11 de junio de 2009

Relatos: un arte y un ejercicio

Cuando comencé a escribir, allá en los dorados tiempos de mi niñez -tenía unos 10 años- me lancé de una vez y sin pensar a la novela. Recuerdo las aventuras de una chica llamada Laura -me sentía muy bien usando mi propio nombre- que llegaba a un internado y que se topaba con toda suerte de eventos e ilusiones. Como es de suponer, escribía por imitación, lo cual es común en muchos escritores. No recuerdo quién afirmaba que un escritor no escribe porque desea describir lo que ve sino porque desea reformular lo que lee. Al menos pienso que en mi caso así fue. Leía obsesivamente -sigo haciéndolo, con consiguientes limitaciones de tiempo y oportunidad, claro, pues ya no soy una niña- y me inflamé de ideas e historias propias. Dado que leía novelas -de internados y aventuras de chicos-, lo lógico fue que también escribiera novelas.

Hoy en día, tantos y tantos años después, he notado que en mi autoaprendizaje dejé de lado la capacidad de síntesis. Escribir y escribir y escribir puede ser muy reconfortante, pero sólo como pasatiempo, pues cuando tienes el objetivo de narrar una historia y darle un final coherente, no resulta muy provechoso llenar cientos y miles de páginas de la misma. Primero, porque corres el riesgo de desenfocarte de tu objetivo. Es decir, puedes empezar a divagar, lo cual resulta harto peligroso. Y segundo, porque puedes realmente cansarte de una historia que no tiene fin.

Hablo, claro está, en términos generales, pues también dependerá de la longitud de la historia en sí misma. Sin embargo, he notado que se puede ahorrar palabras innecesarias y aún producir hermosas creaciones, aunque la historia sea muy larga. No porque yo lo haya hecho necesariamente, sino porque he leído trilogías y series que, a pesar de su extensión, no se desenfocan ni parecen albergar párrafos futiles o poco trabajados.

¿Cómo lograr entonces esa capacidad de escribir con belleza, pero sin explayarte en demasía? No lo supe ver hasta que me hice adulta y comprendí que debía enfocar mis historias y darles final para poder avanzar en mis objetivos profesionales. Mis novelas comenzaron a sufrir revisiones más exhaustivas. Sin embargo, un hecho fortuito fue lo que mejor me hizo ver la maravilla de la síntesis: el relato.

En los concursos populares y de Internet, el formato preferido es el cuento, pues la pantalla de la computadora no es amigable con el ojo y leer novelas en esas circunstancias suele ser tedioso y cansado. Además, para valorar un escrito necesitas tiempo: no es lo mismo comparar escritos de dos mil palabras a hacerlo con escritos de más de 150 mil palabras, por ejemplo. El punto es que te topas con la necesidad de saber escribir relatos.

Escribir cuentos o relatos es un arte extraordinario. Se requiere de capacidad de síntesis, objetivos claros, preciso diseño de personajes y valor en cada palabra. No puedes explayarte. No puedes darle coba a un personaje pues pronto se te acaba el espacio. Y debes ser capaz de darle un final contundente, aunque sea abierto. Un mal cuento siempre aburre, deja la sensación de que le faltaba algo, de que no supo cerrar. Un buen cuento es maravilloso: te da un instante de satisfacción y sus efectos perduran en el tiempo.

¿Es compatible escribir cuentos con escribir novelas? Yo creo que sí. La historia de la novela tendrá niveles y subniveles, tendrá más personajes y más oportunidades de desarrollar eventos complementarios, pero si has sabido escribir cuentos, podrás escribir entonces una novela bien enfocada, con objetivos claros y final convincente. Te habrás acostumbrado a escoger el verbo, a ser preciso y ser coherente. Te habrás acostumbrado a escribir bien.

Y ese es el proceso que hoy en día atravieso. :)

17 comentarios:

Farándula dijo...

Yo creo que el cuento debe ir más allá de ser un mero aprendizaje de cara a narraciones largas. Es un género en sí mismo.

