15 de mayo de 2011

Cursilerías

A raíz de una charla intrascendente, como son casi todas las charlas que se suscitan en Facebook, que versaba sobre el modernismo, el postmodernismo y la cursilería, me puse a pensar si es que no somos una sociedad tan agobiada que casi todo nos parece "cursi". Lo digo porque en dicha discusión (en la que no participé por cierto, pero a la cual presté mi atención) se mencionaba cómo un artista exponía sus "sentimientos" más profundos de una manera más bien cínica y con una actitud despectiva que mientras unos calificaban de modernista, otros acusaban de postmodernista, o sea, la suma encarnación del cinismo amargo. Y es que, según alegaban (y pienso que llevan razón), el postmodernismo ha estado marcado por una visión endurecida de la vida. Ya no se considera auténtico que alguien esté en directo contacto con sus sentimientos y las expresiones sentimentales más sencillas son vistas como cursis, si es que el personaje en cuestión se reputa como un adulto bien formado y consciente de las debilidades de la especie humana.

Desafortunadamente, creo que es así. Nuestra visión de las cosas está teñida de desilusión, aún antes de conocerlas. Cada nuevo hecho, en el que quizá ha intervenido algún acto de caridad o compasión es visto con sospecha. Cada nueva historia que surge a la palestra de los grandes eventos editoriales o cinematográficos ha de estar en contacto con "la realidad", entendida ésta como un conjunto de eventos donde los sentimientos puros o inocentes son inexistentes y donde cada ser humano actúa movido por razones profundamente egoístas e incluso despiadadas.

No es de extrañar, por supuesto, que las generaciones que vivieron la barbarie de la segunda mitad del siglo XX, y que aún viven en esta segunda década del siglo XXI sean tan suspicaces frente a la bondad. Sí, la bondad es cursi. Y las historias que cuentan hechos teñidos de bondad, donde los personajes están en comuníón con sus sentimientos más profundos son historias cursis. Y cursi es quien se emociona con dichas historias y se ilusiona con sus argumentos. No es para menos. ¿Es posible acaso pensar que existe la bondad humana si desde la explosión de las bombas atómicas sólo hemos conocido guerras innobles, genocidios en masa, despiadad crueldad para con animales y territorios, codicia ilimitada y hasta terrorismo masivo? La respuesta suele ser no.

Y así se ve en la literatura. Hoy en día, las novelas tachadas de "serias", de "profundas" son las que sólo retratan el rostro más oscuro de la humanidad. Incluso en la fantasía, que fuera el territorio de las ilusiones, de los grandes héroes, de la derrota del dragón y el encumbramiento de la nobleza (del corazón), han proliferado las historias amargas, llenas de tristezas, donde ya no hay héroes y donde lo que se privilegia es el más crudo "realismo".

¿Somos tan amargos que no podemos sincerar nuestros sentimientos más positivos sin ser acusados de cursis? Parece que no. Y si no me creen, basta con ver lo que sucede con las historias románticas. Son acusadas de cursis: sí, desde Crepúsculo hasta las novelas de Jane Austen, sin parar mientes en calidades literarias, el sólo tema del amor "verdadero" es tratado como cursilería adolescente femenina, o sea, de aquellas mujeres que aún no han tropezado con la "realidad". Las otras, las adultas, las que "saben", ya no se ilusionan con el amor, pues éste se ha tornado en una mezcla de sexo desenfrenado y compañía transitoria, pues lo demás es cursilería.

No sé si esta visión de la literatura, de la vida y de la realidad, vaya a perdurar por mucho tiempo o si cambiará como cambian las filosofías en los vaivenes de la historia. Es posible que se prolongue, pues nuestro mundo sigue agobiado por ingentes problemas de todo tipo. Sin embargo, pienso que puede uno tener presente que es sólo una visión, y además parcializada, de un mundo mucho más complejo. Las realidades no se miden en colores de blanco y negro y los seres humanos son capaces de perversidades terribles, pero también de bondades extraordinarias, y de este último hecho son testigos miles de animales y otros seres humanos que son rescatados de la muerte, del dolor o de la extinción misma por la acción de gente que sigue creyendo en la bondad como un valor y no como una moda.

La literatura es un arte y como tal expresa un cúmulo de visiones y emociones que permean la sociedad humana. Por eso estamos rodeados de historias amargas, pero también por eso siguen apareciendo historias "cursis". Allá en el fondo de todo corazón amargo o cínico aún existe un punto de esperanza, de que quizá, después de todo, el amor sí existe y la bondad lo acompaña, quizá sí hay hombres de verdad buenos (sin ser tontos) y quizá sí hay mujeres valientes. Y quizá no es ser cursi pensar así. Quizá es ser sólo... un poco optimista.

6 de mayo de 2011

Ojos de lector

Creo que todos estamos de acuerdo en que leer es importante. Sí, incluso los que nunca leen ni el periódico dirían muy convencidos: "sí, es importante leer, claro que sí". El problema es que ellos no leen, alegando falta de tiempo y otras excusas varias para no hacerlo, pero la premisa se mantiene. Leer es importante y hasta los estudios neurológicos y psicológicos lo confirman.

En lo que mucha gente aún no se pone de acuerdo es en qué debe leerse para completar semejante misión. Quizá exista un consenso generalizado de que si bien leer es importante, no debe desperdiciarse con malas lecturas, y lo ideal es que se lean buenos libros. O buenos artículos o buenos tratados. En general, buenas lecturas. Y si consideramos que el acto físico de la lectura entraña consumo de energía en gran escala para nuestro cerebro (y varios de nuestros sentidos), la lógica impone que escoger buenas lecturas sea indispensable.

Y, ¿qué es una buena lectura? La pregunta. El consenso no es aquí tan grande y las discusiones estallan como volcanes cada vez que se valoran los libros que la gente lee y los que lee menos o no lee del todo. Las posiciones pueden ser muy extremas, incluso violentas, cuando se trata de evaluar la calidad de los libros en circulación. No me refiero a los libros técnicos ni especializados, sino a la literatura, siempre tan difícil de juzgar, de encuadrar, de enseñar y de categorizar. Algunos dicen que se deben leer siempre libros que enriquezcan la cultura del lector, que engrandezca su espíritu, que los haga más complejos, más sabios. Ubicar semejante tipo de lectura es una tarea encomendada tradicionalmente a los académicos, y éstos ya nos han brindado largas listas de "obras maestras" que no deberían pasar de largo de todo auténtico lector que sabe aprovechar su tiempo con alta literatura. Algunos dicen, en cambio, que se debe leer de todo, y en especial, aquello que nos guste, sea "alta" literatura o no. Que el placer es primordial para el buen aprovechamiento de la lectura y que muchos clásicos u "obras maestras" son aburridas, arcaicas o demasiado espesas para ofrecer una fuente de entretenimiento adecuado para la masa de la población. Si lo importante es que todos leamos, deberíamos ampliar las opciones.

Ambas posiciones han chocado y siguen haciéndolo, con no pocos enojos y frases altisonantes. Yo pienso que la raíz de semejante discusión se halla en la filosofía de trasfondo con respecto al acto mismo de leer. Dependiendo de cómo veamos la lectura, así definiremos cuáles libros pasarán por nuestras manos y ante nuestros ojos, y cuáles no. Unos ven la lectura como una fuente de aprendizaje y de conocimiento, siempre. No importa si lees libros técnicos, científicos, textos informativos o políticos, o si lo que estás leyendo es literatura. La lectura es un acto de aprendizaje de contenidos y formas y por tanto, cualquier libro que no ofrezca una clara fuente de conocimiento para el lector, ha de ser descartado. De ahí que algunos sólo den importancia a las "obras maestras", pues la complejidad de su hechura permite que el lector enriquezca su acervo cultural con infinidad de matices, desde el dominio del lenguaje hasta el profundo contenido que suelen mostra dichas obras. En cambio, aquellos libros literarios que sólo ofrecen entretenimiento sin mayores ahondamientos en el alma humana o en sus obras, tienen que ser descartados por no cumplir con su objetivo.

Para otros, la lectura de obras literarias es una fuente de placer, de disfrute. Se lee para pasársela bien. Por tanto, los libros que elegirán se caracterizarán por ser hábiles entretenedores, porque ofrecen horas y horas de intenso disfrute. Si una obra no entretiene, no gusta, pues se descarta. Leer para sufrir (aburrimiento, obstinación, indignación, ustedes elijan) no tiene sentido. Si estás leyendo una obra que te está matando de bostezos, déjala, así sea el Quijote, o La metamorfosis o cualquier otro clásico posible. Para esta visión, no vale la pena seguir, aunque la prosa sea exquisita, aunque las ideas sean profundas, aunque la historia contenga un profundo significado humano.

En el primer caso, pienso que se despoja a la literatura de ese componente lúdico que siempre caracterizó su creación y su desarrollo a lo largo del tiempo, y la extrae del arte en general, el cual siempre favoreció la complacencia de los sentidos como parte de su expresión. En el segundo caso, pienso que se le despoja a la literatura de ese componente humano, místico, poderoso en el pensamiento y en la emoción, que siempre hizo del arte un magnífico exponente del alma humana y de su capacidad de reflexión y de superación constante. Pienso que sostener sólo un punto de vista es mutilar al libro y quitar parte de la gracia al acto de leer.

Creo que la lectura es las dos cosas: es fuente de conocimiento y es fuente de placer. Y aún creo que es un ejercicio vital para nuestras neuronas, que así se mantienen activas de manera sana, y nos aleja de fármacos contra el deterioro mental y contra la depresión. El punto es que no todos los libros poseen la capacidad para ofrecernos nuevos conocimientos o nuevas experiencias intelectuales al mismo tiempo que poseen la capacidad para hacernos disfrutar. Algunos lo logran, sí, pero son los menos. Eso significa que uno, como lector, debería ser capaz de ser flexible y de saber muy bien qué necesita para el momento en que se dispone a leer. A veces nos inclinamos por la reflexión, el análisis, la adquisión de conocimientos y el desarrollo de ideas. Preferiremos libros complejos. A veces nos inclinamos, en cambio, por un entretenimiento puro, ligero, que nos permita escaparnos de nuestras tribulaciones y descansar. Preferiremos entonces libros sencillos. Así estaríamos uniendo las dos visiones de lectura y nosotros aprovechándonos de ellas.

¿No hay libros malos, entonces? ¡Oh, sí que los hay! La literatura también es lenguaje, y es coherencia de ideas, y es calidad de prosa o de lírica. La estructuración, el estilo, la forma es parte vital de la literatura como lo es una nota en una canción, un color en una pintura. Puede magnificar un escrito, hundirlo en la estupidez o simplemente hacerlo aceptable. Por eso pienso que al elegir la lectura que hará deleitable tu próximo rato, es preferible cerciorarse de que estos elementos esenciales han sido cumplidos. No hago nada con un libro cargado de ideas o lleno de acción si está mal escrito, si es incoherente, si es inverosímil, o si incluso su edición está descuidada. Libros malos hay, sí, y es mejor evitarlos, como evitamos las malas películas, las malas comidas y las malas parejas. ¿Cómo? Pues prefiriendo lo que está bien hecho, bien escrito y bien formulado, sea complejo o sencillo, rico en matices o puramente entretenido. Y la única manera de saberlo es... leyendo. Paradójico, ¿no?

