20 de junio de 2008

Fabricantes de Sueños 2008

En medio de tantas malas noticias que nos rodean -las de alcance mundial están negrísimas- y de las rutinas de la vida diaria, es bueno -es refrescante- recibir una buena noticia. Y esta semana, yo recibí una en particular reconfortante: mi relato Por siempre otro, que en algún momento pensé que no saldría de su hueco en la computadora, que luego repuntó para aparecer en NGC 3660 (¡enhorabuena!) y después se encargó de encabezar mi primera colección de relatos -cuya salida comenté semanas atrás-, repito, pues, mi Por siempre otro fue honrado con una selección prestigiosa en una no menos prestigiosa antología de relatos editados durante el año anterior, a cargo de la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror (AEFCFT) y que se publica año a año: Fabricantes de Sueños.

Transcribo el comunicado de la AEFCFT:

Tal y como comentábamos hace unas semanas, terminó el proceso de selección de la Antología Fabricantes de Sueños 2008, editada por Pórtico: Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror. Por ello, porque finalmente se está materializando este sueño, una vez más queremos volver a expresar nuestra gratitud por la confianza depositada en la mencionada antología (por extensión, también en el grupo seleccionador del año 2008: léase Carlos Alberto Gómez, Juan José Parera, Juan Manuel Santiago, Magnus Dagon, Miguel Ángel Puente y Pily B.).

Y sin más preámbulos, pasamos a haceros partícipes de los relatos (ordenados alfabéticamente), que compondrán la selección soñadora:

  1. - Aduya, de Sergio Parra (publicado dentro de la antología "Mensajes perdidos").
  2. - Blackout, de Jordi Armenol (publicado en la web de Libro Andrómeda).
  3. - Chalala, de David Mateo (publicado en MiasMa).
  4. - El comienzo de la partida, de J. E. Álamo (publicado por Grupo Editorial AJEC).
  5. - El hombre infalible, de Carlos Duarte Cano (publicado en Axxon).
  6. - El mazo, de José Mª Tamparillas (publicado en MiasMa).
  7. - Erundina salvadora, de Mª Concepción Regueiro (publicado por Alfa Eridiani).
  8. - Historia de Alexei, de Juan Antonio Fdez. Madrigal (publicado por Grupo Editorial AJEC).
  9. - La apertura Slagar, de Alfredo Álamo y Santiago Eximeno (publicado por NGC 3660).
  10. - La ciudad de los muertos, de Antonio J. Cebrián (publicado en Sinergia).
  11. - La mancha, de Laura Ponce (publicado en Aurora Bitzine).
  12. - La muerte interior, de Claudio Amodeo (publicado en Axxon).
  13. - Por siempre otro, de Laura Quijano (publicado en NGC 3660).
  14. - Procedimiento de rutina, de Ramón San Miguel Coca (publicado en El Sitio de Ciencia Ficción).
  15. - Servir al hombre, de Domingo Santos (publicado en Bem-Online).
  16. - Vlad, de José Ignacio Becerril (publicado en Ocio Joven).
  17. - Yamata-no-Orochi, de Sergio Mars (publicado en MiasMa).

Asimismo, hemos creido oportuno hacer mención de aquellos otros relatos y autores que se quedaron a las puertas de la selección. Ellos son:

  • - Anticuerpos, de Sergio Alejandro Amira (publicado en Alucinaciones.TXT).
  • - El mejor de los nombres, de Néstor Darío Figueias (publicado en NGC 3660).
  • - Nacimiento, de Raelana Sagan (publicado en Ocio Joven).
  • - Palabras robadas, de Manuel Mije (publicado en Aurora Bitzine).

Al resto de los colaboradores, gracias nuevamente por la confianza depositada en nuestro equipo y, sobre todo, por vuestras respuestas positivas tras la notificación definitiva. ¡Ese es el espíritu!

Y eso es todo por el momento,

Agradecidos saludos:

Los Seleccionadores de Sueños.

Pues no añado nada: Me siento honrada. :) Y esperamos tener ese tomo en nuestras manos para apreciar el resto de su contenido. :)

30 de mayo de 2008

Escribir por arte o por dinero

El otro día leí de nuevo la clásica discusión de si uno debería escribir sólo por amor al arte o si estaba bien, desde el punto de vista moral, esperar ser retribuido económicamente por dicha disciplina. Obviamente afecta a los escritores de literatura, pues lo único escrito que es arte es precisamente la literatura. Los demás, libros técnicos, de divulgación científica, de opinión política, etc., no pueden ser considerados dentro de este debate, pues es obvio que se trata actividades suplementarias a la actividad principal, cualquiera que sea (el desarrollo de una investigación, la aplicación de un plan de enseñanza, etc.). Son las obras literarias las que se enmarcan entre las artes y son las que podrían generar dicho debate.

