3 de abril de 2018

Religión en la literatura fantástica

La religión es una realidad social. Sin importar la época o la geografía, es indudable que su influencia se deja sentir en la lengua y en la cultura. Por eso, su entrada en la literatura era y es inevitable. De hecho, quizá entre los motivos que impulsaron el nacimiento de la literatura, se encuentre precisamente las creencias religiosas: ¿no pintaron escenas de dioses y héroes los poemas épicos de la Antigua Grecia o los hermosos cantares de la literatura india? ¿No aparecen seres divinos y espíritus elementales en los relatos de cientos de culturas africanas y del Medio Oriente antes del surgimiento de las grandes religiones actuales? ¿No surgieron cientos de cánticos en el Lejano Oriente que representaban escenas donde aparecen seres divinos? ¿Y las tradiciones orales de los pueblos europeos anteriores a la llegada del cristianismo o de los indígenasamericanos antes de la llegada de los europeos? El mismo teatro español, ¿no surgió para escenificar pasajes bíblicos? El enlace entre la religión y las manifestaciones literarias de variada índole es antiguo y natural: no se evita ni se extraña, simplemente se da, porque la literatura se encarga precisamente de poner en escena todo cuanto sentimos, creemos, no creemos, tememos o deseamos en nuestras vidas reales.

Así las cosas, ¿sería extraño que la literatura fantástica moderna, aquella que engloba la ciencia ficción, el terror y la fantasía de hoy, contuviera temas o personajes de índole religiosa o relacionados con la religión? Naturalmente que no. No solo porque existen géneros que directamente la incluyen, como el llamado género maravilloso-cristiano, que mezcla las creencias cristianas con la ficción maravillosa (una manera de llamar el fantástico no inquietante)[1], sino porque todo género literario puede incluir sus temas o motivos como parte fundamental de su construcción.

Siendo un género fundamentalmente crítico de eventos, situaciones, personajes o realidades sociales e históricas, no es de extrañar que la ciencia ficción haya escenificado motivos religiosos en su narrativa. Algunas historias la han hecho parte de un escenario (como Dune, de Franz Herbert), otras la han convertido en blanco de sus temores o denuncias (como El cuento de la criada, de Margaret Atwood, que se ha puesto de moda, con una serie de TV inclusive; o la interesante Cántico por Leibowitz, de Walter M. Miller), o de sus convicciones (como podría interpretarse Caballo de Troya, de J.J. Benítez). Los ejemplos pueden multiplicarse, pues la religión puede servir como panorama, como motivo, como crítica, como deseo, como ambientación, etc. Y no se precisa que sea siempre la religión predominante en la cultura del autor, como, por ejemplo, cualquier denominación cristiana: también puede aludirse a otras religiones, ya sean existentes (Islam, judaísmo, budismo religioso, sintoísmo, neopaganismo, etc.) o ficticias; ya sean presentes o pasadas (como las religiones de la Antigüedad Clásica o de los países escandinavos durante la era vikinga, por ejemplo). La religión puede fungir como blanco de denuncia o temor, como trasfondo ideológico para la trama, como objeto de preconización o como ambientación probable de una cultura imaginada (lo cual ocurre con religiones de culturas alienígenas, por ejemplo, o con una hipotética religión futura).

La fantasía, por otra parte, no se aparta de esta tendencia, en especial si se trata de fantasía épica o “maravillosa”, pues al ser una fantasía que se ocupa de imaginar universos o mundos completos, con su historia, sus tradiciones, sus culturas, sus lenguas y sus pueblos, es natural que también involucren o señalen la existencia de un culto (o varios) que son propios de dichos pueblos. Por ejemplo, J.R.R. Tolkien escribió El Señor de los Anillos en un universo donde fungía una sola religión: la de los Valar. Y todo el Silmarillion funciona como un conjunto de textos que siguen una tónica religiosa, pues el autor no solo se basó en textos de la tradición mitológica escandinava (que para dicha cultura era religión), sino también en la manera en que está escrita la Biblia. Igual podría decirse de las Crónicas de Narnia de C.S. Lewis, que modeló su historia con sugerentes alusiones bíblicas y donde Aslan cumple un papel divino muy poderoso.

Ahora bien, Tolkien y Lewis fueron muy comedidos a la hora de trazar una religión propia de sus mundos imaginados, quizá porque partían del supuesto de una única religión real y existente (la suya) o quizá por otros motivos, pero en otras sagas de este estilo sí se advierte un mayor trabajo de construcción ficticia de religiones propias de los pueblos que se han imaginado en ellas. Un ejemplo muy poderoso es el de Canción de Hielo y Fuego, de George R.R. Martin, donde él configura varias religiones según el pueblo o cultura que las sigue y que en ciertos momentos cruciales de la extensa trama desempeñan roles determinantes: por ejemplo, la
religión de los Siete, que es la prevaleciente en Desembarco del Rey y el sur de Westeros, y cuya versión fanática se manifiesta en el culto de los Gorriones; la monoteísta de R'hllor, el Señor de la Luz, que proviene de Essos y quizá de más allá, con sus temibles sacerdotes rojos, como Melisandre; la creencia en el Dios de las Mil Caras, una extraña religión practicada en Braavos; la religión de los Antiguos Dioses que practican los Hijos del Bosque, que es la que siguen los Stark; o la curiosa religión del Dios Ahogado, seguida por los habitantes de las Islas de Hierro y cuyo sacerdote más célebre, Aeron Greyjoy, es tan intimidante. Lo más interesante de esta configuración ficticia es que el autor se toma el cuidado de fundamentar las creencias en dogmas que se distancian entre sí y que actúan con lógica dentro de cada estructura interna. Este detalle, por cierto, es indispensable para que la escenificación religiosa en una obra de fantasía funcione. 