25 de abril de 2011

Leer y ser feliz

El otro día, Anika Lillo (la simpática dama que dirige Anika entre libros) indicó un interesante enlace de la revista Muy Interesante que se llamaba "Los felices leen, los infelices ven la televisión". Muy a propósito, puesto que el pasado sábado 23 se celebraba en el mundo hispano el Día del Libro, nunca lo suficientemente alabado ni promocionado, pero tan importante que es para nuestras vidas.

Yo, que soy lectora casi compulsiva desde mi niñez, me dije que para mí era obvio, pero de todas maneras quise averiguar de qué iba el artículo y resultó ser una interesante nota sobre un estudio sociológico realizado en la Universidad de Maryland sobre los hábitos de lectura y su relación con la sensación de felicidad de la gente. El estudio determinó que quienes se sienten mejor con sus vidas, "felices" en términos razonables, dedican un 20% más de su tiempo a la lectura que aquellos que se sienten infelices, sea porque están muy estresados o se sienten muy vacíos. Al parecer, la TV aporta una satisfacción barata y fácil que "llena" los vacíos de la persona pero sólo a corto plazo, mientras que la lectura (y de paso también la socialización) logra aportar una satisfacción más compleja pero más duradera.

La nota no se extiende más, pero en seguida estuve de acuerdo con los resultados, no tanto porque "supongo" que es verdad, sino porque lo he observado en el humilde círculo de mis amistades y familiares cercanos. Casi siempre los más estresados, los que más se quejan, que incluso terminan buscando ayuda de psicólogos o sacerdotes son quienes más abusan (ya no usan) de la TV, mientras que aquellos más tranquilos suelen dedicar muchas horas a la socialización o a la lectura o a ambas.

Después pensé qué pasaba con los niños. El estudio se hizo sobre adultos, pero supuse que sería importante aplicar alguna regla sobre los niños. Después de todo, los hábitos más fuertes se originan en la infancia y son los que más cuesta erradicar una vez somos adultos. Sin ir más lejos, mis hábitos de lectura se iniciaron cuando aprendí a leer, hacia los cinco años, y hoy en día es una costumbre que guía la mayor parte de mis actividades e intereses.

La nota, sin embargo, no ahondaba en ese último tema y la dejé. Más tarde tuve ocasión de comprobarla por mi cuenta, de manera accidental. Mi hijo de 9 años había estado durante todo el día bien en la computadora, bien mirando la TV, bien jugando con uno de sus juegos de video. En algún momento, esta persistente actividad "electrónica" lo llevó a sentirse muy irritado cuando su padre le dijo que no habría más turnos extra de computadora ese día (mis tres hijos se turnan la computadora de ellos en horarios ya preestablecidos. A veces, se les concede un turno adicional al regular). Como se molestó, comenzó a quejarse y el asunto degeneró en una reprimenda paterna y la amenaza de ser enviado a la cama más temprano de lo habitual. Mi hijo se sentó pues en medio del dormitorio con un puchero y mirando al techo, muy molesto. Fue entonces cuando me le acerqué y le pedí que escogiera un libro. Como aclaración debo indicar que he tenido largas charlas con mis hijos sobre la importancia de la lectura y todo ese blah, blah que muchas veces niños y adolescentes parecen aceptar pero luego "olvidan" más rápido de lo que tarda uno en decirlo.

Él me miró algo fastidiado, pero insistí. "Demasiadas pantallas por el día de hoy", le dije. Así que debía escoger un libro. "Cualquiera", aclaré, "Puede ser de cuentos, una novela, de poemas, informativo o incluso el diccionario". (Nótese el nivel de mi desesperación). Cuando escuchó lo del diccionario se rió. Luego agregué que era preciso que él dedicara a la lectura al menos la mitad del tiempo que le dedica a la computadora. ¡Y mira que cada turno es de dos horas! Entonces, él asintió, se levantó y tomó el libro de Narnia que según él había estado leyendo el año pasado pero que nunca había terminado. Le indiqué entonces que no podría abordarlo en el punto en el que lo había dejado (dudaba seriamente que lo hubiera leído de verdad) y él me aclaró que no pensaba hacerlo. Que iba a empezar por el principio.

He de reconocer que lo hizo. Se sentó a leer a conciencia, incluso me hizo preguntas sobre el vocabulario, y supo contestarme sin dudar por cuál parte del libro iba cuando se lo pregunté (yo leí ese libro. Lo conozco bien y es una ventaja). Cuando tenía una hora de estar leyendo y él había completado unos tres capítulos (con una pausa para tomar el café de la tarde), le dije que podía jugar.

Una hora de lectura y el rostro de mi niño había cambiado por completo. Ya no estaba irritado ni molesto ni fastidiado. Era otra vez el niño con ganas de jugar de siempre, simpático y sin quejas. Un niño pacificado. ¿No resultó ser, después de todo, una estupenda terapia? =) Así que, ya saben. La próxima vez que se sientan muy estresados, muy molestos con su vida porque las cosas no resultan como las querían, o cuando se sientan de ánimo caído, busquen un buen libro, el que ustedes prefieran y con la actitud de disfrutar de un rato de paz, lean. Se sentirán mucho mejor al cabo de su lectura. Garantizado.

8 de abril de 2011

Eso de ser fiel a ti mismo...

Supongamos que hemos superado el tema "copia", que sabemos diferenciar la inspiración del calco de ideas y estructuras y nos hemos lanzado a la escritura propia, con un "sello" personal que nos hace destacables. Eso significa que habremos vencido en una lucha increíble, plagada de trampas, pues el lindero entre inspiración y copia es tan fino que a veces los más honestos lo sobrepasan. Y es que no resulta probable que desarrollemos una literatura totalmente original en un mundo con más de siete mil millones de habitantes y con una historia civilizada de más de cinco mil años. No digo imposible, pero sí poco probable. ¿Algo absolutamente original? De momento, sólo rarezas. Y las rarezas no siempre resultan atractivas, ni siquiera para su propio autor. Así que aceptemos el hecho de que si nos hemos lanzado a la escritura creativa, enfrentaremos tarde o temprano la difícil tarea de sortear la copia (lo cual siempre resulta cómodo y fácil, y por tanto, poco meritorio) y de lograr una cierta originalidad basada en inspiraciones honestas.

En ese punto, en el que logramos vencer en esa lucha y hemos producido una historia original dentro de lo que cabe posible, quizá con elementos reiterados pero a la vez con planteamientos únicos, servida por personajes frescos, no necesariamente nuevos-nuevos, pero sí refrescantes, con algunas propuestas novedosas, y un estilo que a fuer de práctica y revisiones concienzudas, hemos logrado que sea personal, que sea nuestro, en fin, en ese punto nos encontramos con una realidad nueva y a la vez parecida. ¿Qué significa ser fiel a uno mismo?

Algunos han dicho que un escritor debe forjar un estilo, un lenguaje propio, para distinguirse de los otros. La idea parece obvia, pero no es tan simple de realizar. ¿Significa que una vez he concluido mi primera obra y esta resulta aceptable, he de imitarla? ¿Es obligatorio mantenerte en el mismo género, en la misma temática, en la misma clase de desarrollo argumental, el mismo tipo de personajes? ¿Todo eso es la base de mi estilo, de ser "yo mismo"?

No estoy tan segura de ello.

Un estilo está muy marcado por varios aspectos. Uno es el lenguaje. Este resulta primordial, pues es la herramienta básica de trabajo de un autor. Es su pincel y su pintura. Y el lienzo resulta la página en blanco. De cómo uno maneje ese pincel y esos colores, así el resultado. Así la pintura, así el libro. ¿Es fácil caer en la copia inconsciente de otros autores a quienes admiramos o hemos seguido por años? Sí, claro. Es casi imposible sustraerse a ello. Por eso se ha recomendado que lea uno mucho a los clásicos, a las grandes obras de la literatura, para que esos estilos tan famosos queden impresos en nuestro inconsciente y nos permitan desarrollar un lenguaje cuidado y limpio. (Bueno, hay otros motivos para leer a los clásicos, pero los obviaremos aquí por ahora). Y también es recomendable ser consciente de este fenómeno.

Ahora bien, cuando uno escribe a menudo, y lee mucho de autores diversos, esa influencia suele diluirse y acaba uno por desarrollar una particular manera de escribir, que se puede decir es la base de ese estilo personal del que hablamos. Claro que en el estilo personal entran otros aspectos: la manera en que estructuras una narración, la manera en que describes las situaciones y los personajes, la manera en que abordas los temas, si lo haces con una mirada filosófica, o más bien divertida, o eres político o eres analista. Todo se va mezclando hasta que te das cuenta de que escribes siempre de la misma manera y desarrollas siempre tus historias con la misma estructura esencial.

Y aquí entramos en la disyuntiva. ¿Qué pasa si quieres intentar otro punto de vista, otra estructura? ¿Estás traicionándote a ti mismo? Yo diría que no, en la medida en que se es consciente de que se está experimentando. Sin embargo, pienso que, con lo difícil que es alcanzar ese estadio de "estilo personal", ponerte a "revolucionarte" no redundaría en tu beneficio. Habrás logrado atraer lectores, ellos te habrán preferido precisamente por ese "estilo personal", y querrán que lo mantengas, pues así sabrán que si adquieren otro libro tuyo, se encontrarán con algo familiar, aunque la historia sea otra. Si cambias mucho tu estilo, ya no tendrás estilo personal, y más de un lector podrá sentirse defraudado. Claro que si tu estilo personal es precisamente estar cambiando de estilos, pues... adelante. Pronto todos se darán cuenta de ello.

Hay autores que van más allá del lenguaje y de los planteamientos. Van hacia el género y la temática. Según ellos, no se debe abandonar el género en el que uno se desenvuelve. Si eres escritor de novela negra, mantente allí. Si eres escritor de novela romántica, igual. Si lo eres de fantasía, lo mismo. Nada de salirte de tu campo, pues perderías "fidelidad" a ti mismo. Igual las temáticas, que te "definen" como autor.

No estoy tan de acuerdo. Supongo que es natural que un autor prefiera un género porque es el que le gusta, le interesa y en el que se siente libre de contar lo que quiere contar. Y está bien que se mantenga dentro de él. Pero no creo que deba cohartársele la libertad de explorar otros terrenos. Quizá fracase y se regrese a lo de siempre. Quizá sea exitoso allí también. No creo que por ahondar en otros géneros se pierda fidelidad a uno mismo. De hecho, estoy segura de que conservará el "estilo personal" en el nuevo género en el que se desenvuelva y será capaz de desarrollar su propia visión. Algunos autores hacen ese tipo de migraciones y lo hacen bien. Como Ken Follet que solía escribir "thrillers" y de pronto escribió una novela histórica que lo inscribió en una fama aún mayor y más potente. Y descubrió que le gustaba más. O como George R.R. Martin, que luego de escribir varias historias de CF, saltó al estrellato con una saga de fantasía épica. La misma Ursula K. LeGuin navegaba y navega entre la fantasía y la CF, y he leído historias cortas suyas que son enteramente realistas, incluso, dramáticas. Y sus estilos se conservaron.