Para mí no hay tal. Tú sigues una pasión. ¿Te gusta, te envuelve, te enriquece la escritura literaria? Adelante, pues. Desarróllala. ¿Vas a compartirla con otros? Bueno, hay dos maneras: escribiendo para divulgación gratuita (regalando, pues, lo que has hecho) o recurrir a la industria editorial. ¿Si cobro dejo de ser un artista y me convierto en un mercenario? ¡Vaya! ¿Y por qué? Si un médico socorre a un enfermo o a un herido, ¿es un mercenario por cobrarle después? Si un abogado salva a un hombre de dar con sus huesos en la cárcel, ¿es un mercenario después? Si un panadero, que posiblemente disfruta haciendo panes, pone sus panes a la venta, ¿es un mercenario? No creo que ninguno de tales supuestos puedan describirse como oficios mercenarios. Entonces, si un pintor pinta un cuadro magnífico y lo quiere vender, ¿quién lo califica de mercenario? Nadie. Y sin embargo, no deja de ser artista. Entonces, ¿por qué es obligatorio que un escritor de literatura se vea en la obligación "moral" de regalar libremente lo que tanto le ha costado -y que posiblemente ni siquiera ha sido gratuito, pues ha pagado por impresión, o por el papel, o qué sé yo- ?

Pienso que hay que saber separar la codicia del saludable reconocimiento remunerado de un oficio bien llevado. Una cosa es que un escritor dé rienda suelta a su vocación y escriba una obra que luego presente a una editorial, con la ilusión de verla difundida y leída por otros, a cambio de lo cual recibirá un reconocimiento remunerado (que esperamos sea justo); y otra muy diferente es que escriba lo que sea que le pidan sólo para ganar más dinero, sin importarle lo que esté haciendo en realidad. La segunda conducta, me parece, equivale a un comportamiento codicioso, no auténtico.

Así que, en lo que a mí respecta, basta de debates. Ningún artista condena su alma por intentar vivir decentemente de su pasión, llevada por él con autenticidad.

15 de mayo de 2008

Personajes planos vs. complejos

Mientras avanzo poco a poco en mis narraciones (que no es una, pues por alguna oscura razón uno logra embarcarse en muchas misiones), me detuve a considerar algunas observaciones que hace un escritor estadounidense sobre la escritura y diseño de los personajes, pues no es la primera vez que dicho tema me hace reflexionar.

En muchos foros de literatura, en particular aquellos que puedo considerar como más "serios", se menciona con frecuencia que los personajes "planos" se convierten en rémora para el avance de la lectura, porque no convencen, o porque no gustan, o porque aburren. También se utilizan los términos "esquemático", "tópico", "convencional" y otros. Muchas veces pensé: ¿qué puede ser esa característica horrorosa que convierte los personajes en figuras de cartón en vez de explotar llenos de vida en la mente del lector?

Después de mucho leer y considerar, parece que la falta de evolución es un defecto. Pero, me pregunté, ¿qué ocurre si es un personaje que no evoluciona? ¿Que se niega a cambiar? ¿Que se mantiene anclado en sus defectos, amarguras y desvelos? ¿O que es un ser lógico, que no ve razones para cambiar en ningún sentido y pocos son los hechos que podrían lograrlo? Después de todo, he conocido personas que a lo largo de años no han cambiado un ápice. Incluso, a veces han empeorado en sus peores defectos.

Pues el escritor de marras no otorgó demasiada importancia al factor "evolución". Más bien, tendió a considerar la verosimilitud del personaje como un aspecto más esencial en la confección que realiza el escritor. ¿Cómo podemos hacer verosímiles a nuestros personajes? Nuestro conferencista responde con una maravillosa lógica: tenemos que poder creer que existen. Que son reales. Que dadas ciertas circunstancias, podríamos toparnos con ellos y podríamos predecir cuál será su comportamiento después de haber leído tanto sobre ellos.

Verosimilitud, lo que nos llevaría a la profundidad. Un personaje verosímil no suele ser "plano". No puede. No es figura de cartón, es un ser vivo con vivencias, dolores y contradicciones. Con destellos de inteligencia y, ¿por qué no?, de estupidez también.

Es un desafío, pero debe ser asumido. :)

10 de mayo de 2008

El papel del escritor

Esta semana he estado reflexionando sobre la mejor manera de definir un personaje de ficción con carisma suficiente como para sostener una novela sobre sus hombros. Es decir, un protagonista, claro está. No es tarea fácil, pues muchas veces depende de la fuerza de dicho personaje la mitad del éxito de una historia, pues puede que estés contando un argumento interesante, lleno de sentido, pero si tu personaje se vuelve irritante o inverosímil, o pusilánime más allá del sentido del argumento, tu historia se va al traste en las primeras páginas.

Mientras reflexionaba sobre dicho punto y daba inicio a mi novela, me topé con un interesante escrito de una autora angloparlante llamada Robin Hobb, que hablaba sobre la trampa que representaba para un escritor dedicarse a esto que hago ahora, es decir, a bloguear. Y puede ser una trampa, desde el momento en que nos planteamos cuál ha de ser nuestro papel como escritores.

¿Cuál es la misión del escritor? Si hablamos de poetas, su misión será esculpir versos, transmitir emociones, sublimar reflexiones, calar hondo en las fibras sensibles de sus lectores al punto del éxtasis. La poesía me ha parecido siempre labor de pura emoción, pero con dominio frío del lenguaje, al punto que no se advierte que el trabajo ha sido metódico mientras se exaltan alegrías, penas y vidas.