Considerando la importancia que las religiones juegan en la vida de las personas, me parecía lógico que mis libros las incluyeran, en particular si sus tramas o estructuras no solo facilitaban su presencia, sino incluso la requerían. Por ejemplo, Señora del tiempo trata sobre el prejuicio contra las personas diferentes, algo muy (tristemente) extendido en las religiones monoteístas de nuestro tiempo, como el cristianismo y el Islam, y en otras confesiones también actuales que no han podido superarlo. Siendo Catalina Fernández, una de las dos protagonistas de la historia, una criatura con habilidades que podrían resultar sospechosas para varios tipos de cultos, me parecía elemental introducir el tema en su trama.

Así, uno de los personajes cuyo punto de vista es tomado en cuenta en el argumento de Señora del tiempo es la hermana María. Es una religiosa, miembro de la Orden de las Hermanas Hospitalarias (que es real) y amiga de la otra protagonista (Elena Rivera). Ella desempeña un papel principal en el clímax. Además de ella, el padre Gabriel, cura católico de la comunidad en la que vive Catalina también tiene un lugar en el desarrollo de la trama. Por otro lado, la abuela Catalina, la fallecida Cecilia Quirós, hace alusión a sus creencias en los espíritus de la tierra y sigue una especie de culto a diversas figuras religiosas de origen indígena, mientras que Noriko, antigua amiga de Elena, también menciona la participación de “los espíritus” en la advertencia sobre terremotos. Además, ya que el escenario de la novela se sitúa en un futuro más o menos próximo (2062), era de rigor que hubiera presencia de otras religiones en Costa Rica, tanto las actuales (como la Iglesia Anglicana Costarricense) como otras que todavía no han llegado (hasta donde sabemos), como los cultos Wiccan. Así, las cosas, podríamos decir que, sin ser un eje temático fundamental, la religión tiene un lugar importante en las acciones de los personajes, sus motivaciones y quizá sus decisiones.

En Estrella Oscura, por otra parte, se plantea un escenario fantástico al estilo de la fantasía épica. Así, siendo un panorama donde convergen diversos pueblos, con sus culturas y visiones de mundo particulares, era lógico plantear la existencia de creencias en divinidades o fuerzas sobrenaturales como parte de sus vidas. Así las cosas, vemos que en el Imperio Iruhio, al lado de la Filosofía del Equilibrio Fundamental, la cual se asienta en la roca Iruhio y es detentada por el Emperador o la Emperatriz que ocupe el trono y ejercida mayormente por la Hermandad de la Iluminación, la religión más extendida (y menos tratada por la historia) es la creencia en los Espíritus de la Tierra. En cambio, sí hay un mayor enfoque en las creencias de los Shiuk (debido al 
protagonismo de Larek y de Turak), las cuales versan sobre una variada gama de espíritus poderosos que mueven el mundo, los eventos y sus consecuencias: así, para ellos es fundamental creer en los Espíritus del Mar, que son en realidad sus ancestros transformados en espíritus; en los Espíritus del Viento, que mueven las tormentas; en los Espíritus del Cielo, que proveen de bienestar y justicia a quienes han vivido bien; y en los Espíritus de los Abismos, que se encargan de esparcir demonios violentos y envilecidos entre las criaturas incautas y de castigar duramente a quienes han vivido en el mal. Por otra parte, en Oär, el Reino Medio donde reside Syra, la protagonista de la historia, las divinidades se dividen por sus tareas: los Maöres, dioses del hogar y la familia; los Böares, dioses de los bosques; los Ceäres, dioses de las cosechas; los Niöres, dioses del viento y del mar; etc. Finalmente, una de las religiones que juega un papel preponderante en la historia es, naturalmente, la de Ankou, el Supremo, culto monoteísta que prevalece en los Reinos Guerreros y en los Señoríos del Oeste, y que se caracteriza por un dios colérico y vengador, sumamente temible.

No digo que la presencia de la religión sea un requisito indispensable para forjar una narrativa fantástica verosímil, sea de ciencia ficción o de fantasía pura, pues bien podríamos idear relatos de estos géneros sin introducir la menor alusión a religiones de ningún tipo. Sin embargo, la religión es un fenómeno psicosocial y político-cultural tan complejo y variado que en realidad funciona muy bien como eje temático, de discusión, ambientación o denuncia, o incluso de reflexión, que, en general, estos géneros han sabido explotar con habilidad (y quizá algunos desaciertos). A través de sus relatos, se puede pensar en nuestro entorno cultural real y preguntarnos hasta qué punto las religiones desempeñan un papel importante en nuestro desarrollo como comunidad, sea negativo o positivo, y hasta qué punto dicho papel está definiendo lo que cada uno, como individuo, ha determinado para su propia vida. No es poco pensar. 





[1] Cierto sector de la crítica, bastante amplio, insiste en separar el fantástico de lo maravilloso como si fuesen géneros distintos, pero al menos yo no he encontrado ningún sustento teórico lo suficientemente sólido que justifique semejante separación.

19 de marzo de 2018

A propósito de personajes "fuertes..."


