18 de mayo de 2015

¿Y si la historia se explicara diferente?

En el 2010, y siguiendo el camino que nos habíamos trazado con los cuentos populares, el grupo de escritores de Sedice.com que nos reunimos para "per-versionar" aquellas clásicas historias, decidimos retorcerle la tuerca a la historia y avanzar posibles explicaciones, fantásticas o propias de la ciencia ficción, que resultaran no solo alternativas a la historia oficial, sino incluso, retorcidas, per-versas, y por eso lanzamos: (Per)versiones: Historia. En esa ocasión, me sumergí en un incidente famoso: el asesinato de Julio César en aquel lejano Idus de marzo del año 44 antes de Cristo, en Roma, evento que habría de desencadenar una serie sucesiva de hechos que llevarían a Roma hacia el establecimiento del Imperio, lo que quizá no estaba en los cálculos de los conspiradores y asesinos del insigne general. En mi cuento "¿Tú también, hijo mío?" exploro una alternativa fantástica (o quizá no lo fue tanto) que explicaría por qué César, quien aparentemente estaba al tanto de los planes de sus asesinos y que había sido advertido por amigos y allegados, insistió en acudir al Senado aquel aciago día.

Es una temática muy propia de la ciencia ficción (e incluso de la fantasía) especular con posibles explicaciones alternativas a los fenómenos o eventos ya conocidos, que pueden desafiar la lógica que creemos muy sólida. No por casualidad existe la fantasía histórica, que incorpora elementos fantásticos, o a veces sobrenaturales, en la historia, y por supuesto, la ucronía, un interesantísimo subgénero de la ciencia ficción que especula con la idea de qué habría pasado en la historia si un acontecimiento se hubiera dado diferente o no se hubiera dado: por ejemplo, si en vez de España, hubiera sido Francia la que descubriera América, o la propia Inglaterra hubiera llegado a las del Caribe; o si los rusos hubieran llegado primero a la Luna; o si Aníbal hubiera conquistado Roma; etc. Tenemos novelas escritas sobre premisas así, como Britannia Conquistada ('Ruled Britannia'), de Harry Turtledove, o El hombre en el castillo ('The Man in the High Castle'), de Philip K. Dick, que exploraban, una, el que la Armada Invencible de Felipe II jamás hubiera sido derrotada por el almirante Nelson en Trafalgar y por tanto, que España hubiera conquistado Inglaterra; y la otra, el que Hitler hubiera ganado la II Guerra Mundial y hubiera ocupado Estados Unidos. Ambas son novelas ucrónicas, interesantísimas, que aprovechan la literatura prospectiva para lanzar elucubraciones sobre la naturaleza humana y las consecuencias de sus actos, amén de avanzar la idea de que la historia se mueve por caminos muy sutiles y que un mínimo cambio en un evento, habría podido traer resultados muy distintos que nos afectaran a nosotros en nuestro presente.

En el caso de la fantasía histórica, ésta no necesariamente altera el curso de la historia, sino que a los acontecimientos tal como están registrados les brinda motivaciones y causas muy distintas de las que estamos acostumbrados a escuchar, y que de alguna manera, pueden resultar tanto más ciertas como imposibles. En el caso de "¿Tú también, hijo mío?", la pregunta que subyace en el evento histórico siempre fue: ¿por qué César acudió al Senado si sabía lo que le aguardaba? ¿Por qué desafiar al destino? ¿Acaso no temía la muerte? Pues en mi propuesta... bueno, pero ustedes pueden considerarla, creerla o no, si acuden a mi sitio y leen el cuento que ya está disponible en línea. =) Los invito a participar de esta experiencia. =)

10 de mayo de 2015

(Per)versionando los cuentos clásicos

Hace unos cinco años, un grupo de escritores reunidos en Sedice.com tuvo la idea de plantearse un proyecto: contar de nuevo viejas historias de sobra conocidas, pero con un quiebre en sus argumentos que pudiera considerarse retorcido, o incluso, "perverso". Jugamos con la idea de "versionar" cuentos clásicos, pero hacerlo de tal manera, que se sintieran oscuros, de suerte que nuestra "versión" fuera una "(per)versión". Y así nació el proyecto (Per)versiones Literarias, que vio nacer su primera antología de relatos en 2010 con (Per)Versiones: Cuentos populares.

En esa primera ocasión, participé con una versión alterada de "La Bella Durmiente". Quería jugar con la idea de que la princesa supiera de la maldición de la bruja (pues en el cuento original la toma por sorpresa) y saber qué pasaría si así fuera. ¿Evitaría el destino? ¿Caería de todas formas en él? ¿Tendría ayuda? ¿Lo enfrentaría sola? El resultado de tales divagaciones fue "Eterna ensoñación", que ustedes podrán encontrar ahora disponible en línea en mi website. =) =)

4 de mayo de 2015

Otro relato disponible en línea

¡Hola! Me paso por aquí para contarles que a partir de hoy está disponible (en línea) mi cuento "Misión inconclusa", en la sección de Relatos de mi website. Es un cuento del 2008, que fue escrito en clave de fantasía con miras a participar en el concurso Domingo Santos. En aquella ocasión no logró meterse en la final, pero luego fue tomado en cuenta para ser publicado, junto con otros relatos de géneros fantásticos de autores diversos, en la antología ¡Jodido lunes! (Bubok, 2008). Una gran experiencia, por El Anillo de los Nibelungos y su historia sobre Brunelhid y Siegfried. =)
cierto, y para mí, una de mis historias consentidas, de esas que escribí tomando en cuenta un escenario especial: el de las valkirias. =) Sí, las valkirias, no los vikingos (que hoy en día están de moda otra vez, pero en aquellos tiempos no lo estaban tanto), o sea, esas doncellas inmortales que se ocupaban de trasladar las almas de los héroes muertos en el campo de batalla a la mesa de banquetes del Valhalla, para ser recibidas por Odín, el Padre de los Dioses, con todos los honores: mitología nórdica, la misma que adorna las leyendas que inspiraron a Wagner

Claro que "Misión inconclusa" no es la historia de Brunelhid y Siegfried, sino la de alguien que despierta una mañana con la terrible sensación de que está atrapada en una historia antigua que ya ha olvidado... ;)

Por otro lado, no olviden que pueden suscribirse en cualquier momento a mi nueva novela por entregas Estrella Oscura. Esta es una novela de fantasía, sobre un mundo que está en peligro y cuya salvación se esconde en una memoria perdida. Los primeros dos capítulos son gratuitos, y se reciben uno a uno las dos primeras semanas; los demás se reciben también cada semana, por una suscripción mensual de $1 US. =) Se puede recibir cada capítulo dentro del propio correo electrónico, en versión PDF, en versión EPUB o en versión MOBI (para Kindle). Ya hay quienes están leyendo los capítulos tres y cuatro, otros que apenas están empezando con los dos primeros (y que pueden activar su suscripción también en cualquier momento): la ventaja es que se puede uno suscribir hoy mismo y ya este viernes recibe el primer capítulo. =)

Al final, todos los suscriptores pagos recibirán la versión digital de la novela completa, para que la tengan en un solo archivo, según el formato que hayan escogido o deseen (PDF, EPUB, MOBI).

¡A leer! =) =)

20 de abril de 2015

Celebremos juntos el Día del Libro charlando sobre "Señora del tiempo"

Me siento feliz de contarles que este próximo domingo 26 de abril tendremos una nueva oportunidad de charlar sobre Señora del tiempo, pues estaré a partir de las 3 de la tarde en la Librería Internacional de Multiplaza Escazú, con motivo de la celebración del Día Internacional del Libro. Si bien éste se celebra el 23 de abril, la Internacional está organizando una maratón de lecturas y encuentros literarios durante varios días, y ustedes pueden acompañarme el domingo para celebrar esta importante fecha. 