Si hablamos de novelistas o cuentistas, la misión es otra: se trata de narrar historias. Develar página tras página, párrafo a párrafo, la vida secreta de una serie de personas y mundos ajenos a nosotros, en cuanto ficticios, pero que nos serán familiares en virtud del oficio del narrador. Si este oficio se revela insuficiente, la historia no habrá calado, la vida secreta no se habrá develado, su misión será inconclusa.

¿Y los ensayistas? ¿No es un papel de filosofadores, en parte, el que les compete? ¿No deben esbozar pensamientos enterosen párrafos de magnífica estructura?

En todos los casos, la labor de los escritores nos conmina a la permanencia. Nuestros escritos deberían ser hechos para perdurar, no para ser olvidados.

Y he aquí el quid de la cuestión planteada por Hobb: que los escritores podemos llenar nuestras bitácoras con nuestros pensamientos diarios, pero por sobre todo, debemos continuar con nuestra misión.

En cuanto a mí, recojo el guante. :) ¿Podré cumplir con la misión? Sólo el tiempo lo dirá.

6 de mayo de 2008

El arranque

Cualquiera hubiera podido decir que deberíamos comenzar por el "inicio". Que inicio y arranque puedan ser sinónimos, o tal vez no tanto, aunque el segundo da idea de necesitar más energía que el segundo, al final no importa. Lo que importa es saber por dónde comenzar.

He recordado inicios de libros que me han gustado y he llegado a pensar que muchos de ellos son geniales. Simplemente te ubican, sin necesidad de más palabras. Yo solía enfrascarme en largas explicaciones y a la larga hacían que la acción se demorara mucho en iniciar. O al menos la ubicación dentro del mundo narrado. Por tanto, ahora que me encuentro de frente a un nuevo proyecto, he vuelto a reflexionar sobre los inicios.

"On those cloudy days, Robert Neville was never sure when sunset came..." comienza I am Legend de Richard Matheson. De una vez, te encuentras al protagonista de frente. Y lo ubicas en un pasado de días nublados, que puede referirse estrictamente al clima o tal vez a algo más. "Lyra and her daemon moved through the darkening hall...", dice The Golden Compass de Philip Pullman (libro I de His Dark Materials), en la primera línea del libro. De nuevo te enfrentas al protagonista, te ubican en un espacio definido y te lanzan una interrogante: ¿qué diablos es un daemon?

¿Y qué puedo decir de The Hobbit de J.R.R Tolkien? "In the hole in the ground there lived a hobbit". Protagonista, modo de vida, ubicación. Todo en una simple línea. Y tienes que seguir leyendo.

El escritor, por su parte, una vez soltada aquella frase, se lanza a la acción. Muchas veces no puede parar (hasta tropezar con algún bloqueo, tal vez), otras veces será más pausado, pero habrá comenzado.

¿Cómo iniciar entonces una nueva historia? ¿En la paz, antes de los acontecimientos perturbadores? (Siempre hay acontecimientos perturbadores, o al menos, uno siempre los espera). ¿En medio de los acontecimientos perturbadores? ¿O una vez sentidas sus consecuencias?

Puedo quizá, comenzar así:

"Clara abrió los ojos aquella mañana y vio de pronto que su entorno se le antojaba diferente".

O algo por el estilo.

Me gusta así. :)

4 de mayo de 2008

Mercado potencial

En estos días leí dos artículos que me interesaron, por versar sobre hechos y situaciones que me afectan directamente. En uno de ellos se le hacía una interesante entrevista a un editor y en el otro se formulaba hipótesis acerca de la manera en que las pequeñas editoriales lograrían sobrevivir a pesar de los "peligros" que rodean al libro.

Con respecto al primer artículo (que mencionaba el hecho de que el mundo se ha hecho brutalmente competetivo, es decir, muchas opciones de entretenimiento y de transmisión de cultura le quitan lectores a los libros), en realidad no me sentí inquieta. No creo que un video juego o un televisor puedan realmente "quitar" lectores a los libros. Aquéllos que invierten horas jugando en una computadora no suelen leer de todas maneras. Si les quitas sus computadoras, encontrarán otros juegos en qué entretenerse, pero no volcarán sus miradas a un libro. Igual ocurre con los que adoran el cine o la televisión, o con aquéllos que disfrutan horas en un gimnasio o practicando algún deporte. Los libros, en ese sentido, siempre cuentan con un público.

¿Que los soportes tecnológicos -tipo Kindle- pueden desbaratar las editoriales? En absoluto. No se trata de alternativas al libro, sino de soportes tecnológicos distintos para los mismos contenidos. El Quijote en el Kindle o el Quijote en papel sigue siendo el Quijote. Y la gente no comprará el Kindle para jugar con él, sino para leer. Lo único en que se diferencia de los días de antaño es que si antes viajabas con dos o tres tomos impresos, ahora puedes viajar con varias decenas incluidas en el dichoso aparato sin que te represente más espacio o más peso.