¿Qué significa ser fuerte? He estado pensando en esa extraña ¿virtud? que es la fuerza. Digo “virtud” porque parece ser muy bien vista por nuestra sociedad: en todas partes se pondera como algo deseable el que un niño sea “fuerte”, que una economía sea “fuerte”, que un carácter sea “fuerte”, que un sistema político sea “fuerte”, que uno coma y haga ejercicios para estar “fuerte”, etc. De hecho, se le une al concepto de poder: un hombre poderoso es un hombre fuerte, un país poderoso es un país fuerte, un argumento poderoso es un argumento fuerte, etc. Y más recientemente, con las marchas y manifestaciones en pro de la igualdad femenina y de la defensa de los derechos fundamentales de las mujeres, también se habla de la necesidad de que las mujeres no seamos vistas como un sexo “débil”, antes bien, que seamos mujeres “fuertes”, “empoderadas”, si se quiere, “poderosas”.

Pero entonces, ¿qué es la fuerza? ¿Y por qué se la ve de tan buen modo? Según el Diccionario de la Real Academia, nuestro referente de autoridad en cuanto al significado de las palabras en español, la fuerza es un concepto muy positivo: tiene que ver con el vigor, con la resistencia, con la autoridad, ciertamente con el poder, con la parte más importante de algo, y así. Solo tiene un lado oscuro: fuerza también es la capacidad para hacer que otra persona actúe de una manera u otra o diga que sí a algo, aunque no lo quiera. O sea, es obvio que de fuerza viene forzar. Pero esa es solo una de muchas acepciones muy positivas y, después de todo, forzar no siempre es negativo: muchas veces necesitamos forzar las cosas para que lo bueno se vea cumplido.

Entonces, ser fuerte es una maravilla. Y se entiende que muchos deseen que las mujeres, en vez de que sean consideradas “débiles por naturaleza", seamos fuertes. Pero el diccionario no aclara de qué modo puede uno serlo. Y aquí regreso a mi pregunta inicial. ¿Qué significa ser fuerte?

Echando una mirada por diversas películas que inundan nuestras salas de cine y se reputan por contener personajes “fuertes”, descubro que, según el tipo de película, éstos casi siempre se representan de la misma forma: en los filmes de acción, es la gente que puede golpear con los puños, lanzar patadas (pues tiene muy buena y desarrollada musculatura), disparar con fiereza o con increíble frialdad y una excelente puntería y, sobre todo, que comanda a otros de manera (casi) irresistible. En los filmes dramáticos o con tintes trágicos el personaje fuerte suele ser el que más resiste, el que más aguanta, el que más discute, el que mantiene sus puntos de vista hasta el final, el más leal, el líder o el rebelde. Y muchas veces muere, por cierto. Además, en ambos tipos de película, nunca un personaje fuerte muestra sentimentalismos. Si llora, lo hace de rabia. En otras películas, como las románticas, no parece haber mucho interés en mostrar “fuerza”, ni tampoco suele ser el caso de las comedias, donde el objetivo es más bien reírse del tonto.

¿Se percibe un patrón? En los personajes fílmicos (y para los efectos, también los televisivos), la fuerza estriba en tres ejes: poderío muscular y habilidad física, voluntad dominante y sentido de la autoridad. En otras palabras, la fuerza de las narraciones audiovisuales suele estar ligada a rasgos que han sido vistos tradicionalmente como “masculinos”. 

Sí, masculinos. Rasgos masculinos. Porque los rasgos “femeninos” son asociados a la delicadeza, la ternura, la belleza contemplativa, la suavidad y, por tanto, la sumisión. La mujer no es llamada el sexo “débil” por casualidad: se asume, de manera general, que una mujer “femenina” es todo lo contrario a la persona “fuerte” descrita más arriba. Y si no me creen, ¿cómo suelen ser representadas las mujeres “fuertes” en el cine? Ajá: son atléticas, hábiles luchadoras, con puntería de miedo, de carácter dominante y agresivo, y se imponen por la fuerza, aunque sea con magia. Poseen todos los rasgos “masculinos” adecuados, porque si no los presentan así, si por un atrevimiento inconcebible, la chica en cuestión se le ocurre ser tierna o delicada o llorar de tristeza, ¡ah! ¡Esa no es una mujer fuerte!

Pero… ¿es necesario que así sea? ¿Quién dice que ser agresivo y dominante es automáticamente ser fuerte? ¿Y si la agresividad y la imposición esconden a un ser asustado y frágil? ¿Y si la habilidad extraordinaria y el poderío muscular encierran un alma sumisa? ¿Es posible?

En el mundo real es más que posible: es perfectamente visible. Las personas fuertes, en el mundo real, se encuentran en todos los ámbitos, actuando de mil maneras, sosteniéndose de muchas otras. De hecho, las mujeres fuertes no necesariamente se destacan por ser agresivas y mandonas. Y los hombres fuertes, tampoco. La fuerza en la vida real se manifiesta de muchas maneras, algunas más sutiles que otras, que no tienen que ver con poderío muscular o habilidades asombrosas: tienen más que ver con la entereza moral y de carácter de estas personas, tienen que ver más con la solidez de sus decisiones, la consistencia de sus lealtades y la determinación de sus metas. Una mujer fuerte en la realidad muchas veces ni siquiera sabe dar una patada o disparar un arma, pero se defiende de una agresión o se enfrenta a una adversidad. Y puede que no se dé cuenta de su fuerza hasta después de muchos sinsabores y debilidades. Porque la debilidad también es parte del ser humano, sin importar su género.

¿Qué sucede en la literatura? ¿Son los personajes fuertes representados de la misma forma que en los filmes? Quisiera creer que no, que son mucho más ricos y variados, pero me temo que en muchos casos, así son: hombres dominantes y agresivos, mujeres delicadas y sumisas, o bien, mujeres “fuertes” que se comportan dominantes y agresivas como ellos. Y de otras fuerzas, ni la sombra.

