Como me encuentro en una especie de impasse, he decidido hacer un alto y preguntarme cuáles serán los objetivos de mis "trabajos" durante este mes y el siguiente. Al principio, y en medio de una creciente ola de pánico, me di cuenta de que no tenía idea de qué podía hacer ahora y de que estaba atravesando una marea de baja productividad que no me llevaría a nada bueno.
Luego me puse en perspectiva y me calmé, para poder repasar mi situación.
Justo hace una semana envié una novela al Premio UPC 2009 de Ciencia Ficción. Dicha obra fue escrita, pensada, revisada, vuelta a revisar en el lapso de unos dos meses. Es una novela corta, pues el concurso establece límites claros, entre las 70 y las 115 páginas aproximadamente, por tanto no desarrollaría una historia que muchos hilos secundarios que me forzaran a estirar la longitud de la novela, sino que me situé en un punto y de allí en adelante conté mi historia. Dicho proceso me tomó tiempo de concentración y creatividad, y creo que por eso me sentí muy a gusto. Pero llegó el final, la revisión, la segunda revisión, el maquetado sencillo y el envío por correo y de pronto me quedé sin propósito existencial.
Durante esta semana, pues, me dediqué a otra novela de largo plazo, cuyo desarrollo paulatino apenas está desenvolviéndose y que sospecho que se prolongará por algún tiempo, y puedo sentirme satisfecha de los avances logrados. Sin embargo, entretanto, necesitaba espolear mi cerebro para mayores niveles de exigencia creativa y vuelvía a encontrarme con una página en blanco.
¿Qué tal... de vuelta a los relatos? Y pensé que no escribía relatos desde hacía unos cuatro meses. Eso es mucho tiempo. ¡Con razón no tenía ideas! Buscando, pues, historias en mi mente que me llevaran de vuelta al teclado, me tropecé con un vacío muy curioso, pues las historias que pensaba sólo tenían relación con el largo proyecto entre manos. ¿Qué tal entonces si recurría a una lluvia de ideas?
Lluvia de ideas, según la Wikipedia, es una técnica de trabajo en grupo para resolver problemas difíciles. En principio, la gente se reúne y comienza a proponer soluciones teóricas. Ninguna es descartada, pues en principio cualquiera podría encerrar la ruta hacia la solución verdadera, así que se van recibiendo conforme se van produciendo. El resultado práctico es que cuantas más ideas se destilen en una reunión, mayor número aparecerá como consecuencia, lo que originará una verdadera "lluvia" o "tormenta". Unas ideas dan paso a otras y éstas otras desencadenan otras más, hasta que se tienen tantas que se llega a la solución de manera admirable.
Me dije que yo necesitaba eso: una lluvia de ideas. El problema es que el trabajo del escritor es básicamente solitario. No puedo sentarme con mi "equipo" a teorizar sobre historias aquí y allá. Pero sí puedo suponer que tengo un "equipo": una canción, una noticia, un programa de televisión sobre el Universo, sobre las costumbres culinarias en Italia o sobre las bodas tradicionales de Indonesia. Cualquier cosa funciona. Luego, está también un repaso a los argumentos de los clásicos. No porque vaya a copiarlos, sino porque sus planteamientos pueden originar en mí más historias. En ese sentido, me hice una visita a una larga lista de clásicos de la ciencia ficción, y me resultó explosiva.
Animada por mis actividades de búsqueda, hoy abrí un archivo en el Word y lo titulé "Ideas para historias". Y comencé a anotar lo que se me ocurría. No es que crea que vaya a escribirlas todas, pero hasta el momento llevo unas cinco o seis totalmente distintas. Si pienso que comencé con una pobre y triste línea y ahora tengo una pila de posibles argumentos, no puedo quejarme de la "lluvia" (creo que hasta el momento ha sido un importante aguacero, ya veré si llega a tormenta).
¿Qué haré después con los cuentos que llegue a escribir? No lo sé. Posiblemente los envíe a certámenes (que abundan), o los proponga para una publicación online, o tal vez sólo los deposite en mi archivo como fondo de argumentaciones. Todo dependerá del resultado, de si me gusta, si me convence o si no. Y lo más importante de todo, me divertiré mucho en el proceso.
¡Eso seguro!
7 de julio de 2009
2 de julio de 2009
Si no escribiera...
Todavía no he convertido mi pasión en mi modus vivendi, pues escribir es todavía una actividad que emprendo cuando las obligaciones de mi trabajo regular me lo permiten, pero sigo trabajando con la idea de convertir dicho deleite en mi medio de vida. Ya sé lo que se dice: ¿cuál escritor puede darse el lujo de vivir de la escritura? Muy pocos. Sé eso y soy consciente de que es posible que sólo llegue a ser un medio de vida parcial, pero igual aliento mis esperanzas de convertirlo en mi ocupación principal.
Entretanto, estuve divagando sobre otras ocupaciones, siempre relacionadas con el mundo literario, que no fuesen exactamente el de la autoría creativa. ¿Qué me habría gustado ser si no escribiera? No hablo de otros campos de escritura, como ser articulista o columnista, en los que también es preciso escribir, sino a actividades que no conlleven el acto de crear piezas escritas...