Otros fracasaron. O no fueron tan exitosos. Pero tuvieron la oportunidad de explorar.

Ser fiel a uno mismo se ha de referir entonces más al estilo personal que al contenido, temas o aproximaciones de género que se tenga de la historia. No tengo que contar siempre la misma historia para ser fiel a mí misma. Ni siquiera tengo que estructurar todas las historias exactamente igual para ser fiel a mí misma. Sólo debo conservar mi sello, mi forma de contar, mi manera de ver el mundo. Que se intuya, que se deje sentir. No tengo, pues, que copiarme a mí misma.

Copiarse uno mismo. Sí, claro que sucede. Tomas la novela que te hizo exitoso, le cambias los nombres a los personajes, los sitúas en escenarios distintos, conservas los puntos esenciales de la trama y ya tienes otra novela. Es igual a la primera salvo por detalles. No es plagio porque es tu propia obra, pero que te copiaste, te copiaste. Y tienes éxito, porque la mayoría de los consumidores les gusta lo familiar antes que lo muy novedoso, quizá por ese grado de comodidad que muchos atesoran. Sin embargo, no eres demasiado exitoso tampoco, porque a la larga los lectores se cansan de siempre lo mismo y buscan otras lecturas que refresquen sus vidas. Y tú te quedas buscando un nuevo formato.

Para mí, copiarse no es ser fiel a uno mismo. Es ser comodidoso y facilista, eso es todo. Ni siquiera creo que si lo haces con frecuencia te guste mucho escribir o contar historias, pues repetir fórmulas no es algo que resulte divertido o estimulante. Cualquiera repite fórmulas, siguiendo algunas instrucciones sencillas y si tú mismo creaste el formato inicial, es aún más sencillo. ¿Puede ser un medio fácil para ganar dinero? Bueno, sí, pero sé honesto contigo mismo. Si lo haces, no estás siendo "fiel a ti mismo", estás sacando productos en serie de una fábrica para pagar las facturas. Y las editoriales tan tranquilas, porque si algo les gusta es el éxito garantizado, en lo cual no las culpo, pues no dejan de ser negocios, con declarado ánimo de lucro.

Eso de ser fiel a uno mismo tiene sus trampas. Pero no es imposible. Yo prefiero pensar que puedo lograr un estilo personal sin necesidad de contar siempre la misma historia, aunque mis historias se parezcan entre sí (tenderán a hacerlo) en algunos aspectos generales. Y eso es lo que me gusta encontrar en mis lecturas.

Porque yo también soy lectora. Eso es un hecho.

31 de marzo de 2011

Inspiración o... copia.

Pronto se estrena en la TV la primera temporada de la serie que adapta el primer tomo de la saga fantástica del escritor estadounidense George R.R. Martin, Canción de Hielo y Fuego. El libro se llama Juego de Tronos y la serie fue llamada precisamente así (aunque habría sido más lógico llamarla igual a la saga y no sólo al primer volumen de ésta, pero bueno...). Hay mucha emoción entre los seguidores fieles de la saga literaria, y mucha expectativa, además de temores, por supuesto, de que los adaptadores estropeen el libro, pero considerando la alta calidad de una cadena como HBO, es poco probable que hagan una bazofia, y es de mucho considerar que más bien generen culto. Si la serie televisiva es exitosa, proliferarán los seguidores, y, por supuesto, los programas similares (como sucedió con las películas que Peter Jackson basó en El Señor de los Anillos), no siempre de calidad similar.

¿Es factible que en el campo literario haya muchos Martins a consecuencia de la serie de TV? No diría tanto, porque ya los hay. Sí, Martin ha tenido un éxito apreciable en el mundo de la literatura fantástica, tanto en EEUU como en otros muchos países a los que se ha traducido su obra, en gran parte porque se atrevió a plantear un acercamiento fresco de la fantasía adulta y en parte porque en general es un buen escritor y su historia es apasionante. El problema es que, como suele suceder, cuando un autor obtiene un reconocimiento tan extenso, genera admiración y hasta fanatismo, y tropas de seguidores fieles, no pasa mucho tiempo antes de que aparezcan los imitadores, no siempre de la misma calidad, y por supuesto, sin su originalidad. ¿Es culpa de los autores? A veces. Y a veces de las editoriales.

No ocurre sólo en la fantasía, por supuesto. Ahí tenemos todos los imitadores de Stieg Larsson con su celebrada Millenium, o los seguidores del estilo y trama de Los Pilares de la Tierra que originó un delirio por cierto tipo de novelas históricas como no se había visto en mucho tiempo. No más Dan Brown causó sensación con su El Código da Vinci, ¡cientos de títulos similares con tramas muy parecidas inundaron las librerías! Igual puede decirse de multitud de títulos de literatura infantil en que los protagonistas eran sospechosamente similares a Harry Potter y cop. ¡Y ni qué decir tiene de la ingente cantidad de historias sobre vampiros adolescentes que enamoran jovencitas cándidas a las que no se atreven a vampirizar o a devorar!

¿Por qué no aprovechar el tirón de una moda si se puede?, dirá alguien muy "avispado". Pues no lo culparía, por supuesto. Cuando se trata de un filón comercial, si eres un editor y tienes entre manos un librito muy similar al autor de moda o al tema de moda, pues ni lo dudas. Con la crisis, no te pones a dudar. Pero si eres un autor... es distinto. A ver, entendámonos. Inspirarse está bien. Todos nos hemos inspirado en alguien, desde los albores del Arte hasta nuestros días, nuestra inspiración viene de muchas fuentes, de las cuales, una de las más importantes es la de artistas a quienes admiramos. Estoy segura de que muchos pintores de cavernas se inspiraron en el arte pictórico del vecino que montó un mural bellísimo en la suya y causó sensación en el "pueblo". E igual puede decirse de juglares y cuenta cuentos, poetas épicos y narradores de leyendas. No es una vergüenza, al contrario, es un sine qua non para que haya fluidez en la creación artística.

De hecho, muchos de nosotros que nos dedicamos a escribir sabemos que es muy difícil desprender nuestro estilo o nuestras ideas de aquellos autores a quienes hemos admirado por años o por quienes nos hemos iniciado en la escritura o en el género que más nos gusta. Y de hecho, sabemos también que entre nuestros autores favoritos hay ciertos parecidos que nos inclinan precisamente a leer sus escritos.

Inspirarse, pues, está bien. Te ayuda incluso a ir desarrollando un estilo, una manera de abordar una historia, de tratar un personaje o una situación. Y te vas insertando en un movimiento, una tendencia, un modelo. Pero... y aquí es cuando entra la difícil tarea de establecer líneas separadoras... cuando ya no es la idea general, el estilo general o cierta manera de contar historias, cuando ya es la historia en sí, cuando describes más o menos los mismos personajes, cuentas más o menos los mismos hechos y no te sales de ahí, estás copiando. Y la copia es deplorable.

En el cine se ve cuando alguien hace una película exitosa y viene otro alguien copiándolo. Todo el mundo dice: "¡Puf!" No es una señal de inspiración, sino de falta de imaginación y de talento. Y es más común de lo que parece a simple vista. ¿Por qué caer en ello, si podemos desarrollar nuestro propio arte? Huir de la copia todo lo posible. Respetar la inspiración. No ser el segundo Martin ni el segundo Tolkien. Ser el único Pérez o el original González. Que alguien lea y diga: "Me gustan los libros de González porque son únicos" y no que diga "Bueno, leí a González y era como leerse una mala copia de Martin". Y hacerlo aunque la editorial te presione para que escribas la nonagésima versión de Crepúsculo o de la guerra de los zombies.

Esta actitud más valiente habla muy bien de un autor y lo destaca. De hecho, así se destacó Martin mismo en un principio. No fue otro Tolkien. Fue él mismo. Y ya ven: así sus obras se aprecian y gustan. :)

P.D. No hablo aquí de franquicias ni de "fan fiction". Son temas aparte, que quizá mencione en otra ocasión. ;)

5 de marzo de 2011

Escritura y "escritura"...

El otro día llamó mi atención un reportaje de la revista PROA de La Nación sobre los "destructores del idioma". Entre otras cosas se hacía alusión a un fenómeno muy propio de Internet llamado "HOYGAN": son personas que al escribir en foros, blogs, redes sociales y demás espacios de comentario en sitios de la Red, lo hacen utilizando un castellano plagado de errores y aunque son conscientes de este hecho, no sólo no lo corrigen sino que incluso se enorgullecen de perpetrarlo. En una parte del artículo se recoge la opinión de una persona que afirma que fuera de Internet procura escribir correctamente, pero que en la Red ella es "libre" y escribe como quiera. Por otro lado, y por contraposición a los "HOYGAN", se encuentra el grupo de "talibanes lingüísticos", los cuales se dedican a corregir hasta la saciedad los errores de los otros y a denostar cada vez que pueden dicha práctica.

No considero que escribir sin reglas sea "libertad" ni corregir un error sea "talibán". Pienso que estas nociones están muy mal comprendidas. En mi opinión, que una persona escriba con múltiples fallas ortográficas o gramaticales sólo indica una pobre educación en lengua, y la culpa es del sistema de educación pública y de la propia persona que no se cuida por corregirlo cuando ya es mayor. Nadie que sepa realmente escribir bien escribe mal, aunque esté en "libertad" o sea "espontáneo". ¿Por qué? Porque la mayoría de las reglas ortográficas son asimiladas por el cerebro a nivel inconsciente cuando ya se las domina. Sólo una persona que no las conoce bien o las ignora tiene que realizar un esfuerzo para recordarlas. Así las cosas, si alguien escribe "e echo la tarea" no es porque sea "libre" o "espontáneo". Es porque no sabe escribir correctamente el verbo haber y porque confunde echar con hacer. Eso es deficiencia educativa. En la escuela, ningún maestro corrigió esas fallas. Quizá el mismo maestro las tenía.

Tampoco se es "talibán" por escribir correctamente. Un talibán es un fundamentalista, un purista. Los puristas de la lengua existen, ya lo creo que sí, pero por su misma definición son rígidos e intolerantes ante la evolución natural de la lengua. Por ejemplo, no aceptan los extranjerismos, aunque estén escritos de acuerdo con las normas de la grafía española, porque piensan que sólo es parte de nuestra lengua aquello que nos viene del latín o de las lenguas habladas en la Hispania medieval. Ese es un concepto purista. No tiene nada que ver con saber escribir hacer con hache o tildar las palabras que lo ameritan.

Por eso el concepto de que el "HOYGAN" es libre y el que respeta las reglas es talibán es una falacia, sostenida por los primeros para justificar su ignorancia o su negligencia.

Todo esto me lleva al segundo punto de mi reflexión: ¿En qué afecta a los escritores? Parece que no, pero sí que lo afecta. Hace un tiempo, diversos foros de literatura e incluso en redes sociales, se habló de lo que habla Virginia Pérez de la Puente en este blog tan simpático sobre los deberes de los escritores. Virginia sostiene que un escritor debe, primero, saber escribir. Y cuando se refiere a saber escribir, no estamos hablando de estilo ni de ingenio lingüístico, no. Se refiere a las normas básicas de ortografía y gramática. Yo consideré que su tesis era obvia. Vamos, ¿cómo es posible que un escritor, un ES-CRI-TOR, pueda no saber ES-CRI-BIR? ¿No resulta una pregunta absurda por contradictoria?

