulo más mordaz, cínico y cruel, y será mostrado con toda la
degradación de la que es capaz el ser humano. Naturalmente, para este sector,
la literatura infantil y juvenil es apenas un esbozo literatura, porque la
auténtica es la “adulta”, la “seria”, o sea, la de los “buenos libros” que
ellos describen.
Ejem…
Existen
quienes dividen los buenos y los malos libros por sus cifras de ventas. Y en este aspecto, encontramos dos grupos
contrapuestos: el primero cree que un libro que se vende mucho es un buen
libro, pues para ellos “tanta gente no
puede estar equivocada”. Así, el hecho de que un libro sea tan gustado por
miles o aun millones de personas indica que tiene la capacidad de transmitir un
mensaje y comunicarse con el lector a niveles que “solo un buen libro” puede
alcanzar. El segundo grupo cree exactamente lo contrario: desprecia
profundamente el gusto del público mayoritario, por lo que considera que un
libro que se vende mucho es necesariamente un libro malo. Para ellos, la “masa”
es estúpida e ignorante, y tenderá siempre a comprar lo superficial y fácil, es
decir, lo que el mercado le dicta, y a preferirlo sobre los auténticos “buenos”
libros, los cuales siempre serán rechazados por la mayoría, para quien resultan
demasiado “profundos”.
En fin.
Supongo que
se habrán dado cuenta que varias de estas posiciones, que son solo algunas de
las más comunes, tienen la capacidad indiscutible de provocar las más airadas
discusiones, pues fácilmente dan pie a extremismos. Lo que ocurre es que suele
dividirse entre “buenos” y “malos”, cuando lo más realista es que haya libros mediocres, libros buenos y libros, digamos, maravillosos o extraordinarios, que por
ser extra-ordinarios no serán nada comunes y no pueden ni deben ser la
medida con que se juzguen a los otros. De hecho, suelen ser considerados así
mucho tiempo después de que han aparecido.
Aquí,
entonces, hemos de considerar solo a los mediocres y a los buenos. Los malos…
bueno, creo honestamente que los libros malos-malos
pocas veces llegan a ser considerados tanto por el gran público como por el
especializado, pues son tan incomprensibles, tan absurdos, están tan mal
construidos, que casi todos los desechan y olvidan al instante. Hay muchos,
pero pasan rápido, en especial en la era de Internet (y de la publicación
instantánea y fácil).
En mi caso,
y es solo mi opinión, un buen libro suele ser la suma y combinación de muchos
rasgos distintos, contenidos en las diversas posiciones de quienes los juzgan.
Por ejemplo, su escritura es ciertamente impecable, aun hermosa. No suele
parecerse a un informe técnico o a un escrito académico, porque no es lo uno ni
lo otro, pero si quisiera, podría imitarlos y hasta burlarse de ellos. El
lenguaje literario, si algo tiene de llamativo, es que se inventa a sí mismo
como quiere. Esto no significa que no pueda o no deba recurrir a las formas que
quiera: puede usar un lenguaje soez al igual que uno formal, uno caballeresco y
galante así como uno sensual y erótico, uno científico y también uno político o
filosófico, pero siempre lo hará con
deliberada intención, no por error o ignorancia. De alguna manera, todo
lector exigente sabe cuándo un libro está plagado de errores e inconsistencias
gramaticales y hasta lingüísticas, y cuándo un libro está jugando con el
lenguaje. El primero es el primer indicio de un libro mediocre. El segundo
promete.
Un buen
libro, a su vez, tiene un contenido que resulta significativo para el lector.
¿Qué significa esto? Pues, que le representa un quiebre en su mundo, una nueva
parada en su vida, de tal manera que se vuelve parte integrante de su visión de
mundo, de su actitud hacia la vida y hacia los otros. En otras palabras, un
buen libro se integra al lector, sea que éste quiera o no quiera permitirlo. No
digo que le guste, ojo, porque puede que no, sino que sea significativo de
algún modo personal, emotivo e intelectual. Claro que he notado que los buenos
libros suelen gustar a la mayoría de los lectores, en especial cuando al paso
del tiempo, éstos se dan cuenta de lo significativos que fueron para ellos
después de todo.
¿Lo
anterior significa que un buen libro debe, en efecto, contener una fuerte
denuncia social, o un profundo análisis del mundo, o un realismo desbordante
que lo lleve al impacto? No, por supuesto. Que un libro denuncie X situación o
que platee filosofías más o menos profundas no significa que logre integrarse
al lector. Un libro puede tratar todos esos temas y ser mediocre. Un libro
puede no tratar ninguno de esos temas y ser un buen libro. No es el contenido
específico el que lo hace relevante, sino la manera en logra conectar ese
contenido con el lector, lo que sin embargo, tampoco significa que no tenga
ningún contenido, ojo. Un libro que solo es alabado por su forma, pero nadie
parece conectarse con su contenido, es un libro mediocre también.
