17 de junio de 2009

Extensiones: ¿debemos inflar nuestras novelas?

He leído y escuchado, por aquí y por allá, afirmaciones tan contradictorias como interesantes, en relación con el movimiento de la literatura. Por un lado, muchos afirman que hemos llegado a los límites del libro, que éste se acaba, que la gente ya no lee, que si lee sólo se animará con narraciones cortas o cualquier cosa similar que pueda bajarse de la Red y le quepa en una pantalla -las cuales, por cierto, cada vez son más pequeñas-, que el futuro de la industria editorial está sombrío, etc., etc., etc. Si prestamos atención a semejantes augurios, la conclusión a la que llegaremos muchos de nosotros, escritores apasionados pero no aún consagrados, será de que no tenemos futuro como novelistas, si acaso como relatistas o tal vez cuentistas y mejor aún, microrelatistas. Sólo podremos publicar nuestras obras en Internet y tendremos que olvidarnos de que alguna vez llegue a existir más de un libro -impreso- o dos en las "agonizantes" librerías. Digo "agonizantes" porque si el libro se muere, se muere también la tienda que lo vende, ¿no?

Sin embargo, he descubierto que las "agonizantes" librerías no parecen estar muriendo desde ningún punto de vista. De hecho, muchas ofrecen nuevos servicios, más títulos -no menos-, y dedican secciones enteras a libros de literatura, es decir, a libros de ficción. Viajando por la red nos damos cuenta también de que la industria editorial sigue activa, que mucha de ella busca alternativas modernas para dar salida a sus inventarios, que se anima a publicar nuevos títulos y que incluso juguetea con remozar viejos descatalogados. Y todo eso ayudada precisamente por la "infame" tecnología que "de seguro" la iba a destruir. El cine y la industria de video juegos se relaciona con ella de forma vibrante y activa: nuevos estrenos basados en libros exitosos, nuevos libros exitosos basados en video juegos exitosos y también, nuevos video juegos basados en libros o en cintas exitosas. Es decir, el juego del dinero sigue activísimo y no parece que la "muriente" literatura de libros impresos esté dando la impresión de que realmente será enterrada pronto. De hecho, los nuevo e-readers pueden ser la antesala de un futuro -algo lejano aún- en la que el papel será finalmente sustituido, como soporte físico, pero en el cual el libro, la obra literaria, no habrá desaparecido ni tendrá trazas de hacerlo. ¿Con que la gente no lee? Yo diría que sigue leyendo, más o menos al mismo ritmo proporcional que lo hacía en el pasado y lo seguirá haciendo en el futuro... Así, así.

Todo esto me lleva de la conclusión de la que hablaba líneas arriba a la siguiente pregunta: ¿existir sólo en Internet implicaría que la novela morirá? Es decir, la historia de gran extensión.

Pues... parece que no. Al contrario, me asombra comprobar que en nuestro mundo extraño, cuanto más grande, más extenso, es un libro, ¡más se vende! ¿Qué es esto? ¿No se supone que buscamos lo más económico, en costos de producción y en palabras, pues todo está muy caro y de todas formas la gente no tiene tiempo para leer tanto? La lógica me indicaría que estaríamos en medio del reinado indiscutible del cuento, del relato y de la novela corta, no más. Pero las cifras de ventas se inclinan hacia las novelas, cuanto más largas mejor y si son parte de largas series, ¡mejor que mejor!

Pareciera que opera una lógica diablesca: precisamente porque todo está muy caro, necesito una fuente de entretenimiento que rinda cada centavo invertido. La diferencia económica entre una novela corta y una novela larga no resulta excesiva, pero la segunda me significará más rentabilidad por palabra y un disfrute más económico a la larga. Además, si soy de los que leen, y por tanto compro, me gusta extender mi disfrute todo el tiempo posible. Por tanto, preferiré la novela larga.

El problema siguiente será: ¿afecta esta lógica capitalista/consumista al arte? Hay historias que nacieron para ser contadas en pocas páginas. Son aquellas propias de relatos y cuentos, incluso de novelas cortas, y alargarlas innecesariamente sería matar su espíritu. De hecho, a veces, nos topamos con novelas gordas en cuyas páginas se ha introducido tanto "relleno" que sólo podemos admirarnos de la capacidad de los editores para forzar entregas tan abultadas. Y parece, según se teme por ahí, que muchos editores buscan precisamente novelas, de buen peso y mucha aventura, para poder vender bien, y se alejan de las narraciones menos extensas o más "pacíficas", por no ser tan comerciales. Desde este punto de vista, sí que estaríamos sacrificando el arte por el dinero.

Pero eso no es nuevo. Nunca ha habido momento en que el arte reine sobre el dinero. Nunca. Creer algo así es externar un punto de vista algo ingenuo. Lo que sí ha existido es la muestra de que muchas veces el arte puede imponerse en medio de un mundo regido por el dinero. De que el arte puede valerse de ese mundo y llegar a surgir. De que es posible.