Una fantasía común, supongo, está en la de tener una librería. Algo así como el personaje que interpreta Meg Ryan en You've got mail, pues vive en uno de los lugares más encantadores de Nueva York y posee una librería de ensueño. No sólo es dueña del negocio, sino que escoge lo que vende. Claro que es una imagen de película. En la vida real, tendría menos de mundo de libros y sí mucho de negocios puros y duros, pues se trata de vender productos. De todas formas, si hubiera de dedicarme a algún negocio relacionado con los libros, el más evidente sería ese. Al menos, en mis horas muertas, si me pongo a leer no estaría mal visto.
Leyendo a Teo y su pintura del mundo editorial, pensé también que me habría gustado trabajar en una editorial. Podría ser lectora, podría ser editora adjunta, incluso editora. ¡Sería fascinante! Agotador, por las noticias que hemos recibido, y posiblemente muy estresante en ocasiones, pero fascinante. Estaría en contacto con lo bueno, lo malo y lo feo del mundo de la literatura, pues los editores son quienes reciben las obras en bruto y tienen ocasión de encontrar verdaderas joyas o perder miserablemente su tiempo. Pienso que sería fascinante.
Un trabajo opcional que salta a la vista es el profesorado de literatura, pero es el que encuentro menos estimulante. Si es en la secundaria, tus alumnos no suelen estar muy interesados y si es en la universidad, debes lidiar con mentes adultas jóvenes que se interesan más por la vida social que por los libros. Sin embargo, pienso que es el ambiente donde puedes marcar diferencias personales. Dependiendo de cuán apasionado e interesado seas, así puedes lograr inspirar a más personas en el maravilloso mundo de la lectura y hacer que tus alumnos amen los libros después de todo. Con uno solo que logre interesarse, ya sería un logro. El problema es que esta ocupación requiere más vocación de enseñanza que de estricto amor a la literatura, y no sé si yo tenga el primer ingrediente... De todas maneras, es una opción.
¿Corrector de estilo? Siempre es una posibilidad. ¿Traductor? Si sabes de verdad un idioma extranjero, puedes obtener tu licencia de traductor y descubrir mundos nuevos en la literatura extranjera... Habría sido una ocupación magnífica para mí si me hubiera decidido a estudiar una lengua extranjera con seriedad...
En fin... tengo la ligera sospecha de que en el fondo de mi corazoncito el gusanillo por la escritura siempre habría encontrado la manera de salir a la superficie. Tal vez, en una realidad alternativa, si no escribiera... me habría gustado hacerlo.
Entretanto, estuve divagando sobre otras ocupaciones, siempre relacionadas con el mundo literario, que no fuesen exactamente el de la autoría creativa. ¿Qué me habría gustado ser si no escribiera? No hablo de otros campos de escritura, como ser articulista o columnista, en los que también es preciso escribir, sino a actividades que no conlleven el acto de crear piezas escritas...
Una fantasía común, supongo, está en la de tener una librería. Algo así como el personaje que interpreta Meg Ryan en You've got mail, pues vive en uno de los lugares más encantadores de Nueva York y posee una librería de ensueño. No sólo es dueña del negocio, sino que escoge lo que vende. Claro que es una imagen de película. En la vida real, tendría menos de mundo de libros y sí mucho de negocios puros y duros, pues se trata de vender productos. De todas formas, si hubiera de dedicarme a algún negocio relacionado con los libros, el más evidente sería ese. Al menos, en mis horas muertas, si me pongo a leer no estaría mal visto.
Leyendo a Teo y su pintura del mundo editorial, pensé también que me habría gustado trabajar en una editorial. Podría ser lectora, podría ser editora adjunta, incluso editora. ¡Sería fascinante! Agotador, por las noticias que hemos recibido, y posiblemente muy estresante en ocasiones, pero fascinante. Estaría en contacto con lo bueno, lo malo y lo feo del mundo de la literatura, pues los editores son quienes reciben las obras en bruto y tienen ocasión de encontrar verdaderas joyas o perder miserablemente su tiempo. Pienso que sería fascinante.
Un trabajo opcional que salta a la vista es el profesorado de literatura, pero es el que encuentro menos estimulante. Si es en la secundaria, tus alumnos no suelen estar muy interesados y si es en la universidad, debes lidiar con mentes adultas jóvenes que se interesan más por la vida social que por los libros. Sin embargo, pienso que es el ambiente donde puedes marcar diferencias personales. Dependiendo de cuán apasionado e interesado seas, así puedes lograr inspirar a más personas en el maravilloso mundo de la lectura y hacer que tus alumnos amen los libros después de todo. Con uno solo que logre interesarse, ya sería un logro. El problema es que esta ocupación requiere más vocación de enseñanza que de estricto amor a la literatura, y no sé si yo tenga el primer ingrediente... De todas maneras, es una opción.
¿Corrector de estilo? Siempre es una posibilidad. ¿Traductor? Si sabes de verdad un idioma extranjero, puedes obtener tu licencia de traductor y descubrir mundos nuevos en la literatura extranjera... Habría sido una ocupación magnífica para mí si me hubiera decidido a estudiar una lengua extranjera con seriedad...
En fin... tengo la ligera sospecha de que en el fondo de mi corazoncito el gusanillo por la escritura siempre habría encontrado la manera de salir a la superficie. Tal vez, en una realidad alternativa, si no escribiera... me habría gustado hacerlo.
