26 de febrero de 2013

Lógica, ¿con qué se come?

"¡Lógica!- dijo el profesor en parte para sí mismo- ¿Por qué no enseñan lógica en las escuelas de hoy en día? Existen solo tres posibilidades. O bien vuestra hermana miente, o está loca o dice la verdad. Sabéis que no miente y resulta evidente que no está loca. Por el momento, pues, y a no ser que aparezcan más pruebas, debemos dar por sentado que dice la verdad." (Lewis. El león, la bruja y el ropero. Las Crónicas de Narnia.  Ed. Planeta, Barcelona, 2005, pág. 62).

Parece un razonamiento limpio, ¿no es cierto? Cuando Lucy, uno de los personajes infantiles del primer tomo de la saga de Narnia, cuenta a sus hermanos que ha traspasado un ropero y se ha encontrado con un mundo mágico, la reacción que ellos tienen es de incredulidad. ¿Cómo puede ser posible que esté diciendo algo real? ¡Tiene que estar mintiendo o se ha de haber vuelto loca! Pero como dudan de sí mismos, acuden al profesor, el anfitrión de la casa donde los niños residen durante la guerra, y le exponen sus dudas. El profesor, para analizar la situación, acude a un razonamiento lógico: primero, ¿es Lucy conocida por ser alguien que miente con regularidad? No, contestan los niños. ¿Muestra Lucy trazas de haber perdido la cordura? No, eso es evidente. Sigue siendo la misma Lucy y habla sin trazas de locura o extravío. Entonces, si no miente, y si no está loca, necesariamente debemos suponer que dice la verdad, lo que causa conmoción en su público.

Por supuesto, nosotros los lectores sabemos que está diciendo la verdad, sin más ni más, pero lo que importa aquí no es que la diga o no, pues dentro del contexto de la historia, se espera que lo haga, sino la observación que hace el profesor sobre la enseñanza de la lógica en las escuelas. Y es que los hermanos de Lucy entran en frenética angustia precisamente porque no razonan con lógica, sino que se dejan llevar de buenas a primeras con lo primero que les llega a sus cabezas: ¿cómo es posible que lo que ella dice sea cierto? Su incredulidad es comprensible, pero sus conclusiones no son lógicas.

¿Es importante la lógica? Alguien me diría que está muy bien en un cuento fantástico donde Narnia es una realidad y era preciso que Lucy fuera creída. Sin embargo, su respuesta es irrelevante. ¿Por qué? Porque no es lógica.

¿Qué es después de todo la lógica?

En términos generales, la lógica es tenida como una ciencia formal, que estudia los principios de la demostración y de la inferencia válida, donde lo que importa es la validez de los argumentos en cuanto a su planteamiento estructural, independientemente de su contenido específico. Nació como parte de la filosofía griega, en el siglo V a. C. y lo que buscaba era el orden en el discurso que asegurara la validez de los argumentos, cualesquiera fueran estos. Durante los siglos que siguieron se unió al razonamiento matemático y  de dicha unión surgió lo que se conoce como lógica matemática.

En esta medida, lo que importa entonces no es si Narnia existe o no existe, si es un cuento fantástico o no lo es, sino que dentro del contexto donde Narnia es una realidad, los argumentos para creerle a Lucy deben ser válidos, consistentes, lógicos. ¿Vale para el mundo real? Sí, claro, y de hecho, una de las graves fallas de nuestro sistema educativo, de nuestra costumbre de argumentar y desechar los argumentos de otros, es la falta de orden en el discurso que proviene de una falta grave de orden en las ideas. No hablamos con lógica porque no solemos razonar con lógica. Nuestras ideas pueden ser muy buenas, pero si no están ordenadas pueden entrar en una grave contradicción que quizá no veamos por la falta de estructura. Y esas contradicciones pueden llevarnos, y de hecho nos llevan a menudos, a conclusiones erróneas.

La lógica formal tradicional se enfoca en la estructura del discurso sin prestar atención al contenido. Pero, inevitablemente, cuando introducimos el contenido, si hemos respetado la estructura del discurso, descubriremos que termina por afectar las ideas. Y eso es realmente importante.