Pues parece que no. Resulta que, al igual que los HOYGAN, hay un número preocupante de escritores que afirman que "atarse" a las reglas de la ortografía o de la gramática es una opción pero no una obligación para un escritor creativo, pues lo que "importa" es la idea, la historia, y no el "estilo". Y no es broma. No faltaron quienes denostaron a Virginia por su argumento.

A mí me parece que las opciones lógicas siempre son las mejores, las más sencillas. Un zapatero que no sabe pegar la suela de un zapato no es zapatero. Puedo ser yo, que ni idea tengo de cómo pegar suelas de zapato, pero no es un zapatero. Un ingeniero civil que no sabe calcular la estructura de un edificio no es un ingeniero civil. Puede que sea muy buen padre de familia, pero no es un ingeniero. Un abogado que no conoce la ley, señor, ¿qué está haciendo en un bufete? Un médico que no sabe auscultar a un paciente o no sabe interpretar un informe del laboratorio sobre su paciente, pues que cuelgue la gabacha y se dedique a otra cosa. Un taxista que no sabe conducir, ¿cómo podría ser taxista? Un piloto de avión que no sabe pilotar... Etc. ¿Entendieron mi punto? No se puede concebir a un escritor, por muy buenas ideas que tenga, por muy intensas historias que conciba, si no sabe plasmarlas en un papel. No hay posibilidad de que un HOYGAN sea un escritor. No la hay, porque es contradictorio en su esencia. No hay libertad ni espontaneidad en entredicho. No hay puristas ni talibanes. Es un simple conocimiento de la herramienta básica de tu oficio. Si no sabes usarla, no es tu oficio.

Alguien preguntaba en un foro de escritores qué se necesitaba para ser escritor. La primera respuesta es saber escribir. Esas modas HOYGAN y el lenguaje de los celulares y que "soy espontáneo" y etc. no aplican. No sirven. Son el refugio de la simple ignorancia y de la pereza. Si lo que quieres es ser escritor y no tienes ortografía o tienes fallas de gramática, aprende. Lee, estudia, investiga. Es lo primero. Practica, escribe mucho y corrige. Que te corrijan. No los puristas, que son pocos por fortuna, sino los auténticos maestros que sabían enseñar el uso adecuado del castellano.

Y una vez que sabes escribir de manera decente, adelante. Expresa tu emoción, narra tu historia, juega con las palabras, ejerce el Arte Literario como siempre se ha concebido: como el arte de la palabra.

13 de febrero de 2011

Literatura nacional

¿Han notado como en los medios de cultura se menciona la importancia de fomentar la literatura nacional? Recientemente se anunciaron los Premios Nacionales que otorga el Ministerio de Cultura y algunos de ellos, muy importantes, fueron los otorgados a figuras de la literatura nacional.

Sin duda, es una parte importante de la identidad de una nación contar con sus propios escritores y su propia literatura, por eso, cuando los ministerios de cultura organizan premios o reconocimientos, suelen dejar un apartado para la literatura "nacional". Se premia lo mejor en novela, en cuento, en poesía, en ensayo, en dramaturgia, etc. Y se dan grandes discursos sobre el "aporte" que el texto premiado hace a la cultura del país y a la literatura nacional en particular. Es algo que uno escucha desde que es niño, cuando tiene la obligación de leer a los escritores más importantes de la literatura nacional (suelen ser los del pasado, por cierto) y discutir sobre sus textos, sus "aportes" (me encanta el uso y abuso de esta palabra) y su influencia en la cultura. Y blah, blah, porque luego uno crece y (desafortunadamente) se olvida de la "literatura nacional" (o quizá Literatura Nacional) y se concentra en los libros populares, o sea, en los más vendidos, que pueden o pueden no pertenecer al acervo literario del país, aunque no suelen ubicarse en las listas de lectura obligatoria de la escuela.

Pero... ¿qué es literatura nacional? Sí, ya sé que es importante. Después de todo, un pueblo funda su identidad en todas sus formas culturales, y la literatura es una de las más significativas. Cuando no hay literatura nacional, el pueblo en cuestión o es muy nuevo o anda descompuesto en algo. Partiendo, pues, de que es importante, vuelvo a mi pregunta: ¿qué es literatura nacional?

La respuesta parece simple. Literatura nacional es aquella creada por escritores nacidos en el país. O sea, la literatura nacional de Costa Rica, por ejemplo, será la literatura surgida de la pluma de los escritores costarricenses. ¿Es necesario pensar en alguna caracterización? Pues, por lo que he leído por ahí y por lo que hablan quienes suelen discutir la "idiosincracia" y el "aporte" de la literatura nacional a la cultura del país, parece que mi respuesta simple no es suficiente. Parece que es preciso llenar otros requisitos. Por ejemplo, si naciste en este país, pero te fuiste a otro, y escribes un libro y lo publicas, ¡ya no es literatura nacional! Porque se supone que deberías publicar aquí mientras vives aquí. A menos, por supuesto, que te conviertas en escritor famoso, en cuyo caso sí se te inscribe dentro de la literatura nacional.

Otro requisito parece ser la temática que abordas. Si no escribes nada que "aporte" (y dale con la palabrita) reflexión o cuestionamiento o denuncia o descripción o lo que sea a la cultura estrictamente nacional, no es literatura "nacional". Vamos, que es preciso hablar del país y de la cultura del país en la novela, cuento o poema que has escrito para que sea literatura "nacional". Entonces, si hablas de otras cosas, si te sales de los límites de tu territorio y te adentras en otras realidades, no es literatura nacional. Y no me lo he inventado: muchos han dicho que una novela que no trate los grandes temas de nuestro país no puede ser catologada como literatura del país.

¿Será este último requisito el que aleja a las nuevas generaciones de la "literatura nacional"? Lo digo, porque pienso que limitarse a cierta temática, que ya ha sido ampliamente usada y reusada por escritores del pasado, puede resultar cansino para el lector común. Si además de leer a los clásicos en la escuela, cuyo estilo suele ser un poco difícil para mentes de hoy, también nos encontraremos los mismos temas y los mismos tratamientos en la literatura de hoy, sólo puede terminar por alejar de la literatura nacional a los lectores comunes y acercarlos a los libros de otras latitudes que sí se adentran en nuevos derroteros y nuevos tratamientos.

De hecho, a mí esos requisitos me parecen un tanto arbitrarios y complicados. Creo que nacen de cierta actitud corta de miras, de considerar que el país de uno está aislado del resto del mundo y que sus problemas son suyos y de nadie más y que no se puede salir de sus límites porque si no se le abandona a su suerte, lo cual, a mi entender, es absurdo. Yo prefiero la primera definición. Literatura nacional es aquella escrita por nacionales. Si eres mexicano, tu obra pertenecerá a la literatura mexicana. Si eres peruano, a la peruana. Si eres español, a la española. Y si eres tico, tu obra será literatura costarricense. Y nada de darle muchas vueltas a la idea. ¿Que no trata directamente sobre los problemas del país? ¡Pst! ¿Qué importa? Es arte, es literatura. No puede estar constreñido, ni restringido, ni manipulado. No puedes ni debes cercenar la imaginación de un autor ni ponerle límites. ¡Déjalo volar! La mejor literatura es aquella nacida de la libertad creativa que con el tiempo deja de ser "nacional" y se convierte en pieza clave de la literatura universal. Es enriquecedora, es vívida, es apreciable. Perdura en el tiempo y no le importa el espacio en donde se mueve. Y puede, también, inspirar más formas, más ideas en los escritores nacionales, con lo que enriquecerá también el acervo literario nacional.

Así que... bien por aquellos que se atreven, bien por aquellos que son considerados nacionales sin que tengan que reescribir lo que sus padres y abuelos ya escribieron (y posiblemente muy bien) y bien por quienes desbordan los límites de la literatura nacional. (Entre los cuales podemos contar a algunos autores que ganaron los Premios Nacionales este año. ¡Bien por ellos!) :)

29 de enero de 2011

Una experiencia literaria

Sé que al inicio de cada año existe la costumbre de trazarse una lista de buenos propósitos con la esperanza de cumplir al menos uno de ellos para cuando el año finalice. Estos buenos propósitos suelen servir para enriquecer la vida del proponente en alguna medida (sino, no serían "buenos" propósitos, obvio). También es común la broma de que llega diciembre y nos damos cuenta de que ninguno se cumplió, por lo que nos damos a la tarea de formular la dichosa lista otra vez, con casi (o sin el casi) mismo contenido.

Bueno, pues he aquí mi aporte al tema: no elaboré la lista. ;) Es evidente que comencé tarde el blog (ya estamos a 29 de enero, ¡vaya!) y es la primera entrada del 2011 que me digno presentar. Ninguno de mis otros blogs ha sido actualizado tampoco, ni he escrito reseñas. ¡Como si me hubiera olvidado de todo!

Pero tengo excusa. He pasado los últimos dos meses escribiendo como nunca. ¿La razón? Decidí que sería buena idea (lo decidí en noviembre) participar en dos certámenes de cuento cuyos plazos de entrega se distanciaban un mes uno del otro. ¡Cielos! ¡Qué maratón! ¿Tenía yo los cuentos listos? Pues no, para variar. Ambos certámenes exigían en sus bases que ninguno de los cuentos incluidos hubiesen sido editados, bajo ningún formato -incluyendo en línea-, y se esperaba que uno participara con una colección de cuentos, no con uno solo. Yo nunca había elaborado una colección propia ex profeso. Sí, tengo Por siempre otro y otros relatos (Leer-E 2007), que organicé en forma de colección, pero fue un poco más sencillo, pues incluí diversos relatos ya publicados en línea junto a otros que nunca había publicado. Vamos, que lo único que hice fue encontrar una conexión entre los relatos y colocarlos juntos, porque de alguna manera trataban de un tema general común.

En el caso de los certámenes la cosa se volvió más complicada. No tenía suficientes relatos ya escritos y que al mismo tiempo tuvieran alguna conexión temática, por muy tenue que fuera. Y no podía contentarme con escribir uno o dos. Necesitaba más.

Bueno, pues me mostré optimista. ¿No soy escritora "profesional"?, me dije. ¡Dale al teclado y deja de quejarte! Y en efecto, me di a la tarea de completar mis colecciones de cuentos, revisarlas y entregarlas. Para ello, organicé una estrategia. Escogí un cuento que ya tuviera escrito y que sólo tuviera que revisar (inédito, por supuesto) y a partir de su tema, imaginé otras historias de contenido temático conexo. Una vez que realicé un par de lluvia de ideas, escribí los argumentos esbozados, y comencé con el primero. Lo haría como lo hacen los alcohólicos anónimos cuando están decididos a dejar la bebida: uno a la vez. En el caso de ellos, es un día a la vez sin beber. En mi caso era un cuento a la vez. Cuando lo terminaba, me ocupaba del siguiente, sin preocuparme de revisar, esto con el fin de dejarlo reposar y revisarlos todos al final.