Pensemos por un momento en las cualidades de un personaje fuerte antes de considerarlo así porque sabe dar buenas patadas. Imaginemos un mundo literario y fílmico donde la fuerza se encuentre de forma más sutil y profunda y donde el personaje fuerte pueda ser, de vez en cuando, vulnerable también. Como nosotros.

5 de marzo de 2018

¿Qué significa escribir fantasía?

El otro día, pasando por Twitter, leí casualmente el tweet de la escritora de fantasía Lucybell, en el que representaba un pequeño diálogo imaginario entre un lector de fantasía y el autor de una historia en relación con la (sempiterna) posición inferior de las mujeres. El diálogo iba así:

"-¿Por qué las mujeres están oprimidas en tu historia?
-Porque está inspirada en la época medieval.
-Pero hay dragones y elfos.
-¡MEDIEVOOO!"

Demás está decir que la observación de Lucybell (que ella amplió en una entrada de su blog) me pareció muy atinada: ¿por qué si incluyes, sin cuestionártelo, personajes mitológicos o legendarios en una historia fantástica, cuando se trata de personajes femeninos te apegas a lo que consideras son roles históricos? ¿Qué tiene que ver la fantasía con la Historia? La justificación, bien representada en el diálogo, venía por la vía de la "verosimilitud": es que si es fantasía que se inspira en el Medioevo, no sería "creíble" que una mujer no fuera un florero. O sea, que hay que conservar una buena dosis de "realismo" para que la historia sea aceptable por parte del lector.

Tal justificación, por supuesto, no tiene ni pies ni cabeza, por la sencilla razón de que confunde escribir un género con otro. Y esta confusión no tiene que ver solamente con la representación de los géneros en una historia, tiene que ver con una inmensa infinidad de detalles que muchas veces no son tenidos en cuenta cuando se analiza la verosimilitud o coherencia de una historia o de otra.

(Otras justificaciones, como de que las historias con mujeres oprimidas se venden más, o que son más fáciles de escribir o que la ignorancia de creer en magia se equipara con la ignorancia de creer en mujeres sumisas, me parecieron todavía más extremas y aun menos sustentables, pero podemos dejarlas para otra ocasión).

¿Qué significa escribir fantasía en realidad? ¿Significa apegarse a unos cuantos tópicos que se han caracterizado por ser "fantásticos", como fantasmas, dragones, vampiros o magos? ¿Y que tales tópicos son tópicos porque los fantasmas, dragones, vampiros y magos siempre son de una manera y no de otra, y si yo me atrevo a cambiarlos puedo perder el estatus de "fantástico"? ¿O será que significa que como yo soy el autor puedo poner lo que me la regalada gana, aunque sea absurdo e incoherente?

Tengo la impresión de que hay mucha gente que cree todo eso: que solo es fantástica una historia si en ella hay "criaturas fantásticas" como elfos o dragones, siempre y cuando tales elfos o dragones sean descritos como son generalmente escritos en muchas otras obras fantásticas más viejas; que una historia fantástica es fantástica porque en ella también aparecen muchas cosas raras, pero cuando se trata de cosas no-raras, como caballeros estilo medieval o esclavos tipo romano, tienen que tener un comportamiento "realista" (o sea, como en una novela histórica); que el realismo vale para lo no-raro y lo no realista para lo raro; etc. Las creencias infundadas sobre la fantasía crecen y crecen, pero son solo eso: creencias infundadas.

La fantasía, en realidad, no es nada de eso. Es un género literario como cualquier otro, con sus rasgos esenciales y sus variantes múltiples, pero es flexible, porque es arte, una creación humana que evoluciona y se adapta a los tiempos, a las culturas y a las personas. Su esencia reside en que no es un género preocupado por intentar reproducir la realidad tal cual la conocemos, sino que más bien se enfoca en jugar con muchas otras realidades alternativas, por muy imposibles que sean, con el fin de que podamos ver nuestra realidad -la de todos los días- con otros ojos.

Así las cosas, la fantasía nos permite soñar con otras formas de vivir, de pensar, de sentir; y aun la buena fantasía es también capaz de hacernos reflexionar profundamente sobre nuestra propia vida y lo que hacemos con ella. A la fantasía no le interesa la reproducción de la realidad cotidiana, pues para eso están los géneros realistas, que pueden ser muy buenos o no, pero que en esencia son otra cosa. A la fantasía le interesa explorar las posibilidades y las imposibilidades que nos ofrece la imaginación creativa, tanto para hacernos soñar como para hacernos pensar y hasta reflexionar.

¿Qué significa, entonces, escribir fantasía? Es un acto creativo que se plantea una exploración. Por eso las historias fantásticas son tan variadas y tan raras al mismo tiempo: pueden inventar personajes y situaciones que son imposibles en nuestra realidad cotidiana y ubicarlos en escenarios que no existen, en tiempos que tampoco existen ni existirán, pero a la vez, que nos devuelven a nuestras propias vidas y nuestros propios dilemas. Hablan del amor, del odio, del poder, de la ambición, de la tristeza, de la felicidad, de la Naturaleza, de los dioses, de la capacidad para crear y para destruir, de los seres humanos y de tantos seres no humanos y de cómo se relacionan... hablan de todo lo humano que podamos concebir, a través de dragones, elfos, magos, vampiros, fantasmas, dobles, mundos alternativos, predicciones, sueños que se convierten en realidad y realidades que se vuelven sueños, y otras muchas posibilidades más.