¡No falten!

"Fantasías controladas" y una semana más que comienza

 Hola =) Comenzamos la segunda parte de abril, que parece expirar pronto, y entre mis relatos en línea hay una historia nueva: se trata de Fantasías Controladas, que vio la luz en el lejano 2008, con motivo de la edición VIII del concurso de jurado popular Tierra de Leyendas de Sedice.com. Es un cuento corto, que relata las extrañas aventuras oníricas de un ciudadano común, envuelto en una desbocada fantasía con el concurso de personajes de cuentos de hadas que él no reconoce. La razón está, pues... en el cuento, y tiene que ver con la necesidad de sobrevivir. Los invito a leerlo y disfrutarlo y a darse una vuelta por los demás cuentos que están a su disposición para leer en línea.

Además, por supuesto, les recuerdo que pueden suscribirse a mi nueva novela de fantasía Estrella Oscura, cuyo primer capítulo podría llegar a su correo este mismo viernes, en el formato que Uds. prefieran para leer en sus dispositivos, sea éste su propio computador o sea uno móvil (celular o tableta): puede ser dentro del propio correo, en formato PDF, en MOBI (para descargar y leer en el Kindle) o en EPUB, para descargar y leer en su dispositivo android.

¡Material de lectura disponible para todos! =) =)

12 de abril de 2015

Una nueva semana comienza

 Esta semana comienza con actividad en mi sitio, pues no solo he renovado mi página de relatos en línea, sino también se reciben suscripciones para una nueva lista de lectores que deseen iniciar Estrella Oscura, mi reciente novela por entregas.

En efecto, el relato Tu madre ha muerto, ganador del 2do. puesto en la única edición del concurso "Amores extraños" del portal Sedice.com, está ahora en línea, disponible para todos Uds. que quieran disfrutar de una historia de ciencia ficción con una premisa algo retorcida. =)

Con respecto a Estrella Oscura, como mencioné arriba, si Uds. se suscriben esta semana por medio de la página indicada, podrán recibir el primer capítulo este mismo viernes 17 de abril, tal como los suscriptores de la semana pasada lo recibieron el viernes pasado.

Así, ¡a leer! ¡Que lo disfruten! =) =)

7 de abril de 2015

Una antigua y a la vez, muy actual tradición

Los Miserables, Crimen y castigo, Los tres mosqueteros, El conde de Montecristo, Madame Bovary, Mujercitas, David Copperfield, Oliverio Twist, La isla del tesoro, La vuelta al mundo en 80 días, Guerra y paz, las novelas de Balzac y de Pérez Galdós, de Salgari, las historias de Edgar Allan Poe y muchas otras historias famosas, son hoy en día grandes clásicos de la literatura universal, leídas, comentadas y vueltas a leer por miles y miles de personas en la cultura occidental, y aun en otras culturas. Su calidad, su capacidad de conectarse con el público, la relevancia que han tenido para el desarrollo de las novelas modernas, en fin, son muchos los rasgos que las distingue y las conecta entre sí y que todos conocen, y aun así, uno de los que se comenta poco hoy en día es la manera en que fueron difundidas por primera vez: todas fueron publicadas por entregas, en semanarios o revistas mensuales, durante un año o dos.

Novelas por entregas. Una práctica nacida al calor de las innovaciones del siglo XIX, el siglo industrial, cuando surgieron las ciencias modernas, el comercio internacional, las máquinas a vapor como las locomotoras, y cuando surgió la prensa tal como la conocemos hoy: periódicos, revistas, semanarios, publicaciones que se pregonaban en las esquinas, que fueron el campo de batalla de políticos y pensadores, y que fueron también, el asiento de las grandes novelas de ese siglo: cada edición traía un capítulo, que iba concretando una gran historia, cuyo final era sabido por los suscriptores al cabo de un año o dos, y que volvió populares toda clase de historias de detectives, fantasmas, misterios y aventuras, romances y grandes proezas.

El siglo XX profundizó la noción de la novela por entregas y la convirtió primero en las radionovelas, cuyas entregas semanales o diarias eran seguidas por miles de oyentes con gran ansiedad, y luego en las famosas teleseries, que hoy en día dominan la televisión y hasta Internet, con sus temporadas llenas de sucesos y aventuras, y que pueden prolongarse no ya por uno o dos años, sino hasta por décadas.

Hoy en día cualquier teleserie nos parece la cosa más normal del mundo y la idea de una novela entregada a pedacitos, un concepto muy curioso. Después de todo, nos hemos acostumbrado a que las novelas se venden completas en ediciones muy acabadas en cualquier librería, sea física o digital, como si la idea de que alguna vez fueron entregadas por partes pueda ser extraña.

Pero resulta que la novela del siglo XIX, esa gran novela repleta de grandes historias, fue la que inició el concepto de la serie y es la serie la que domina los programas más populares de la TV y hasta del cine: pueden ser teleseries con guiones imaginados por escritores –piénsese en The Walking Dead, Lost, Mad Men, Breaking Bad, etc.-, pueden ser reality shows (donde se supone que no hay guiones, pero se sigue la realidad entrega por entrega, normalmente alrededor de una competencia o concurso) –podemos pensar en Survivor, The Amazing Race, America´s Next Top Model, American Idol, The MasterChef, etc.-, o pueden ser historias llevadas al cine por partes (The Avengers, Transformes, The fast and the furious, Scream, etc.). Hay reportajes que se escriben o se exhiben en serie y ¡hasta discusiones públicas desarrolladas por partes! (a las que la gente llama, por cierto, “verdaderas novelas”).

La novela por entregas tan solo destapó el disfrute innato del ser humano por las historias que puede presenciar conforme se desarrollan, ni más ni menos.

¿Sería entonces muy extraño que ahora surgieran, otra vez, novelas por entregas, tal como sucedió en su día en los semanarios y revistas de las ciudades industriales del siglo XIX? ¡Por supuesto que no! Y menos aun si sucede en Internet, que con su formato ágil e instantáneo, su facilidad de comunicación y su cercanía con los lectores, permite que una nueva era de novelas por suscripción lleguen hasta nuestras manos en formato digital, pero con el mismo espíritu de ayer.


Es así cómo Estrella Oscura se inscribe en una vivaz, antigua y noble tradición. Y no puedo estar más orgullosa de comprobarlo. ;)

5 de abril de 2015

Una historia nueva, de una forma nueva...

Una vez más, estoy inmersa en una gratificante experiencia: el lanzamiento de una nueva novela, Estrella Oscura. Es de fantasía esta vez, y voy a hacerla llegar a todos ustedes de una manera diferente, esto es, reviviendo una costumbre del pasado. Sí, así como se oye. ¿Recuerdan las novelas por entregas?

Pues sí. Estrella Oscura llegará a sus lectores por medio de un sistema de entregas, que a diferencia del pasado, cuando aparecían en periódicos o revistas en papel, estará disponible en formato digital y por medio del sistema de suscripción mensual, que otorgará derecho al suscriptor a leer la novela poco a poco hasta su final.

¿Cómo funciona? Es muy fácil.

En la página de Estrella Oscura, en mi sitio, hay un pequeño formulario para solicitar los primeros dos capítulos de forma gratuita. Luego de éstos, el lector tendrá la posibilidad de continuar leyendo la novela por medio de la subscripción, haciendo el pago de solo $1 mensual a través de PayPal.

Cada capítulo será enviado por correo electrónico y cada quien podrá leerlo en su dispositivo favorito (más instrucciones en la página de Estrella Oscura).


¿Cuándo iniciamos? A partir de ahora. ¡Estrella Oscura comienza a rodar con ustedes! Los espero. =)

29 de marzo de 2015

"Sueño profundo" en Lauraquijano.com

Hola. Ya está listo en mi sitio un nuevo relato para leer en línea. Se trata esta vez de Sueño profundo, que por ser un relato largo, estará dividido en dos partes. La primera parte está disponible a partir de hoy; la segunda, estará a disposición de todos los lectores el próximo lunes 6 de abril.

