13 de febrero de 2009

¿Debemos satisfacer al lector?

Vagando por Sedice.com me topé con una conversación interesante. Alguien preguntaba qué buscaba el lector en los libros de fantasía (contemporánea). Con miras, claro está, a intentar incorporar las respuestas en la confección futura de los libros. Y le llegaron las respuestas de varios participantes. Que fuera fantasía épica, que tuviera dragones, que no los tuviera, que fuera original, que inventara personajes totalmente nuevos, que no, que sí, etc. Tantas opiniones como lectores, aunque si no recuerdo mal, una de las características más apreciadas era la originalidad del texto.

Y bien pensado, la esperanza de hallar originalidad en un texto, sea de fantasía o de cualquier otro género literario, nos lleva a una especie de contrasentido: buscando satisfacer al lector potencial de nuestros escritos nos vemos en la necesidad de sorprenderlo, pues si le damos lo que ya sabemos que le gusta, puede acusarnos de no ser originales y por tanto, nos exponemos al rechazo. Si intentamos sorprenderlo, con originalidad, puede que no le gustemos, pues no hallará lo que busca. ¿No resulta, entonces, una fórmula frustrante?

Llegados a este punto: ¿es un deber moral del autor (creativo) satisfacer al lector potencial? ¿Debemos crear historias que agraden a los lectores, que les haga sentir que encontraron lo que buscaban? Si es así, ¿cómo suponer que somos originales si seguimos las pautas de sus gustos?

Me detengo un momento en el "deber de gustar". ¿Existe? Yo diría que sí, en un sentido complejo. No se trata de crear una obra que simplemente entretenga al lector. Podemos hacerlo, claro está. Pero la satisfacción del lector va más allá, me parece, que el simple entretenimiento. Es cuando nos detenemos a pensar sobre qué busca el ser humano en el arte, en general. No busca sólo una emoción pasajera, aunque pueda incluirla en sus expectativas, sino algo más, algo que lo llene, que lo perturbe, que lo asombre, que lo afecte emocionalmente, que lo haga soñar, o reflexionar, o actuar incluso. El arte conmueve. Y la literatura, en tanto arte, crea el mismo escenario.

Entonces, ¿qué busca el lector en cualquier obra literaria? Cuando todos decimos "¡originalidad!" creo suponer que deseamos ser sorprendidos, conmovidos, emocionados, involucrados. Mucho más que entretenidos, puestos al caso.

Desde ese punto de vista, entonces sí, es nuestro deber moral como autores creativos alcanzar ese objetivo. Pero al mismo tiempo, y precisamente en cumplimiento del "deber moral", deberíamos mirar más allá de lo que la gente "pide" y concebir según nuestra inspiración otras ideas, otras historias.

¿Cómo hacerlo? No parece que sea tan inalcanzable. ¿Es que acaso no somos lectores nosotros también?

3 comentarios:

Ragofer dijo...

Personalmente creo que no busco tanto la originalidad en lo que leo, quizá más bien entretenimiento, sensaciones, aventuras o, simplemente, pasar un rato olvidándome de lo demás.
Lo original quizá sea tan original que no termine de entenderlo o no me atraiga tanto.

Laura dijo...

Es que "original" no es sinónimo de "raro". Los demás componentes que mencionas (entretenimiento, sensación, aventura, olvido, etc.) están presentes tanto en historias originales como en las que no lo son. Los lectores de inmediato aprecian una historia original que llena al mismo tiempo otras expectativas. En cambio, las rarezas son vistas con curiosidad o no atraen lo suficiente. ;)

Ferrolobo dijo...

Gracias Laura.
Hoy precísamente no andaba muy suelto con las inspiración.
Tu lectura me ha hecho comprender...
Ay! dichosas musas.
Gracias de nuevo, y ánimo con tus proyectos