Siempre me gustó el ejemplo de Borges: Lees dos páginas y parece que ha pasado una vida. Introduce la historia, retrata a sus personajes, te describe el entorno y además te hace sentir como el espectador de un simple capítulo privilegiado dentro de muchos otros. Puede tener tantos niveles y profundidad como una novela, lo que pasa es que no son visibles. Dejan mucho más a la imaginación del lector.

Aunque sí, estoy de acuerdo en que, antes de suicidarse con una pentalogía es recomendable practicar las distancias cortas.

Por cierto, creo que es la primera vez que comento por aquí aunque leo todas las entradas. Me gustan especialmente las dedicadas a los personajes y aquella de ¿por qué no escribes una novela de...?. A mi en casa siguen insistiéndome con lo del niño mago con una cicatriz en la frente :)

Saludos

Laura dijo...

Hola, Farándula. ¡Bienvenida!
Con respecto a tu comentario, no le niego al cuento su carácter de género literario independiente de la novela. De hecho, son distintos. Pero he descubierto que escribir cuentos te prepara bien para escribir buenas novelas, mientras que si escribes buenas novelas "de natural" no necesariamente te prepara para escribir cuentos. Por eso los considero arte y ejercicio al mismo tiempo...
¿Lo de Harry Potter? :) Te comprendo. De hecho, si uno dice que es escritor, los demás esperan no sólo que escribas una versión española de Harry Potter sino también que empieces a ganar tanto como Rowling sólo para considerar que no eres un "fracaso" ;)
¡Saludos!

J.E. Alamo dijo...

El cuento es un género del que siempre he estado enganchado: Borges, Greene, Dahl, Bradbury,... por mencionar unos pocos, eran unos genios dela narración corta. Cierto que es una buena práctica para escribir más largo, pero también un fin en si mismo.

Yosu Rc! dijo...

Desde luego, el cuento es una excelente herramienta de aprendizaje.
Y, además, cuando llevas un tiempo "viviendo del cuento" te dan ganas de escribir novela.

Laura dijo...

Hola, J.E.
Lo del fin en sí mismo está contenido en "relato: un arte..." No sería arte sino fuera un fin en sí mismo. Pero resulta también, además de arte, una vía para aprender a escribir en forma creativa, incluso para la novela. Al revés, no suele darse.
Hola, Yosu
En mi caso fue al revés. Me encantan las novelas y sigo disfrutándolas. Fue después de muchos años, que aprendí a desarrollar el gusto por los cuentos como fines en sí mismos.

Natsuky_6 dijo...

HI! ^^
primero q nada, perdona q me meta así de repente pero encontre tu blog y me llamó la atención =)
en cuento al cuento, la verda antes no me gustaba mucho, pero ahora creo que tengo una cierta adicción a las narraciones cortas y cuentos, lo cual es extraño ya que, como dijiste, se necesita una capacida de síntesis...y creo carecer de ella.
Bueno dejo de dar lata y te digo q me ha gustado mucho tu blog =D

saludos!

MaiV dijo...

Me he topado con tu blog casi sin querer Laura, pero lo iré siguiendo.

Sobre los cuentos, como has dicho requieren una buena capacidad de síntesis para decir mucho en pocas palabras, para sentirnos parte de la historia y ponernos en situación en un corto espacio de tiempo. Desde luego representan un buen aprendizaje a la hora de escribir una novela, aunque en esta tengamos más espacio para desarrollar las ideas.


Saludos,
MaiV.

Proyecto de Escritora dijo...

Estoy de acuerdo contigo, creo que todos los que escribimos pasamos por unas fases que solo se superan con trabajo, investigación y sobretodo tiempo.
Un saludo!

Marta Abelló dijo...