Volvamos al inicio. ¿Por qué es importante saber si Lucy dice la verdad? Porque dentro del contexto de la historia, era esencial para la niña que sus hermanos creyeran lo que estaba viviendo y porque si no le creían, podía sufrir malas consecuencias genuinas para ella y para su otro hermano, Edmund. ¿Por qué es importante la lógica en nuestro mundo y en nuestro contexto? Porque debemos asegurarnos de que llegamos a argumentos válidos para estimar o desestimar una idea, una acción o una reacción. Porque debemos asegurarnos de que resolvemos un problema en vez de hacerlo más grave. Porque debemos asegurarnos de que en nuestra vida diaria tomamos decisiones a partir de razonamientos válidos y no a partir de suposiciones falsas, presunciones inciertas o prejuicios. Porque en la aplicación de la lógica volvemos la vida más simple, sin desdeñar sus naturales complejidades, y podemos enfocarnos en lo que realmente importa y descartar lo accesorio, lo banal, lo estorboso.

¿Tan importante es?

Hace unos días, Emilia Fallas planteó en una interesante nota en Facebook su preocupación por el descuido que en general se tiene de la literatura en Costa Rica, y por ende, de otras muchas ramas del saber intelectual y artístico. Los niños no aprenden a leer como se debe, los adolescentes no desarrollan ningún gusto por la lectura, y los adultos se comportan en general con indiferencia ante lo intelectual y lo cultural, con grave consecuencia para el ambiente social y cultural del país. En resumen, que un país no lea solo puede traer malas consecuencias: adultos no pensantes. Y adultos no pensantes eligen malos gobernantes, pésimos representantes y prestan atención a noticias amarillistas. Sí, todos sabemos lo que eso significa.

Volviendo a la nota de Emilia y ahondando en su discurso, es fácil advertir que su preocupación no se relacionaba con "no saber leer" como acto formal, pues más del 90 o incluso 95% de la población está alfabetizada, sino con "no saber leer" con profundidad. En otras palabras, los lectores adultos siguen comportándose, en relación con la literatura, como si fuesen niños de preescolar, pues no se muestran exigentes, no comprenden historias complejas y no se interesan por profundizar lo que leen.

Apartándome del hecho de que tal situación en realidad no es nueva, ni aquí ni en muchos países, y de que Emilia afirma muchos hechos ciertos y lamentables, sí me llamó la atención un comentario en particular: Además, el MEP ha invertido millones (calculando salarios, costos administrativos, tiempo de docentes, pago de consultores, etc) durante más de cuatro años en la gran novedad "meterles un proyecto de lógica" en Español, en lugar de abordar realmente el tema y estudio de las competencias que el país debe desarrollar en los muchachos para alcanzar competencias en comunicación oral, escrita y análisis lector [...] La lógica solo es una herramienta ínfima que puede ayudar a percibir relaciones del discurso, pero JAMÁS ninguna teoría literaria ni lingüística desde siempre en los  "siglos de los siglos" de estudio literario puede ser antepuesto (sic) por la lógica..."  

Consideremos los hechos. ¿Hay estudios de lógica en nuestras escuelas como asignatura formal?

No.

Sin que haya una asignatura llamada propiamente "lógica", ¿se instruye a los niños en el difícil proceso de saber estructurar discursos e inferir conclusiones válidas a partir de premisas bien formuladas en cualquier materia desde el comienzo de su vida escolar?

No.

¿Se les enseña a los niños algún método para analizar cualquier texto -no solo literario- que siga una estructura formal que asegure la validez de los planteamientos sin incurrir en falacias, falsas premisas y conclusiones apresuradas?

No.

¿Se estimula el debate activo de ideas, el planteamiento de argumentos propios en torno a los temas de estudio, en especial, aquellos relativos a la cultura?

No. Ni en la infancia ni en la adolescencia.

¿Por qué?

No lo sabemos.

¿Repercute negativamente en la educación de los niños el que no sepan pensar de manera ordenada?

Pareciera que sí, puesto que enfrentados a un texto cualquiera no suelen saber qué hacer con él. Tan solo esperan las instrucciones del profesor, que muchas veces sigue algunos lineamientos ya preformados.

