3 de septiembre de 2013

De cómo "todos y todas" es un lenguaje demagógico y ridículo

Vamos a ver: ¿qué significa "discurso demagógico"? Pues tan simple como "manipulador", pero valiéndose de las emociones y prejuicios de un pueblo para lograr que este se adhiera al punto de vista de quien lo emplea, normalmente con miras a obtener poder político. Y cada vez que alguien utiliza recursos parecidos en su expresión escrita o hablada, está siendo demagógico.

No hay nada peor en una democracia que la demagogia. Distorsiona el ideal de la soberanía popular, ese anhelo de que el gobierno sea la representación de la voluntad de un pueblo, que alcanza acuerdos gracias a su capacidad de consenso y diálogo. ¿Por qué? Pues porque el ideal implica uso de la racionalidad y no hay nada más irracional que las emociones y los prejuicios combinados para decidir sobre controversias y problemas que atañen a todos. Y el demagogo lo sabe, pero como solo le importa su propio poder, tampoco se preocupa si lo ha logrado mediante el engaño y la manipulación.

¿A qué voy con este discursito? A denostar (de nuevo) esa desagradable e invasiva costumbre de utilizar el lenguaje "de inclusión de género", o por decirlo de otra forma, a esa manía de que en todo discurso debemos "incluir" al sexo femenino utilizando claramente las palabras que lo denotan: "... para favorecer el interés de nuestros niños y nuestras niñas...", "... para solucionar los problemas que atañen a los docentes y a las docentes...", "... este es un comunicado del Colegio de Abogados y Abogadas...", "... este discurso lo dirijo a los y las costarricenses...", "... a todos y a todas...", etc. Y por supuesto, aberraciones como "los y las niñas" y lindezas por el estilo.

Este discurso "inclusivo" fue implantado por una moda política y fue muy bien recibido por un pequeño sector feminista, que yo llamaría ingenuo, pues parecía ser la última reivindicación de la necesidad de equiparar el "género" femenino con el masculino en el corazón mismo de nuestra cultura: nuestro idioma. Sin embargo, para lograrlo, era necesario quebrantar una regla fundamental de toda muestra de comunicación, que es el uso adecuado de los recursos lingüísticos, incluyendo la economía y la precisión en la expresión del mensaje. Repetir a diestra y siniestra "los" y "las" y tener que repetir sus consecuentes modificativos (niños sanos, niñas sanas, alumnos diestros, alumnas diestras, etc.) alarga de forma antinatural el discurso, lo vuelve cansino y hasta ridículo y al final el mensaje se ahoga en una formalidad pesada y absurda.

"Es que el lenguaje español es machista". Bueno, ¿y cuál no lo es? ¡El machismo ha dominado nuestras culturas por miles de años! ¿Acaso creen que repitiendo hasta el cansancio os/as y destruyendo las reglas fundamentales de la concordancia (los y las niñas) están retirando la carga sexista del idioma? ¡Por favor! Lo único que se logra es seguir el discurso demagógico de los políticos que implantaron esta costumbre para ganar votos de grupos afines a políticas de género inclusivas, pero poco más. Hacer el ridículo, quizá. Distraer la atención de las auténticas injusticias de fondo. Pero lo importante, lo que realmente debería conseguirse, no.

No se logra erradicar el sexismo del idioma, ni se logra equiparar los derechos de las mujeres con los de los hombres. Tampoco mejoramos la calidad de vida de las jefas de hogar o de las niñas que no reciben educación y quedan embarazadas como producto de la ignorancia y la violencia. Ni erradicamos los asesinatos de mujeres ni las violaciones.

Las mujeres siguen en su posición de desventaja, mientras muchos se llenan la boca de todos y todas.

Pero algo hay que hacer, ¿no?

Pienso que sí. Que sí debemos reducir el sexismo en nuestro idioma, hasta donde es histórica y racionalmente posible, mientras este evoluciona y se adapta a los nuevos tiempos y crea nuevas formas -mucho más lógicas- para expresar nuestras ideas y emociones.

¿Cómo?

Primero, ahorrémonos el absurdo y ridículo discurso doble y olvidémonos de os/as.

Segundo, vayamos a lo que verdaderamente denigra a la mujer en el idioma:

1. Es necesario revalorar el término MUJER y todo lo que ello conlleva.

Llamar a un niño "mujercita" porque es llorón y cobarde; decir que un pueblo es "viril" o que un funcionario "se pone los pantalones" para designar firmeza, valentía o incluso honestidad, y cosas por el estilo, es denigrar la palabra "mujer" y los atributos femeninos al tratarlos como sinónimos de cobardía, indecisión, flojera e incluso falsedad.