Ahora bien,
el contenido de un buen libro suele ser relevante, desde un punto de vista
objetivo, lo que no significa que sea específicamente político, o sociológico,
o que trate algún tema muy particular del tiempo en que se escribe. Cuidado con
la devoción a los “realismos”: no deja de ser una especie de culto al monotema.
Y ser monotemático no es típico de un buen libro, sino de uno mediocre.
En cuanto a
las ventas, pues… ya eso depende de muchos factores externos al libro, como la
capacidad del autor para lograr una buena promoción, o de la editorial para
saber comunicar al público la existencia de un título X o Y. Dudo que un buen
libro bien promocionado y ampliamente ofrecido no sea aceptado por un público
mayoritario. No creo en la idea de la “masa estúpida e ignorante” y mucho menos
en que un buen libro sea “incomprensible”. Siempre habrá lectores poco
exigentes, eso es verdad, y algunos que carezcan de una adecuada formación
general que les permita acceder a buenos libros con ciertas temáticas más
complejas; sin embargo, sí creo que existe un apreciable número de lectores
bien formados que pueden y saben acceder a esos buenos libros con temáticas más
complejas, si estos les son ofrecidos de forma adecuada (o sea, si les dicen
que existen. ¡Nadie puede leer un libro que no sabe que existe!).
Un buen libro
no necesita, por otro lado, una temática espesa o compleja para ser bueno. La
temática será todo lo compleja o sencilla que el libro precise, que su contenido
en particular necesite. Este no tiene que
referirse a un mundo adulto o a una problemática social o política X, ni tiene que
ser “modelo” de conducta de nada ni transmitir moralejas, ni “desnudar”
realidades crueles o podredumbres humanas varias. Puede, pero no es obligatorio para ser bueno. De hecho, puede ser infantil o juvenil, puede
anclarse en un referente real específico o puede ser completamente fantasioso,
puede abordar una pregunta filosófica o puede explorar posibilidades de todo
tipo.
Un buen
libro tampoco tiene que presentar una prosa o una lírica plagada de neologismos
o construcciones “sorprendentes”. Pueden
estar, pero no son necesarias, pues
dependen del estilo particular del autor y de la manera en que el contenido se
articula con la forma. En un buen libro, por cierto, fondo y forma se
construyen sin forzarse, dependen el uno de la otra y viceversa, y logran
proporcionar una imagen de unidad perfecta.
Un buen
libro no tiene necesidad de hacer sufrir al lector. Puede, si quiere, si lo precisa, si lo busca, pero no es obligatorio. Es decir, si un libro
en vez de hacer sufrir, deleita, complace, llena de alegría, no significa que
sea “malo”, significa que es un buen libro que no quiso optar por el
sufrimiento. Ahora bien, sufrir con un
libro no significa que no se disfrute ese libro, porque en un buen libro el
sufrimiento también es fuente de placer, (aunque suene masoquista). El punto
importante aquí es que, sea que el libro lo haga a sufrir, sea que lo haga
reír, sea que lo haga penar o que lo haga soñar, si es bueno, jamás será aburrido. Un libro aburrido,
por muy filosófico que sea, es un libro mediocre: no sabe integrarse a la
psique del lector. (A este respecto sí es significativo el número de lectores
que entran en contacto con el libro. Si un buen número de lectores accedió al
libro X y se sintió aburrido, es un
fuerte indicio de que este libro es en realidad, mediocre; pero al contrario,
si un buen número de lectores se sintió entretenido con el libro, no significa
que el libro sea bueno, pues el entretenimiento es solo una parte del placer,
no el placer entero).