23 de junio de 2009
La interesante dinámica de la crítica
Creo que todos hemos escuchado alguna vez que los escritores necesitan saber aceptar las críticas que reciben. Tarde o temprano, por muy buenos que se consideren o por muy laboriosos que sean, recibirán alguna crítica por su trabajo que posiblemente no les agradará o incluso les hará sentirse frustrados o confundidos. Y no se puede evitar, a menos que cada uno de nosotros nos resignemos a guardar nuestros escritos en algún cajón del escritorio o los escondamos en el baúl de los recuerdos y nunca les demos salida. Lo cual, no es la idea, claro está.
La Internet ha favorecido notablemente la dinámica del criticismo. No hay foro, blog o sitio de internet donde no se escuchen las voces críticas tarde o temprano. Y no sólo en literatura, sino en todo lo demás también: en las demás artes (dibujo, fotografía, pintura, música, videografía, etc.), en los artículos científicos, en los ensayos políticos, incluso en foros de intercambio de recetas de cocina. Todo está sometido a la crítica, por tanto, no deberíamos extrañarnos que si colgamos algún relato o subimos una novela a la red para ser leída y disfrutada por miles de lectores, recibamos alguna crítica tarde o temprano.
Está bien y así debería ser. Sin una crítica, no mejoramos, no aprendemos, no sabemos si estamos haciendo las cosas bien o mal, no sabemos si vamos por el camino correcto o no, en fin, seríamos artistas con impedimentos para la superación. Sin embargo, no toda la crítica funciona para semejante propósito.
Yo distingo dos clases de crítica: la positiva y la negativa. La primera te dice todo lo bueno que has hecho en una historia o en un poema o lo que sea que hayas creado. No se trata de que te digan: ¡Qué buena historia! ¡Me gustó! Esa es una simple opinión positiva, un halago. Pero no te señala tus aciertos o tus virtudes. Te externa un sentimiento, muy agradable para tu ego, para tu ánimo y para tus sueños, pero no es mayormente constructivo. La buena crítica positiva te diría que has acertado en el manejo de los personajes, que son convincentes o complejos, que tus escenarios están bien construidos, que tu argumento es coherente por esto o por lo otro, etc. Este tipo de crítica, explicativa, racional, es utilísima en la medida en que te confirma que te encuentras en el camino correcto.
La crítica negativa, por otro lado, puede ser destructiva o puede ser también constructiva. La crítica negativa destructiva es aquella que desvaloriza tu trabajo o a ti mismo con frases sin contenido racional o explicativo. Si te dicen: "tu relato es un asco", es evidente que no fue de su gusto, pero al no decirte por qué, no es más que una opinión negativa sin sustancia. Si te dicen que eres un escritor inmaduro, que tus escritos no son interesantes, que no sabes escribir, pero no aclaran en qué eres inmaduro, o por qué tus escritos no son interesantes, estamos ante la presencia de una crítica negativa destructiva. Recibes unos cuantos descalificativos, tendientes a disminuir tu confianza, pero no te ayudan a mejorar tu trabajo.
En cambio, si la crítica negativa aclara las razones de la desvalorización de tu obra, puede ser enormemente constructiva, incluso más que la positiva. Si te dicen que eres un escritor inmaduro porque utilizas demasiados adverbios para dar énfasis a tu narración, o porque te afanas en explicar demasiado lo que podrías sugerir con las acciones de los personajes, u otras observaciones por el estilo, entonces tienes la posibilidad de avanzar, de crecer como autor y de madurar. Si te aclaran por qué tu historia está mal hilvanada, por qué tu personaje X es poco creíble, por qué el título de tu poema es inadecuado, etc., esta crítica realmente construirá un mejor escritor en ti. Es, pienso, la mejor lección que podemos recibir los autores a lo largo de nuestra vida.
Y, si quien hace la crítica es además merecedor de nuestro respeto, confianza y admiración, mejor que mejor. No me refiero a la familia, sin embargo. La familia suele ser extremadamente benigna la mayor parte del tiempo, o terriblemente negativa en algunos casos. Una buena crítica es mejor si viene de críticos más imparciales, que no mantengan una relación de cariño o de odio contigo, sino que lean tu obra sin prejuicios y sepan valorarla de acuerdo a su experiencia, sus conocimientos y su juicio.
O, al menos, esta es mi opinión. ¡Recibo críticas! :)
La Internet ha favorecido notablemente la dinámica del criticismo. No hay foro, blog o sitio de internet donde no se escuchen las voces críticas tarde o temprano. Y no sólo en literatura, sino en todo lo demás también: en las demás artes (dibujo, fotografía, pintura, música, videografía, etc.), en los artículos científicos, en los ensayos políticos, incluso en foros de intercambio de recetas de cocina. Todo está sometido a la crítica, por tanto, no deberíamos extrañarnos que si colgamos algún relato o subimos una novela a la red para ser leída y disfrutada por miles de lectores, recibamos alguna crítica tarde o temprano.
Está bien y así debería ser. Sin una crítica, no mejoramos, no aprendemos, no sabemos si estamos haciendo las cosas bien o mal, no sabemos si vamos por el camino correcto o no, en fin, seríamos artistas con impedimentos para la superación. Sin embargo, no toda la crítica funciona para semejante propósito.