No temo por la desaparición del libro. La información se obtiene en Internet, ciertamente, pero sólo de primera entrada. Cuando necesitas ahondar en ella, terminas por buscar libros de consulta o referencia, normalmente monografías o estudios. Y en cuanto a los demás, libros de literatura, ¡ah!, el material sigue reinando como hasta ahora. Lo único que ha desaparecido ha sido el estante destinado a las pesadas enciclopedias imposibles de actualizar, pues ahora son interectivas y se actualizan día a día en la red.

El artículo que sí me inquietó fue la entrevista con el editor. Es un editor del género fantástico (ciencia ficción, fantasía y terror). De acuerdo con lo dicho por él, al existir tantas editoriales la industria se ha vuelto más difícil y arriesgada que antes, por lo que, sabiendo que se disputan más o menos el mismo número de lectores en potencia que la única editorial de antaño, sólo se deciden por títulos que les garantizarán entradas monetarias importantes, que les permitan sobrevivir en el mercado. Esto es: poco espacio queda para el autor novel o desconocido. ¡Esas sí que son malas noticias! Pues si las editoriales grandes de por sí no publican a nuevos autores y si además de eso, las pequeñas ¡tampoco!, ¿qué haremos nosotros?

Poco, supongo. Cruzar los dedos no ayuda y lamentarse menos.

Pero no deja de ser inquietante.

2 de mayo de 2008

Los certámenes

¿No es de preguntarse por qué de pronto entre los planes de un escritor que se inicia debe contemplarse la necesidad de participar en cierto número de certámenes literarios? No creo que en el pasado la práctica de los concursos fuera tan extensa y variada como lo es ahora. Se dice, por ejemplo, que sólo en España se organizan unos 1500 concursos literarios al año, entre los organizados por editoriales, ayuntamientos, asociaciones, universidades, etc. ¿No es extraordinario? Pensando en mis planes para el 2008, no pude por menos que observar que ya estaba contemplando en mi "agenda" la necesidad de presentarme en algunos certámenes que me parecieron adecuados para mí, por su temática o por la extensión de los trabajos a presentar, o por la vía en que podían ser presentados.

¿Sirven de algo los concursos?, podría entonces preguntarme. Bueno, pues, claro que sí, me respondí en seguida. Te ordenan, te disciplinan y te obligan a depurar tu técnica. Eso es definitivo. Tienes que fijarte un plan de acuerdo con una extensión predeterminada y eso hace que aprendas a desarrollar la precisión del lenguaje, o la firme caracterización de los personajes, o la fortaleza de tus investigaciones previas. Si el concurso involucra las opiniones de los jurados, pues tanto mejor. Pues si no has sido exitoso, aprendes a saber exactamente por qué. No es fácil encontrar críticos honestos o ilustrados. A veces, algún buen amigo te hace el favor de leer alguno de tus relatos (no es probable que ocurra con una novela, pues son muuuy extensas), pero no siempre resulta útil, porque es posible que no quiera herir tus sentimientos diciéndote cuáles le parecen que son tus fallos (aunque le ruegues que sea lo más honesto que pueda), o no es aficionado a la literatura o al género al que te dedicas, por lo que no tiene suficientes referentes como para juzgar tu escrito, o simplemente todo le parece bien o todo le parece mal y no sabe decir por qué. En cambio, en un concurso que involucre la opinión del jurado, las críticas son desapasionadas y directas.

Ahora bien, la mayoría de los concursos literarios no involucra las opiniones de los jurados. Casi invariablemente reciben las obras a concurso, luego no dicen nada de nada sobre lo que está sucediendo, de pronto anuncian a los ganadores, porque esto y porque lo otro. Y destruyen las obras del resto de los participantes sin un mal comentario. Si te encuentras entre estos últimos, jamás supiste qué no hiciste bien. :(

Ese es un inconveniente.

Otro inconveniente es la dudosa honestidad del concurso en sí. Es de dominio público que algunos concursos grandes y famosos no son enteramente honestos. El ganador se conoce antes incluso de la convocatoria. ¡Vaya, pues! ¿De qué sirve entonces participar en algo así? Sin embargo, siempre queda la duda. ¿Será cierto? ¿O es leyenda urbana? ¿En cuáles casos sí y en cuáles no?

El tercer inconveniente es qué clase de jurado es elegido para juzgar las obras en certamen. Pues, puede que sea muy honesto, pero que hayan elegido como jurado a alguien que no es siquiera literato, ni sabe nada del género o de los géneros involucrados. Su opinión será entonces como la de otro cualquiera y posiblemente no sepa decirte por qué tu obra no "cuajó".

En fin. ¿Vale la pena emprender el camino de los concursos?

He pensado entonces que seleccionaré el certamen de acuerdo siguiendo ciertas reglas personales:

1. Que no me signifique una fuerte erogación de tiempo y dinero que no vaya a justificar el sacrificio. Por ejemplo, si el certamen me pide tres copias mecanografiadas por una sola cara y que deban ser enviadas en un plazo muy corto, y cada obra cuenta con unas 300 páginas, ¡madre mía! Mientras corrijo, mientras imprimo, mientras envío, y etc., ¡mejor envío la obra a tres editoriales!

