12 de marzo de 2010

Maravilla: la magia de las palabras

El otro día me quedé viendo la transmisión de la entrega de los premios Óscar en Los Angeles. La ceremonia estaba agradable, los anfitriones simpáticos, y siempre es interesante ver quién gana y quién pierde entre tantas caras conocidas y de tantas producciones cinematográficas que, aunque no haya visto, si he oído mencionar. Por eso me quedé viendo la entrega -y porque no tenía nada mejor que hacer también, la verdad-.

¡Cuántas categorías! ¡Cuántos detalles a tomar en cuenta! Mirando a tantas personas subir al escenario para recibir sus estautillas, no pude por menos que pensar en lo costoso y complejo que es hacer una película. Incluso en una que no lleve efectos especiales, todo debe ser tomado en cuenta: desde un guión coherente e interesante -la base de la película-, hasta la adecuada selección de actores, entre protagónicos y secundarios, la elaboración de los escenarios -incluyendo todos los accesorios como muebles, cubiertos, cortinas, libros, etc-, el diseño del vestuario, el maquillaje de los actores, el tipo de tomas, la tecnología a aplicar en dichas tomas, la música, el ritmo, los sonidos y la mezcla de los sonidos, y una larga lista de detalles que ya ni recuerdo pero que sé que están allí. Hablamos, pues, de varias decenas de personas entorno a la elaboración de una sola película. Que salga bien o mal depende en grado sumo de las habilidades y dedicación del director (el jefe, obvio) y de la fortaleza del guión que le da origen. Pero también, incidentalmente, de una buena ambientación, de un buen fondo musicial y de muchos factores combinados.

Es una tarea monumental.

¿Y cuál es su objetivo? Pues, muy simple: encantar a un público.

Sí, encantar a un público, eso es todo. Que la reflexión, que la emoción, sí, sí, que expresar ideas, que hacer denuncias, que explorar nuevas técnicas, todo eso está muy bien. Que realizar un sueño, que ver convertidas en realidad tantas ideas, que ganar mucho dinero. Todo eso es válido. Pero se reduce a encantar a un público. Si no encantas a tu público, estás frito, porque esa inmensa tarea fue muy costosa y puedes quedar atorado de deudas de por vida. Tienes necesariamente que encantar a tu público.

Para eso es que se crearon tantos apoyos a la labor de los actores. Y por eso es que merecen todos estos reconocimientos. Pues no es fácil encantar a un público. Muchos piensan que sí, que es muy sencillo. ¡Vaya que no! No es fácil. Debes gastar mucho y pensar mucho. Si al final el producto es una obra maestra o una mera máquina entretenida, da igual. Lo importante es que encantaste a un público. Y fuiste exitoso.

Me dije entonces que ante toda esta parafernalia, un escritor sólo dispone de un trozo de papel y un puñado de palabras. La cara ayuda: una editorial profesional se cuida muy bien de preparar una cubierta atractiva, de contar con materiales de buena calidad, de unir bien las páginas, etc. Todo eso cuenta. Pero al final, lo que tienes en las manos es un puñado de palabras, escritas por una persona que intentará encantarte con ellas y sólo con ellas, sin ayuda de imágenes sugerentes realizadas con cámaras de alta tecnología, sin grandes orquestas ni números musicales, sin golpes de sonido ni efectos visuales. Sólo palabras.

Uno diría, así de pronto, que es evidente por qué hay "tanto" público en los cines y tan "pocos" lectores. Pero en un segundo pensamiento, te das cuenta de que no son tan "pocos" los lectores. Eso de que "nadie" lee es una falacia. ¡Claro que se lee y mucho! Los lectores en el mundo se cuentan por millones, decenas de millones. Los libros se compran en cantidades industriales -sí, por eso existe la industria editorial- y muchos de ellos, sino todos, son leídos por millones de personas. Y hablando sólo de los libros que contienen obras literarias, podemos afirmar que muchas de esas historias son el encanto de millones de personas.

¿No es entonces sorprendente, maravilloso? ¡Qué extraordinaria labor la del escritor solitario que con el sólo uso de su pluma pueda encantar enormes públicos anónimos, fascinados por las historias que cuenta, sin otro auxilio ni soporte visual o auditivo! ¿No es fascinante? La magia de las palabras. Pensé entonces en tantas veces que un libro me hizo sentir la misma fascinación que una de estas películas costosas y llenas de maravillas tecnológicas, sin contar con ello. Y en la admiración que sentía entonces por el autor de tanta maravilla... y sólo pude expresar un deseo:
Quieran las Musas que alguna vez mi propia pluma pueda encantar a un público como lo hicieron tantas veces mis lecturas... :)

8 comentarios:

Carlos Moreno Martín dijo...

Tienes toda la razón, Laura. En cierto sentido la literatura consigue cosas que el cine o cualquier otro medio no logrará. Una de ellas es la de emocionar a los lectores únicamente con palabras. Por eso prefiero leer un libro a ver una película. Es algo así como cuando un grupo de rock hace un concierto solo con dos guitarras acústicas. Están ahí, sin apoyo ni parafernalia, y aún así emocionan.
Lo mismo para los escritores. Nos enfrentamos al mundo desnudos y creo que por eso deberíamos sentirnos orgullosos.

Laura dijo...

Cierto. ;)
No es de extrañar en realidad que tantas películas estén basadas en libros. ¡Y que sea tan difícil lograr el mismo efecto que éste! :)

jordim dijo...

video memorable el de los oscar el del gag de paranormal activity.

angelkj421 dijo...

Pues estoy muy de acuerdo contigo. En mi caso, me encanta el cine, pero no se puede comparar a imaginarte tu todas las situaciones e incluso los personajes cuando lees. Asi que leer me encanta porque con ayuda de la imaginacion te sumerges en mundos fantásticos y al final te quedas tan contento que te dan ganas de volver a leer el mismo libro, o de sumergirte en otro. En cuanto a adaptaciones se refiere, siempre he preferido leer primero el libro y aunque hay algunas que han sido excelentes, creo que siempre, los libros serán de mi preferencia :)

Laura dijo...

Y esa sensación de que las imágenes que formaste en tu cabeza son sólo tuyas y nada más... ;)

B. Miosi dijo...

Que artículo más interesante, Laura, lograste encantarme.
En las novelas se actúa como un encantador de serpientes, tienes que hipnotizar al lector página tras página. Si en algún momento se rompe la magia, puede que no desee seguir leyendo. Por eso es tan difícil ser un buen escritor.

Ojalá algún día, yo, así como dices tú, logre encantar a mis lectores de principio a fin.

Abrazos!
Blanca

Laura dijo...

Amén, Bianca. :) ¡Que se haga realidad tal deseo! (creo que ya sé qué le pediría a un Genio si se me presentara). ¡Saludos!

Lady Diana dijo...

Muy buen articulo. Gracias por los links sugeridos. Los miraré.