Yo distingo dos clases de crítica: la positiva y la negativa. La primera te dice todo lo bueno que has hecho en una historia o en un poema o lo que sea que hayas creado. No se trata de que te digan: ¡Qué buena historia! ¡Me gustó! Esa es una simple opinión positiva, un halago. Pero no te señala tus aciertos o tus virtudes. Te externa un sentimiento, muy agradable para tu ego, para tu ánimo y para tus sueños, pero no es mayormente constructivo. La buena crítica positiva te diría que has acertado en el manejo de los personajes, que son convincentes o complejos, que tus escenarios están bien construidos, que tu argumento es coherente por esto o por lo otro, etc. Este tipo de crítica, explicativa, racional, es utilísima en la medida en que te confirma que te encuentras en el camino correcto.
La crítica negativa, por otro lado, puede ser destructiva o puede ser también constructiva. La crítica negativa destructiva es aquella que desvaloriza tu trabajo o a ti mismo con frases sin contenido racional o explicativo. Si te dicen: "tu relato es un asco", es evidente que no fue de su gusto, pero al no decirte por qué, no es más que una opinión negativa sin sustancia. Si te dicen que eres un escritor inmaduro, que tus escritos no son interesantes, que no sabes escribir, pero no aclaran en qué eres inmaduro, o por qué tus escritos no son interesantes, estamos ante la presencia de una crítica negativa destructiva. Recibes unos cuantos descalificativos, tendientes a disminuir tu confianza, pero no te ayudan a mejorar tu trabajo.
En cambio, si la crítica negativa aclara las razones de la desvalorización de tu obra, puede ser enormemente constructiva, incluso más que la positiva. Si te dicen que eres un escritor inmaduro porque utilizas demasiados adverbios para dar énfasis a tu narración, o porque te afanas en explicar demasiado lo que podrías sugerir con las acciones de los personajes, u otras observaciones por el estilo, entonces tienes la posibilidad de avanzar, de crecer como autor y de madurar. Si te aclaran por qué tu historia está mal hilvanada, por qué tu personaje X es poco creíble, por qué el título de tu poema es inadecuado, etc., esta crítica realmente construirá un mejor escritor en ti. Es, pienso, la mejor lección que podemos recibir los autores a lo largo de nuestra vida.
Y, si quien hace la crítica es además merecedor de nuestro respeto, confianza y admiración, mejor que mejor. No me refiero a la familia, sin embargo. La familia suele ser extremadamente benigna la mayor parte del tiempo, o terriblemente negativa en algunos casos. Una buena crítica es mejor si viene de críticos más imparciales, que no mantengan una relación de cariño o de odio contigo, sino que lean tu obra sin prejuicios y sepan valorarla de acuerdo a su experiencia, sus conocimientos y su juicio.
O, al menos, esta es mi opinión. ¡Recibo críticas! :)
17 de junio de 2009
Extensiones: ¿debemos inflar nuestras novelas?
He leído y escuchado, por aquí y por allá, afirmaciones tan contradictorias como interesantes, en relación con el movimiento de la literatura. Por un lado, muchos afirman que hemos llegado a los límites del libro, que éste se acaba, que la gente ya no lee, que si lee sólo se animará con narraciones cortas o cualquier cosa similar que pueda bajarse de la Red y le quepa en una pantalla -las cuales, por cierto, cada vez son más pequeñas-, que el futuro de la industria editorial está sombrío, etc., etc., etc. Si prestamos atención a semejantes augurios, la conclusión a la que llegaremos muchos de nosotros, escritores apasionados pero no aún consagrados, será de que no tenemos futuro como novelistas, si acaso como relatistas o tal vez cuentistas y mejor aún, microrelatistas. Sólo podremos publicar nuestras obras en Internet y tendremos que olvidarnos de que alguna vez llegue a existir más de un libro -impreso- o dos en las "agonizantes" librerías. Digo "agonizantes" porque si el libro se muere, se muere también la tienda que lo vende, ¿no?
Sin embargo, he descubierto que las "agonizantes" librerías no parecen estar muriendo desde ningún punto de vista. De hecho, muchas ofrecen nuevos servicios, más títulos -no menos-, y dedican secciones enteras a libros de literatura, es decir, a libros de ficción. Viajando por la red nos damos cuenta también de que la industria editorial sigue activa, que mucha de ella busca alternativas modernas para dar salida a sus inventarios, que se anima a publicar nuevos títulos y que incluso juguetea con remozar viejos descatalogados. Y todo eso ayudada precisamente por la "infame" tecnología que "de seguro" la iba a destruir. El cine y la industria de video juegos se relaciona con ella de forma vibrante y activa: nuevos estrenos basados en libros exitosos, nuevos libros exitosos basados en video juegos exitosos y también, nuevos video juegos basados en libros o en cintas exitosas. Es decir, el juego del dinero sigue activísimo y no parece que la "muriente" literatura de libros impresos esté dando la impresión de que realmente será enterrada pronto. De hecho, los nuevo e-readers pueden ser la antesala de un futuro -algo lejano aún- en la que el papel será finalmente sustituido, como soporte físico, pero en el cual el libro, la obra literaria, no habrá desaparecido ni tendrá trazas de hacerlo. ¿Con que la gente no lee? Yo diría que sigue leyendo, más o menos al mismo ritmo proporcional que lo hacía en el pasado y lo seguirá haciendo en el futuro... Así, así.
Todo esto me lleva de la conclusión de la que hablaba líneas arriba a la siguiente pregunta: ¿existir sólo en Internet implicaría que la novela morirá? Es decir, la historia de gran extensión.
