24 de septiembre de 2014

Pensamientos varios

A casi un mes de haber concluido la XV Feria Internacional del Libro 2014 en Costa Rica y ya instalada en mis rutinas normales, he tenido algunas reflexiones que solo en la distancia suele uno tener: comienza a ver los acontecimientos con una perspectiva agradable, sin estar envuelto en prisas ni preocupaciones, mucho menos, deberes. ¿Qué he pensado?

Pues algo bueno y algo no tan bueno, como suele suceder.

Creo que la sensación más agradable que me dejó la Feria fue el nutrido número de personas que acudieron a la cita con el ánimo de comprar libros que -obviamente- piensan leer. ¿Por qué debería resaltarlo? Pues, porque toda la vida he escuchado que en Costa Rica nadie lee, que en el mundo hispanohablante nadie lee, que solo somos los mismos escritores los que nos leemos a nosotros mismos (como si tal cosa pudiera sostener una industria editorial tan inmensa); que nuestras generaciones jóvenes (y en eso han pasado años y años, por cierto) solo destinamos tiempo a las pantallas, cualesquiera que sean (televisores, tabletas, computadoras, teléfonos "inteligentes", etc.); que si leemos solo son revistas y secciones deportivas; etc., etc., etc. Y, claro está, que no es posible que una feria de libros subsista solo con libros, ¡vamos, por favor!, pues si nadie lee, nadie compra libros (al menos no por placer).

Y he aquí que en varios días que estuve en la Feria vi cómo la gente se aglutinaba en los puestos de editoriales y librerías con el ánimo de comprar libros de muy variada índole, que habían llegado a buscar (o quizá a explorar) ex profeso. O sea, que no llegaron por casualidad, para ver un grupo musical o una representación, un baile o una venta de celulares. Llegaron porque sabían que encontrarían libros, muchos de los cuales buscaban por placer. ¡Por placer! Y además, porque como comprobaron quienes estuvieron recorriendo los pasillos, los precios eran variados, muchos muy razonables, puesto que sí había verdaderas oportunidades (con descuentos, regalos, y demás). Se dieron cuenta, pues, de que eso de que los libros son "muy" caros solo es una excusa de quien nunca pensará que comprar un libro está entre sus intereses.

O sea, que sí hay lectores. (Lo que me regresa a aquella pregunta que me he hecho muchas veces: ¿por qué insisten algunos en la noción de que la gente "no" lee? ¿Será que les enoja la posibilidad de que la gente no lea de forma masiva los libros que a ellos les interesan? ¿A eso se refieren con la noción de que no "se lee"?).

Otra sensación agradable, por supuesto, fue la posibilidad de intercambiar opiniones y pensamientos con lectores de mis libros. =) La sensación de que alguien está leyendo Señora del tiempo, o de que ha leído Una sombra en el hielo (¡después de tantos años!) o alguno de los relatos que he publicado en antologías, no se compara con la posibilidad real de hablar con un lector cara a cara y que te exprese sus propias ideas e impresiones con palabras claras. Nada de suposiciones. Directo. ¡Fue estupendo! Una de las sensaciones más atesorables que he de tener en la vida. =)

Por el lado negativo, pues... La Feria tuvo sus fallos: desorganización en los eventos especiales, por ejemplo. Tenía programada una charla para un día a las 11 de la mañana y por culpa de esa desorganización no pude darla hasta más de media hora después. Al final salió muy bien y fue muy gratificante, pero no creo que estos malos entendidos en cuanto a horas y lugar de eventos debieran repetirse en el futuro. Después de todo, la gente que acudió a la Feria no solo se interesó por los libros en sí, sino también por las conferencias, charlas y mesas redondas que se habían programado y para las que sacaron su tiempo.

Otro detalle negativo: la disposición de los stands en la Antigua Aduana. Muchos paneles cortan el panorama y te dan esa extraña sensación de que entras en túneles y de que no puedes apreciar el colorido y la variedad de los libros que ahí se exhiben. Esto no sucedió en la Casa del Cuño, pues ahí la decoración fue más sencilla, más amigable con el visitante, más agradable para explorar y apreciar las colecciones.

¿Algo que también cambiaría? Los puestos de comida. Los dejaría afuera, bajo un toldo grande y espacioso, al lado de los comedores, a donde la gente pudiera acudir sin estrecheces, donde pudiera sentarse cómodamente y de donde no llegaran ruidos molestos para los salones de conferencias. En otras palabras, no permitiría que interfirieran con las actividades literarias que se gestaban en el interior de la Antigua Aduana, pues cuando uno estaba en un salón y trataba de escuchar al conferencista, de pronto le llegaba el ruido de algún aparato en el puesto de comida más cercano y los gritos y risas de la gente, justo al lado, o sus quejas, intentando desplazarse. Así que, puestos de comida: ¡que se reubiquen!

¿Qué no hace falta? Los conciertos, en especial de música rock o bailable. No creo que este tipo de música compagine bien con una feria donde la gente busca comprar libros y asistir a conferencias sobre literatura o a presentaciones de nuevos títulos. Tampoco creo que quienes fueron a los conciertos tuvieran interés en la Feria en sí. Una Feria del Libro necesita música suave, de acompañamiento, a veces. No más. Coros o música de cámara en presentaciones especiales, fuera de los edificios principales, quizá. Los festivales de música ya tienen su espacio y su momento a lo largo del año y nadie los echaría en falta en la Feria.

¿Qué sí hace falta? Más promoción en torno al libro el resto del año y durante la misma feria. Esta estuvo concurrida y fue exitosa, pero pienso que sería interesante que hubiera ferias en provincia, que hubiera más eventos de lectura de libros (no solo de poesía), más artículos en prensa, más cobertura de autores y títulos, más actividades relacionadas con la literatura en movimiento. Algo así. Sé que jamás alcanzará la difusión o la popularidad de un deporte masivo -como el futbol- o de las ferias de tecnología de punta, pero sé que con mayor entusiasmo y partiendo del presupuesto -verdadero- de que la gente sí lee y sí se interesa por nuevos libros, podríamos lograr un país más activo en esta rama de la cultura a la que muchos aún no le dan la importancia que tiene. =)

2 comentarios:

Proyecto de Escritora dijo...

Yo pienso que les interesa decir que no se lee, o bien para desanimar a la gente a no leer (y así que seamos más manejables) o bien para que la gente se anime a leer más. Dependiendo de quien lo diga :)

Me alegro de que en general fuera una experiencia buena :)

Saludos!!

Laura dijo...

Hola, Proyecto de Escritora =)

Pienso como tú, pero añado un tercer motivo: porque la gente no lee lo que ellos creen que debe leer. Por supuesto, como tú dices, depende de quién lo dice. =)

Saludos =)