Sueño profundo relata las vicisitudes de una telépata retirada, Sasha Verona, que luego de un alejamiento autoimpuesto por causas personales, es llamada de nuevo a la acción por un viejo colega para que intente establecer conexión con su ex amante, antiguo compañero de trabajo y amigo entrañable de otro tiempo, que ha sufrido un terrible accidente que lo mantiene en coma. Sasha intentará comunicarse con su mente dormida para indagar las causas del dramático incidente y encontrar la manera de regresarlo a la vigilia, pero en el proceso, comenzará a descubrir que una historia más siniestra se esconde detrás de todo esto.

Sueño profundo ganó en su día (2009) un puesto entre los tres finalistas del XXI Certamen Literario Alberto Magno de Ciencia Ficción, de la Universidad del País Vasco, y así le fue reconocido con un certificado muy especial que me hicieron llegar entonces. Posteriormente, apareció publicado en la revista electrónica NG 3660, también en dos partes, y hoy vuelve a estar con nosotros desde mi sitio. ¡Espero que lo disfruten!

22 de marzo de 2015

Otro cuento: "Por siempre otro"

Lo prometido es deuda. =) Siguiendo con la publicación en mi sitio de los cuentos o relatos que han aparecido antes en medios electrónicos o impresos, esta vez inauguro la semana con Por siempre otro, el cual relata la historia de un brillante científico del futuro que se enfrenta a la oscura verdad de su pasado, en medio de una terrible crisis familiar.

Este cuento de ciencia ficción apareció por primera vez en la revista electrónica NGC 3660, allá por el año 2007, y luego fue seleccionado para integrar la antología española Fabricantes de Sueños 2008 (AEFCFT), colección que reunía lo mejor de los géneros fantásticos y de terror publicados en 2007. Más tarde, ese mismo año, y bajo el sello Leer-E, lo publiqué en mi colección propia Por siempre otro y otros relatos (2007). =)

Hasta el momento, además de Por siempre otro, están en lista:

El precio de la eternidad, donde un juez retirado debe resolver, de forma inesperada, el caso de un fantasma.

Mala copia, donde un científico cree haber resuelto sus problemas familiares y laborales con la creación de un clon que pueda sustituirlo, mientras él se dedica a proyectos propios, pero no se imagina que el resultado será muy contrario a sus deseos...

La próxima semana (lunes 30 de marzo de 2015), estará en línea Sueño profundo, que fue finalista del XXV Certamen Alberto Magno de Ciencia Ficción de la UPV de España en 2009.

15 de marzo de 2015

Un pequeño anuncio

Me detengo un instante para contarles que he decidido reunir en mi sitio los cuentos de mi autoría que han sido publicados a lo largo de estos años, tanto en medios electrónicos como físicos. De esta manera, quienes ya los conocieron alguna vez, tendrán la oportunidad de recordarlos =), y quienes no, de conocerlos. Algunos vieron la luz hace ocho años, otros, en cambio, son de hace unos tres años; algunos son de ciencia ficción, otros de fantasía, y creo que les hará pasar un muy buen rato. =)

Esta semana, he subido Mala copia, que originalmente se publicó en el no. 167 de la revista argentina Axxón en 2007, y El precio de la eternidad, que en 2006 ganó el 3er. lugar del concurso de jurado popular "Tierra de Leyendas VI", del portal de CF, fantasía, terror y misterio Sedice.com, y que en 2007 apareció en el No. 59 de la antigua revista electrónica española Aurora Bitzine. =)

7 de marzo de 2015

Personajes femeninos creíbles

No sé si Uds. han tenido la sensación de que leen una historia cualquiera y les parece que un personaje se repite muchas veces con diferentes nombres. Algo así como que Juan es exactamente igual a Pedro y éste a Rosendo y éste también es igual a Lope. O que Juan tiene todas las características que se esperan de un héroe, mientras que Pedro es un villano muy, muy malo y que se ríe mucho, o que Rosendo es el clásico segundón del héroe, graciosito y medio torpe que justifica su existencia por la necesidad de resaltar al guapote, encantador, siempre acertado Juan (el héroe). Y que Lope es el clásico anciano sabio, que habla de forma solemne, al cual Juan el héroe puede acudir para dilucidar el camino.

Apuesto a que sí se han encontrado con esos dos casos. Por un lado, se trata del personaje que se repite en esencia con diferentes nombres: seres acartonados, planos, que no te producen la sensación de que puedan existir. Parecen clones perfectos.

Por el otro lado, el segundo caso se refiere a los llamados personajes-tipo, los que cumplen con ciertos requisitos previos para formar una figura que se mueve a lo largo de la historia y que cualquier lector identifica de inmediato con solo que lee las primeras líneas.

Pues, bueno. Ambos tipos de personajes han sido abandonados por los escritores de forma consistente desde hace ya varios años, en especial, porque pronto se notó que estaban sirviendo de figurines sin dimensión ni interés para los lectores. Por eso, muchos autores han desarrollado los personajes “tridimensionales”, esos que parecen auténticos seres humanos, con ideas, pensamientos, emociones y contradicciones propios que nos hacen creer que realmente existen, que podríamos encontrárnoslos en cualquier esquina y que quizá hasta quisiéramos hacerlo. Son los personajes profundos, bien desarrollados, creíbles en todo momento, seguidos y amados u odiados por los lectores como si fueran personas.

En relación con este tema, hace poco la escritora Kate Elliot trató el tema de la creaciónde personajes femeninos creíbles. Resulta que muchos autores le preguntaron cómo podían crear personajes femeninos que resultaran tan creíbles como todos esos personajes profundos que ya (por fortuna) encontramos en muchas buenas historias, pues ha resultado que mientras los personajes masculinos se han profundizado con los años, los femeninos han continuado más o menos igual: o son clones, o son personajes-tipo.

No en todos los géneros es frecuente este fenómeno; y en realidad, Elliot se refiere principalmente a los géneros fantásticos (fantasía –en particular la épica-, y CF), donde el uso de personajes femeninos acartonados parece todavía vigente. Sin embargo, no es de descartar que haya este problema en otros géneros con características muy específicas, como el de la novela negra o la romántica, donde los personajes-tipo tienden a repetirse constantemente. Y, ¿por qué no?, también en alguna que otra novela dramática contemporánea.

De esta manera, según Elliot, para lograr una buena construcción de un personaje femenino en una historia (y la verdad, puede ser cualquier historia –digo yo-), lo que hay que plantearse en primer lugar es quién es y por qué es así ese personaje. O sea, el punto de partida a la hora de crear un personaje femenino es pensar en las mujeres como seres humanos, de la misma forma en que se consideran a los hombres, para lograr esa sensación de que realmente existen y que podrían hablarnos en cualquier momento.

Pero como ese consejo es tan general, la autora da tres trucos que podrían ayudar a un autor a construir un conjunto de personajes femeninos creíbles en su historia.

El primero es hacer que las mujeres interactúen entre sí. O sea, que hablen, que no solo se relacionen con hombres, sino entre ellas. Esto, por cuanto en muchas historias, aunque hay varias mujeres en puestos más o menos claves (pueden ser protagonistas, secundarias o aun terciarias), ellas solo se mueven en relación con hombres y casi no interactúan entre sí. Como en el mundo real las mujeres interactúan constantemente entre sí (sean amigas, enemigas, colegas, dependientes, empleadas, etc.), si se crea una fluida interacción normal entre los personajes femeninos, la sensación de verosimilitud será más pronunciada.