Pues... parece que no. Al contrario, me asombra comprobar que en nuestro mundo extraño, cuanto más grande, más extenso, es un libro, ¡más se vende! ¿Qué es esto? ¿No se supone que buscamos lo más económico, en costos de producción y en palabras, pues todo está muy caro y de todas formas la gente no tiene tiempo para leer tanto? La lógica me indicaría que estaríamos en medio del reinado indiscutible del cuento, del relato y de la novela corta, no más. Pero las cifras de ventas se inclinan hacia las novelas, cuanto más largas mejor y si son parte de largas series, ¡mejor que mejor!
Pareciera que opera una lógica diablesca: precisamente porque todo está muy caro, necesito una fuente de entretenimiento que rinda cada centavo invertido. La diferencia económica entre una novela corta y una novela larga no resulta excesiva, pero la segunda me significará más rentabilidad por palabra y un disfrute más económico a la larga. Además, si soy de los que leen, y por tanto compro, me gusta extender mi disfrute todo el tiempo posible. Por tanto, preferiré la novela larga.
El problema siguiente será: ¿afecta esta lógica capitalista/consumista al arte? Hay historias que nacieron para ser contadas en pocas páginas. Son aquellas propias de relatos y cuentos, incluso de novelas cortas, y alargarlas innecesariamente sería matar su espíritu. De hecho, a veces, nos topamos con novelas gordas en cuyas páginas se ha introducido tanto "relleno" que sólo podemos admirarnos de la capacidad de los editores para forzar entregas tan abultadas. Y parece, según se teme por ahí, que muchos editores buscan precisamente novelas, de buen peso y mucha aventura, para poder vender bien, y se alejan de las narraciones menos extensas o más "pacíficas", por no ser tan comerciales. Desde este punto de vista, sí que estaríamos sacrificando el arte por el dinero.
Pero eso no es nuevo. Nunca ha habido momento en que el arte reine sobre el dinero. Nunca. Creer algo así es externar un punto de vista algo ingenuo. Lo que sí ha existido es la muestra de que muchas veces el arte puede imponerse en medio de un mundo regido por el dinero. De que el arte puede valerse de ese mundo y llegar a surgir. De que es posible.
Al final de todo esto, entonces, y con miras a sobrevivir en esta extraña lógica diablesca: ¿debemos inflar nuestras historias? ¿O será que podemos "aprovechar" para contar... historias largas?
Sin embargo, he descubierto que las "agonizantes" librerías no parecen estar muriendo desde ningún punto de vista. De hecho, muchas ofrecen nuevos servicios, más títulos -no menos-, y dedican secciones enteras a libros de literatura, es decir, a libros de ficción. Viajando por la red nos damos cuenta también de que la industria editorial sigue activa, que mucha de ella busca alternativas modernas para dar salida a sus inventarios, que se anima a publicar nuevos títulos y que incluso juguetea con remozar viejos descatalogados. Y todo eso ayudada precisamente por la "infame" tecnología que "de seguro" la iba a destruir. El cine y la industria de video juegos se relaciona con ella de forma vibrante y activa: nuevos estrenos basados en libros exitosos, nuevos libros exitosos basados en video juegos exitosos y también, nuevos video juegos basados en libros o en cintas exitosas. Es decir, el juego del dinero sigue activísimo y no parece que la "muriente" literatura de libros impresos esté dando la impresión de que realmente será enterrada pronto. De hecho, los nuevo e-readers pueden ser la antesala de un futuro -algo lejano aún- en la que el papel será finalmente sustituido, como soporte físico, pero en el cual el libro, la obra literaria, no habrá desaparecido ni tendrá trazas de hacerlo. ¿Con que la gente no lee? Yo diría que sigue leyendo, más o menos al mismo ritmo proporcional que lo hacía en el pasado y lo seguirá haciendo en el futuro... Así, así.
Todo esto me lleva de la conclusión de la que hablaba líneas arriba a la siguiente pregunta: ¿existir sólo en Internet implicaría que la novela morirá? Es decir, la historia de gran extensión.
Pues... parece que no. Al contrario, me asombra comprobar que en nuestro mundo extraño, cuanto más grande, más extenso, es un libro, ¡más se vende! ¿Qué es esto? ¿No se supone que buscamos lo más económico, en costos de producción y en palabras, pues todo está muy caro y de todas formas la gente no tiene tiempo para leer tanto? La lógica me indicaría que estaríamos en medio del reinado indiscutible del cuento, del relato y de la novela corta, no más. Pero las cifras de ventas se inclinan hacia las novelas, cuanto más largas mejor y si son parte de largas series, ¡mejor que mejor!
Pareciera que opera una lógica diablesca: precisamente porque todo está muy caro, necesito una fuente de entretenimiento que rinda cada centavo invertido. La diferencia económica entre una novela corta y una novela larga no resulta excesiva, pero la segunda me significará más rentabilidad por palabra y un disfrute más económico a la larga. Además, si soy de los que leen, y por tanto compro, me gusta extender mi disfrute todo el tiempo posible. Por tanto, preferiré la novela larga.
El problema siguiente será: ¿afecta esta lógica capitalista/consumista al arte? Hay historias que nacieron para ser contadas en pocas páginas. Son aquellas propias de relatos y cuentos, incluso de novelas cortas, y alargarlas innecesariamente sería matar su espíritu. De hecho, a veces, nos topamos con novelas gordas en cuyas páginas se ha introducido tanto "relleno" que sólo podemos admirarnos de la capacidad de los editores para forzar entregas tan abultadas. Y parece, según se teme por ahí, que muchos editores buscan precisamente novelas, de buen peso y mucha aventura, para poder vender bien, y se alejan de las narraciones menos extensas o más "pacíficas", por no ser tan comerciales. Desde este punto de vista, sí que estaríamos sacrificando el arte por el dinero.