En
realidad, no es tan difícil hallar buenos libros. Son más numerosos de lo que
muchos creen, y más variados, tal como es de variada nuestra compleja y
contradictoria realidad humana. =)
P.D. Voy a colocar entre los libros "mediocres" y los libros "buenos" una categoría más: los libros "regulares". No son mediocres, porque en realidad están bien escritos y abordan una temática interesante, pero de alguna forma no logran dejar "huella" en el lector, más allá del entretenimiento casual. =)
P.D. Voy a colocar entre los libros "mediocres" y los libros "buenos" una categoría más: los libros "regulares". No son mediocres, porque en realidad están bien escritos y abordan una temática interesante, pero de alguna forma no logran dejar "huella" en el lector, más allá del entretenimiento casual. =)
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10 de febrero de 2015
Sobre libros, literatura, PISA y mitos sobre la educación
El año pasado discurrí un rato sobre un tema que regresa cada cierto tiempo a la mesa de los debates públicos y privados por su importancia. No pocas observaciones obtuve entonces. Se trataba de por qué los chicos "no leen", de cómo su falta de lectura desemboca en adultos que tampoco leen, y de cómo todo era culpa del sistema educativo imperante en secundaria. Ya entonces barajé algunos supuestos, pero uno de los principales era que los libros que se destinaban a las listas de lectura de los colegios solían ser libros aburridos, no apropiados para la edad de los estudiantes ni para su contexto y la falta de costumbre de los mismos adultos (padres y profesores) en leer libros de literatura. En los comentarios algunos me señalaron que muchos profesores son dedicados y logran hacer leer a sus alumnos por puro placer, mientras otros indicaron que sí se puede inculcar el amor por los clásicos si éstos son adaptados a la realidad lingüística e histórica de los alumnos de secundaria.
En fin, que el tema tenía tela que cortar.
Pensé entonces que el problema es más complejo de lo que parece, pues no creo que se resuelva con solo recomendar lecturas "divertidas". Inculcar el amor por la literatura depende de circunstancias que no siempre se dan: no siempre ambos padres se involucran con los placeres literarios de sus hijos desde edades tempranas; no siempre los hijos nacen con una tendencia natural hacia la lectura por placer; no siempre que un profesor de literatura idea maneras ingeniosas de inculcar la lectura por placer en sus estudiantes logra formar lectores; etc. Y aun cuando adaptáramos las obras clásicas al nivel lingüístico y coyuntural de los estudiantes, no dejarían de ser obras "aburridas" para ellos, pues por mucho que les adaptemos cosas, siguen tratando temas que a ellos no les interesan.
Claro que no hay que cejar en el intento, pero supongo que depende de toda una política general educativa y una toma de conciencia sobre la importancia real de la lectura.
El viernes pasado, BBC Mundo publicó una nota sobre los 7 mitos derribados de los mejores sistemas educativos gracias a la publicación del informe PISA. La nota es muy interesante y apunta a las creencias erróneas que seguimos arrastrando sobre cómo ha de modelarse un sistema educativo público para que tenga éxito (esto es, para que forme ciudadanos bien preparados y útiles a la sociedad), pero el punto que a mí me llamó la atención de forma especial fue aquel relativo a los contenidos que un buen sistema educativo debía incluir y cómo debía impartirlo. A este respecto, el informe señalaba que no es tan importante idear cursos específicos sobre materias actuales e integrar un programa de estudios saturado de asignaturas varias para lograr ciudadanos educados, sino saber enseñar en profundidad algunas pocas materias esenciales.
Los sistemas educativos con mejores resultados no tienen currículos vastos pero de poca profundidad, sino que se concentran en enseñar unas pocas materias en gran profundidad.
"En 2012, PISA evaluó en qué países los estudiantes tienen mayores capacidades de analizar y resolver problemas financieros, por ejemplo, relacionado con cuentas bancarias", le explicó Salinas a BBC Mundo. "Los países que han creado programas específicos de educación financiera no obtienen tan buenos resultados en esta dimensión como otros países cuyos programas generales de matemáticos son de excelencia".
En otras palabras, vale más saber emplear el razonamiento matemático que saturarse de cursos específicos sobre economía mundial, sistemas financieros y otros rubros que para cuando el menor ha alcanzado la vida adulta, ya habrán cambiado sustancialmente. En cambio, la matemática se mantiene como una de las materias esenciales que cualquier ser humano promedio debería comprender y saber usar en prácticamente todos los órdenes de su vida.
Así, como podrán imaginar, otra de las habilidades esenciales con que un estudiante debe ser formado es, naturalmente, ¡la comprensión de lectura! ¿No resulta obvio? ¿Cómo podríamos suponer que va desempeñarse un ciudadano del siglo XXI si no comprende lo que lee? ¡Leer, leer, leer! ¡Es vital acostumbrarse a leer, a comprender lo que se lee y a saber cuestionarlo y hacer reflexión sobre eso! Y ninguna comprensión de lectura se logra si no acostumbramos a los niños a leer de forma intensa y hasta placentera desde que son pequeños.