El segundo truco consiste en llenar los puestos de los personajes terciarios con suficientes mujeres. O sea, que si en la historia el protagonista se mueve en una ciudad, en un pueblo, o en diferentes escenarios, y todos los personajes terciarios (el dependiente, el secretario de la oficina pública, el policía, etc.) son hombres, la sensación de verosimilitud se perderá, pues en la vida real el número de mujeres presentes en distintos escenarios es muy elevado. Lógico, es la mitad de la población humana…

El tercer truco, el más complicado, es hacer que suficientes personajes femeninos de una historia existan por sí mismas, y no tanto en función de un personaje masculino. O sea, que algunos personajes femeninos deberían ser más que la víctima de un asesino, la chica violada, la sirvienta fiel, o la secretaria o la madre de un personaje masculino. Deberían poder existir de forma independiente y no en roles pasivos relacionados con hombres. Eso las haría también más creíbles, porque en el mundo real, las mujeres existen en sí mismas, aunque sean dependientes de hombres.

Revisando estas sugerencias, y algunas reflexiones más que la autora expuso en función del tema, comprendí por qué algunas historias producen mejor sensación de credibilidad que otras, y por qué a veces un personaje femenino se me ha hecho tan irreal, absurdo o poco creíble, y por qué en otras ocasiones, casi parece que podría conocerlo (sea que me agrade o no).

Un ejercicio interesante, si uno es autor. Y también ilustrativo, si uno es lector, porque en este último caso te vuelve más exigente…


¿Historias donde he encontrado personajes femeninos creíbles? En las novelas de Jane Austen, en las de George RR. Martin, en las de Agatha Christie (sí, por cierto que sí, es uno de sus puntos fuertes), en las de Suzanne Collins… =)

2 de marzo de 2015

Realismos, verosimilitudes y ficciones

Las modas vienen y van, algunas veces regresan intactas, otras se renuevan y disfrazan un poco para reinstalarse; y hay de las que parecen aferradas contra viento y marea. Y siempre se comportan de la misma manera: si uno se viste de cierta forma y parece impactar a los demás, todos los otros se van corriendo a imitarlo, sea que su elección resulte un auténtico acierto, sea que les luzca bien a ellos o no, sea que valga la pena el cambio. Por eso es moda, por lo superficial.

¿Creen que estoy hablando de vestidos y zapatos? Pues, poco importaría, porque en materia de libros, el comportamiento humano es muy similar, yo diría que igual. Si lo que está de moda son las historias con vampiros luminosos, hacemos, publicamos, vendemos y leemos historias con vampiros luminosos. Si lo que está de moda son poesías compuestas por palabras repetidas durante seis versos consecutivos, hacemos, publicamos, vendemos y leemos poesías compuestas por palabras repetidas durante seis versos consecutivos. Si lo que está de moda son microcuentos de tres líneas con final sorprendente y un lenguaje bizarro, pues… ahí continúa. El punto es que en literatura, tanto como en el vestido, como en técnicas médicas alternativas, como en políticas públicas de impacto, la moda sigue dictando su imperio. Y tal parece que quien no se ajuste a ella, es visto como el “raro”.

En los últimos tiempos, por ejemplo, más que las novelas de vampiros luminosos, he notado que la moda imperante, la Gran Tendencia, es la búsqueda desesperada y minuciosa del “realismo”: toda historia que se precie de ser “buena” debe ser “realista”, porque si no es “realista”, es una basura mercadológica destinada a ser consumida con rapidez y olvidada con más velocidad aún, y que no merece el apelativo de “literatura”. Realismo, realismo, realismo: debe imperar la “fidelidad” a la “realidad”.

De esta manera, las historias que causan mayor impacto en nuestros días suelen ser las que están “basadas en hechos de la vida real”, las biográficas, las históricas y, por supuesto, las dramáticas de la vida contemporánea. Pero, ojo, eso no significa que la literatura fantástica esté en retirada: ¡ni pensarlo! Lo que ocurre es que a la literatura fantástica también se le exige realismo. Así como se oye: la historia podrá contener hidras de muchas cabezas, magos poderosos y hechizos de sangre, pero debe ser “realista”, porque si no lo es, no se acepta como “buena”: no se sigue, no se recomienda, no se lee.

Lo que nos deja en una gran laguna de preguntas, de las cuales, la principal es: ¿qué estamos entendiendo por “realismo”?

Tengo la impresión de que “realismo” es para todos sus más afanados defensores, escritores o lectores, todo aquello que huela mal. Si cuento una historia “realista” esta debe contener sangre, sudor y lágrimas, en gran abundancia y despliegue. Debe haber personajes retorcidos y crueles, grandes traiciones y sufrimiento a granel, y por supuesto, jamás pensar en un final que no sea amargo, o al menos, agridulce (sea lo que esto signifique). Así, si la historia está “basada” en “hechos reales”, debe ser una historia amarga o trágica, o por lo menos muy triste, de algún enfermo terminal, de un soldado mutilado o algo por el estilo, porque contar una historia de una familia feliz, aunque esté basada en hechos reales, no sería “realista”. Igual sucede con las novelas históricas, que suelen abordar períodos del pasado cargados de dramas… Claro que en este rubro es mucho fácil hallar épocas históricas repletas de sangre y sufrimiento, pues el ser humano ha sido muy generoso a la hora de llevar tragedia a sus congéneres, todo hay que decirlo.

En cuanto a los dramas contemporáneos, naturalmente impera el sufrimiento, la muerte y la desgracia. La novela negra, por ejemplo, no sería lo que es si su detective principal o su investigador, no fuera un tipo sufridísimo y acomplejado cargado de demonios y otras variantes del sujeto “complejo”. Y aquellas novelas que sin ser negras abordan dramas políticos o sociales, con denuncias incluidas, también se precian de escarbar en lo más podrido del drama humano, con el afán de ser “realistas”. Y, ¿qué se puede decir de la literatura fantástica? Lo mismo: la sangre, la depravación, la crueldad y la traición deben imponerse en la historia, so pena de ser juzgada de “fantasiosa” (¿???).

Vamos a ver. ¿Es realista suponer que el “realismo” solo compete a la parte más podrida de la realidad? ¿De verdad es creíble que vivimos en este mundo en medio de sangre, corrupción y muerte? Ni siquiera en los países donde la situación política es realmente grave, donde impera la falta de gobierno y de comida, donde hay vandalismo y asesinatos a diario, ni siquiera ahí dejamos de encontrar muestras de solidaridad, apoyo y confianza, ni siquiera ahí se desvanece un juego infantil ocasional, una lucha que vale la pena resaltar, un triunfo de la vida sobre la muerte. ¡Ni que decir tiene de todos los demás, donde la vida diaria es difícil, pero no imposible! Por favor, la realidad es mucho más variada, multicolor y polifacética que la podredumbre insistente de los “realismos” de moda.

Un sujeto “complejo” no necesita cargar con demonios para ser complejo. Un ser humano normal, sin traumas infantiles ni tragedias familiares, es lo suficientemente complejo en sí mismo como para ser protagonista de una historia interesante. El arte del escritor sería pode mostrar esa complejidad sin recurrir a los clichés “realistas” de moda. (Sí, lo siento, ya son clichés: todo el mundo los usa).

Esto, por cuanto el arte del escritor no estriba en su capacidad para mostrar escenarios o personajes “realistas”, sino verosímiles: o sea, historias que nos permitan a los lectores creer en ellas.

Seamos, ahora sí, realistas. Ninguna historia, por muy sangrienta o podrida que esté, es fiel a la realidad, como pretende esta moda que ya va durando demasiado. Nada puede “calcar” la realidad, porque ésta es tan inmensa que no puede ser abarcada por ningún ojo. Puede ser representada en partes, con ayuda de la imaginación y la sensibilidad de un escritor, pero necesariamente, el resultado será tan solo un mundo ficticio que querrá representar no la realidad tal como es, sino la realidad tal como la ve el escritor y como la imagina auténtica o posible.