¿Es esperable que los niños y los adolescentes, sin estar acostumbrados a razonar de forma ordenada, sean capaces de comprender y aplicar las teorías lingüísticas y literarias más complejas?

No lo parece.

¿Es esperable tan solo que puedan comprender un texto profundo?

Tampoco lo parece.

Dada esta situación, ¿por qué habríamos de despreciar la introducción de la enseñanza de la lógica en nuestras escuelas si se hace tan necesaria?

En realidad, pienso que la enseñanza de la lógica, sin ser nunca una asignatura formal, debería arrancar en el preescolar, donde se les debería enseñar a los niños a entrar en contacto con los libros, a mirar el mundo con ojos de maravilla, a saber expresar sus pensamientos en voz alta y a escuchar los de sus compañeros, que pueden no coincidir con los propios. Sería una gran oportunidad para enseñar a los niños a pensar, a debatir, a respetar las opiniones ajenas, a sostener con dignidad los argumentos propios, y a comprender que los libros no son solo una asignatura aburrida, sino una oportunidad estupenda para disfrutar y a la vez, para comprender la realidad que los rodea a través de las páginas de muchas otras realidades. Tendríamos después adolescentes más conscientes y más interesados, y adultos más pensantes y más críticos.

¿Que estoy soñando? Puede ser, pero ningún daño hace. En verdad creo que aprender a leer comienza por lo básico, y lo básico se relaciona con el pensar. Quizá hoy lo que parece una utopía se haga realidad algún día en nuestras escuelas, y quizá tengamos mejores generaciones de adultos pensantes en el futuro. Entre saber leer, saber pensar y saber tolerar hay una relación más profunda de la que solemos asignarle. =)

9 comentarios:

Eli dijo...

Primero de todo, me ha gustado la referencia a Narnia, concretamente El León, la Bruja y el Armario. Era uno de mis libros favoritos cuando era niña y aún tiene un lugar especial en mi estantería.
Ahora, al asunto. La lógica como tal no se da como asignatura ni se inculca a los niños desde pequeños, es cierto. Existe un mínimo acercamiento en Bachillerato dentro de la asignatura de Filosofía, pero más que aprender a usar la lógica lo único que se llega a hacer es determinar la validez de razonamientos sin contenido, lógica formal (lo de p -> q, p | q). Y no he vuelto a verlo más.
El problema radica en que se apartan algunas ramas del conocimiento y se potencian otras, que encima se potencian mal. Por ejemplo, Inglés: cada vez hay más horas, más actividades en inglés y hay conciencia de que hay que saber inglés. ¿Hay un buen método de enseñanza en España? No. Pues por mucho que sigan insistiendo, no van a conseguir nada.
Yo actualmente estoy cursando segundo de Bachillerato y mi propia profesora de Lengua nos lo dice: la parte de Literatura, de "memorieta" la saldamos bien; en cambio, el comentario crítico ha sido una masacre, ya que no sabemos organizar argumentos coherentes sobre un texto. Pero claro, si es la primera vez en nuestra vida que nos piden que hagamos esta clase de comentarios, ¿qué pretenden? ¿Que sepamos hacerlo por ciencia infusa?
El sistema español de enseñanza cada vez es peor, ya que se iguala por lo bajo y se eliminan competencias. He visto exámenes de Selectividad de hace años y exámenes de ahora y no hay color: los antiguos son mucho más complejos y difíciles. Ojalá me equivoque, pero o esto cambia o estamos destinados a seguir en esta dinámica.

Laura dijo...

Hola, Eli. Gracias por tus comentarios. Desafortunadamente, tienes razón. Y no solo en España. Es un mal que se ha extendiendo en muchos países de la cultura occidental, un mal al que no parecen darle la importancia que merece. Ya hay voces de protesta, provenientes de viejos profesores, padres de familia preocupados, jóvenes que se dan cuenta de la insuficiencia de su educación. Yo espero que estas voces resuenen cada vez más fuerte, hasta lograr una reforma, un cambio en la manera en que educamos a los niños y en que nosotros mismos nos educamos.
Saludos =)

Cristián Marcelo dijo...