¡Vaya tarea! Lo que creí que sería sencillo, se convirtió en un esfuerzo titánico. Y puedo decir, con justicia, que aún no sé cómo hice para elaborar la segunda colección, pues ya al final sentía que todas mis neuronas fallecían exhaustas. En este momento, no tengo capacidad ni para revisar, de hecho, aún no puedo leer.

Pero reconozco que me siento satisfecha. No sé si voy a ganar, si alcanzaré la lista de finalistas o si seré ignorada por completo. Pero lo hice. Los escribí, los disfruté, los viví, los revisé, los leí, los volví a revisar y los envié. Recuerdo cada una de esas historias, tengo la imagen viva de sus personajes en mi cabeza, sé lo que pasó después de cada una, y aún recuerdo cómo las concebí. ¡Qué maravilla! Y lo mejor de todo: ¡no claudiqué! :) Si así va a ser este 2011, no puedo tener mejor lista de buenos propósitos que esta: escribe, escribe con ahínco y con amor, y disfruta mientras lo haces. Al final, sólo eso te habrá reportado la mejor de las experiencias. :)

23 de diciembre de 2010

Fin de año

Bien, estamos a poco más de una semana de que se termine el 2010 y es poco decir. No sólo se termina este año en particular, sino que también culminamos la primera década del siglo XXI, y ¡aún seguimos aquí! Claro que seguimos inmersos en toda suerte de problemas, de los cuales el cambio climático ya está dando tremendas palizas (tormentas terribles azotando el hemisferio norte, inundaciones y nevadas, gente que muere o pierde sus propiedades, gente que no puede viajar, etc.) y la crisis económica aún no se diluye, pero de que seguimos aquí, seguimos aquí y cuando uno está vivo también tiene la esperanza de seguir haciéndolo y de hacerlo bien.

El 2010 fue un año lleno de todo. Desde terremotos y rencillas entre países hasta rescates milagrosos y presentación de nuevos inventos y grandes tecnologías. Nos hemos vuelto muy conscientes con respecto al clima -la cumbre de Cancún fue más exitosa en muchos niveles discretos que el sonado fracaso de Copenhage-, y hemos venido identificando nuevas maneras de ayudar al planeta. También hemos hecho progresos en la comprensión y tratamiento de enfermedades, hemos descubierto nuevas formas de vida que parecen extraterrestres y parece que el 2011 todavía nos aguarda con nuevas sorpresas -del tipo positivo-. No todo es oscuro en nuestro horizonte, ni todo es amargo. La vida nos ha prodigado con dulzuras también y más por eso que por otra cosa podremos decir "Felices fiestas" con una sonrisa en la boca y un fuerte deseo de ser mejores el año próximo.

En cuanto a mi producción literaria, ya en un terreno personal, no puedo quejarme. Aunque me había prometido una mayor dedicación a la novela, he terminado el 2010 con varios relatos publicados y algunos en marcha y no puedo decir que me desagrade, en absoluto. Me hace sentir orgullosa saber que mi producción literaria sigue siendo constante y que algunos de mis frutos hayan podido ver la luz, sea en papel o en formato electrónico, y que quizá algunos hayan sido leídos con gusto.

Lo primero fue Posibles futuros, que aunque contiene mi cuento Flor del crepúsculo producto de mi labor del 2009, vio la luz en diciembre del año pasado y fue puesto en circulación, para efectos prácticos, durante este año. Ha sido leído, discutido, criticado y quizá elogiado. Ha sido conocido y apreciado y no puedo evitar sentirme muy a gusto con él. Por tanto, lo ubico dentro de un hito del 2010.

Otros cuentos también vieron la luz durante el 2010. En abril apareció Sueño profundo en NGC 3660. Lo hizo en dos partes. Había recibido el increíble honor de resultar finalista del XXI Certamen Alberto Magno de Ciencia Ficción (Universidad del País Vasco), edición 2009, pero fue publicado en el portal en abril de este año y algunos lectores me dijeron que fue de su agrado. También durante este año, Memoir, cuento largo que escribí en 2009, vio la luz en Aurora Bitzine en sus ediciones (electrónicas) de julio y agosto. Fue un placer verlo allí desplegado.

Y a propósito de selecciones, fue durante este 2010 que vi reaparecer mi relato El último pozo, el cual había sido seleccionado junto a otros 14 relatos para la antología Visiones 2008 de la AEFCFT, que por razones diversas se había retrasado, pero que al final fue publicada en su formato impreso durante este año. :) ¡Feliz acontecimiento para un viejo amigo!

Con respecto a otras publicaciones colectivas, el 2010 fue el año del colectivo (Per)Versiones Literarias con dos publicaciones muy agradables cuales son (Per)Versiones: Cuentos Populares (donde apareció mi relato Eterna ensoñación) y (Per)Versiones: Historia (al cual contribuí con ¿Tú también, hijo mío?). Durante este año también escribí un tercer relato para el colectivo PerVersiones Literarias, que verá la luz en el 2011 cuando aparezca el tercer tomo de nuestro colectivo. :)

También este fue el año de Poe. Con mi cuento El modelo defectuoso, adaptación libre del cuento "La caja oblonga" de Edgar Allan Poe (1844), contribuí a la antología Poe Siglo XXI que fue presentado recientemente, el 8 de diciembre de este año, y que ya se halla en librerías y a disposición del público. Un hito para mí y una alegría.

He escrito más cuentos, que espero vean la luz durante el 2011, y he avanzado con mi novela, que espero vea la luz algún día (más bien cercano que lejano). Ha sido un buen año entonces, pues he disfrutado de la escritura como en los viejos tiempos, y sólo espero seguir haciéndolo durante el próximo año y los años que vendrán. :) Así que puedo enviarles un "¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo!" sin que sea en absoluto una repetición cordial de una tradición antigua. :)

10 de diciembre de 2010

Poe Siglo XXI

De un año para esta parte yo podría decir que he estado muy sociable en el mundo de la escritura. Y es que desde el 3 de diciembre del 2009, en que fue presentado Posibles futuros (EUNED) hasta hace dos días, el 8 de diciembre pasado, mis relatos han aparecido en numerosas antologías de narrativa breve en compañía de otros colegas.

Estas experiencias colectivas son realmente gratificantes. Es uno de los rasgos más sociales de una labor de otra forma muy solitaria, cual es la de la escritura creativa. Normalmente, somos uno con una página en blanco, la cual llenamos con nuestras ideas, a veces disparatadas, a veces ingeniosas. Pero estamos solos. Y seguimos estándolo a lo largo de todo el proceso creativo. Y cuando logramos la publicación, hasta cierto punto seguimos llevando el proceso de manera solitaria. En cambio, cuando se emprende una colección de relatos de varios autores, aunque el proceso inicial de creación es solitario -siempre lo es-, no todo el camino se desenvuelve de la misma manera, pues cuentas con tus colegas para que sean tus primeros lectores y críticos, eres tú mismo lector y crítico de los relatos de los otros, y las vicisitudes y problemas que rodean el libro son tanto tuyos como de ellos. Y te sientes, como pocas veces, en compañía.

Pues bien, este ha sido mi año 2010. Los dos volúmenes de (Per)Versiones Literarias - (Per)Versiones: Cuentos Populares y (Per)Versiones: Historia-, demuestran el alto grado de participación colectiva en el que he estado envuelta. Y aún estamos en la producción del tercero y en la elaboración del cuarto. Así que este proceso aún no ha terminado. Luego me vi envuelta en otras dos antologías en colaboración con colegas costarricenses, de las cuales una ha visto la luz recientemente y hasta estuvo presente en la Feria del Libro de Guadalajara: Poe Siglo XXI

Este libro contiene ocho relatos que reelaboran, adaptan y reconstruyen historias a partir de los textos y relatos propios del gran escritor norteamericano Edgar Allan Poe, todos desde el punto de vista de la ciencia ficción, género que Poe no cultivó pero que, dadas sus inclinaciones literarias y sus reflexiones teóricas, quizá habría trabajado si hubiera vivido un poco más tarde en el siglo XIX o ya a inicios del XX. Poe llevó a niveles de maestría el género del terror, y perfiló y dio forma al género detectivesco que se vio impulsado luego por otros grandes autores que siguieron sus pasos. También fue ensayista, poeta y teórico de la literatura y de otras materias. Con todas estas facetas de su obra y su vida, los autores que hemos participado en la antología logramos una apreciable variedad de relatos y aproximaciones. En algunos casos, adaptamos y reescribimos en clave de CF algunos relatos suyos. En otros, Poe es el propio protagonista de los relatos. En todos los casos, dimos forma a un nuevo homenaje al gran escritor.

El pasado 8 de diciembre, la Editorial Club de Libros presentó este libro que es a su vez su primera obra y la que marca su nacimiento, por lo que la velada tuvo un doble significado para la empresa. La antología comienza con una introducción, escrita por la autora Jessica Clark, y luego la componen los ocho relatos, todos acompañados de ilustraciones originales:

Título: POE SIGLO XXI
Portada e ilustraciones internas: Josué Garro

Prólogo: Jessica Clark
Autores: Mariana Castillo, Antonio Chamu, Manuel Delgado, Daniel Garro, Luis Jara, Iván Molina, Laura Quijano y Evelyn Ugalde.
Relatos:
Anti-Eureka, Iván Molina
El modelo defectuoso, Laura Quijano Vincenzi
A Costa Rica, ¡Nunca más!, Evelyn Ugalde
En su defensa, Mariana Castillo
Las campanas, Manuel Delgado
Otro barril de amontillado, Antonio Chamu
El legado del cuervo, Luis E. Jara
Vórtice, Daniel Garro
Número de págs: 196
Editorial Club de Libros
Espero que lo lean y lo disfruten. Y estaré encantadísima de escuchar sus comentarios, por supuesto. :)

23 de noviembre de 2010

"La realidad es más fantástica que la ficción"

Y así habló un joven escritor de mi país al expresar su descontento porque yo me inclinaba "en demasía" por desarrollar los géneros fantásticos antes que los realistas. Una frase bien hecha, aunque posiblemente no original, que resume algunos prejuicios muy extendidos en torno a la consideración de los géneros literarios por un lado, y de la literatura en general por el otro.

Vamos a ver... ¿cuál fue el origen de su sentencia? ¡Ajá! Él se preguntaba por qué yo "perdía el tiempo" con historias donde consideraba hechos probables de un futuro incierto, o donde seres fantasiosos e imposibles protagonizaban dramas improbables, habiendo tantos dramas reales que "deberían" ser contados y expuestos por nosotros los escritores. En otras palabras, en su frase se encuentra la noción de que el Realismo es el exponente máximo del Arte Literario y los géneros fantásticos no son más que un relleno infantil, apenas construido para entretener masas por un tiempo corto. Después de todo, como "la realidad es más fantástica que la ficción", debemos nutrirnos de la realidad misma para hacer nuestra ficción realmente fantástica.