Toda historia es ficción, toda, sin excepción. La misión del escritor es convencer al lector de que esa ficción puede ser sentida como auténtica, como creíble, de que puede imaginar que entra en ella y la vive. O sea, convencer al lector de que firme un pacto, en el que el lector acepta que está leyendo una ficción como si fuera real.

Esto significa que no es necesario incluir siempre sangre, sudor y lágrimas. De hecho, la hiperabundancia de estos elementos está tornando las historias actuales en calcos unas de las otras, en clichés repetidos hasta la saciedad que terminarán por aburrir a todo el mundo. No incluirlos se convertirá entonces en un desafío: en una auténtica transgresión a una moda persistente que inunda toda la literatura actual.

Al menos, hasta que aparezca la siguiente moda, claro. ;)

25 de febrero de 2015

Culto a lo corto, amor a lo largo

Últimamente he escuchado y leído, de parte de muchos académicos y críticos, discursos más o menos contundentes en relación con la extensión de los escritos literarios. Estos deben ser, según ellos, sintéticos, es decir, deben saber condensar en pocas palabras la sabiduría entera de su propuesta literaria.

O sea, que las mejores novelas, por ejemplo, son las que no se extienden más allá de unas 200 páginas; eso, considerando que toda novela, para serlo, debe presentar una mayor extensión que un cuento. Y en cuanto a éste último, por supuesto, los más “brillantes” son aquellos que no pasan de una página, pero si tienen más de 14 o 15 son aceptables, aunque no “brillantes”.

Síntesis, dicen, síntesis ante todo. Poca paja, mucha condensación de ideas. No hay que gastarse el tiempo en descripciones abigarradas e innecesarias, ni tampoco en diálogos extensos o repletos de detalles “que no vienen al caso”. Hay que ir al punto, contar el meollo y saber decirlo “con estilo”.

Dado este punto de vista, no es de extrañar que el mundo académico desprecie con tanta intensidad la enorme cantidad y variedad de sagas y megasagas literarias que inundan el mercado y que se constituyen en tremendos best-sellers aquí y allá. Porque eso es notable en los libros más vendidos y buscados de la actualidad: no son solo novelas extensas, muchas veces tienen continuaciones y segundas y terceras partes que no parecen terminar nunca. La Rueda del Tiempo, de Rober Jordan y Brandon Sanderson, por ejemplo, terminó con 15 o 16 volúmenes (en inglés) y Canción de Hielo y Fuego, de George R.R. Martin, aunque apenas va por el quinto volumen, en realidad, como son tan inmensos, se podría partir en dos cada uno de los volúmenes 3, 4 y 5 y tendríamos ya ocho volúmenes bien nutridos. Eso, sin contar la gran cantidad de trilogías y tetralogías ya establecidas y consolidadas o que están apenas consolidándose.

En nuestra academia, por tanto, se precia como “brillante” lo sintético. En el mercado librero, al parecer se prefiere el desarrollo, cuanto más extenso, mejor. Ah, dicen nuestros connotados críticos y estudiosos, eso es porque son libros tan malos, tan mediocres, que necesitan mucha paja para mantenerse funcionando, no como los libros geniales que en pocos párrafos son capaces de contar historias maravillosas. Sin embargo, no parece que tal opinión cale ni mucho ni poco en el mercado editorial importante.

¿Qué pensar? Yo diría, como cualquier equilibrista, que la extensión no determina la calidad de antemano y que el hecho de que una historia sea contada en pocas o muchas palabras solo depende de la historia misma y del estilo de su autor. Sin embargo, es tan insistente la reiteración sobre este tema, que me parece casi obligatorio recordarlo.

Grandes obras de la literatura universal, amadas y alabadas por esos mismos críticos son cualquier cosa menos cortitas: Don Quijote, La Regenta, Guerra y paz, Historia de dos ciudades, Anna Karenina, Los Miserables, En busca del tiempo perdido, Ulises, etc., todas son obras monumentales, con cientos y cientos y cientos de páginas.

Ah, es que son viejas. Era el estilo, la época, dicen. ¿De veras? ¿Para desarrollar tanta maravilla con tantas palabras es preciso haber nacido hace más de 100 años? ¿Por qué? ¿La calidad depende de la época, no del autor o de su texto? ¿Desde cuándo? Después de todo, de la misma época que el Ulises de Joyce tenemos La Metamorfosis, de Kafka, y uno es extenso mientras el otro es corto. Y ambos son maravillosos. O eso dicen los críticos.

Culto a la síntesis. ¿De veras? ¿Es preciso contar rápidamente en dos líneas todo el diálogo entre don Quijote y Sancho Panza para captar la sabiduría desplegada por el autor? ¿Es mejor Monterroso que Cervantes? (¿o son solo diferentes?).

No sé. Tengo la impresión de que exigir tanto resumen puede ser un asunto de economía o de pereza, pero no de calidad. Si vas a contar una historia corta, te saldrá corta. Tu arte será saber contarla para que quede impresa en el alma del lector. Y si vas a contar una historia larga, te saldrá larga, por mucho que cortes aquí y edites allá. Y tu arte solo dependerá de cómo impacte al lector.

No más.

Por otro lado… ¿acaso es preciso, de verdad-de verdad, desarrollar una saga larguísima e interminable de un único personaje viajando por todo el mundo para perpetuar tu memoria en el mundo de las letras? ¿No será que existe el temor de no poder desarrollar otra historia, en otro mundo, con otros personajes? (OJO: no me refiero aquí a las distintas historias generadas en un mismo universo, sino a esas historias únicas que parecen requerir de tomos de 500 páginas o más, uno detrás de otro, para poder ser contadas). De veras: no todo lo que se quiere contar de un personaje le va a importar en absoluto a los lectores. Ni cambiará su forma de pensar sobre él.

Ya basta de exigir y alabar síntesis tras síntesis. O de creer que para escribir una buena historia hay que escribir una larguísima saga de 17 libros. Estas disquisiciones son tan molestas como distractoras.

De veras.

19 de febrero de 2015

¿Qué es un buen libro?

¿Han notado la frecuencia con que enconadas discusiones en torno al best-seller de moda suelen presentarse cada cierto tiempo? No más tenemos una nueva novela erótica, un thriller oscuro, una novela paranormal o de terror, o cualquier libro dramático con una sentida historia personal de superación o una envolvente historia de amor, surgen las batallas verbales en torno a su calidad y (supuesta) mala o buena influencia. Algunas veces parece que va a correr sangre, incluso.

Confieso que me he llegado a involucrar yo también, en especial cuando cae en el caldero de la discordia algún libro de mi especial afecto, pero, claro, ¿qué lector no siente que su vida está siendo injuriada de alguna forma cuando algún fulano se atreve a ultrajar el buen nombre de su libro o de su personaje favorito? Sin embargo, entiendo y soy consciente de que dicha derivación de un debate así es enteramente subjetivo.

El punto es que la calidad de un texto siempre entra en el terreno del debate. Sea que se trate de un best-seller de último momento o una oscura edición de un libro cuasidesconocido, la discusión en torno a su calidad puede tornarse agria o apasionada, pero casi nunca, o nunca, llega a resolverse. ¿Por qué?

La respuesta quizá se encuentra en otra pregunta. ¿Qué es, después de todo, un buen libro?

Algunos dirán que un buen libro es siempre uno que esté escrito de forma impecable y, obviamente en el caso de la literatura, de manera innovadora, sorprendente, especial. Que una novela o un cuento, mucho menos una poesía, sea escrita en la misma lengua formal y correcta de un informe técnico o de un artículo académico no parece agradar a quienes sostienen este criterio, pues un “buen libro” no puede igualarse con lo que cualquiera puede hacer en su campo.

