10 de octubre de 2011

Parece mentira, pero ¡hay que mencionar la habilidad narrativa!

Y lo digo por muchas razones, en particular cuando leo las quejas de tantos escritores en contra de sus editores (o de quienes ellos pretendían convertir en "sus" editores), en contra de los lectores que tuvieron a bien leer sus manuscritos (muchas veces sin obligación), en contra de los jurados de cientos de concursos literarios, en contra de lectores comunes o de reseñistas (si lograron publicar), y en contra del mundo, ya que estamos. Y no lo digo porque yo no me haya quejado alguna vez de alguna "injusticia", porque creo que a todos nos habrá pasado, en especial en nuestros más tiernos inicios, cuando hemos "sentido" que el mundo cruel se vuelve contra nosotros y nuestra "inspiración".

¿A qué cuento viene este discurso?

La reflexión me viene inspirada en algunos comentarios de la entrada anterior, en un artículo en el que un editor veterano hacía recuento de las actitudes que más odiaba de los escritores, y de un artículo en el que una editora esbozaba lo que ella consideraba eran elementos esenciales para tener una buena novela entre manos. En otras palabras, en el choque de lo que uno como autor cree estar haciendo y lo que el editor (responsable) ve que no estás haciendo. Y ese "no estás haciendo" tiene muchas veces que ver con elementos esenciales de la obra narrativa, y no tanto con elementos accesorios o grandes complejidades del arte narrativo.

La editora citada, por ejemplo, dice muy llanamente que no es lo mismo escribir bien que tener una buena novela entre manos. La oración parece tan evidente que hasta da risa que siquiera tengamos que pensar en ella. ¿O no? ¿No será que muchos dan por sentado que si escriben bien necesariamente son capaces de producir una buena novela?

La experiencia diaria de editores y escritores parece indicar que sí, que muchos creen que para producir una buena novela hacen falta pocas cosas: una, escribir bien, dos, tener una idea de qué vas a escribir, y tres, ponerte a ello.

Pues bien, no. Eso no es suficiente y la experiencia también lo demuestra. En primer lugar, existen numerosos rechazos de obras que sus autores creyeron que eran geniales. Y la Internet está llena de quejas de estos autores despotricando contra el mundo editorial y su "corrupción mercantilista" y otras bellezas. Que sí, que es cierto que hay editores groseros y también hay editores interesados solamente en el aspecto "comerciable" de la obra, y empresas editoriales que solo buscan el ingreso fácil, y solo publican a ciertos autores, etc. Pero aún las empresas editoriales que solo buscan el ingreso fácil se fijan en esos elementos de la obra que el autor no está considerando ni ejecutando bien. Con mayor razón, los editores más serios y responsables con el acto comunicativo, los que suelen publicar también buenos libros, se fijarán si esos elementos faltan o están presentes.

En segundo lugar, nosotros como lectores podemos advertir en seguida que un libro "nunca debió ver la luz", pues es tan malo que lo cerramos indignados o lo olvidamos en seguida. Y la razón está en que no basta escribir bien y no basta tener una idea y llevarla a cabo. Hay que saber hacerlo.

Que quede claro: hay que escribir bien, entendiendo "escribir bien" como la habilidad mínima para estructurar oraciones con sentido, respetar las reglas de la ortografía y la gramática castellanas, usar de manera adecuada los signos de puntuación, y saber separar párrafos, construirlos y terminarlos. No escribir bien no es opción y punto. Y los que suelten parrafadas interminables sobre los autores que valen por sus ideas y no por su estilo y su correcta gramática pueden seguir soltando esas parrafadas. Ningún autor serio ni ningún buen libro está escrito sin esta premisa básica. Sí, hasta quienes pretenden desafiar la ortografía y la gramática, hasta ellos escriben bien.

Pero además de escribir bien, de tener una idea estructurada de cómo va la historia y a dónde va, además de documentarse adecuadamente (no creerán que se me había olvidado...), el autor de arte narrativa ha de poseer habilidad narrativa. Es decir, ha de saber contar una historia. Que no es lo mismo que escribir bien. Yo puedo escribir maravillosamente bien, con un dominio lingüístico insuperable, y no saber cómo contar una historia simple, y hacer que el lector comience a bostezar no más empiece, o que no sepa muy bien de qué va la cosa, se aburra y cierre el libro.