Por eso no tiene sentido que se justifique un tópico a través de un supuesto "realismo" que no es preciso ni deseado en una historia fantástica, porque precisamente una historia fantástica nos permite alterar esos tópicos supuestamente realistas. En una historia fantástica se puede vivir en una sociedad que usa lanzas y flechas y que no conoce la opresión de las mujeres o que no conoce la discriminación racial o sexual. En una historia fantástica se puede viajar en el espacio con el solo uso de la mente y al mismo tiempo desdoblarse para vivir en dos lugares diferentes al mismo tiempo, sin que se explique por ninguna regla de la física o de la biología. En una historia fantástica pueden no existir los seres humanos del todo o pueden convivir con criaturas tan extrañas como un basilisco o un centauro o algo todavía más extraño aún que algún autor haya inventado.

Escribir fantasía implica un especial ejercicio imaginativo que no es igual al de los realismos, porque sigue sus propias reglas, pero que sí se parece a ellos en la medida en que todavía es preciso ser coherente: toda literatura, sin importar su género, ha de serlo, si quiere funcionar. Coherente, sin embargo, no significa realista. Ser coherente es saber respetar las reglas de juego que uno mismo ha desarrollado en una historia cualquiera, sea realista o fantástica. Así, si he inventado un mundo donde no existen los motores y de pronto, sin explicación, imagino que el protagonista viaja en automóvil, estoy siendo incoherente. Igual sucede si estoy escribiendo una historia realista y ubico un artefacto eléctrico en la antigua Roma. La coherencia es la base de la verosimilitud y, por tanto, la garantía de que la historia se sostenga. Cumplida esta necesidad, cada relato seguirá las pautas del género en el que se inscriba.

¿Es emocionante escribir fantasía? Sí, claro, en la medida en que uno disfrute dejar volar la imaginación para explorar alternativas de realidad que no son posibles, es muy emocionante. Y su resultado puede ser una hermosa experiencia.

Así, pues, sin mitos ni excusas, escribir fantasía significa liberar la imaginación hacia mundos extraños y quizá sorprendentes.

20 de febrero de 2018

Historia de una historia



Quienes me conocen, sea en persona o a través de mis escritos, saben que mi interés por la ciencia ficción ha sido intenso y continuo toda una vida. Me apasionan los temas relacionados con la ciencia: sea el Universo, las maravillas de la Naturaleza o las contradicciones de la conducta y la psique humana, he ahondado asuntos tratados en la CF desde que me acuerdo. Y por tal motivo no es de extrañar que muchas de mis historias hayan sido pensadas en escenarios y con personajes propios de este género tan singular: desde las novelas Una sombra en el hielo (ECR, 1995) y Señora del tiempo (Uruk, 2014) hasta la variada gama de mis relatos, como "Sueño profundo" (2009), "Por siempre otro" (AEFCFT, 2009) y los que forman parte de las colecciones de la EUNED -"Flor del crepúsculo"(2009), "Objeto No Identificado" (2010) y "Círculo perfecto" (2015)-, amén de muchos más que han aparecido en diversos sitios y publicaciones, han sido narraciones enmarcadas en la CF. Las he disfrutado y aún las disfruto, y en la actualidad continúo pensando (y escribiendo) historias que perfectamente se ubican en este género.

Sin embargo, quienes me conocen bien también saben que mi devoción por el género fantástico en general no solo se enfoca en la CF, sino también a la fantasía. Y saben que me ha encantado leer muchas clases de fantasía: desde la fantasía épica, al estilo El Señor de los Anillos o Canción de Hielo y Fuego (cuyo quinto tomo todavía tengo en curso), hasta la fantasía urbana o la llamada "baja" fantasía (como Harry Potter), incluyendo muchos otros tipos de fantasía, como la oscura, la heroica (espada y brujería), la histórica, etc. En los últimos tiempos, he llegado a adentrarme en las variantes muy singulares de la fantasía de escritores latinoamericanos, como Julio Cortázar o JL Borges, cuyos abordajes son muy especiales y sorprendentes.

Ya de chica me había fascinado la magia y seres fantásticos como los dragones o los elfos, y recuerdo cuán impactada me sentí con las narraciones de Gustavo Adolfo Bécquer y con la lectura de leyendas y mitologías clásicas de culturas antiguas, como la greco-latina, la egipcia o la nórdica. Fueron horas de apasionada lectura para mí y momentos especiales que marcaron mi amor por la literatura.

Con este historial a cuestas, ¿sería de extrañar que tarde o temprano, al lado de mis narraciones de ficción científica, habría de escribir historias fantásticas? Obviamente no. No tardé mucho en escribir fantasía también, e incluso, llegué a compartirla. Por ejemplo, mi primera novela fantástica (inacabada e inédita) se llamó El Cristal Azul. Contaba las aventuras de una tierra mágica (al estilo de El Señor de los Anillos, pero sin dioses), en la que una joven disfrazada tenía el encargo de hallar el célebre y perdido cristal azul. Llené cuadernos con esa historia (por entonces, escribía a mano) y solo los duendes podrán saber dónde habrá quedado... Luego, me dediqué a escribir relatos, la mayoría de CF, pero tuve un segundo intento de escribir una historia híbrida, entre la CF y la fantasía, que a la postre postergué para un futuro mejor. Y entre mis primeros relatos de fantasía, realmente provechosos, se halla "El precio de la eternidad", que se posicionó en el tercer lugar del popular concurso Tierra de Leyendas VI de Sedice.com, allá por el año 2006. Otros relatos fantásticos siguieron a "El precio...", como los que integraron las colecciones de (Per)Versiones Literarias de Sedice.com, como "Eterna ensoñación", "¿Tú también, hijo mío?" (éste es fantasía histórica) y "Antes del amanecer" (el cuarto cuento mío de esa colección, "Camino perdido", es de CF). Otros cuentos fantásticos de mi autoría tuvieron menos salida, pero puedo mencionar "Memoir", que fue publicado por la (ahora extinta) e-zine Aurora Bitzine, en su #96 en 2010, y "Misión inconclusa", que apareció en la colección ¡Jodido lunes! en 2008.