Muchos piden al político de turno que "se ponga los pantalones", como si ser hombre fuera sinónimo de firmeza y ser mujer, por ende, signifique carecer de ella. Nadie es firme porque es hombre. Se es firme porque se es firme, sea hombre o mujer. Si queremos exigirle a un político que sea firme, se le dice así, en buen español: ¡Sea firme!

Otra manera de denigrar a la feminidad con el uso del idioma es insultar a un jugador en la cancha con la palabra "perra", porque las perras son el sinónimo de las prostitutas y las prostitutas son lo más bajo de la sociedad, porque así piensa el machismo. Un momento. El insulto es ofensivo desde muchos ángulos, pero el principal es que asocia la feminidad con la cobardía y la debilidad. No más. Eres realmente "inclusivo" cuando abandonas todo insulto que implique una denigración de la condición femenina a niveles tan básicos.

"Femenino" no es sinónimo de sumisión y debilidad. No es sinónimo de superficialidad ni de banalidad. No es sinónimo de delicadeza y vulnerabilidad. "Femenino" significa "relativo a la mujer". Y punto. Si quieres decir que una mujer es sumisa, débil y delicada, porque así lo es, lo dices usando las palabras exactas: esa mujer es sumisa, débil y delicada. No dices "esa mujer es femenina" para indicar que es todo eso. No dices que una mujer es masculina si lo que quieres decir es que es valiente, dominante y fuerte, porque "masculino" no es sinónimo de valentía, dominación o fortaleza. "Masculino" es solo "relativo al hombre". Y punto.

No hay literatura "femenina", a menos que haya literatura "masculina". ¿La hay? No la hay, es solo literatura. Entonces la que escriben las autoras es solo eso: literatura. Y mucho menos la literatura "femenina" es "vacía, superficial, absurda". Jamás. La literatura vacía, superficial y absurda es escrita por una enorme variedad de autores, entre los que se incluyen tanto hombres como mujeres, lo que es natural, puesto que todos son seres humanos por igual.

¿Notan el largo trabajo auténtico que hay que hacer en el idioma para erradicar el sexismo? ¿Qué es más importante? ¿Decir os/as pero mantener el sexismo de una enorme cantidad de términos y expresiones lingüísticas que denigran a la mujer; u olvidarse de esa estupidez del os/as y enfocarse en una revaloración del idioma y un nuevo enfoque sobre cómo debemos expresarnos cuando nos referimos a los demás?

2. Revaloración de la palabra HOMBRE y todo lo que conlleva.

En la misma medida en que decir "no sea mujercita" es sexista, decir "sea más hombre" también lo es. "Hombre" no es sinónimo de valentía, racionalidad o inteligencia. No es sinónimo de fuerza o dominación. Ni siquiera de agresión. Hombre es el ser humano del sexo masculino. Y punto. Y hay infinidad de hombres estúpidos y cobardes, irracionales y débiles o sumisos. Los hay por montones y no porque "no sean hombres", sino porque son así.

La virilidad no es sinónimo de fuerza o valor. La virilidad no debe ser tenida como un VALOR, sino como una condición propia de los hombres. Decir "hombre viril" es una redundancia, como decir "mujer femenina". Y todos los rasgos del macho no son positivos ni los de la hembra negativos. Los rasgos positivos o negativos son propios de la condición HUMANA, no de la condición sexual. Y atenerse a este concepto básico es esencial para comenzar una revolución anti sexista AUTÉNTICA en el seno de nuestro idioma.

Así, pues, ya saben. Ustedes pueden decidir si quieren seguir siendo manipulados por un lenguaje demagógico, tendiente a suavizar un status quo desigual y a ridiculizar el movimiento que busca dignificar a las mujeres, o si por el contrario, quieren erradicar del idioma aquellas cargas semánticas y expresiones hechas que encierran un profundo sexismo, fundamental y básico, que sigue carcomiendo nuestro discurso.

Nota: por recomendación de un comentario, apunto aquí este enlace que ilustra muy bien el tema: http://wvw.nacion.com/ancora/2009/agosto/16/ancora2058483.html

10 comentarios:

Juan dijo...

Hola Laura

Interesante la forma en que lo planteas. Por desgracia, es una batalla perdida. En España ya se han hecho intentos de sancionar a quien no diga "los españoles y las españolas". En los discursos políticos y la redacción de las leyes se exige la repetición de la forma masculina y femenina. Quizá en 10 o 15 años te multen por decir: "los ciudadanos se sienten engañados".

De hecho, existen libros de estilo de lenguaje "neutral" en cuanto a género que, en un 80% es cambiar el plural genérico masculino por plurales femeninos. No se dice "día del emprededor" sino "día de la persona emprendedora". Ya no se puede decir "los bebés" sino "las criaturas". Hay ministras españolas que dicen "miembra", pero ven ridículo decir "persono": si un genérico es femenino, está bien.