2. Que convoque obras pertenecientes a temáticas o géneros en los que me sienta cómoda. ¡Nada hago con intentar ceñirme a un tema del que no sé nada o que no me interesa! Sería como traicionarme a mí misma como escritora y como artista. Escribes sobre lo que quieres expresar o sobre lo que disfrutas. Luego ves si se ajusta al certamen en cuestión.

3. Que no me desvíe de mis proyectos principales, especialmente si se trata de un certamen del que no sacaré mucho provecho. Por ejemplo, he participado dos años consecutivos en el certamen Tierra de Leyendas del portal Sedice.com porque, gane o no, me representa una riquísima experiencia de aprendizaje y disfrute. Leo muchos relatos, puedo juzgarlos, puedo compararlos con el mío, recibo las críticas de los demás que señalan mis errores y mis aciertos, en fin, es un certamen que vale la pena, pues disfruto, aprendo y me enriquezco. Otros certámenes que demandan mucho tiempo pero de los que no aprendo nada, prefiero dejarlos pasar.

4. Que pueda ofrecer un impulso a mi carrera, pues es prestigioso o implica la publicación de la obra, etc.

Mi última reflexión con respecto a los concursos: Nadie participa en un concurso que cree que va a perder. La verdad, si participamos es porque tenemos la convicción de que podemos ganar. Así, damos nuestro mayor esfuerzo, somos concienzudos y pacientes con nuestro trabajo. Si no ganamos, habremos realizado un gran trabajo y seguiremos realizándolo con mayor atención. Y si finalmente, nos favorecen los Hados, y resultamos ganadores, creo que sabremos saborear el éxito, sacarle provecho para nuestro enriquecimiento como escritor y para fortalecer nuestra moral. En esta medida, entonces, vale la pena participar en algunos de estos concursos...

30 de abril de 2008

Los consejos no pedidos...

Ahora que me encuentro en medio de adentrarme en nuevos procesos creativos, mientras me enfrasco también en la obtención de ideas y me empapo en la "fuente de la inspiración", vuelvo a pensar en esos detalles que definen la vida de un escritor. Además de la famosa "página en blanco", que a todo autor le habrá pasado, está aquella faceta de recibir consejos no pedidos.

¿Por qué no te escribes un libro de X?, te pregunta algún amigo muy bien intencionado. O... ¿cuándo me vas a incluir en alguna de tus historias?, te propone otro más atrevido. Si te inclinas por géneros literarios no muy bien vistos por los círculos intelectuales (como sucede con mis favoritos -ciencia ficción, fantasía, por ejemplo-), no falta quien te diga ¿No deberías escribir un libro de verdad, con una historia más realista? ¿Algo más adecuado a un adulto?

Todos estos comentarios resultan siempre molestos. Pero no puedes enfadarte con quien te los hace, a menos que sepas que te son hechos con mala intención declarada. No suele ser así. Resultan casi siempre provenientes de personas que se interesan por ti y te desean bien. Entonces, sólo queda sonreír y cambiar de tema.

Es inútil a veces explicar que no se trata simplemente de escribir "un libro de X". Puede que te den una idea, pero tan sólo una idea. Si te describen una trama, con personajes y circunstancias incluidos, te será imposible desarrollarla. La única manera en que te vieras envuelto en una clase de tarea similar sería en dos casos: uno, que quieras ayudar a un amigo escritor que por alguna razón no puede terminar su trabajo; o dos, que hayas aceptado escribir un libro de franquicia (en cuyo caso, el mundo narrado y muchas de sus circunstancias ya están fijadas por el autor original y la editorial tan sólo desea explotarlo todo lo posible a nivel comercial). De otro modo, te mueves según tus propios derroteros, desmadejando tus ideas a tu propio ritmo.

En cuanto a la inclusión de personas reales en las historias de un libro, bueno... ¿qué se puede decir? ¡Ni pensarlo! Los personajes son entes imaginarios que deben y suelen estar bajo el control total del autor. Si se trata de un personaje público, pues tiene sus limitantes, pero también los tendrá el tipo de libro que esté desarrollando sobre dicho personaje (una biografía, o una novela histórica). Sin embargo, siempre dispondrá de un muy particular punto de vista sobre esa persona. Tratándose de alguien vivo y conocido del autor, imposible. Te limita de inmediato en todo sentido y te arriesgas a ofenderlo, siempre. No, no. Ni pensarlo. Lo mejor es decir, ah, tal vez, algún día. ¡Y dejarlo pasar!

Finalmente, ¿cómo explicar que no hay géneros "superiores" o "adultos" y géneros "inferiores"? ¿Cómo decir por enésima vez que la ciencia ficción no es una manera de hacer películas para adolescentes o que la fantasía se limita a los cuentos de hadas? Y de todas formas, ¿cómo explicar que la literatura infantil o la juvenil poseen entre sus títulos incontables joyas de la literatura universal, cuya calidad artística jamás depende del público para quien están destinadas? El eterno dilema... En este último caso, suelo explicar una vez más estas ideas. La literatura no se reduce a historias realistas que "analizan" la sociedad. Esas son tan sólo una pequeña parte de la gama variadísima de presentaciones literarias. Y cada escritor debe ser fiel a sí mismo. No debería intentar abordar géneros en los que no se siente cómodo o feliz, o que no representan su principal vía de expresión. Así que, forzar a alguien a renunciar a sus vías de expresión artística es impensable, especialmente, desde el punto de vista del artista mismo.