Hola, Laura, me gustó su artículo, pero me imagino que usted no clases en secundaria. La lógica se implementó en la materia de español. Pero nadie se pregunta ¿qué quieren aprender los adolescentes o si quieren aprender algo? La enseñanza de la lógica se basa en la premisa de que el estudiante ya tiene conocimientos previos, y que el profesor solo tiene que ser una partera platónica. Pero me gustaría preguntarle: ¿Usted sabe cuánto dura un estudiante de séptimo año en leer un cuento de tres páginas? y más preocupante ¿sabe cuál es el nivel de comprensión de lectura que tiene ese estudiante?¿Por qué de las obras clásicas solo se leen resúmenes? ¿Sabe cuántos libros leyeron los estudiantes de primaria? El estudio de la lógica en secundaria se receta como la pomada canaria, para enseñar a los estudiantes a pensar y razonar, con la idea de que con sus conocimientos previos puedan inferir conceptos como argumentos, premisas, falacias, etc. Pero recuerde todo ese conocimiento debe ser evaluado de forma objetiva en uno o dos exámenes trimestrales. La evaluación objetiva de acuerdo con nuestro sistema educativo es la única forma de medir el aprendizaje de los estudiantes. Por otro lado, ¿usted cuántos profesores de español están dando los temas de lógica?, ¿sabe cómo abordan los profesores de secundaria esos contenidos?. Para mí, lo más preocupante es el Programa de estudio de Español del Ministerio de Educación Pública, un programa a todas luces desarticulado, que se le añaden más y más contenidos, hecho de retazos de teorías lingüísticas y literarias. Tenemos una Nueva gramática de la lengua española, una nueva ortografía, pero aún tendremos que esperar, por lo menos, media década para poder utilizar esos textos. A todas luces, hemos olvidado lo primordial, nuestros estudiantes son adolescentes...

Laura dijo...

Hola, Cristián. Comprendo tu frustración y aunque a mí no me ha tocado lidiar con adolescentes en una clase, tengo dos hijos con esa edad y un tercero a punto de entrar a ella. También he visto el comportamiento (y lo he experimentado) de los niños en clase y el de los universitarios de 18 años también. Sé de qué hablas. Por eso cuando pienso en términos ideales me remonto a la *infancia*, donde todos los procesos deben comenzar si queremos tener una adolescencia más fluida. Y por supuesto, en la capacitación de los profesores. No me hago ilusiones con el sistema, pero pienso que un buen profesor hace lo que puede con lo que tiene y si solo consigue inspirar a un alumno a la vez, quizá esté formando al próximo gran reformador de nuestro sistema educativo para las generaciones venideras. O quizá tan solo un buen ciudadano y un adulto pensante más, que tanto necesitamos.
Gracias por tu comentario y tus reflexiones. Saludos.

Begoña dijo...

En mi vida diaria me encuentro de cara con la realidad, tengo muy poquíto de lógica. Me imagino que la lógica depende bastante de la capacidad intelectual y ahí donde no hay no se puede comprar. Lo veo cuando como lectora abandono libros importantes que me hastían hasta el cansancio. Creo que leo mucho pero por adentrarme en mundos apasionantes muy bien escritos, eso también.
Creo que la lógica se desarrolla a partir de un cierto conocimiento de base que si no se tiene siempre anda coja.
Saludos

Laura dijo...

Hola, Begoña, gracias por pasarte por aquí. Mira, yo creo que con tus palabras comenzamos a hilar delgado: mi preocupación gira en torno al común de los estudiantes, en especial de primaria, que son introducidos a la literatura de manera absurda, sin que se les inculque el menor interés por desarrollar una capacidad lectora más profunda que el de las palabras que les ponen enfrente y que genera entonces generaciones adolescentes que solo saben jugar videojuegos, mirar TV vacía y adultos que no se acostumbraron a ejercitar sus neuronas.
Pero casos como el tuyo son distintos. Siempre fuiste lectora, y como tal, desarrollaste tus propios procesos de pensamiento y análisis. Eres capaz, por ejemplo, de darte cuenta de que un libro es "importante" y sin embargo, lo dejas porque te hastía. Con tu cantidad de lecturas, puedes darte ese lujo. Tu mente está acostumbrada a pensar, a forjar criterios sobre lo que lee y lo que ve, y dado el caso, a tener una opinión. Imagina que todos los niños y adolescentes hubieran tenido ese camino: hoy la mayoría de los adultos serían humanos pensantes. No estarían de acuerdo en muchos temas, posiblemente, pero los pensarían...
Saludos =)

Esther dijo...