Pero eso no es nuevo. Nunca ha habido momento en que el arte reine sobre el dinero. Nunca. Creer algo así es externar un punto de vista algo ingenuo. Lo que sí ha existido es la muestra de que muchas veces el arte puede imponerse en medio de un mundo regido por el dinero. De que el arte puede valerse de ese mundo y llegar a surgir. De que es posible.
Al final de todo esto, entonces, y con miras a sobrevivir en esta extraña lógica diablesca: ¿debemos inflar nuestras historias? ¿O será que podemos "aprovechar" para contar... historias largas?
11 de junio de 2009
Relatos: un arte y un ejercicio
Cuando comencé a escribir, allá en los dorados tiempos de mi niñez -tenía unos 10 años- me lancé de una vez y sin pensar a la novela. Recuerdo las aventuras de una chica llamada Laura -me sentía muy bien usando mi propio nombre- que llegaba a un internado y que se topaba con toda suerte de eventos e ilusiones. Como es de suponer, escribía por imitación, lo cual es común en muchos escritores. No recuerdo quién afirmaba que un escritor no escribe porque desea describir lo que ve sino porque desea reformular lo que lee. Al menos pienso que en mi caso así fue. Leía obsesivamente -sigo haciéndolo, con consiguientes limitaciones de tiempo y oportunidad, claro, pues ya no soy una niña- y me inflamé de ideas e historias propias. Dado que leía novelas -de internados y aventuras de chicos-, lo lógico fue que también escribiera novelas.
Hoy en día, tantos y tantos años después, he notado que en mi autoaprendizaje dejé de lado la capacidad de síntesis. Escribir y escribir y escribir puede ser muy reconfortante, pero sólo como pasatiempo, pues cuando tienes el objetivo de narrar una historia y darle un final coherente, no resulta muy provechoso llenar cientos y miles de páginas de la misma. Primero, porque corres el riesgo de desenfocarte de tu objetivo. Es decir, puedes empezar a divagar, lo cual resulta harto peligroso. Y segundo, porque puedes realmente cansarte de una historia que no tiene fin.
Hablo, claro está, en términos generales, pues también dependerá de la longitud de la historia en sí misma. Sin embargo, he notado que se puede ahorrar palabras innecesarias y aún producir hermosas creaciones, aunque la historia sea muy larga. No porque yo lo haya hecho necesariamente, sino porque he leído trilogías y series que, a pesar de su extensión, no se desenfocan ni parecen albergar párrafos futiles o poco trabajados.
¿Cómo lograr entonces esa capacidad de escribir con belleza, pero sin explayarte en demasía? No lo supe ver hasta que me hice adulta y comprendí que debía enfocar mis historias y darles final para poder avanzar en mis objetivos profesionales. Mis novelas comenzaron a sufrir revisiones más exhaustivas. Sin embargo, un hecho fortuito fue lo que mejor me hizo ver la maravilla de la síntesis: el relato.
En los concursos populares y de Internet, el formato preferido es el cuento, pues la pantalla de la computadora no es amigable con el ojo y leer novelas en esas circunstancias suele ser tedioso y cansado. Además, para valorar un escrito necesitas tiempo: no es lo mismo comparar escritos de dos mil palabras a hacerlo con escritos de más de 150 mil palabras, por ejemplo. El punto es que te topas con la necesidad de saber escribir relatos.
Escribir cuentos o relatos es un arte extraordinario. Se requiere de capacidad de síntesis, objetivos claros, preciso diseño de personajes y valor en cada palabra. No puedes explayarte. No puedes darle coba a un personaje pues pronto se te acaba el espacio. Y debes ser capaz de darle un final contundente, aunque sea abierto. Un mal cuento siempre aburre, deja la sensación de que le faltaba algo, de que no supo cerrar. Un buen cuento es maravilloso: te da un instante de satisfacción y sus efectos perduran en el tiempo.
¿Es compatible escribir cuentos con escribir novelas? Yo creo que sí. La historia de la novela tendrá niveles y subniveles, tendrá más personajes y más oportunidades de desarrollar eventos complementarios, pero si has sabido escribir cuentos, podrás escribir entonces una novela bien enfocada, con objetivos claros y final convincente. Te habrás acostumbrado a escoger el verbo, a ser preciso y ser coherente. Te habrás acostumbrado a escribir bien.
Y ese es el proceso que hoy en día atravieso. :)
Hoy en día, tantos y tantos años después, he notado que en mi autoaprendizaje dejé de lado la capacidad de síntesis. Escribir y escribir y escribir puede ser muy reconfortante, pero sólo como pasatiempo, pues cuando tienes el objetivo de narrar una historia y darle un final coherente, no resulta muy provechoso llenar cientos y miles de páginas de la misma. Primero, porque corres el riesgo de desenfocarte de tu objetivo. Es decir, puedes empezar a divagar, lo cual resulta harto peligroso. Y segundo, porque puedes realmente cansarte de una historia que no tiene fin.