Dada esta afición a la fantasía, llegaría el día en que volvería a los terrenos de la novela. Y así fue en 2013, cuando comencé espontáneamente la historia de una joven sin memoria, atrapada en una hacienda agrícola, de tecnología decimonónica, ubicada en una planicie gigantesca y lejana, sin la menor posibilidad de mejora o futuro. Ese primer capítulo recibió el título "Un destello" y fue escrito casi de un tirón, con un golpe de inspiración, sin presiones. Me sentía bien, tanto, que en seguida escribí el segundo capítulo, donde narraba el punto de vista de un siervo recién llegado a la hacienda, corpulento y avispado, que en seguida se sentía atraído por la joven desmemoriada y muy intrigado por su procedencia, la cual no solo ignoraba ella, sino también toda la hacienda. En seguida supe que la historia sería fantástica: que ocurriría en un mundo distinto al nuestro, pero al mismo tiempo, muy similar, y que tendría un imperio hermoso lleno de maravillas, reinos guerreros y agresivos, extraños videntes-brujos llamados Hermanos de la Iluminación, y un pueblo independiente de dinámicos comerciantes que habrían dejado atrás una historia de saqueos y piratería y que ahora se dedicarían a traficar por el océano y en todas las costas, un pueblo que de inmediato asocié con los antiguos vikingos, pues viviría entre fiordos y detrás de paredes de hielo que se cerraban en el invierno. Al instante, decidí que mi protagonista masculino, el siervo recién llegado, sería uno de esos comerciantes del mar y que la protagonista, mi Estrella Oscura, sería natural del imperio maravilloso y potente, que basaría su poder y su gloria sobre una filosofía que me pareció estupenda: el Equilibrio Fundamental.

La historia había arrancado y yo no podría parar, al punto que la primera versión estuvo lista a finales del 2013. Sin embargo, no la proseguí, pues 2014 sería el año de mi Señora del tiempo, cuando Uruk Editores la habría de lanzar al mercado y en ella deposité mis energías y mi entusiasmo. No sería hasta pasado el exitoso lanzamiento de Señora del tiempo, en 2015, cuando decidiría revisar Estrella Oscura (cuyo título me resultó tremendamente natural) y lanzarla al público en un curioso y viejo sistema de lectura: la novela por entregas.

Fue una experiencia muy interesante. Rica, porque cada semana debía preparar los capítulos, revisarlos, editarlos, y enviarlos. Larga, porque eran 50 capítulos. Extraña, porque parecía una teleserie sin temporadas. Nueva, porque nunca lo había intentado.

Agradecí profundamente a los lectores que se apuntaron entonces a la aventura, pero comprendí que muchos otros se hubieran abstenido de participar porque preferían el libro completo de una sola vez. Al término de la entrega, remití los ejemplares de los lectores que habían llegado hasta el final del proceso, y decidí que Estrella Oscura vería la luz de nuevo, esta vez por medio de la edición normal.

El proceso fue largo otra vez: había que decidir si optar por la edición tradicional o ensayar caminos nuevos, como el de Kindle. Al final, opté por la aventura y he aquí el resultado: la versión electrónica Kindle, con una nueva y hermosa portada, de Estrella Oscura, lista para ser descargada, leída y disfrutada una vez más. No pasará mucho tiempo antes de que su versión impresa vea la luz: muy pronto estará disponible la posibilidad de comprar el 'paperback' de Estrella Oscura, también de Amazon. Por el momento, el viaje de Estrella Oscura continúa y ¡a saber qué otros caminos interesantes habrá de transitar! =)

12 de febrero de 2018

Estrella Oscura en 2018

El 2018 trae nuevos aires de escritura en el horizonte. Este año será un año especial para mí, pues algunas de mis historias más queridas verán la luz de la publicación en distintos momentos, después de un proceso de revisión que finalmente termina para ellas.


La primera de esas historias es Estrella Oscura. Novela de fantasía, desarrolla su relato en un mundo imaginado, donde existen los hechizos de sangre, las brujas y los poderes de los elementos, pero también donde se desarrollan las vidas de personas humanas similares a ustedes y a mí. En las orillas del Océano Medio, entonces, diversos pueblos ven pasar los años,de bonanza o tragedia, y se enzarzan en guerras o lucran con el comercio, mientras miles de personas nacen, viven y mueren cada día. En ese escenario, se cuenta la historia de Syra, una joven sin memoria, que ha aparecido de no se sabe dónde en una tierra plana y monótona, lejana a todas las demás, y que no sospecha que en sus recuerdos perdidos se esconde la salvación de un mundo próximo a desmoronarse más allá de los límites de la tierra donde apenas existe sin ilusión ni promesas de futuro, declive causado por la caída de la Emperatriz Iruhio, sumida en un sueño antinatural y extraño del que nadie es capaz de arrancarla.

La historia se cuenta desde distintos puntos de vista. La primera perspectiva es la de Syra, cuyo nombre es en realidad el de la estrella oscura, una de las estrellas que aparecen en los cielos nocturnos del invierno en todo el Océano Medio, pues el aspecto de la joven es tan similar al del astro que la gente no pudo por menos que adjudicarle el nombre.