Y luego, claro está, cambio de tema, una vez más. :)

29 de abril de 2008

La fuente de la inspiración

La pregunta. Cuando estás de frente a una pantalla en blanco, con un teclado listo para ser aporreado y sabiendo que te has propuesto escribir, no resulta nada cómodo sentirse abandonado por la inspiración. ¿De dónde la obtengo? ¿Cómo recupero el impulso? De nuevo: la pregunta. ¿Cuántos millones de escritores no habrán dicho lo mismo? ¿Cuántos no se habrán sentido inútiles, solos, casi desnudos tan sólo porque no acude a sus plumas, a sus máquinas de escribir o a sus teclados -los más modernos- el menor indicio de un desarrollo decente?

Supongo que todo se inicia con la "idea". Si la tienes, estás a mitad del camino. Si no la tienes, estás frito. Escribir por escribir no tiene mucho sentido, excepto si te has enfrascado en ejercicios de redacción, con el fin de mejorar la técnica, que nada tiene que ver con la "idea". Un escritor no es sólo "ideas", estamos de acuerdo. Tendrá la obligación moral de dominar el medio por el cual se expresa, en este caso la escritura, pero el medio estará vacío si no existe la idea que se busca expresar.

En general, todo artista, sea el medio que escoja para expresarse, es un ser cargado de "ideas". Serán distintas a las de los científicos o a las de los hombres y mujeres de negocios, claro está. Se trata de ideas artísticas. Y puede que un pintor, un fotógrafo o un músico tengan más o menos la misma idea, que al final lo que los definirá será el medio empleado y cómo lo empleen, o sea, la técnica. Pero cuando hablamos de inspiración no nos estamos referiendo a ésta última, que se supone ha de dominarse en un aceptable grado de buen desempeño. No. Estamos hablando de ideas. ¿De dónde se las obtiene?

Cuando se tiene una idea, el mundo explota de color. La idea trae aparejada la inspiración para transcribirla. Te dices: ¡genial! y atacas furiosamente el teclado. En el camino puedes tropezarte con escollos repentinos, pero al menos habrás arrancado. Después el tiempo decidirá si era una buena idea o si era fatal. El problema inicial es hallarla.

Para mí, que me gusta desarrollar historias (soy escritora con decidida inclinación por la narrativa), la fuente de inspiración -y por tanto, de ideas- es amplia y a veces sorpresiva. Puedo encontrarla en una canción, en una frase casual, en una fotografía, incluso en un programa de televisión. Puede nacer de un disgusto o también de una alegría. Y casi nunca la estoy buscando. Si lo hago de forma consciente, no la encuentro. Es como cuando necesitas recordar algo en particular y te esfuerzas intensamente para lograrlo, pero no lo consigues, y luego, cuando ya has olvidado la necesidad de recordarlo, te regresa a la memoria de forma espontánea. Igual me sucede con las ideas. Si me siento frente a la pantalla decidida a desarrollar una historia, no lo consigo. No se me ocurre nada. Es preciso dejarlo fluir... Olvido mi necesidad, me enfrasco en mis deberes cotidianos.

Y de pronto... ¡ahí está! He encontrado una vez más, la fuente de mi inspiración. :)

26 de abril de 2008

Planificando...

Bien, ahora que ya hemos dado cuenta de nuestros éxitos en el año transcurrido -pequeños, pero significativos-, toca planear para el futuro. En mi caso, el futuro que vislumbro será el inmediato, con un 2008 pendiente de actividades.

Fuera de las actividades propias del hogar y el trabajo, lo que parece excitante de emprender será: 1. La preparación de la tercera parte de A Través del Portal; 2. La revisión de un cuento que tengo entre manos para enviarlo a un concurso de fantasía; y 3. El inicio de mi nueva novela, que ya se atrasa, pero que no he olvidado.

A Través del Portal III ya está escrito. Lo hice hace 4 años, junto con los otros dos. Claro que Magia, primero, y Visiones, después, fueron expuestos a intensos trabajos de corrección y revisión que dieron como resultado textos considerablemente diferentes, no sólo en forma sino también en contenido. No piensa uno lo mismo en el 2004 que lo que pienso hoy en día y creo que en algo he mejorado mi escritura durante este tiempo. Por tanto, la labor de revisión que me espera no será escasa. Ya le eché una primera mirada: ¡700 páginas! ¿En qué momento escribí tanto? (Claro que hablamos de formato A-4, pero igual, puede resultar muy abultado como libro de 6 x 9) Será un año de acomodos y recortes. ;)

En cuanto al cuento, me propongo enviarlo al Domingo Santos, cuyo plazo de entrega finaliza en junio. Tengo tiempo para hacer del relato una narración decente, pienso. Si no lo apruebo, tendré que escribir otro, pero no creo que eso me signifique un sacrificio. Es sólo que le tenía cierto afecto a la historia que voy a revisar...