Yo comencé con pequeñas historias (que no relatos) a mis 10 años. Después, cuando decidí tomármelo en serio, seguí con cuentos infantiles e historias fantásticas para luego seguir con el relato corto. Escribí sobre 50 relatos y publiqué casi todos. La concisión del relato era ideal para aprender a centrarse en lo importante, para vivir un pedazo de vida en unas pocas líneas.
Después seguí con novelas y simultaneándolas con relatos, que sigo escribiendo en pausas en mis historias largas, pues siempre están ahí: Son historias breves que necesitan ser contadas en pocas páginas. A veces son más profundas, a veces menos, pero siempre constituyen un buen ejercicio en "tiempos muertos".
Amo los relatos.

¡Un saludo!

Laura dijo...

¡Hola a todos!
Eso que dices es cierto también, Marta Abelló. Hay historias que sólo pueden ser contadas en pequeños trozos, mientras otras despliegan su fuerza en largas novelas. Creo que un escritor ha hallado su balance cuando descubre cuáles se han de destinar al relato y cuáles a la novela. :)

Guillermo Lamphar dijo...

Hola Laura...
Antes que anda, genial blog =D
Y pues opino lo mismo, pero tengo una pregunta: ¿en un relato... de cuantas palabras o páginas estamos hablando?
Por que yo he escrito historias más cortas que una novela, pero de 6 hojas o más por ejemplo. ¿Es eso un relato?

Laura dijo...

No estoy segura de si existe un estándar inflexible, pero tengo entendido que existen relatos "largos" de hasta 20 páginas y no suele haber novelas cortas de menos de 70 páginas. También se suelen contar el número de palabras para considerar que un escrito es un relato y no una novela. De todas formas, supongo que dependerá del lugar donde se publique -ellos determinan normalmente si un escrito es relato o no, para sus propias meididas- y de la síntesis o subnivelación presente en la historia misma.
Se dice que las novelas suelen ir divididas en capítulos, mientras que los relatos no, pero también es una consideración relativa. Yo consideraría que una narración se ha convertido en novela cuando la presencia de factores secundarios y diferentes niveles y subniveles de narración vuelven compleja la historia y forman parte de su estructura, sin importar si sólo cubre 70 páginas o si se extiende por más de 500. ;)

Anónimo dijo...

El otro día pedí a un amigo que leyera un cuento corto mío y me diera su opinión SINCERA. Los que escribimos más o menos bien estamos con frecuencia un poco hartos de halagos y buscamos en qué podemos mejorar (críticas constructivas) siempre que nuestro ego esté, claro está, maduro para oirlas.
Quisiera dejarte aquí, con ánimo igualmente constructivo (pues de halagos ya debes tener muchos), una crítica constructiva en el mejor sentido de la palabra: personalmente, el estilo en que escribes no me induce a leer ninguna obra tuya, ya sea cuento o novela. Se huele inmadurez y autosatisfacción, lo cual no quiere decir que en unos años no las trasciendas, pues posiblemente tienes madera, pero verde aún.
Es sólo una opinión, creo que es bueno tener de todos tipos.

Laura dijo...

Gracias, Anónimo. Tienes razón, siempre es bueno recibir toda clase de opiniones y críticas sobre el trabajo propio, pues es la única manera verdadera en que puedes aprender y/o mejorar. También es verdad que todos tenemos que aceptar el hecho de que no gustaremos a todos ni seremos alabados por todos. Siempre habrá quien no guste de tu estilo, o de tu trabajo en general, lo cual es enteramente normal. Sólo te tengo un apunte: la crítica es más meritoria y tomada con mayor seriedad si quien la expone se identifica. :)

Enric Herce dijo...

Cualquier opinión que venga de un anónimo que considera que escribe más o menos bien, merece tanto crédito como un cleptómano puesto a guardia de seguridad o un daltónico a analista de tests de embarazos.

Laura dijo...

:) No sé quién me causó más estremecimientos, si el daltónico o el cleptómano :) Hola, Enri, me alegra verte por aquí. Hace tiempo no te leo :)

David Q. dijo...

Saludos.
Estoy empezando a escribir y me gustaría que visitaras mi blog.No sabes cuento te lo agradecería.
Estoy haciendo un estilo realismo sucio.
http://callejondesoledadbohemia.blogspot.com/