Quizá.

Otros dirán que un buen libro es aquel que contiene un mensaje poderoso, sea de denuncia o de crítica social, política o filosófica, que logra transformar la vida entera de quien lo lee. En esta tendencia, quienes defienden la necesidad de contenidos potentes, prefieren que estén anclados en “la realidad”, que sean significativos para la vida cotidiana del lector o la de su sociedad, y que puedan exponerlo a temas "trascendentales". Un libro que contenga un fondo relativo a fantasías, sueños o placeres “no conectados” con una realidad crítica, no puede ser “bueno”.

Hum…

Otro sector asegura que un buen libro es aquel que no solo está bien escrito, sino que transmite un mensaje positivo, de superación y avance, tanto para el lector como persona, como para la sociedad como conjunto. Son libros, dicen, que funcionan como fuente de inspiración para el cambio, para la transformación de los pueblos, mediante la elaboración de modelos de conducta, o de sociedad, “ideales” o “deseables”. Un “buen libro”, alega este grupo, no debería contener ambigüedades morales ni apologías de la violencia o el odio que pudieran ejercer una “oscura” influencia en los lectores. Suelen ser, por cierto, quienes creen que la literatura es una actividad destinada especialmente al público infantil o juvenil.

Pues…

En la otra orilla, existe el grupo que cree que los buenos libros solo son aquellos que transgreden el orden social establecido, desenmascarando sus más crueles y macabras facetas, desnudando la podredumbre de una sociedad abocada a la destrucción. Un buen libro, para estos lectores, no puede contener frases “bonitas”, ni héroes “arquetípicos”, ni mucho menos, ¡por favor!, finales felices, porque en este mundo infecto no existen los finales felices. Aunque se parece mucho al sector que abogaba por un mensaje poderoso de denuncia o crítica social, en realidad, se vuelven más extremos, pues todo tema debería ser tratado, en un “auténtico buen libro”, desde su ángulo más mordaz, cínico y cruel, y será mostrado con toda la degradación de la que es capaz el ser humano. Naturalmente, para este sector, la literatura infantil y juvenil es apenas un esbozo literatura, porque la auténtica es la “adulta”, la “seria”, o sea, la de los “buenos libros” que ellos describen.

Ejem…

Existen quienes dividen los buenos y los malos libros por sus cifras de ventas. Y en este aspecto, encontramos dos grupos contrapuestos: el primero cree que un libro que se vende mucho es un buen libro, pues para ellos “tanta gente no puede estar equivocada”. Así, el hecho de que un libro sea tan gustado por miles o aun millones de personas indica que tiene la capacidad de transmitir un mensaje y comunicarse con el lector a niveles que “solo un buen libro” puede alcanzar. El segundo grupo cree exactamente lo contrario: desprecia profundamente el gusto del público mayoritario, por lo que considera que un libro que se vende mucho es necesariamente un libro malo. Para ellos, la “masa” es estúpida e ignorante, y tenderá siempre a comprar lo superficial y fácil, es decir, lo que el mercado le dicta, y a preferirlo sobre los auténticos “buenos” libros, los cuales siempre serán rechazados por la mayoría, para quien resultan demasiado “profundos”.

En fin.

Supongo que se habrán dado cuenta que varias de estas posiciones, que son solo algunas de las más comunes, tienen la capacidad indiscutible de provocar las más airadas discusiones, pues fácilmente dan pie a extremismos. Lo que ocurre es que suele dividirse entre “buenos” y “malos”, cuando lo más realista es que haya libros mediocres, libros buenos y libros, digamos, maravillosos o extraordinarios, que por ser extra-ordinarios no serán nada comunes y no pueden ni deben ser la medida con que se juzguen a los otros. De hecho, suelen ser considerados así mucho tiempo después de que han aparecido.

Aquí, entonces, hemos de considerar solo a los mediocres y a los buenos. Los malos… bueno, creo honestamente que los libros malos-malos pocas veces llegan a ser considerados tanto por el gran público como por el especializado, pues son tan incomprensibles, tan absurdos, están tan mal construidos, que casi todos los desechan y olvidan al instante. Hay muchos, pero pasan rápido, en especial en la era de Internet (y de la publicación instantánea y fácil).

En mi caso, y es solo mi opinión, un buen libro suele ser la suma y combinación de muchos rasgos distintos, contenidos en las diversas posiciones de quienes los juzgan. Por ejemplo, su escritura es ciertamente impecable, aun hermosa. No suele parecerse a un informe técnico o a un escrito académico, porque no es lo uno ni lo otro, pero si quisiera, podría imitarlos y hasta burlarse de ellos. El lenguaje literario, si algo tiene de llamativo, es que se inventa a sí mismo como quiere. Esto no significa que no pueda o no deba recurrir a las formas que quiera: puede usar un lenguaje soez al igual que uno formal, uno caballeresco y galante así como uno sensual y erótico, uno científico y también uno político o filosófico, pero siempre lo hará con deliberada intención, no por error o ignorancia. De alguna manera, todo lector exigente sabe cuándo un libro está plagado de errores e inconsistencias gramaticales y hasta lingüísticas, y cuándo un libro está jugando con el lenguaje. El primero es el primer indicio de un libro mediocre. El segundo promete.

Un buen libro, a su vez, tiene un contenido que resulta significativo para el lector. ¿Qué significa esto? Pues, que le representa un quiebre en su mundo, una nueva parada en su vida, de tal manera que se vuelve parte integrante de su visión de mundo, de su actitud hacia la vida y hacia los otros. En otras palabras, un buen libro se integra al lector, sea que éste quiera o no quiera permitirlo. No digo que le guste, ojo, porque puede que no, sino que sea significativo de algún modo personal, emotivo e intelectual. Claro que he notado que los buenos libros suelen gustar a la mayoría de los lectores, en especial cuando al paso del tiempo, éstos se dan cuenta de lo significativos que fueron para ellos después de todo.

¿Lo anterior significa que un buen libro debe, en efecto, contener una fuerte denuncia social, o un profundo análisis del mundo, o un realismo desbordante que lo lleve al impacto? No, por supuesto. Que un libro denuncie X situación o que platee filosofías más o menos profundas no significa que logre integrarse al lector. Un libro puede tratar todos esos temas y ser mediocre. Un libro puede no tratar ninguno de esos temas y ser un buen libro. No es el contenido específico el que lo hace relevante, sino la manera en logra conectar ese contenido con el lector, lo que sin embargo, tampoco significa que no tenga ningún contenido, ojo. Un libro que solo es alabado por su forma, pero nadie parece conectarse con su contenido, es un libro mediocre también.

Ahora bien, el contenido de un buen libro suele ser relevante, desde un punto de vista objetivo, lo que no significa que sea específicamente político, o sociológico, o que trate algún tema muy particular del tiempo en que se escribe. Cuidado con la devoción a los “realismos”: no deja de ser una especie de culto al monotema. Y ser monotemático no es típico de un buen libro, sino de uno mediocre.

En cuanto a las ventas, pues… ya eso depende de muchos factores externos al libro, como la capacidad del autor para lograr una buena promoción, o de la editorial para saber comunicar al público la existencia de un título X o Y. Dudo que un buen libro bien promocionado y ampliamente ofrecido no sea aceptado por un público mayoritario. No creo en la idea de la “masa estúpida e ignorante” y mucho menos en que un buen libro sea “incomprensible”. Siempre habrá lectores poco exigentes, eso es verdad, y algunos que carezcan de una adecuada formación general que les permita acceder a buenos libros con ciertas temáticas más complejas; sin embargo, sí creo que existe un apreciable número de lectores bien formados que pueden y saben acceder a esos buenos libros con temáticas más complejas, si estos les son ofrecidos de forma adecuada (o sea, si les dicen que existen. ¡Nadie puede leer un libro que no sabe que existe!).

