15 de junio de 2013

Leer y leer por placer

Hace poco, un informe de PISA (Programme for International Student Assesment o "Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes") reveló un dato en sí mismo perturbador pero nada sorprendente: la calidad de la comprensión de lectura de los estudiantes ticos está en un desolador bajo nivel, pues apenas tienen un dominio básico de lectura (nivel 2), mientras que la mayoría de los chicos de los países desarrollados de la OCDE (Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo o también OECD, Organisation for Economic Cooperation and Development) se sitúan en el nivel 3 o en niveles superiores. O sea, no solo saben identificar información en un texto escrito, sino también pueden desarrollar un informe crítico al respecto, logro muy lejano para la mayoría de nuestros jóvenes.

Pese a este resultado, y como gran noticia, el Ministerio de Educación Pública (MEP) acaba de informarnos con bombos y platillos que de ahora en adelante los niños de 7 años, es decir, los que asisten a primer grado de primaria, no tendrán la obligación de saber leer para aprobar su grado y que podrán tomar todo el año siguiente (segundo grado) para alcanzar ese objetivo. (Claro, considerando que nuestros niños son quienes más repiten primer grado en la región...) Además de esa gracia, el mismo ministro expone que que los niños deben ser "expuestos" a la literatura "sin tantas teorías literarias", sino de manera más natural, como se sitúa cualquier hijo de vecino frente al arte, pues, después de todo, la literatura "es un arte".

Leyendo ambas notas no me terminaban de cuadrar las cosas. Si una evaluación tan prestigiosa y precisa como es la de PISA nos está diciendo que nuestros alumnos de secundaria apenas saben leer, ¿cómo es posible que el Ministro de Educación mismo esté proponiendo un retraso en la adquisición de la capacidad lectora de los niños? ¿No está viendo que no están aprendiendo nada?

Se sabe desde hace tiempo que la mayoría de los expertos consideran los 6 años como la edad ideal para aprender a leer. Se puede aprender a leer antes, desde los 4 o 5 años, pero como una eficaz adquisición de la habilidad lectora suele ir acompañada de cierta madurez aconsejable, se estima que si un niño no aprende a los 5 pero lo hace a los 6, "no habrá perdido el tiempo". Seis años, ojo.

Seis años.

Por experiencia propia sé que a uno la curiosidad lo puede impulsar desde mucho antes. Y con solo dar rienda suelta a esa curiosidad uno puede aprender a leer con mucho gusto y sin presiones. Claro que se necesita una guía adecuada. Aprenden a leer por sí mismos solo unos cuantos obsesionados, los demás aprenden cuando se les guía. Pero pueden divertirse de la misma forma.

¿Por qué esperar hasta que cumplan 8? ¿Por qué forzar a los niños a atrasarse? Sé que en el preescolar no se permite enseñar lectoescritura, porque se supone que los cerebros infantiles no están preparados. Pero que yo sepa el último grado de preescolar es para niños ¡de seis años!

Bien, supongamos que se llega a primer grado y no se aprende a leer y aún así se pasa uno a segundo. ¿Cómo espera nadie que un niño que no entiende las palabras escritas pueda apreciar el "arte literario" si el "arte literario" está formado por palabras? ¿No entiende el rimbombante señor ministro que el arte pictórico usa la pintura como herramienta de expresión y la literatura el lenguaje? No, parece que no lo entiende.

Para agregar más lodo a este tinglado, los chicos que mejoran su capacidad lectora son quienes mejoran más rápido en su rendimiento escolar general, lo que parece lógico: si pueden comprender un texto escrito, tienen acceso fácil a la información científica y académica. Y, según los informes de PISA, cuanto más gusto por la lectura desarrolla un niño, más capacidad de compresión lectora tiene.

Esto nos permite predecir que si los niños leen por placer, desarrollarán una capacidad profesional de alto nivel al final de sus estudios formales. O sea...