Hablo, claro está, en términos generales, pues también dependerá de la longitud de la historia en sí misma. Sin embargo, he notado que se puede ahorrar palabras innecesarias y aún producir hermosas creaciones, aunque la historia sea muy larga. No porque yo lo haya hecho necesariamente, sino porque he leído trilogías y series que, a pesar de su extensión, no se desenfocan ni parecen albergar párrafos futiles o poco trabajados.
¿Cómo lograr entonces esa capacidad de escribir con belleza, pero sin explayarte en demasía? No lo supe ver hasta que me hice adulta y comprendí que debía enfocar mis historias y darles final para poder avanzar en mis objetivos profesionales. Mis novelas comenzaron a sufrir revisiones más exhaustivas. Sin embargo, un hecho fortuito fue lo que mejor me hizo ver la maravilla de la síntesis: el relato.
En los concursos populares y de Internet, el formato preferido es el cuento, pues la pantalla de la computadora no es amigable con el ojo y leer novelas en esas circunstancias suele ser tedioso y cansado. Además, para valorar un escrito necesitas tiempo: no es lo mismo comparar escritos de dos mil palabras a hacerlo con escritos de más de 150 mil palabras, por ejemplo. El punto es que te topas con la necesidad de saber escribir relatos.
Escribir cuentos o relatos es un arte extraordinario. Se requiere de capacidad de síntesis, objetivos claros, preciso diseño de personajes y valor en cada palabra. No puedes explayarte. No puedes darle coba a un personaje pues pronto se te acaba el espacio. Y debes ser capaz de darle un final contundente, aunque sea abierto. Un mal cuento siempre aburre, deja la sensación de que le faltaba algo, de que no supo cerrar. Un buen cuento es maravilloso: te da un instante de satisfacción y sus efectos perduran en el tiempo.
¿Es compatible escribir cuentos con escribir novelas? Yo creo que sí. La historia de la novela tendrá niveles y subniveles, tendrá más personajes y más oportunidades de desarrollar eventos complementarios, pero si has sabido escribir cuentos, podrás escribir entonces una novela bien enfocada, con objetivos claros y final convincente. Te habrás acostumbrado a escoger el verbo, a ser preciso y ser coherente. Te habrás acostumbrado a escribir bien.
Y ese es el proceso que hoy en día atravieso. :)
7 de junio de 2009
Perspectivas
Este mes de junio me ha pillado en medio de una vorágine de actividades que no imaginaba, principalmente en el campo de la literatura (afortunadamente). Habiendo decidido participar en un certamen de novela, aunque fuera corta, me di cuenta de que escribir y "blogear" no se llevan, por lo que tengo prácticamente abandonada mi bitácora principal en LauraQuijano.com y por supuesto, ésta en que garrapateo estas líneas.
Al menos, mientras tanto, recibí algunas noticias alentadoras. Primero, con respecto a las publicaciones que he estado esperando, y que no dependen de mí -claro está-, parece que ya habiendo salido a la luz Visiones 2007, pronto veremos en librerías -unas pocas- Fabricantes de Sueños 2008, donde mi relato Por siempre otro tendrá su rinconcito. Entre esas perspectivas de publicación, aún tendré que esperar hacia finales del año la aparición de Visiones 2008, que también se ha atrasado, pero que ya pronto ve el final del proceso publicacional. Allí se encuentra mi relato El último pozo, hasta el momento desconocido e inédito (al menos Por siempre otro ya ha estado en algunos sitios, como NGC 3660 y en mi colección Por siempre otro y otros relatos, que no se llama así por casualidad)
Por otro lado, Lulu decidió colocar en Amazon algunos títulos, entre los que se halla, felizmente, mi libro A Través del Portal: Visiones, segundo volumen de mi trilogía A Través del Portal. ¡En Amazon.com! y al mismo precio que en Lulu, lo que es mucho decir. Claro que no está el primer volumen, pero espero que por medio del segundo, más gente se interese en el primero. Con respecto a esta trilogía, aún me aguarda la tercera y última entrega, que espera se termine su revisión y vea la luz -espero- a principios del año próximo.
En fin, que así estamos. Cruzo los dedos por mi nueva novela -a la cual tengo en reposo-, para que tenga buena suerte en el certamen y me vaya bien. :)
Al menos, mientras tanto, recibí algunas noticias alentadoras. Primero, con respecto a las publicaciones que he estado esperando, y que no dependen de mí -claro está-, parece que ya habiendo salido a la luz Visiones 2007, pronto veremos en librerías -unas pocas- Fabricantes de Sueños 2008, donde mi relato Por siempre otro tendrá su rinconcito. Entre esas perspectivas de publicación, aún tendré que esperar hacia finales del año la aparición de Visiones 2008, que también se ha atrasado, pero que ya pronto ve el final del proceso publicacional. Allí se encuentra mi relato El último pozo, hasta el momento desconocido e inédito (al menos Por siempre otro ya ha estado en algunos sitios, como NGC 3660 y en mi colección Por siempre otro y otros relatos, que no se llama así por casualidad)
Por otro lado, Lulu decidió colocar en Amazon algunos títulos, entre los que se halla, felizmente, mi libro A Través del Portal: Visiones, segundo volumen de mi trilogía A Través del Portal. ¡En Amazon.com! y al mismo precio que en Lulu, lo que es mucho decir. Claro que no está el primer volumen, pero espero que por medio del segundo, más gente se interese en el primero. Con respecto a esta trilogía, aún me aguarda la tercera y última entrega, que espera se termine su revisión y vea la luz -espero- a principios del año próximo.