Por supuesto, no opino lo mismo. Primero, porque no creo que el realismo sea superior al fantástico en ningún aspecto. Sólo parten de planteamientos diferentes, eso es todo. Y segundo, porque pienso que la ficción en general, sin importar si es "realista" o "fantástica", cumple la tarea a la inversa: vuelve fantástica la realidad. Por eso la literatura es un arte tan extendido, tan impactante, tan emocionante y tan popular.

Alguien me diría: la TV es popular, no la literatura. Y yo les contesto: ¿y de dónde creen ustedes que se nutrieron en primer lugar los programas de TV más exitosos? Sí, ya lo adivinaron: de la literatura. La literatura involucra a la poesía, al teatro, a la narrativa y a la ensayística. Podemos combinarlos todos y obtener increíbles obras. Podemos quedarnos en uno solo y proyectar nuestros pensamientos o nuestras ideas de miles de maneras posibles. El teatro se combinó con la música, ésta dio pie a la danza y el canto, y convirtió una experiencia visual en sonora y ambiental. Pero el texto teatral primero se elabora en la imaginación del dramaturgo, de ese autor que con su imaginación construye una historia. Esta historia es ficticia, aunque su base sea realista. Todos quienes la contemplen sabrán que es ficticia, aunque su base sea real. Y encantará a ese público, lo transportará a otro mundo (ficticio), a otro escenario, lo sacará de su cotidianeidad y lo hará viajar, aunque no se despegue de su asiento.

Lo mismo ocurre con la literatura escrita.

La realidad está allí, en nuestro entorno. No necesitamos más intermediarios que nuestros propios sentidos para palparla y (¿por qué no?) para sufrirla. Sabemos cuáles son en general los grandes y pequeños problemas de nuestro mundo, y somos conscientes de nuestras tribulaciones así como lo somos de nuestras alegrías. Tenemos noticia de otros que sufren o disfrutan igual y estamos muy enterados de gran cantidad de acontecimientos que se suceden a diario, sea por medio de la tecnología o por medio de nuestros propios contactos personales. ¿Será esa información veraz o no? ¿Quién sabe? También somos conscientes de nuestras propias mentiras y nuestras pequeñas exageraciones. ¿Por qué los otros no han de hacer lo mismo?

¿Esa realidad es fascinante, "fantástica"? Humm... no. Puede que seamos felices, puede que nos consideremos exitosos. Puede incluso que seamos conocidos o famosos o ricos o cualquier otro calificativo positivo que se les ocurra. Pero ¿fantástico? Humm... no. Si lo fuera, ¿para qué veríamos una serie en la TV o iríamos al cine a ver el último estreno romántico o de acción o de drama policial o de lo que sea? ¿Qué tiene el lenguaje artístico que vuelve fascinante esa realidad a la que estamos acostumbrados y de la que somos conscientes, queramos o no?

Pues el poder de la imaginación, que en términos literarios se transforma muchas veces en ficción. Los seres humanos no somos animales simples que con comer, dormir y reproducirnos tenemos suficiente. Además de guerrear y abarcar posesiones -lo cual también puede volverse monótono-, necesitamos espolear nuestra imaginación, siempre inquieta. Necesitamos sentirnos parte de algo más grande que nuestras simples cotidianeidades y necesitamos ser algo más que hormiguitas cumpliendo sus ciclos vitales. Sin embargo, no todos somos protagonistas de realidades fascinantes. Diría que una minoría muy exigua ha sido protagonista de algún gran evento. El resto debe contentarse con seguir el ciclo vital de su existencia. Pero eso deja por fuera el drama de satisfacer ese deseo profundo por vivencias extraordinarias. Lo único que queda es la imaginación y ahí encontramos la solución perfecta para dar satisfacción a dicha necesidad: la ficción.

La ficción es capaz de volver fantástica una realidad perfectamente cotidiana (enamorarse, por ejemplo, ¿quién no se enamora? ¡Es tan cotidiano ver parejas que se forman o se separan! Y sin embargo, ninguna les gana a las historias de amor que tanto enganchan a todos los públicos). Es capaz de hacer aún más subyugante una realidad de por sí extraordinaria -si no me creen, espérense a ver las filas de gente que querrá ver la película sobre el rescate de los 33 mineros chilenos, ¡como si no hubiéramos visto el rescate mismo en primera plana y a todo color!- Es capaz de potenciar todos nuestros sentidos, porque juega con nuestra mente y nuestra capacidad para imaginar y para soñar. Por eso amamos la ficción, por eso nos alimentamos de ella y por esa la nutrimos.

No, la realidad no es más fantástica que la ficción. Es de otra forma: es la ficción la que es capaz de volver fantástica la realidad, incluso en aquellas obras donde quizá no encontremos trazas de realidad o no nos lo parezca, como en los géneros fantásticos, incluyendo desde la epopeya homérica hasta los modernos escritos de ciencia ficción. Y somos los autores quienes llevamos la responsabilidad de cumplir ese acto de magia que transforma una historia simple y cotidiana en un trepidante misterio o un romance singular. Quienes debemos seguir nutriendo a nuestra sociedad de más ficción y de más ganas de soñar...

12 de noviembre de 2010

¿Qué nos motiva?

Navegando un poco por la red, en la que descubrí que había otorgado a una planta propiedades opuestas a las reales -es una larga historia-, di con uno de los tantos sitios de la editorial Planeta en la que se comentaba la aparición de un best seller en edición en castellano. El libro en cuestión se llama La sorprendente verdad de qué nos motiva y es del autor norteamericano David H. Pink. No lo conocía, pero me llamó la atención el tema y dediqué unos minutos a la lectura del artículo que apareció en el blog de editores en torno a este lanzamiento.

No sé si el libro merece la pena o no, pero he de admitir que el tema me pareció muy interesante. De hecho explica en gran parte por qué nosotros los autores creativos insistimos en escribir cuando todo parece tan diseñado en nuestra contra: dificultades de publicación, dificultades de difusión, dificultades de venta, de competencia, de crisis económicas cíclicas que afectan el sector editorial y con más fuerza a los menos consagrados, en fin... ustedes saben, una historia de nunca acabar. Y sin embargo, a pesar de todo esto, seguimos escribiendo, seguimos soñando, seguimos... simplemente, seguimos.

El libro, según el artículo mencionado, desmitifica aquella máxima de que la gente trabaja duro cuando se le ofrece un incentivo (normalmente ecónomico). De acuerdo con lo expuesto por Pink, y basándose en numerosos estudios, esta máxima sólo es cierta en presencia de trabajos repetitivos y mecánicos, donde la promesa de una recompensa económica sí estimula la producción. En cambio, en aquellos trabajos que requieren un alto grado de creatividad e iniciativa personal, cuanto mayor es la recompensa económica, menor es la productividad. De alguna manera, si le ofreces a una persona un incentivo para que termine cuanto antes y mejor un trabajo esencialmente creativo, la persona tiende a fallar, a bloquearse, a producir menos. Se obnubila con la recompensa y pierde creatividad (yo pienso que se estresa). De acuerdo entonces con esta exposición, la verdadera motivación que hace a los trabajadores creativos a producir más y mejor se encuentra en el trabajo mismo y en ellos mismos. Si el trabajo que realizan es autonómico (es decir, propio), si pueden alcanzar un aporte significativo al entorno social que va más allá de su mera realización personal, si pueden marcar una diferencia... producen más y mejor. Se supone, claro, que el factor económico no es un factor: esto es, el trabajador en cuestión tiene cubiertas sus necesidades básicas.

¿Tendrá razón?

Pues yo creo que sí, al menos en cuanto a los autores creativos. Es claro que todos nosotros nos sentimos encantados con la idea de que nuestros libros se vendan. Sin embargo, si prestamos atención, podemos advertir que en la mayoría de los casos no es un hecho que nos agrade por el dinero en sí mismo considerado, sino por lo que estas ventas en realidad representan: quienes compraron el libro probablemente lo leerán, y que lo lean es lo que nos mueve a publicarlo. Si no quisiéramos que nadie más leyera nuestros escritos, no los publicaríamos, ¿cierto? Los dejaríamos en el refugio siempre seguro de nuestros cajones o nuestros discos duros. Pero la gracia de la escritura creativa está, en gran parte, en contar una historia o construir un poema que otros van a leer, van a apreciar, y quizá, van a sentirse impactados, en algún grado, por ello.

Entonces... ¿qué mueve a un escritor creativo a realizar su trabajo, no siempre reconocido con justicia? Pues el sueño de poder aportar algo significativo al entorno social, más allá de nuestra realización personal, que sea importante, que sea poderoso en algún nivel -emocional, intelectual, social-, un algo por el que sintamos que agregamos valor al conjunto. No es, entonces, el simple incentivo económico (que dicho sea de paso, en la mayoría de los casos ni siquiera se ve a la vista) el que nos motiva a insistir en esta ardua labor, sino esa motivación intrínseca tan sabiamente observada por los investigadores del comportamiento humano hace tiempo.

Un chico, en una discusión que mantuvimos sobre la literatura y el impacto supuestamente negativo que él le ve a los best sellers, me aseguraba que con la venta de productos de consumo masivo como esos libros "fáciles" y pre-fabricados por las editoriales, se "prostituía" y se "mataba" a la "verdadera" literatura, y que ésta morirá dentro de unos años por "culpa" de eso. Yo pensé que no era así: ni la literatura está muriendo ni morirá. Y, a la vista de lo que en realidad mueve a los escritores creativos a seguir soñando a través de las letras, pues... me reafirmo en mi convicción.

Con una motivación tan poderosa, la literatura tiene su vida asegurada hasta que la humanidad misma deje ser humanidad. :)

1 de noviembre de 2010

Más novedades fantásticas

Mientras en mi terruño nos preparamos para el lanzamiento de una nueva antología de ciencia ficción, pronta a presentarse, en España mis colegas no descansan y ya tenemos en el mercado o en perspectiva numerosas novedades sumamente tentadoras.

Comienzo por casa. El próximo 8 de diciembre presentamos en el Centro Cultural Costarricense Norteamericano la antología Poe: Siglo XXI, integrada por ocho relatos que hacen homenaje al gran escritor Edgar Allan Poe a través de la adaptación de algunos de sus relatos o la puesta en escena de algunas de sus ideas, en clave de ciencia ficción. No es una fórmula nueva ni extraordinaria realizar adaptaciones de este estilo, pero resulta refrescante para nosotros como escritores y para los lectores de géneros fantásticos (y no-fantásticos) revisitar a un autor tan magnífico y mirarlo a través de otro lente, abriendo nuevos caminos y nuevas imaginaciones, casi tan extrañas como las surgidas de su propio cerebro. No se pierdan esta novedad, estoy segura de que les va a encantar. :)

Seguimos ahora en España.