Es, a la vez, incultura y totalitarismo. Los políticos se creen con derecho a decirnos cómo tenemos que hablar.

Aunque más grave es lo que leí en una bitácora hace algún tiempo, al hablar del problema de las niñas que les pegan a sus madres. Decía el psicólogo que aquellas niñas "presentan un comportamiento muy masculinizado". Efectivamente, la idea es que los hombres nos dedicamos a pegarles a nuestras madres, que maltratarlas es algo "masculino". Somos la maldad personificada por derecho de nacimiento.

Un saludo.

Juan.

Laura dijo...

Hola, Juan.
Mira, no creas que no me entristece lo que me dices, pero es la repetición de un fenómeno a lo largo y a lo ancho del mundo hispano hablante. Y es que esas dizque feministas (que no las considero yo auténticas) no se dan cuenta que perpetuando una práctica así, solo entronizan el verdadero machismo, el que carcome vidas (tanto de mujeres como de hombres) y no permite que disfrutemos de una sociedad armónica y feliz.

Ahora bien, afortunadamente, las modas van y vienen, y quién sabe, si a un fenómeno absurdo respondemos con acciones racionales y equilibradas y dejamos ver cuáles son los temas auténticamente importantes, es decir, educar a mujeres y a hombres en un modelo digno de relaciones interpersonales donde no se denigra a nadie ni se fuerza a nadie a ser "bruto", podamos con el tiempo revertir las modas y acercarnos a modelos más justos.

Sé que suena optimista, pero creo que la humanidad alcanza muchas veces cuotas de progreso precisamente porque los ideales se mantienen, pese a las batallas que muchas veces se pierden. Después de todo, la batalla no es la guerra y el mundo sigue girando. =)

Saludos, y gracias por pasarte =)

Bernardo dijo...

¡Excelente! Con su permiso, lo compartiré. Ojalá lo leyeran los políticos en campaña que ya comienzan con tal cursilería. Gracias.

Laura dijo...

=) De nada.

Sergio Arroyo dijo...

Buena suerte con tus propuestas. Desgraciadamente las modas hacen el uso, y el uso, la norma. La moda, según tengo entendido, vino de Francia y allí tardó años y años en pasar. Aquí, con una educación más pobre y ese sector feminista (que además tiene vela en la política) acogiendo la moda, estará difícil que se deje de lado. Con la obligación jurídica de que el lenguaje pseudo inclusivo se utilice en el papeleo oficial, aún estará más difícil. El gran problema es que no se suele tomar en cuenta a los especialistas del lenguaje para legislar sobre el lenguaje. Recuerdo que una vez un grupo de compañeros participaron en una conferencia sobre el lenguaje inclusivo y el panel estaba integrado por una socióloga, una periodista, un abogada y ninguna lingüista. Una compañera filóloga dijo que ella era profesional del lenguaje y que podía demostrar, con ejemplos, que el género del lenguaje es gramatical y no sexual. Pero inmediatamente fue censurada por representar a la Academia con estas palabras: "la Academia es un aparato patriarcal". Es difícil tratar de convencer de algo a alguien que, para empezar, no está dispuesto a escuchar. Aquí te dejo un enlace de hace algunos años que sigue siendo muy vigente: http://wvw.nacion.com/ancora/2009/agosto/16/ancora2058483.html

Laura dijo...

Gracias por el enlace, Sergio. =)
Sé que puedo nadar contra corriente, pero ¿no nadamos contracorriente en muchas cosas? Por eso toco el tema y lo defiendo. Cuento con algunas ventajas en una lucha verbal con feministas: soy mujer. Desgraciadamente, cuando se trata de un tema así, a los hombres (injustamente) se los aparta, como si ellos tuvieran por obligación que defender las posturas machistas. Y sé que la mayoría de las feministas no comulgan con una visión tan miope de la lucha por dignificar a las mujeres. Lo que pasa es que esas feministas auténticas suelen encontrarse en los campos donde se las necesita.
En fin, así están las cosas. También las modas que fueron normas, luego se modificaron y cayeron...

Josep Martin Brown dijo...

"Sociedad armónica" es un oxímoron, ¿verdad?

Laura dijo...

Hola, Josep.
Sociedad armónica es un ideal posible, creo. Pero no soy pesimista =), quizá incluso, soy optimista.

Rebecca Demes dijo...

¡No pudiste haberlo expresado mejor! Sea por simple rebeldía o razón justificada; me niego a seguir usando esas formas del lenguaje.

blackmarquez dijo...

Estoy de acuerdo contigo, ese dizque lenguaje inclusivo, ya raya en la ridiculez.