Al final de todo esto, entonces, y con miras a sobrevivir en esta extraña lógica diablesca: ¿debemos inflar nuestras historias? ¿O será que podemos "aprovechar" para contar... historias largas?

8 comentarios:

Guillermo Lamphar dijo...

Hola.
Bueno, para mí uno de las peores cosas que se puede hacer a una historia artisticamente es alargarla. Incluso afecta a la historia en sí. Ya muchos escritores he oído que dicen que nada de alargar innecesariamente la historia. Es que veamos el caso de la fantasía. Entre mas largas... más venden. Pero que el mundo sea lo suficientemente grande no quiere decir que deba sre explotado hasta la saciedad, sino ya tendríamos Harry Potter 15, La Materia Oscura 5, El legado 20, etc.
No sé. Creo que es una especie de "rebatinga" entre el factor ecónomico y el artístico. Pero no creo que un autor por su propia mano debiera a alargar su historia cuando no tiene nada más que decir. Es como llenar de sinónimos y comparaciones una novela. No la beneficia en absoluto. Aunque claro esta que el autor debe negociar con el editor y buscar que la novela no se perjudique, pero que sea viable economicamente (por mal que esto se pueda escuchar).

Saludos.
Ya volvi a subir mi blog, pasa si quieres =D

Laura dijo...

Suena mal pero es la realidad, Guillermo ;)
Pasaré por tu blog, claro. ¡Saludos!

Lola Mariné dijo...

Hola,
llego aqui desde el blog de Martikka y me ha parecido muy interesante tu reflexión.
Yo creo que cada historia requiere su propia extensión.
Cuando se te ocurre una idea, sabes si es un cuento, una novela corta o larga o Los Episodios Nacionales.
Engordarla de una manera forzada solo la estropeará. La mayoria de los grandes escritores dicen que lo que hay que hacer con una novela es cortar, cortar, cortar...
Un saludo.

Laura dijo...

Hola, Lola. Pues sí, cortar es muchas veces lo que más se recomienda. Precisamente por eso me referí a la dinámica del relato como un ejercicio para escribir novelas, además de ser un género en sí mismo por supuesto, pues el tener que escribir de manera compacta te ejercita para escribir novelas también más económicas en palabras y mejor enfocadas en ideas. ;) ¡Saludos!

Proyecto de Escritora dijo...

Creo que yo también estoy en una contradicción, porque de muchas novelas que leo, suelo pasar por alto la paja con la que la inlfan (o lo que yo creo que está inflado) sin embargo cuando escribo mis propias novelas, no consigo crear obras cortas...pero seguramente será un fallo de principiante y lo importante es saber que extensión es la mas adecuada a cada obra, asíq ue me tocará seguir trabajando para descubrirlo.
Un beso!

Laura dijo...

Hola, Proyecto de Escritora.
En realidad, creo que sí se trata mucho de calibrar el largo de la historia con la historia misma, pero también de saber reconocer cuándo estamos poniendo relleno nosotros mismos. A veces estamos tan enamorados de nuestra propia historia que queremos contarlo "todo" y pienso que es normal, pero no necesariamente conveniente. Yo misma me he encontrado con mis novelas y me he planteado la necesidad de eliminar grandes trozos de historia que me gusta pero que en realidad no ayuda a hacer la trama más coherente o mejor calibrada o más interesante. A veces he tenido que eliminar uno o dos capítulos enteros.
Por otro lado, creo que escribir relatos me ha ayudado mucho, pues en ellos hay aún menos espacio para el "relleno" y uno se ve forzado a cortarlo de raíz...
En fin, sí, es una labor difícil, pero interesante. Es parte de ser escritor, supongo. ;)

Alejandro Laurenza dijo...

Laura,

Me quedo con estas dos reflexiones, con las que estoy completamente de acuerdo:

"Nunca ha habido momento en que el arte reine sobre el dinero."

"Lo que sí ha existido es la muestra de que muchas veces el arte puede imponerse en medio de un mundo regido por el dinero"

Y es así. El dinero prevalece. El mundo se mueve por el dinero. Sin embargo, el artista es dueño de sí mismo. El escritor siempre puede elegir qué es lo que quiere o necesita escribir y qué es lo que no, y eso no se lo roba nadie.

Total, a la larga, lo que queda es la autenticidad. La mejor crítica es el tiempo.

Un saludo,
Alejandro.

Laura dijo...

Hola, Alejandro.
Sí, es verdad. Lo único que queda es autenticidad, pero entretanto, sin dejar de ser auténtico también se puede vivir en el mercado y hacerlo bien, ¿no crees? :)
¡Saludos!