Ya está a la venta los nuevos hijos de escritores españoles cuya labor he seguido de cerca y cuyos blogs resultan siempre tan interesantes, por la gran cantidad de ideas que destilan y comentan en torno al mundo editorial, a los libros del género fantástico y a veces, de la vida en general. Se trata de los escritores David Mateo, J.E. Álamo y Sergio Mars, ya veteranos artífices de las letras fantásticas. David Mateo nos trae una interesantísima historia de fantasía histórica, quizá suspenso, y un buen toque de maravilla llamada Heredero de la Alquimia (Ediciones Ilarion, 2010). Es la oportunidad de sumergirse en los tiempos en que aún existía Babilonia y Egipto era una realidad impresionante. Por otra parte, J.E. Álamo nos trae una historia trepidante de terror y misterio en un pueblo azotado por la mano inclemente de un asesino aterrador, en Penitencia (Grupo AJEC, 2010). Y finalmente, Sergio Mars llegó a este último cuarto del año con dos hijos literarios bajo el brazo: uno de terror, El precio del Barquero (Saco de Huesos, 2010), y otro de ciencia ficción, La mirada de Pegaso (Grupo AJEC, 2010). Ambos son colecciones de relatos y/o novelas cortas que conociendo la pluma de Mars estarán más que interesantes, estupendas. :)
En otra vertiente, tenemos novedades estupendas con otros dos colegas escritores, también españoles, uno con una reedición en formato electrónico y otra con su primera novela publicada y con grandes perspectivas. El primero es Francisco Illán Vivas, poeta y escritor, ensayista y reseñista, que nos trae una reedición en formato electrónico de La Maldición (volumen I de la saga La Cólera de Nébulos). Este libro es magnífico, y me consta, pues lo leí en su primera edición, hace cuatro años y hasta colgué una reseña aquí, si les interesa conocer mi opinión. Cuenta con una segunda parte, llamada El Rey de las Esfinges (Loto XII Ed., 2008). Francisco espera tener La Maldición de vuelta en papel el año próximo.

Con respecto a Susana Eevee, se la puede conocer de primera mano a través de varios de sus relatos, uno de los cuales se encuentra ya en (Per)Versiones: Cuentos Populares ("Goldilocks y los osos montañeses y zombies"), tomo que se consigue en impresión física y en formato electrónico (este último gratuito). Pues bien, ella ahora se nos presenta en solitario con una novela de fantasía tremendamente prometedora que sale a la venta (en España) el próximo 15 de noviembre. Se llama Dos Coronas (Grupo AJEC, 2010) y aquí les pongo la ficha:

Diseño de Portada: CalderonStudio
Precio: 18.95 €
Tamaño: 22x15
Páginas: 416

Es tiempo de guerra. Siempre lo fue.

Durante siglos las dos Coronas se han enfrentado en un pulso de violencia y ambición. Los odios ancestrales se heredan batalla tras batalla.

Soota es un joven de espíritu rebelde y temerario. La pérdida de los recuerdos de su infancia ha forjado un corazón duro que lo ayuda a sobrevivir a las intrigas de una sociedad cruenta y convulsa. Es el mejor asesino que se ha adiestrado en la corte, y en él no hay cansancio, ni remordimiento ni dolor.

Su pasado, construido con mentiras, se derrumba el día que descubre que por sus venas corre la sangre de la casta real del enemigo. Comienza entonces para él un largo viaje hacia el honor, la lealtad y la compasión.

En medio del juego letal que disputan los dos reinos, Soota combatirá en una devastadora ofensiva. Pero, sobre todo, luchará por alcanzar su destino, la ansiada paz, la esperanza de recuperar lo perdido y redimir, así, su alma.

«Dos Coronas recupera el espíritu de la fantasía en toda su genuina grandeza. Una novela donde el puro sentido de la aventura te arranca del mundo real y te mete de lleno en otro, mágico, épico, increíble, del que no querrás salir.» José Miguel Vilar-Bou, autor de Los Navegantes y Alarido de Dios

En cuanto tengan la oportunidad, no duden en ponerles las manos encima. :)

29 de octubre de 2010

Visiones 2008 al fin en papel

Pues sí. Después de dos años de espera, tenemos en casa y en nuestras manos la versión impresa de la antología Visiones 2008, la cual edita la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror (AEFCFT) y que fue conformada en dicho año de acuerdo a la selección de la Tertulia Valenciana. Los relatos del Visiones son inéditos, por lo tanto, no se les encontrará regularmente en ninguna otra publicación y bien valen la pena ser leídos. En mi caso, conté con el honor de que mi cuento El último pozo fuese parte de una selección de 15 relatos entre 242, que no es poco decir.

La edición del Visiones 2008 cuenta con una sobria ilustración de cubierta (una aparente sucesión de pupilas, o quizá, estrellas) -que estuvo a cargo de Ricardo Adriansen- y una calidad de papel agradable al tacto y a la vista. Me ha gustado sobremanera la presentación que hace la Tertulia Valenciana sobre su proceso de selección, su vivencia con ella, y las reflexiones que aplican a la experiencia. Y me encanta el tamaño del libro: apenas para ser llevado en el bolsillo ;) No sé aún cuándo será puesto a la venta para el público, pero apenas lo sepa, lo actualizo. Y de todas maneras, se puede preguntar a la AEFCFT por ello. Si tienen la posibilidad de adquirirlo, ¡no se lo pierdan! :)

26 de octubre de 2010

Escritores vanidosos...

Recientemente, en un sitio donde concurren diversos escritores de habla hispana, se abrió un debate sobre la vanidad del escritor. Un grupo de autores, pues, dejó su opinión, más que referirse a la de los demás -por lo que no sé dónde está el "debate"- y así quedó a criterio de nosotros los lectores decidir si los escritores son vanidosos, si no lo son, si lo son más que los ingenieros y los médicos o si lo son menos, si es necesario que lo sean o si es un defecto imperdonable. A mí me quedó la pregunta rondando un buen rato, pues no estaba segura de que todos estuviesen hablando del mismo "tipo" de vanidad.

¿Qué es la vanidad? Vaya, pues, parece una pregunta filosófica. Pero es importante. A lo mejor yo hablo de un tipo de vanidad y tú de otro y no nos entendemos por esa falta de acuerdo inicial. Cuando hablamos de alguien "vanidoso", ¿a qué nos referimos? Tengo la corazonada de que todos hacemos una ponderación distinta entre "vanidad" y "vanidoso".

Muchos podemos diferenciar distintos tipos de vanidad: desde la saludable autoestima hasta el orgullo desmedido, aunque en mi caso, y para que quedemos en claro sobre qué voy a estar considerando como "vanidad", para mí la vanidad es la cualidad de lo vano, lo vacío, lo superficial. Es un creerse superior al resto de la humanidad porque sí, y convertirlo en una costumbre. Para mí, la palabra "vanidad" nunca se refiere a la autoestima sino a la sobreautoestima, es decir, a una supravaloración propia basada en... nada. Y quien sea "vanidoso" hace de la vanidad una costumbre.

Así puestos de acuerdo, es obvio que los autores que expresaron que la vanidad del escritor es importante pues todos debemos comenzar por creer en nosotros mismos y en lo que hacemos, se están refiriendo a lo que yo llamo autoestima, orgullo propio, saludable visión del propio valor, seguridad en sí mismo, y no estrictamente "vanidad". En este caso, supongo que si exageramos esos valores (autoestima, orgullo propio, etc.) y los convertimos en el fin de nuestra existencia, estaremos hablando de vanidad y de gente vanidosa.

¿Son los escritores gente vanidosa per se? Yo no diría tanto. Pienso que todos tenemos un poso de autoestima, y también una reserva de vanidad. Sí, de esa cosa fea que llamamos vanidad. Es natural en todos los seres humanos. A todos nos gusta que nos reconozcan, cierto, y eso forma parte de la autoestima, y también a todos nos gustaría ser la estrella del momento en alguna ocasión y en algún momento, y eso forma parte de la vanidad. Que me digan que soy un gran Esto y gran Aquello, ¡guau!, cómo tienta nuestra faceta vanidosa...

Sin embargo, hay gente que la deja salir sin control y gente que no. Y esa gente "descontrolada" es lo que llamaríamos "vanidosa" y me parece, si no me equivoco, que abunda no sólo entre los escritores, sino también en una amplísima variedad de profesiones comerciales, artísticas y científicas. Vamos, que es un defecto personal, no profesional. No depende de tu profesión sino de tu personalidad y de la capacidad que tengas para aplicar o no fuertes dosis de modestia auténtica en momentos propicios.

Decir que todos los escritores son vanidosos es una exageración. No todos son vanidosos. Los hay vanidosos, ciertamente, pero no todos lo son. Hay escritores exitosos que son razonablemente seguros de sí mismos sin caer en actos vanidosos. O sea, lidian bien con el reconocimiento y hasta con la adoración. Otros escritores exitosos no. Son vanidosos y se les nota especialmente cuando hablan de sí mismos (y dejan saber lo importantes que se sienten) y cuando se les critica. ¡Ah! ¡No soportan la crítica! ¿Cómo puedes criticar a un valor tan estimable como ellos y su escritura?

¿Por qué alguna gente cree que todos los escritores son vanidosos y hasta necesitan de la vanidad para subsistir? Porque piensan que cuando escriben y, peor aún, publican, lo hacen porque desean no otra cosa que la fama y la ostentación. Quizá quienes piensan así desearían lo mismo, no lo sé, pero aunque todos los seres humanos, como dije antes, disfrutan de la fama y el reconocimiento, no todos escriben y publican para obtenerla, o con el exclusivo propósito de lograrla. Una gran mayoría de escritores lo hace porque les gusta.

Tan simple como eso. Les gusta. Incluso, se apasionan con la escritura. ¿No se dice que lo ideal es dedicar nuestra vida laboral a aquello que nos inflama la pasión y alimenta nuestras ilusiones? ¿No hay mejor trabajo que aquel al cual acudes con devorador interés? Pues, así es con la mayoría de los artistas: lo hacen porque lo viven, porque lo disfrutan, porque lo necesitan. No por vanidad, sino por necesidad. Y si por esas cosas del destino logran vivir de ello, pues mejor que mejor. Ahí aparece la conveniencia de aparecer ante los medios, de vender sus obras, de lograr un reconocimiento, pues así pueden seguir dedicados a su pasión sin el temor de no traer el pan a casa cada día. Y sí, por ahí se alimenta la vanidad, pero no será gran cosa, a menos que la persona en cuestión sea de por sí vanidosa.

Publicar no es un acto de vanidad. Es como construir un puente o curar un enfermo. Es un acto natural producto de un trabajo. Creerse el ser más adorable del mundo, eso es vanidad, y para eso no necesitas ser escritor. Con sólo aparecer ante el mundo y hacer algo que llame su atención, tienes.

Finalmente, y como reflexión, pienso que no es un acto de vanidad el que un autor mencione su obra o hable de ella. Es lógico que lo haga. Sólo será un acto de vanidad si su discurso es excesivo, si es adulador de sí mismo hasta el extremo y si no hace otra cosa en la vida. :)

14 de octubre de 2010

Hablando de finales felices...

Hace poco, escribí una entrada en este blog comentando la aparente obsesión de algunos círculos críticos y/o sesudos por los finales trágicos u oscuros como signo "indiscutible" de la "adultez" y "seriedad" de una obra literaria. Vamos, que si un relato o novela terminaba con un final "feliz" (aunque éste fuese coherente con el resto de la historia), la obra sería considerada "infantil", incluso ñoña, ingenua y poco valorable. "Porque la realidad no es así", considerando la realidad como un continuum de hechos desvastadores, crueles y oscuros. En mi entrada, me oponía a esta idea y argumentaba que lo importante de un final no era si éste desembocaba en una tragedia o en una resolución feliz, sino si éste era coherente con el resto de la historia, incluso verosímil.