Hola, Laura
Muy interesante entrada. Doy una vuelta de tuerca con respecto a la cita de Las crónicas de Narnia: el razonamiento del profesor solo sería válido si "verdad" fuese un concepto absoluto. La niña puede no ser mentirosa ni estar loca, y sin embargo su verdad no corresponderse con aquello que los demás entienden como tal. La honestidad del individuo no implica, necesariamente, que sus dichos reflejen la realidad circundante; de hecho, la realidad es una percepción…

El problema educativo es todo un problema. Las competencias lectoras, tal cual decís, son fundamentales en el desarrollo del pensamiento crítico. La capacidad del individuo de organizar ideas, relacionarlas, argumentar y escuchar al otro —el otro que puede modificar lo que él cree…— incluye una variedad de procesos de difícil adquisición. De hecho, la lectura comprensiva, la lectura "de verdad" requiere de las mismas habilidades que se requieren para desarrollar un pensamiento científico. En estas cuestiones el docente es la clave más importante. Un docente acostumbrado a una enseñanza de naturaleza memorística, en la que se privilegie el dato, la información, por más reformas educativas que se implementen seguirá impartiendo esa enseñanza, salvo que cambie de forma de pensar. En el caso que planteas, esa clase de docente terminará reduciendo la lógica a una sucesión formal de mecanismos rígidos, que el alumno memorizará para obtener su aprobado, y olvidará luego de haber aprobado la asignatura.

Hay mucho hecho en didáctica de la lengua y literatura; mucho hecho a la hora de enseñar a leer, a leer en serio, no solo a deslizar la vista por las letras. O sobre cómo se puede despertar el interés por la lectura en niños y adolescentes. El que se aplique en las aulas… Eso es harina de otro costal. No sé cómo será la situación en tu país, pero en el mío (Argentina) hacerse la pregunta: ¿y los docentes leen literatura, son lectores?, es hacerse una pregunta cuya respuesta puede desanimar a cualquiera; dejando aparte el caso específico de profesores de lengua y literatura, es bien posible que uno encuentre muchos docentes que no leen, o si leen, leen las novelas de moda porque están de moda.

Y los tiempos apuran: para las nuevas generaciones el proceso de lectura es diferente al de las anteriores: los chicos hoy están acostumbrados no solo "a ver" la palabra sino también la imagen y el sonido, todo entremezclado, articulado en fragmentos que se superponen y no poseen una secuencia lineal (como sucede en los libros). Eso implica un tipo de lectura diferente al que nos formó a nosotros como lectores. Posiblemente ni mejor ni peor, únicamente diferente.

Un abrazo,
Esther

Laura dijo...

Hola, Esther =)
En el caso citado de la novela de C.S. Lewis estoy partiendo de la premisa de que todos los involucrados entienden por verdad o por realidad exactamente lo mismo. Por supuesto, es un ejemplo tomado de una obra de ficción, y necesariamente es reducido con respecto a la realidad, siempre más compleja, pero para los efectos del tema, creo que cumple.

Lo que dices sobre la formación de los docentes es cierto. Y es una triste realidad en muchos países de Latinoamérica, y aún creo, del mundo. Aquí en Costa Rica la situación no es mejor de la que pintas en Argentina y bien me señalaba una veterana profesora coterránea mía que precisamente las peores fallas del sistema educativo comienzan en la falta de formación de varias generaciones de docentes. Sin embargo, pienso que no podemos hundirnos en el pesimismo y si es posible rescatar aquello que aún es rescatable, intentarlo.
Gracias por tu interesantísimo aporte.

Esther dijo...

«Sin embargo, pienso que no podemos hundirnos en el pesimismo y si es posible rescatar aquello que aún es rescatable, intentarlo.»

No puedo estar más de acuerdo, Laura.

Abrazos!