El agua tibia.

No se trata solo de aprender a identificar símbolos lingüísticos escritos y de dotarlos de sentido. Se trata de comprender contextos, de saber interpretarlos y analizarlos, de producir textos propios y de saber disfrutarlos, cuando de placer se trate. El arte literario cumple muy bien este último objetivo, pero para poder acceder a él, hay que aprender a desarrollar comprensión lectora. Hay que saber leer.

Leer por placer no es solo una forma de entretenimiento. Es una afición más que provechosa. Y quienes la practican llevan ventaja sobre los que no. Y en los países donde se estimula hay más prosperidad y cabezas pensantes que en los que no.

Así de simple.

¿Y qué hacen los adultos entretanto? ¿Envían a sus hijos a leer y ellos se sientan a ver televisión donde quizá pasan un programa de concursos o un partido de fútbol o una telenovela de paquete?

Fregados estamos.

5 comentarios:

Pablo Aguilar dijo...

Decir acertado es ser avaro hasta la mezquindad en elogios. Parco en elogios he nacido y parco en elogios he de morir.
Y sin embargo encuentro necesario agregar que en franco detrimento de la lectura se suman, hoy, la tecnología; oh ironía, que destruye humillantemente el lenguaje escrito, la música popular que perpetúa los vicios del lenguaje (mal)hablado, la absoluta ausencia de vocación de los maestros y la fulminante omisión de interés de los progenitores.
También permítaseme señalar que, en el ámbito feudo-capitalista, el rimbombante susodicho comprende a cavalidad el beneficio implícito en generar estudiantes con una famélica capacidad de comprensión de lectura, baste y sobre con que entiendan las palabras Imperial, Sexo, Oferta, Crédito y Soborno; pues quien vaya más allá de éste rudimentario conocimiento atenta contra el status quo.
La sistemática degradación intelectual del costarricense es un proceso perfectamente orquestado con un propósito bien definido. El objetivo lo vemos a diario en cualquier "advertising", programa de TV, tabloide, twit, post y blog (con bellisimas excepciones); donde se alude explícitamente al consumismo enajenado.
Leer es mi gran placer. He renunciado a mucho para poder gozarlo. Pero jamás he hallado las palabras para compartir éste sentimiento con quienes no lo conocen.
Y evidentemente, cuando los niños de hoy, sean los hombres del mañana, tampoco habrá escritura adecuada para transmitirlo, ni quien la comprenda.
Gracias Laura por éste espacio y éste aporte tan preciso.

Laura dijo...

Hola, Pablo. Creo que frente a todos los obstáculos, el más inmediato y más difícil de vencer es la indiferencia paterna. Luego está la inoperancia docente. Pero cuando convencemos a los padres de la necesidad de leer por placer, ellos mismos, de manera inevitable comenzarán a pensar que sus niños también deben hacerlo, y a la vez, comenzarán a esperar más de los maestros y del sistema educativo en general. La tecnología será un problema menor en cuanto la gente que la manipula la vea con otros ojos...
=)
Gracias por pasarte y por tus comentarios.

Esther dijo...

Toda la razón, Laura.

Leer es una de las actividades más complejas que puede desarrollar el cerebro humano: educar en la lectura es, entonces, fundamental.

Por otro lado, la lectura debería ser comprendida como una instancia placentera tanto en la escuela como en el hogar. Leer por placer: Borges no estaba equivocado, eso es la literatura.

Begoña dijo...

La literatura para quienes leen por placer siempre será un refugio al que regresar cuando se quiera para sentirse seguro.

Te dejo un enlace en el que se te concede un premio:

http://dasdelluvia.blogspot.com.es/2013/06/premio-one-lovely-blog-award.html

Espero que te haga ilusión ;)

Laura dijo...

Muchas gracias, Begoña =) Me honra la distinción. Y de paso, me abres la puerta a otros blogs que no conocía y que se ven estupendos.