Pues bien, la realidad acaba de darme la razón. Para todos aquellos que insisten en denostar los finales felices a priori, como si fuesen el producto de mentes ingenuas, porque piensan que en la vida real sólo existen las tragedias y las amarguras, acabamos de ser testigos presenciales de una historia real -más real no puede ser, pues ni siquiera fue creada en un reality show con guión y todo eso- que no sólo se desenvolvió con todos los ingredientes de incertidumbre, angustia y desespero de una historia escrita por la pluma de un autor, sino que revistió todas las características de un desarrollo feliz y de un desenlace feliz. Diría, perfecto. Sí, supongo que saben a qué me refiero: al rescate de los 33 mineros chilenos que permanecieron atrapados por 70 días a 622 metros bajo roca sólida.

Sí, sí, me dirán que es cuestión de los medios. Y yo les diré: ¡ja! No puedo saber (ni nadie que no sean ellos) cuáles fueron sus pensamientos, sus angustias y sus tristezas. No puedo saber si se pelearon, si tuvieron rencillas, si mantienen resquemores. No puedo saber si alguno culpó a otro de X o Y, ni tampoco si hubo depresiones en algún momento. Nada de eso es de conocimiento público, y no importa para nuestros efectos. Lo que sí sabemos son los hechos comprobados, que bien pueden formar parte de una historia cualquiera escrita por un autor creativo.

Primero. En una mina en el norte de Chile hubo un derrumbe que taponeó parte de uno de los túneles más profundos. Segundo. La mayoría de los mineros salió con vida en los momentos que siguieron al derrumbe, y no se registró ningún muerto entre ellos. ¿Pudo morir alguien? Sí, claro. ¿Suelen morir muchos mineros al año en eventos similares? Sin duda. ¿Murió alguien en este evento de Chile? No. Y punto. No murió nadie. ¿Qué pasaría si un autor describiera en su novela "Atrapados" (título ficticio, ojo) que hay un derrumbe en un túnel a más de 500 metros de profundidad y salen varios cientos de mineros y ninguno muere? Yo sé lo que pasaría: los sesudos dirían que no es "realista". ¿Cómo no va a morir alguien?, dirían, ¡es un ingenuo!, añadirían. Y resulta que en la realidad, ¡no murió nadie! ¡Já!

Tercero. Quedaron 33 mineros atrapados, del otro lado del derrumbe. En ese momento, se les consignó como desaparecidos. Cuarto. Pasan 17 días de incertidumbre, durante los cuales los familiares de los desaparecidos se presentan en las inmediaciones de la mina a exigir que se continúen las tareas de búsqueda. Aseguran que sus seres queridos están vivos, que hay que seguir buscando. Sale a la prensa los problemas que tenía la mina, los conflictos con la compañía minera, la intervención del gobierno chileno que se compromete a hacerse cargo de la búsqueda y del eventual rescate, etc. Se perforan varios huecos y se usan sondas para intentar dar con los mineros, de los cuales sigue sin saberse nada.

Quinto. El 22 de agosto ocurre lo insospechado: ¡aparecen los mineros! Una sonda logra dar con el refugio y uno de ellos, el jefe, le conecta un mensaje que reza "Estamos bien en el refugio los 33". De nuevo, parece que la realidad se sobrepone a la ficción, ¿no?, porque nuestros sesudos críticos de los finales felices dirían de una novela así: ¡qué ñoñez! ¿Cuáles son las probabilidades de encontrarlos vivos y a todos ellos? ¡Muy pocas! Pues sí, normalmente muere gente, pero en este caso, que es real, resulta que los 33 desaparecidos estaban todos vivos. Todos. No murió nadie. ¿Ñoño? A mí me parece simplemente un hecho de la realidad...

Sexto. Comienzan las tareas de rescate por un lado y de mantenimiento de vida por el otro. Establecen sistemas de comunicación con los mineros, les envían medicinas, comida y otros implementos, logran conectar a las familias con ellos, y entretanto, se traen inmensas máquinas perforadoras que horadan la roca para lograr llegar hasta los atrapados. No es una máquina, son tres. Y poderosas. ¿Exageración de la mente de un autor? ¡Qué va! De nuevo, la realidad. Hecho a la vista, comprobado. Ni siquiera es una suposición, las máquinas pueden verse y palparse.

Séptimo. A pesar de los oscuros pronósticos, una de las perforadoras llega hasta el refugio de los mineros un mes y medio antes de lo previsto (y temido). Se reviste parte del pozo con acero, se construye una cápsula especial para traer a los mineros a la superficie y en una operación que se desarrolló sin incidentes (nada de tragedias, por cierto), la cápsula llega hasta el fondo y uno a uno, todos los mineros son rescatados de las profundidades de la tierra. Sale el último socorrista también, se sella el pozo y punto. Los mineros son trasladados al hospital más cercano y el reporte médico es: muy satisfactorio. Algunos presentan algunas fallas de salud, atribuibles todas a condiciones preexistentes al accidente, pero la mayoría se encuentra en excelentes condiciones. O sea, no sólo estaban vivos, en efecto estaban bien. Final feliz.

¿Qué dije? ¿Final feliz? Sí, para disgusto de los pesimistas y amargados pregonadores de desastres, tenemos un final feliz. ¡Contra todos los pronósticos! ¿Es irreal? ¿Es ñoño? ¿Es inverosímil? ¿Es infantil? Imposible, porque no se lo inventó nadie: ocurrió en nuestra realidad.

Lo mejor de todo es que si indagamos en incontables historias de accidentes y desastres, encontraremos un gran número de finales felices como éste, más de los que podría uno pensar que existieran si creyéramos que la realidad siempre es negra y cruel, porque la vida no es una cadena de desgracias incontenible, sino un caleidoscopio de infinitas posibilidades, entre las cuales abundan los finales felices que precisamente permiten que la vida siga existiendo. Es absurdo exigir a un autor que siempre culmine sus historias de manera trágica, si la propia realidad no se prodiga en tragedias con esa frecuencia. Ya es hora de dejar la nota amargada y pesimista y asumir la verdadera realidad: pintas de agrio y dulce, de tragedia y comedia, de blanco y negro, de grises y multicolores, de variedad y maravilla. Y por sobretodo, de coherencia: lo que bien se comenzó, bien se terminó (¿no lo dijo por ahí el propio Shakespeare, que no sólo escribió magníficas tragedias sino también estupendas comedias?). Así estamos.

P.D. Quien quiera argumentar que las historias felices no gustan y no venden como las trágicas, que me explique entonces por qué hubo unos mil millones de televidentes en el mundo presenciando el rescate. Si eso no es vender una historia, ya no sé qué puede serlo... ;)

1 de octubre de 2010

Todo llega

Y ya llegó PerVersiones: Historia. Parece increíble que hasta hace poco menos de un año, era tan sólo un proyecto literario compartido con colegas entusiastas desarrollando ideas, y que hoy ya tengamos entre manos dos volúmenes completos con nuestros relatos, "perversionando" historias, adaptando personajes conocidos a nuevos entornos, divirtiéndonos con las infinitas posibilidades que la literatura puede brindarnos a la hora de crear nuevos mundos. Pero así es. Y hoy, 1ro. de octubre del 2010, se ha puesto al alcance del público nuestro segundo volumen perversionado, el que se introduce en los vericuetos de nuestra historia (incluso nuestra prehistoria) y especula con lo que pudo ser, con lo que quizá fue, con lo que quizá aún puede suceder. ¿En qué consiste nuestra propuesta?

Con un estupendo prólogo del escritor Teo Palacios, nuestro nuevo volumen trae nuevos y relucientes 23 relatos originales que perversionan distintos episodios de nuestro pasado, desde aquellos ubicados hace millones de años hasta algunos más recientes sucedidos en el siglo XX. He aquí la ficha oficial:

Fecha de lanzamiento: 1ro de octubre 2010
Número de Páginas: 232
Portada: Irene Domínguez (Namtaru Creations)
Prólogo: Teo Palacios
Precio: 11,19 €

El concepto de Historia ha cambiado mucho a lo largo de la misma. La forma en la que hoy en día vemos lo que sucedió antes de nuestra existencia poco tiene que ver con la forma en la que lo veían nuestros antepasados. De la concatenación de fechas sin mayores explicaciones, hemos pasado a las causas y los efectos.

Y aún más allá.

En la Historia las causas sencillas pueden dar lugar a múltiples e insospechados efectos y un suceso insignificante como el batir de alas de una mariposa puede tener consecuencias trascendentales, cambiando el curso de los acontecimientos.

Este segundo volumen de (Per)versiones juega con esa variabilidad en la hasta ahora inalterable Historia. Reinterpretando sus hechos y verdades y, en ocasiones, cambiando sus causas y efectos.

¿Quién puede asegurar que no hayamos dado con los correctos?

Este volumen de (Per)Versiones lo componen un total de 23 relatos:

Ediacara (Héctor Gómez Herrero)
El Evento Toba (Josep Martin Brown)
La Nariz de su Majestad (Jorge Asteguieta Reguero)
Antes muerta que sin Sila (Virginia Pérez de la Puente)
El Horror de la Galia (Moisés Cabello)
¿Tú también, hijo mío? (Laura Quijano Vincenzi)
Hannibal ante portas (Leonardo Ropero)
Llegaron de Noche (Diana Muñiz)
Los Herederos de Gengis Kan (Juan José Tena)
Mi Querido Señor H. (Vanesa Benítez Jaime)
Almirante (Adolfo Rodríguez)
César o Nada (Ricardo Montesinos)
Sic Transit (Aintzane Egiluz Romero)
La Hora de los Héroes (David Prieto)
El rey que no quiso mandar (Juan Carlos Pereletegui)
Amor de Madre (Juan de Dios Garduño)
El diario perdido de Van Gogh (Mario Manzano Vázquez)
La Mascota del Titanic (Manuel Osuna)
Merci Beaucoup (Carlos Tosca Marín)
Flecha Rota (Alejandro Guardiola)
Planeta Rojo (José María Pérez Hernández)
Hay un gallego en la Luna (Alex V. Vegas -Uwe-)
IGOD (Julio Igualador -Iulius-)


Hace unas semanas apareció la versión nano de "Hay un gallego en la Luna", de Alex V. Vegas (Nanoediciones), que se puede descargar e imprimir, y queda estupendo. Por supuesto, para obtener el libro impreso, sólo es preciso acudir a Cyberdark, Lulu o Bubok o acudir a la lista de tiendas físicas que aparece en el blog oficial de PerVersiones Literarias. Y si se le quiere en versión pdf descargable, o en epub, también se obtiene gratuito en Cyberdark.

¡A disfrutarlo!

(P.D. Cualquier opinión con respecto a estos relatos, es bienvenida. Y si quieren comentar aquí "¿Tú también, hijo mío?", que es mi relato per-verso, ¡pues adelante!)