En fin, que así estamos. Cruzo los dedos por mi nueva novela -a la cual tengo en reposo-, para que tenga buena suerte en el certamen y me vaya bien. :)
23 de mayo de 2009
De musas y concursos...
El otro día tuve ocasión de mirar por Internet una interesantísima charla dictada por la escritora norteamericana Elizabeht Gilbert, en el marco de los eventos del TED (Technology, Entertainment, Design), que busca promocionar ideas e inspiraciones entre artistas -de todos los campos- y promotores del entretenimiento o de la tecnología, gente de negocios, y otros muchos más. La charla en cuestión versaba sobre el proceso creativo y la genialidad, o más bien, la relación entre el proceso creativo y la figura romana del genio, una especie de espíritu divino-mágico que acompañaba a poetas y artistas para inspirarles ideas maravillosas, frases especiales, grandes proyectos (el "genio creativo"). La escritora aducía que hoy en día, aún motivados por una excesiva racionalización de todos los procesos que envuelven la creación artística o científica, todos los méritos al igual que todas las fallas recaen sobre el sujeto creador, lo que crea un universo de tensión, de abrumadora responsabilidad en éste, lo cual explicaría por qué tantos grandes genios terminaron en la bebida o el suicidio. Ella propone regresar -en parte, al menos- a esa noción que tenían los romanos, de que el artista trabaja pero sus ideas pueden provenir del geniecillo que lo acompaña, el cual compartiría su éxito así como su fracaso. Ya no estaría obligado a ser un genio, sino que simplemente tendría un genio, tal como los artistas romanos lo tenían.
Encontré el discurso muy elocuente, divertido, y atinado. Primero, echaba por tierra ese prejuicio de que uno debe ser un ser amargado y lleno de fantasmas horribles para poder escribir buenas obras, y segundo, le daba a uno la oportunidad de seguir trabajando aún cuando no se sintiera inflamado de ideas "geniales" para producir "grandes" obras. Ella proponía que, así como a veces el geniecillo de las ideas podía presentarse, en otras ocasiones no lo hacía, y eso no debía impedir nuestro trabajo, ni abrumarnos de preguntas inútiles (¿estaré haciéndolo bien? ¿me rechazarán mi obra? ¿y si no les gusta? ¿y si les gusta, qué hago después?, etc.). Simplemente nos ponemos a trabajar, sostenidamente, produciendo lo que deseamos dar a luz, sin pensar en maravillas ni portentos, confiados en que nuestro geniecillo -o musa- tal vez ya esté presente entre nosotros, o tal vez no quiera confiarnos sus pensamientos.
En nuestro gremio, nos encontramos en medio de la efervescencia de los concursos literarios. Múltiples, de variados temas y tendencias, no sabemos a veces si participar, si no hacerlo, si preferir uno a otro, etc. ¡Tonterías! A escribir, a presentarse en ell "lugar" de trabajo -nuestra computadora-. Y cuando terminemos, revisemos nuestro trabajo sin pretensiones de grandeza ni complejos de culpa. Lo enviamos al certamen que nos parezca adecuado y nos olvidamos de él, para seguir trabajando. Nuestro geniecillo debe ser tenido en cuenta sólo si se presenta. Si no, también nos olvidamos de él y seguimos escribiendo.
¿Quién sabe? En medio de nuestro trabajo, puede presentarse de pronto y susurrarnos al oído la idea que convertirá nuestra obra en referente para futuros escritores. ;)
Encontré el discurso muy elocuente, divertido, y atinado. Primero, echaba por tierra ese prejuicio de que uno debe ser un ser amargado y lleno de fantasmas horribles para poder escribir buenas obras, y segundo, le daba a uno la oportunidad de seguir trabajando aún cuando no se sintiera inflamado de ideas "geniales" para producir "grandes" obras. Ella proponía que, así como a veces el geniecillo de las ideas podía presentarse, en otras ocasiones no lo hacía, y eso no debía impedir nuestro trabajo, ni abrumarnos de preguntas inútiles (¿estaré haciéndolo bien? ¿me rechazarán mi obra? ¿y si no les gusta? ¿y si les gusta, qué hago después?, etc.). Simplemente nos ponemos a trabajar, sostenidamente, produciendo lo que deseamos dar a luz, sin pensar en maravillas ni portentos, confiados en que nuestro geniecillo -o musa- tal vez ya esté presente entre nosotros, o tal vez no quiera confiarnos sus pensamientos.
En nuestro gremio, nos encontramos en medio de la efervescencia de los concursos literarios. Múltiples, de variados temas y tendencias, no sabemos a veces si participar, si no hacerlo, si preferir uno a otro, etc. ¡Tonterías! A escribir, a presentarse en ell "lugar" de trabajo -nuestra computadora-. Y cuando terminemos, revisemos nuestro trabajo sin pretensiones de grandeza ni complejos de culpa. Lo enviamos al certamen que nos parezca adecuado y nos olvidamos de él, para seguir trabajando. Nuestro geniecillo debe ser tenido en cuenta sólo si se presenta. Si no, también nos olvidamos de él y seguimos escribiendo.
¿Quién sabe? En medio de nuestro trabajo, puede presentarse de pronto y susurrarnos al oído la idea que convertirá nuestra obra en referente para futuros escritores. ;)
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