Un buen libro no necesita, por otro lado, una temática espesa o compleja para ser bueno. La temática será todo lo compleja o sencilla que el libro precise, que su contenido en particular necesite. Este no tiene que referirse a un mundo adulto o a una problemática social o política X, ni tiene que ser “modelo” de conducta de nada ni transmitir moralejas, ni “desnudar” realidades crueles o podredumbres humanas varias. Puede, pero no es obligatorio para ser bueno. De hecho, puede ser infantil o juvenil, puede anclarse en un referente real específico o puede ser completamente fantasioso, puede abordar una pregunta filosófica o puede explorar posibilidades de todo tipo.

Un buen libro tampoco tiene que presentar una prosa o una lírica plagada de neologismos o construcciones “sorprendentes”. Pueden estar, pero no son necesarias, pues dependen del estilo particular del autor y de la manera en que el contenido se articula con la forma. En un buen libro, por cierto, fondo y forma se construyen sin forzarse, dependen el uno de la otra y viceversa, y logran proporcionar una imagen de unidad perfecta.

Un buen libro no tiene necesidad de hacer sufrir al lector. Puede, si quiere, si lo precisa, si lo busca, pero no es obligatorio. Es decir, si un libro en vez de hacer sufrir, deleita, complace, llena de alegría, no significa que sea “malo”, significa que es un buen libro que no quiso optar por el sufrimiento. Ahora bien, sufrir con un libro no significa que no se disfrute ese libro, porque en un buen libro el sufrimiento también es fuente de placer, (aunque suene masoquista). El punto importante aquí es que, sea que el libro lo haga a sufrir, sea que lo haga reír, sea que lo haga penar o que lo haga soñar, si es bueno, jamás será aburrido. Un libro aburrido, por muy filosófico que sea, es un libro mediocre: no sabe integrarse a la psique del lector. (A este respecto sí es significativo el número de lectores que entran en contacto con el libro. Si un buen número de lectores accedió al libro X y se sintió aburrido, es un fuerte indicio de que este libro es en realidad, mediocre; pero al contrario, si un buen número de lectores se sintió entretenido con el libro, no significa que el libro sea bueno, pues el entretenimiento es solo una parte del placer, no el placer entero).

En realidad, no es tan difícil hallar buenos libros. Son más numerosos de lo que muchos creen, y más variados, tal como es de variada nuestra compleja y contradictoria realidad humana. =)

P.D. Voy a colocar entre los libros "mediocres" y los libros "buenos" una categoría más: los libros "regulares". No son mediocres, porque en realidad están bien escritos y abordan una temática interesante, pero de alguna forma no logran dejar "huella" en el lector, más allá del entretenimiento casual. =)

10 de febrero de 2015

Sobre libros, literatura, PISA y mitos sobre la educación

El año pasado discurrí un rato sobre un tema que regresa cada cierto tiempo a la mesa de los debates públicos y privados por su importancia. No pocas observaciones obtuve entonces. Se trataba de por qué los chicos "no leen", de cómo su falta de lectura desemboca en adultos que tampoco leen, y de cómo todo era culpa del sistema educativo imperante en secundaria. Ya entonces barajé algunos supuestos, pero uno de los principales era que los libros que se destinaban a las listas de lectura de los colegios solían ser libros aburridos, no apropiados para la edad de los estudiantes ni para su contexto y la falta de costumbre de los mismos adultos (padres y profesores) en leer libros de literatura. En los comentarios algunos me señalaron que muchos profesores son dedicados y logran hacer leer a sus alumnos por puro placer, mientras otros indicaron que sí se puede inculcar el amor por los clásicos si éstos son adaptados a la realidad lingüística e histórica de los alumnos de secundaria.

En fin, que el tema tenía tela que cortar.

Pensé entonces que el problema es más complejo de lo que parece, pues no creo que se resuelva con solo recomendar lecturas "divertidas". Inculcar el amor por la literatura depende de circunstancias que no siempre se dan: no siempre ambos padres se involucran con los placeres literarios de sus hijos desde edades tempranas; no siempre los hijos nacen con una tendencia natural hacia la lectura por placer; no siempre que un profesor de literatura idea maneras ingeniosas de inculcar la lectura por placer en sus estudiantes logra formar lectores; etc. Y aun cuando adaptáramos las obras clásicas al nivel lingüístico y coyuntural de los estudiantes, no dejarían de ser obras "aburridas" para ellos, pues por mucho que les adaptemos cosas, siguen tratando temas que a ellos no les interesan.

Claro que no hay que cejar en el intento, pero supongo que depende de toda una política general educativa y una toma de conciencia sobre la importancia real de la lectura.

El viernes pasado, BBC Mundo publicó una nota sobre los 7 mitos derribados de los mejores sistemas educativos gracias a la publicación del informe PISA. La nota es muy interesante y apunta a las creencias erróneas que seguimos arrastrando sobre cómo ha de modelarse un sistema educativo público para que tenga éxito (esto es, para que forme ciudadanos bien preparados y útiles a la sociedad), pero el punto que a mí me llamó la atención de forma especial fue aquel relativo a los contenidos que un buen sistema educativo debía incluir y cómo debía impartirlo. A este respecto, el informe señalaba que no es tan importante idear cursos específicos sobre materias actuales e integrar un programa de estudios saturado de asignaturas varias para lograr ciudadanos educados, sino saber enseñar en profundidad algunas pocas materias esenciales.

Los sistemas educativos con mejores resultados no tienen currículos vastos pero de poca profundidad, sino que se concentran en enseñar unas pocas materias en gran profundidad.
"En 2012, PISA evaluó en qué países los estudiantes tienen mayores capacidades de analizar y resolver problemas financieros, por ejemplo, relacionado con cuentas bancarias", le explicó Salinas a BBC Mundo. "Los países que han creado programas específicos de educación financiera no obtienen tan buenos resultados en esta dimensión como otros países cuyos programas generales de matemáticos son de excelencia".

En otras palabras, vale más saber emplear el razonamiento matemático que saturarse de cursos específicos sobre economía mundial, sistemas financieros y otros rubros que para cuando el menor ha alcanzado la vida adulta, ya habrán cambiado sustancialmente. En cambio, la matemática se mantiene como una de las materias esenciales que cualquier ser humano promedio debería comprender y saber usar en prácticamente todos los órdenes de su vida.

Así, como podrán imaginar, otra de las habilidades esenciales con que un estudiante debe ser formado es, naturalmente, ¡la comprensión de lectura! ¿No resulta obvio? ¿Cómo podríamos suponer que va desempeñarse un ciudadano del siglo XXI si no comprende lo que lee? ¡Leer, leer, leer! ¡Es vital acostumbrarse a leer, a comprender lo que se lee y a saber cuestionarlo y hacer reflexión sobre eso! Y ninguna comprensión de lectura se logra si no acostumbramos a los niños a leer de forma intensa y hasta placentera desde que son pequeños.

La literatura es una gran amiga en nuestro paso por la vida, porque nos exige abordar representaciones de la realidad que invitan a nuestro cerebro a pensar. Si un niño es expuesto temprano al placer de la lectura, sin trampas, ni engaños ni "jueguitos" absurdos, sino a la lectura simple y llana, aprenderá a comprender sus lecturas y a disfrutarlas y aprovecharlas a lo largo de su vida. Leer por obligación es terrible, pero aún más terrible es no leer del todo. Y quienes deben aprender a leer por placer para poder transmitir ese sentimiento a niños y jóvenes son los padres y los profesores. Si no nos obligamos como tutores a aprender a apreciar la lectura misma, sin adornos ni trampas, jamás lograremos que los libros del colegio dejen de ser aburridos. O que nuestros adolescentes dejen de odiar los libros. =(

20 de enero de 2015

El que bien empieza...