Otros puntos de vista corresponden a Larek, un joven Shiuk hecho prisionero y destinado a servidumbre en la misma hacienda donde se encuentra Syra; Adahio, un Ilustre de la Hermandad de la Iluminación, que recibe el encargo de buscar a una persona muy importante; Turak, la hermana de Larek, que se verá en el dilema de buscarlo a él y enfrentar los graves tiempos que acechan a su pueblo; Merohio, el Príncipe Regente del Imperio Iruhio, hermano mayor de la Emperatriz y obligado a sustituirla en su cargo, sin el poder que ella ostenta; y Sheraia, gobernadora de una de las provincias imperiales más ricas del Imperio Iruhio, y madre de la Emperatriz y de Merohio. 

Al mismo tiempo, el mundo de Estrella Oscura es un mundo donde la magia es sutil y opera al mismo tiempo y en armonía con la tecnología y la ciencia: hay trenes, telégrafos y teléfonos, barcos de vapor, industrias emergentes, energía de luz y la terrible aparición de enormes máquinas de guerra con la capacidad de la desintegración incorporada en sus armas. También hay brujos con el poder de leer en el futuro, caminar en los sueños, invocar los elementos y rastrear en las sombras con el solo uso de su mente. 

Alrededor del Océano Medio se teje la historia de varios pueblos: al oeste, los Reinos Guerreros, Norsh y Ferash, enfocados en la guerra y la muerte; y los Señoríos del Occidente, principados independientes que oscilan entre el culto a las milicias y el amor por las riquezas del comercio. Al este, los Reinos Medios, pueblos apacibles, monótonos, donde el tiempo parece transcurrir más lentamente: Oär, Daön y Seör. Al norte se encuentran los aguerridos Principados Shiuk, colección de tribus de pescadores y comerciantes, que antaño fueron piratas y saqueadores y ahora se dedican al comercio con la misma devoción. Finalmente, al sur se extiende el fabuloso Imperio Iruhio, que por 3 mil años ha prosperado en todo sentido, merced del poder inmenso de los Emperadores Iruhio y su extraña conexión con el desierto.

Estos son los prolegómenos de una historia que tiene historia y de la que continuaré contando incidencias en entregas futuras. Por el momento, ya se encuentra disponible en Amazon Kindle en formato electrónico y muy pronto podré anunciarles que también estará en papel. ¡No se la pierdan!

29 de diciembre de 2017

Un buen cambio de año

2017 llega a su fin y las puertas hacia el 2018 están abiertas. Una vez más es hora de pensar en cuanto hemos logrado y a la vez, en todo cuanto todavía nos queda por alcanzar. Cierto es que, al menos con respecto al mundo, nos hemos visto rodeados de eventos sorprendentes, algunos inquietantes, que a veces nos ponen a pensar en el futuro con ciertos temores, pero si he de ser sincera, con respecto a ese punto no creo que nos hallemos en una situación realmente apurada. En febrero de 2018 nos tocará a todos los costarricenses una vez más acudir a votar, para elegir a quienes han de representarnos en la Asamblea Legislativa y a quienes lo harán en el Poder Ejecutivo, y aunque muchos hablan en términos sombríos, pienso que existen todavía muchas posibilidades de elegir con racionalidad y esperanza para un futuro bueno. Hay candidatos nuevos y jóvenes, hay gente con ideas frescas: solo es preciso atreverse a cambiar y no resignarse a los discursos cargados de miedo o prevención, sino votar por quienes ofrecen un camino de ideas y posibilidades. Así llegaré yo a las urnas: con la confianza puesta en las posibilidades.

Pero eso es materia del 2018.

En cuanto al 2017, ha sido para mí un año interesante. He proseguido con mis maestrías, una de las cuales estoy más próxima a terminar, y he aprendido mucho en este camino. También he retornado a labores que había ejecutado tiempo atrás y he asumido nuevos retos. Los resultados han sido más que satisfactorios y no puedo estar más inspirada con las nuevas oportunidades que se me han abierto en el campo laboral este año. Confío en que lo mismo (y mejor) sucederá el próximo año y espero descubrir más cosas sobre mí y sobre las materias de mi especialización. Será un año estupendo, puedo sentirlo.

En cuanto a mi mundo como escritora, este año fue un buen año para Señora del tiempo. Tal como comenté en el blog de la novela, durante este año recibí la estupenda noticia de que había sido incluida en la lista de libros recomendados por el MEP para secundaria: ¡un honor que he celebrado con inmensa satisfacción! También durante este año tuve la oportunidad de participar en sesiones de lectura ante públicos nuevos, lo que me brindó nuevas satisfacciones, y también, fue el año en que por primera vez Señora del tiempo experimentó la singular vivencia de la traducción profesional, aunque de forma parcial. Un extracto del resultado pueden palparlo aquí mismo: es la primera parte del prólogo traducido al inglés. Un experimento interesante.

Con respecto a mis nuevos proyectos literarios, el 2018 me deparará nuevas oportunidades, estoy segura. Estoy escribiendo también, otra vez, una nueva novela, y hace poco di punto final a la revisión de otra de ellas, lista para ser revisada por editores. O para seguir otros caminos, el que le sea más conveniente. Estoy satisfecha con este aspecto de mi vida, que tanto me llena, y sé que en el 2018 se verán coronados otros proyectos y finalizados otros más. Más libros en camino, más historias por contar, más literatura por vivir. ¡Un sueño!

¿El año que acaba también me deja sin algunos logros buscados? Como cualquier otro año, por cierto. Algunos proyectos aún no han madurado y fructificado, pero ha sido cuestión de tiempo. A su debido momento, llegaré a ese puerto. Y me siento contenta con ello. No hay que desanimarse si parece que algo se pospone o se suspende, algo que uno ha querido ver coronado: solo hay que darle su tiempo, su ritmo, y de seguro se cumplirá. Así ha sido en el pasado y así será en el futuro próximo.