Y la nueva novela... ah, eso me tiene dando vueltas. Me entusiasma la idea. Hace tiempo que no emprendo una novela de ciencia ficción. ¿Lo haré bien? ¿Será un éxito? Lo ignoro. Pero lo intentaré. Por de pronto, sólo existe en mi mente.

Más planificiación que ésta, aún es imposible. Sin embargo, estoy segura de que surgirán más oportunidades conforme transcurra el año. :)

25 de abril de 2008

Actividad literaria del 2007

En realidad, considerando lo que fui capaz de lograr durante el año 2006 y comparándolo con el 2007, puedo afirmar que el año pasado fue un periodo inusitadamente productivo. Por un lado, estuve concentrada en varios procesos de creación, y por el otro, fui capaz de verme "publicada" como nunca antes.

Para inicios del 2007, participé en un concurso informal del portal Sedice.com llamado el I Concurso de Amores Extraños, que se organizó para el 14 de febrero. El relato se llamaba Tu madre ha muerto, y ha sido uno de esos pocos cuentos de ciencia ficción que me han salido bien aunque los haya escrito de un tirón. También era algo raro en su temática, pero considerando que se trataba de una historia de amor extraño, se entendía. ¡Obtuve el 2do. lugar!

Durante el 2007 obtuve el 3er. lugar de la sexta edición del concurso Tierra de Leyendas, del portal Sedice.com. Entre 76 relatos, no es poco decir. El relato fue El precio de la eternidad, de corte fantástico, que tuvo la suerte de salir publicado en el no. 59 de la revista en línea Aurora Bitzine. Allí lo catalogaron dentro del terror y le hicieron un par de ilustraciones muy sugestivas (de fantasmas terroríficos). Supongo que estaba bien hecha la clasificación, dado que el cuento trata del encuentro de un viejo juez con un fantasma, aunque en ningún momento pretendí darle una ambiente opresivo o terrorífico...

Durante el 2007 escribí también para participar en otros certámenes. Uno de esos relatos fue Por siempre otro. Lo envié al Premio Avalón 2007, pero no pasó la criba de los finalistas. Lo dejé estar por ahí y seguí escribiendo otras cosas. No recuerdo qué envié al I Certamen de Relato Corto de la AEN (Asociación de Escritores Noveles), pero tampoco superé los diez finalistas. Sin embargo, seguí con la revisión de A Través del Portal II y desarrollando otras ideas. Escribí otros relatos, que no llegué a enviar a concurso, y de pronto, en septiembre del 2007, Pily B., de NGC 3660, me solicitó una colaboración para el portal. Decidí enviarle Por siempre otro, con algunos arreglos, y afortunadamente, le gustó. Entonces fue publicado en el portal al mes siguiente. ¡Honor imprevisto! Estaba muy satisfecha.

Hacia el final del año, me atreví a enviar una carta literaria al concurso Cartas de Amor a Toledo, con el título No te olvido, pero tampoco tuve suerte. Para ese mismo periodo, envié otro relato al Concurso del Agua de la Expo Zaragoza 2008, cuyo plazo se cerraba en noviembre. Y comencé a trabajar en la novela El Bosque de los Susurros, que terminé por enviar al I Certamen Internacional de Novela de Qué Leer y Volkswagen. Ninguno tuvo éxito, lastimosamente.

Durante el mes de diciembre tuve, entretanto, una alegría: concreté un contrato de publicación electrónica, bajo la modalidad Mobipocket, con Leer-e y el 12 de ese mes vio la luz mi primera colección de relatos llamada Por siempre otro y otros relatos:
La colección incluye Por siempre otro, por supuesto, El precio de la eternidad y Tu madre ha muerto, además de otros cuatro relatos, de los cuales uno es bastante antiguo (El hombre secreto).

Y se presentó Tierra de Leyendas (TDL) VII. Con el ánimo dispuesto, mientras trabajaba en un relato para enviarlo a otro concurso, terminé dos pequeños relatos para el TDL. Ambos... descartados, pero por mí. Y se terminó el año.

¿Que si participé? Sí, claro, con un pequeño relato llamado Momento Crucial, escrito dos días antes del cierre del plazo, para variar. :) Me fue bien, pues de 72 relatos, obtuvo el lugar no. 13. No tan bueno como el año anterior, pero al menos estuve en la ronda final. Y me dio tiempo de enviar otro cuento al Premio Avalón 2008, cuyo plazo se cierra, por cierto, mañana sábado 26.
¿Qué más queda? Ah, bien. Este año participé en el II Certamen Internacional La Revelación, con relatos de tema mitológico. No quedé entre los ganadores, pero al menos estuvo bien considerado.

Todavía queda mucho 2008 por delante y mucha labor creativa por realizar. Habrá que ver cómo me va... :)

24 de abril de 2008

Abril ajetreado: Publicación de 2a. parte ¡al fin!