... bien termina =) Este año comencé con una estupenda experiencia: mi primer conversatorio de Señora del tiempo. Un agradable grupo de personas, entre las que se hallaban algunos de los lectores que ya habían terminado la novela, me acompañó durante más de una hora en la Librería Internacional de Multiplaza Escazú el pasado viernes 16 de enero. Charlamos sobre varios temas, desde la revolución energética, las energías alternativas y el futuro de Costa Rica (y del mundo), hasta las nuevas ciencias, la psique y las brujas. ¡Muchas gracias a quienes me acompañaron y gracias también a quienes me enviaron sus buenos deseos! =)



5 de enero de 2015

Año nuevo, evento nuevo =)

¡Feliz año 2015! Empezamos con mucho entusiasmo un nuevo año y para hacerlo bien, los invito a una charla sobre Señora del tiempo en la Librería Internacional de Multiplaza Escazú el próximo viernes 16 de enero a las 7 de la noche. ¡No falten!



6 de diciembre de 2014

Una sugerencia =)

En esta época de fiestas y presentes, ¿qué mejor regalo puede haber que un libro? ;)


¡Felices fiestas! =)

24 de octubre de 2014

No leemos por culpa del colegio...

En estos días ha vuelto a rondar un tema recurrido y nunca terminado en torno al gusto por los libros y el efecto (negativo) que causa el sistema educativo público sobre los hábitos lectores. Lo tocó Virginia Pérez de la Puente en Facebook, y luego en su blog, a raíz de un tweet muy curioso de alguien que declaraba su aburrimiento hacia los libros que tenía que leer en el colegio y su extraña (presente) afición por la saga de Canción de Hielo y Fuego del escritor George R. R. Martin. El tema también ha rondado por otros círculos y es recurrente en muchos círculos de lectores, en charlas en torno al fomento de la lectura y hasta en conferencias para padres: ¿por qué parece que el sistema escolar logra que los estudiantes aborrezcan la literatura cuando acaban su enseñanza secundaria? Salen del colegio y juran no volver a tocar una novela o un cuento o un poemario en su vida, a menos que tengan que leer alguno (de nuevo por obligación) en sus cursos universitarios.

Muchos cumplen su promesa. Pasan años y hasta décadas sin tocar la literatura.

Sin embargo, como hace unas semanas apunté, pude advertir que la concurrencia a la Feria del Libro de Costa Rica 2014 fue abundante y que muchos se acercaron a los stands con el ánimo de comprar libros para leer por puro placer. O sea, que no todo está perdido, parece. Sí hay lectores adultos, aún no "echados a perder". Claro que algunos se quejan sobre lo que esos lectores adultos buscan para leer: la llaman mala literatura o literatura comercial, o incluso le aplican apelativos mucho más fuertes. Se quejan de que la gente no lee "buena" literatura. Y de nuevo surge la pregunta: ¿por qué? (*no me enredaré en este punto sobre lo que es "buena" literatura y lo que no, pues da para tesis completas).

Virginia avanza la teoría de que el sistema educativo enfocado en la literatura se encarga de inculcar un aborrecimiento sistemático y decidido hacia los libros de literatura, sean de género narrativo, lírico o dramático, y que su estrategia es obligar a los chicos de 13 años en adelante a que lean libros no apropiados para su edad ni formación ni contexto. En otras palabras: libros aburridos. En este sentido, leer El Cantar de Mio Cid a la edad de 13 años, o La Celestina, o Don Quijote de la Mancha, ya que estamos, es el medio perfecto para que los estudiantes comiencen a odiar la literatura. ¿Cómo podrían ellos comenzar por entender semejantes obras del pasado, escritas en un español que ya no se usa ni se recuerda y que tratan temas que les importa poco? ¿Cómo no van a pensar que son aburridos, ¡qué va!, aburridísimos? Leyendo semejantes obras y haciéndolo so pena de perder la materia, es la mejor manera de enseñarles la noción de que leer es un castigo y de que lo mejor que un chico como ellos puede hacer para divertirse es cualquier otra cosa que no sea tocar un libro.

He pensado sobre el sistema educativo que impera en Costa Rica y he llegado a la triste conclusión de que se parece mucho al que se estila en España, con la salvedad de que en años recientes el MEP abrió las listas de lecturas para secundaria y ahora les ofrece la posibilidad a los profesores de español de escoger las obras literarias con cierto grado de libertad. Sin embargo, la queja de que los ticos no leen es la misma que la de los españoles, y las excusas para no leer son también las mismas: los libros son aburridos.

¿Qué podría hacerse para fomentar la lectura? Ya sabemos que entraña muchas ventajas para el cerebro humano y para la sociedad en su conjunto, pero hasta ahora los esfuerzos del sistema de educación pública parecen abocados en desestimular la lectura antes que fomentarla. Por ejemplo, aquí en Costa Rica ahora tenemos la norma de que un niño de 7 años está imposibilitado para aprender a leer en un año y que necesita dos. Que a esa edad deben aprender "jugando". Luego tenemos estudiantes de undécimo año fallando las pruebas de comprensión de lectura y de razonamiento verbal y todo el mundo dice que qué barbaridad, que hay que "ponerlos a leer". ¿No empata una cosa con la otra? ¿Por qué hacerles creer a los padres que leer es un acto dificilísimo, que debe se aprehendido por medio de engaños (juegos)? ¿Por qué insistir en forzar a los adolescentes a leer este libro y este otro bajo esquemas rígidos de "análisis", mientras se aprenden una pila de datos históricos que los jóvenes no consideran relevantes?

Pienso que mucho de este asunto está en nosotros mismos, los adultos. Aprendimos a que en la escuela y el colegio "se leía", pues era obligatorio, parte del sistema, pero que las diversiones estaban fuera de la casa y del colegio: en la cancha, en el centro comercial, en la soda, donde las actividades nunca guardan relación con la lectura. Aprendimos que el chico "cool" es el que juega bien un deporte, que la chica "cool" es la que se ve muy bonita y tiene amigas y es sexy. Aprendimos que leer es para los "nerds", o sea, los aburridos, los que carecen de vida social y por tanto, de prestigio. Y crecemos y nos hacemos adultos y conseguimos trabajos y nos sentimos muy cansados y nuestros placeres se reducen a ver televisión, tomar una cerveza con los amigos el viernes a la salida o a veces, ir al cine. Nunca leer. ¡Por favor, no! Ya leo suficiente en el trabajo. ¿Cómo podría "divertirme" con una novela, por ejemplo? ¿No es más fácil ver "la película"? Y aunque les decimos a nuestros hijos que lean los libros del colegio, les transmitimos una completa desgana por la lectura.

Hay algunos de nosotros que no somos así, sin embargo: todavía existen los lectores (adultos). Pero... ¿qué leen? Vamos a ver: ¡no libros aburridos! Oh, no. Los libros aburridos son los del colegio. ¿Cómo superaron la prueba entonces? ¿Cómo lograron mantener intacto su amor por la lectura? Virginia y otros como ella piensan que por una razón muy simple: porque habían desarrollado la afición por la lectura en su casa, antes de llegar al opresivo sistema de enseñanza secundaria que hacer aborrecer los libros. (Yo, por ejemplo, aprendí a leer en mi casa antes de entrar a la escuela y solía pasármela leyendo cuanto material "leíble" encontraba, por pura afición personal. No recuerdo, por ejemplo, que algún profesor me hubiera inculcado algún especial placer por la lectura).

Lo que nos deja en una situación de profunda desesperanza. ¿Qué hacer para crear una verdadera afición por la lectura, para ver los libros no como medio idóneo para quedarse dormido sino como placer profundo y personal que puede brindar íntima satisfacción?

Lo hablaremos en la próxima, porque... bueno, tengo alguna que otra conjetura al respecto. =)