Espero que sus proyectos también se vean cumplidos, que sus metas se vean alcanzadas y que 2018 los encuentre a todos ustedes con el ánimo en alto y la mente cargada de ideas. Que vivan estas fiestas con alegría y que puedan decirle a la vida una vez más ¡gracias por todo! =) =)

¡FELIZ 2018!

26 de agosto de 2017

Arrancó la fiesta de los libros del 2017 =)


¡Hola! =)

Ayer viernes 25 de agosto arrancó finalmente la 18° Feria Internacional del Libro en Costa Rica. Como es habitual, se ha instalado en la Antigua Aduana y en los edificios circundantes, con algunas esporádicas actividades en la cercana Biblioteca Nacional. Este año, como los anteriores, Señora del tiempo estará presente, tanto en el stand de la Librería Internacional como en el de Uruk Editores. =)
También, como parte de las actividades programadas para esta feria (que tiene muchas y muy variadas), estaré leyendo un fragmento de Señora del tiempo en la carpa de la explanada mañana domingo 27 a las 4pm., y antes de esa hora, estaré en el stand de Uruk firmando libros por si quieren acercarse. =)

Por otra parte, también podrán encontrar mis relatos de ciencia ficción en las antologías de la EUNED: Posibles futuros. Cuentos de ciencia ficción (2009), Objeto No Identificado y otros cuentos de ciencia ficción (2011) y Te voy a recordar. Relatos de ciencia ficción (2015). Estarán en el stand de la EUNED, que, por cierto, está celebrando sus 40 años este año. =)

¡No falten! ¡Va a estar muy interesante!



22 de abril de 2017

Reencuentro

Hace ya dos años y medio que mi novela Señora del tiempo salió a la luz pública: 31 de julio de 2014. Fecha para mí memorable, pues representaba mi regreso a las novelas publicadas y el final de un proceso que siempre se inicia con la primera idea, pero que se acaba inevitablemente con la publicación, pues es ahí cuando entregas tu historia al público lector y deja de ser un poquito tuya.

Naturalmente, es lo ideal: que tu historia llegue a ser algún día parte de la vida de otros, no que se quede a dormir el sueño de los justos en la oscuridad de algún cajón o, más modernamente, en un archivo viejo de tu computadora. La mayoría de los escritores queremos que nuestros textos sean leídos por gente real, y no solo por un Lector imaginario escondido entre sus líneas.* Y cuando eso pasa, nos sentimos alcanzados por la grata sensación de logro, de triunfo.

Pero también, al mismo tiempo, nos acomete, o al menos a mí me asalta una rara sensación de soledad: la historia se fue de mis manos, ya no me pertenece del todo, ahora es también de quienes la lean y la incorporen a sus propios pensamientos. Es un deber dejarla ir, porque así debe ser con todo proyecto o trabajo que uno emprenda, por mucho que lo ilusione y lo ame. Hay otras historias, otros proyectos y otros trabajos que seguirán a ese, y también te crearán problemas, te llenarán de dudas y, a la vez, de satisfacciones. Y asimismo, los dejarás ir...

En fin, que Señora del tiempo había salido de mis manos un 31 de julio de 2014. Había vuelto a mí, por supuesto, porque me decidí a leerla otra vez, pero ya publicada. Es una sensación espléndida, no leerla en la computadora o en las pruebas de la editorial, sino lista en su presentación final. Pero ya se había ido de mis manos como escritora.

Luego vinieron presentaciones, conversatorios y comentarios sobre ella. También llegaron las opiniones de algunos críticos, y por supuesto, las de los lectores, que a lo largo del tiempo le han dedicado horas de lectura y de pensamientos. Muchos de ellos eran inesperados, porque tocaban temas que jamás imaginé que hubiera deslizado en mi historia, pero que al final descubrí que sí los había abordado, de forma inconsciente. Otros estaban conectados a temas que yo había abordado con toda intención. Fue un periodo intenso, hermoso... pero la novela se había ido. Me dediqué a otras historias, otros personajes, otros desafíos. Proseguí con otros proyectos y otros trabajos, mientras mi Señora del tiempo seguía su propio camino.

Hasta que llegó de nuevo una oportunidad de reencontrarme con ella, siempre como lectora, y más, como vieja amante. En estos últimos meses, he participado en el proyecto Voces de la Prosa Nacional junto con otros autores costarricenses. En cada evento, cinco o seis de nosotros leemos fragmentos de nuestros textos a un público general y compartimos un momento de esparcimiento y reflexión en torno a los libros y, en cierta forma, a nosotros mismos. Ha sido en esos momentos cuando me he reencontrado con Señora del tiempo: he vuelto a pasar sus páginas, a recordar las vivencias de sus personajes y, de paso, a recordar las propias cuando la escribía o cuando estaba a punto de hacerlo. Y ha sido especial. Reconfortante, hermoso. =)

Aquí dejo un enlace a un video del evento de ayer viernes 21 de abril, en la Librería Internacional (Mall San Pedro), cuando leí unos fragmentos de Señora del tiempo. =) Hubo otros (en Librería Lehmann en San José, en el Jazz Café en San Pedro), y habrá más. Ha sido una experiencia reconfortante.

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*Digo la "mayoría", porque siempre hay quienes no lo desean en absoluto y no se preocupan jamás por publicar sus escritos, pero de ellos sabemos poco, como es lógico.

28 de diciembre de 2016

¡Felices fiestas!

¡Felices fiestas 2016!


¡Feliz año nuevo 2017!

8 de septiembre de 2016

De rigor =)

¡Estamos de feria! Hay tiempo hasta el domingo 11 para explorar los stands y encontrar tesoros de lectura para las horas más libres o... las más ocupadas. =)