Pues escasamente puede decirse que celebré el Día del Libro con la reciente publicación de la segunda parte de A Través del Portal, pues casi lo único que hice en relación con dicho evento fue anunciarlo. En lo demás, me la he pasado sumergida en el trabajo (que no guarda relación con la literatura) de forma tan intensa que apenas he podido destinar tiempo a escribir.

¿Cuándo fue la última vez que escribí algo, aunque fuese sólo un pequeño relato? ¡Yo diría que meses! Sin embargo, me siento satisfecha. Haber logrado publicar la segunda parte de mi trilogía fue un logro del que me congratulo.

La primera parte de esta trilogía de corte fantástico se llama Magia:

Aquí inicia la aventura, cuando en el año 2420 dos humanos y un alienígena son forzados a cruzar una puerta dimensional de antigua manufactura como parte de una condena injusta, pero van a dar a una dimensión paralela, donde reina la magia y los seres que la utilizan, tanto de índole bondadosa como sombría.

La segunda parte, la nueva, se llama ahora Visiones:




En esta entrega, Miranda Serey, la joven humana que había traspuesto el Portal por decisión caprichosa de un dictador, ha regresado a su Lado, pero como cautiva de un oscuro ser mágico que intenta llegar hasta la Tierra con propósitos inconfesados. Entretanto, el primo de la joven y compañero de viaje, Jan Ryas, ha emprendido una feroz persecución para intentar rescatarla, en compañía de un Mago, Anton Nuzzer, el cual se ve sometido a la presión que esta dimensión ejerce sobre las criaturas mágicas.


Ahora, entonces, sólo me resta hacerme cargo de la tercera parte, pues de momento, mis dos entregas publicadas ¡quedan en manos de sus lectores! :)

29 de agosto de 2006

Una sombra en el hielo


Hace unos 15 años apenas, escribí de un tirón una novela corta. Su historia se origina en una pequeña idea, como suele ocurrir con mis relatos. Había leído un artículo que hablaba sobre la posibilidad real de congelar un cuerpo y de que éste siguiera vivo luego de años de estar congelado (crionización), pero todo parecía apuntar a que era muy incierto. Se cobraban miles de dólares por lograr algo así y lo hacían normalmente personas muy ricas, y para cuando hubiesen muerto. Me figuré entonces que sería estupendo poder descongelar a una persona y que siguiera viva, aún cuando hubiesen transcurrido años y años desde su congelamiento. Ese fue el punto de partida de mi novelita. Hablaba de una científica muy joven y muy inteligente que sufre un accidente en el Polo Norte y desaparece entre los hielos. Cien años después, un grupo de científicos se dan a la tarea de rastrearla y de paso realizar otros descubrimientos.

Naturalmente, como para esa época (2195 d.C.) ya existía la tecnología capaz de descongelar un cuerpo y revivirlo exitosamente, la consideré una historia de ciencia ficción. La titulé "Una sombra en el hielo", refiriéndome precisamente a la científica desconocida y a otras implicaciones misteriosas propias de la trama y me olvidé de ella.

Un par de años después, se anunció la apertura del concurso nacional Premio Joven Creación, de la Editorial Costa Rica, edición del año 1994-1995. Tenía poco tiempo para remitir una obra al concurso si quería participar (me quedaba una semana de tiempo, para la fecha en que descubrí el anuncio) y me dije que participaría en otra ocasión. Mi esposo, sin embargo, me dijo entonces que yo tenía en una gaveta Una sombra en el hielo. Él la había leído y le había gustado y me preguntó por qué no la enviaba al concurso. Yo le di la razón. Simplemente la había olvidado. Rápidamente la imprimí, la encuaderné y la envié a la editorial.

Tres meses más tarde, supe por los medios nacionales de comunicación que mi querido librito había ganado el Premio.

Vaya, pues, y así fue. Una sombra en el hielo salió publicada hacia medidados del año 1995 con un pequeño tiraje. Desafortunadamente, y al igual que otras obras del mismo periodo, no gozó de suficiente trabajo de promoción y distribución por parte de la editorial, por lo que no tardó en desaparecer de las librerías.

Mi vida tomó un curso diferente, alejada de las letras. No tenía ninguna experiencia en el difícil mundo de las editoriales y con mi vida personal llenándose de otros atractivos y relaciones (fueron los años en que tuve a mis hijos), Una sombra en el hielo permaneció en la oscuridad...

Sin embargo, ahora me reencuentro con mis viejos anhelos. Escribo de nuevo y de nuevo miro al mundo de la literatura. Una sombra en el hielo está aquí, de vuelta. Mi preciosa novela corta que surgió de una idea una tarde soleada hace 15 años...

http://www.lauraquijano.com/una_sombra_en_el_hielo.htm

18 de agosto de 2006

Sigues mis pasos...

He creado un sitio web con diversas secciones, incluyendo una bitácora, comentarios de libros y hasta de relatos propios. Me encuentro en http://www.lauraquijano.com
¡Te espero!

9 de febrero de 2006

Bitácora de una escritora

Aspiro a ser una escritora profesional... Me encantan los libros y más me gusta escribirlos. Creo que compartiré esta afición en mi bitácora personal. Hola.