La literatura es una gran amiga en nuestro paso por la vida, porque nos exige abordar representaciones de la realidad que invitan a nuestro cerebro a pensar. Si un niño es expuesto temprano al placer de la lectura, sin trampas, ni engaños ni "jueguitos" absurdos, sino a la lectura simple y llana, aprenderá a comprender sus lecturas y a disfrutarlas y aprovecharlas a lo largo de su vida. Leer por obligación es terrible, pero aún más terrible es no leer del todo. Y quienes deben aprender a leer por placer para poder transmitir ese sentimiento a niños y jóvenes son los padres y los profesores. Si no nos obligamos como tutores a aprender a apreciar la lectura misma, sin adornos ni trampas, jamás lograremos que los libros del colegio dejen de ser aburridos. O que nuestros adolescentes dejen de odiar los libros. =(
En fin, que el tema tenía tela que cortar.
Pensé entonces que el problema es más complejo de lo que parece, pues no creo que se resuelva con solo recomendar lecturas "divertidas". Inculcar el amor por la literatura depende de circunstancias que no siempre se dan: no siempre ambos padres se involucran con los placeres literarios de sus hijos desde edades tempranas; no siempre los hijos nacen con una tendencia natural hacia la lectura por placer; no siempre que un profesor de literatura idea maneras ingeniosas de inculcar la lectura por placer en sus estudiantes logra formar lectores; etc. Y aun cuando adaptáramos las obras clásicas al nivel lingüístico y coyuntural de los estudiantes, no dejarían de ser obras "aburridas" para ellos, pues por mucho que les adaptemos cosas, siguen tratando temas que a ellos no les interesan.
Claro que no hay que cejar en el intento, pero supongo que depende de toda una política general educativa y una toma de conciencia sobre la importancia real de la lectura.
El viernes pasado, BBC Mundo publicó una nota sobre los 7 mitos derribados de los mejores sistemas educativos gracias a la publicación del informe PISA. La nota es muy interesante y apunta a las creencias erróneas que seguimos arrastrando sobre cómo ha de modelarse un sistema educativo público para que tenga éxito (esto es, para que forme ciudadanos bien preparados y útiles a la sociedad), pero el punto que a mí me llamó la atención de forma especial fue aquel relativo a los contenidos que un buen sistema educativo debía incluir y cómo debía impartirlo. A este respecto, el informe señalaba que no es tan importante idear cursos específicos sobre materias actuales e integrar un programa de estudios saturado de asignaturas varias para lograr ciudadanos educados, sino saber enseñar en profundidad algunas pocas materias esenciales.
Los sistemas educativos con mejores resultados no tienen currículos vastos pero de poca profundidad, sino que se concentran en enseñar unas pocas materias en gran profundidad.
"En 2012, PISA evaluó en qué países los estudiantes tienen mayores capacidades de analizar y resolver problemas financieros, por ejemplo, relacionado con cuentas bancarias", le explicó Salinas a BBC Mundo. "Los países que han creado programas específicos de educación financiera no obtienen tan buenos resultados en esta dimensión como otros países cuyos programas generales de matemáticos son de excelencia".
En otras palabras, vale más saber emplear el razonamiento matemático que saturarse de cursos específicos sobre economía mundial, sistemas financieros y otros rubros que para cuando el menor ha alcanzado la vida adulta, ya habrán cambiado sustancialmente. En cambio, la matemática se mantiene como una de las materias esenciales que cualquier ser humano promedio debería comprender y saber usar en prácticamente todos los órdenes de su vida.
Así, como podrán imaginar, otra de las habilidades esenciales con que un estudiante debe ser formado es, naturalmente, ¡la comprensión de lectura! ¿No resulta obvio? ¿Cómo podríamos suponer que va desempeñarse un ciudadano del siglo XXI si no comprende lo que lee? ¡Leer, leer, leer! ¡Es vital acostumbrarse a leer, a comprender lo que se lee y a saber cuestionarlo y hacer reflexión sobre eso! Y ninguna comprensión de lectura se logra si no acostumbramos a los niños a leer de forma intensa y hasta placentera desde que son pequeños.
La literatura es una gran amiga en nuestro paso por la vida, porque nos exige abordar representaciones de la realidad que invitan a nuestro cerebro a pensar. Si un niño es expuesto temprano al placer de la lectura, sin trampas, ni engaños ni "jueguitos" absurdos, sino a la lectura simple y llana, aprenderá a comprender sus lecturas y a disfrutarlas y aprovecharlas a lo largo de su vida. Leer por obligación es terrible, pero aún más terrible es no leer del todo. Y quienes deben aprender a leer por placer para poder transmitir ese sentimiento a niños y jóvenes son los padres y los profesores. Si no nos obligamos como tutores a aprender a apreciar la lectura misma, sin adornos ni trampas, jamás lograremos que los libros del colegio dejen de ser aburridos. O que nuestros adolescentes dejen de odiar los libros. =(
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