La habilidad narrativa consiste en el hecho simple de saber dar fluidez a los hechos narrados. Que un hecho se conecte con otro hecho de manera natural, sin que haya tropiezos ni desviaciones extrañas. Que el lector mantenga el interés y sea llevado a lo largo de una historia hasta el final, sea éste abierto o cerrado, triste o feliz. Y no estoy diciendo que tenga que producir una historia de secuencia lineal. No. Se puede ser muy vanguardista o experimental, se puede hacer elipsis, o contar una historia de atrás para adelante, o dar vueltas y regresar sobre un hecho, etc. Se puede hacer todo eso, por supuesto, pero si no tienes habilidad narrativa, lo que te va a salir es un cumplido mamarracho, aunque sea muy lineal y muy progresivo.

La habilidad narrativa puede ser innata o puede ser aprendida. Si es innata, mejor, pues se esfuerza uno menos, pero de todas formas hay que ensayarla, pues por más innata que sea, si no se la practica, se atrofia. Si no es innata, no hay pánico, se puede aprender. Hay que esforzarse más, pero con buenas lecturas y mucha práctica, se puede desarrollar de manera eficiente. (Hay gente que nunca la desarrolla. Siempre la hay. En ese caso, supongo que el mejor consejo que se le puede dar es que se dedique a otra cosa).

Y miren si la habilidad narrativa es importante, que muchos libros circulan por ahí sin ideas sustanciales, sin personajes complejos, sin verdadero "fondo", pero como el autor ha sido hábil narrando, encantan. Los editores los publican, la gente los compra y lo que es mejor, los lee.

Entonces, antes de despotricar contra el mundo, antes de hablar de las injusticias editoriales, antes de sentirse uno muy incomprendido, ¿no es mejor evaluar cómo está nuestra habilidad narrativa? Y si ya no podemos ver la diferencia, porque siempre resulta complicado autocriticarse, recurramos a un lector que sabemos crítico y escuchémoslo. Quizá nuestro problema no esté en el argumento, en el dominio técnico de la escritura o en la adecuada documentación. Quizá nuestro problema está en nuestra habilidad narrativa.


6 comentarios:

Begoña dijo...

Esta entrada me ha parecido una de esas clases a las que siempre quise asistir en tiempo real. Una clase en la que un escritor hable de su oficio, y lo haga de forma concisa y clara. En realidad todo el blog es una continua lección de lo que hay que tener en cuenta para escribir y publicar, y que a veces se nos olvida o se nos enreda por esas leyendas que se han quedado ahí desde el principio de los tiempos de que escribir y publicar es una especie de magia ajena a su autor. Y escribir se quiera o no es un trabajo como cualquier otro cuando lo que se intenta es publicar. Está bien recordarlo siempre.
Saludos

Miguel de Esponera dijo...

Todo lo que se dice es cierto. Pero podemos darle la vuelta. No todo los textos narrativos son textos literarios. La diferencia entre unos y otros está en el propósito de hacer arte con las palabras. Yo he leído novelas que me han entusiasmado por contínuos prodigios de combinación de palabras y recursos literarios, de los que apenas recuerdo el guión. Soporto hasta el final una novela bien escrita pero mal contada, y sin embargo no soporto una novela de "guión" brillante pero carente por completo de magia literaria. Convengamos, pues, en que las obras "excelsas" son las que combinan habilidad narrativa y habilidad literaria; y que por debajo de ellas, en la segunda categoría, puede elegirse entre guión con poca literatura o literatura con poco guión.

(El blog me parece interesante; doy gracias a Begoña por el enlace que a éste ha incluido en su blog "Días de lluvia").

Ángeles Pavía dijo...

Respecto a lo de las faltas de ortografía, gramática y demás, todavía hay autores que dicen que no tiene importancia. También los hay que dicen que lo único importante es lo que se cuenta, no como se cuenta. Obviamente no estoy de acuerdo con ellos, sino contigo.
Respecto a lo de que quien no tenga habilidad narrativa que se dedique a otra cosa... XDXD, me he sentido totalmente identificada XDDDD. Escribo correctamente, domino mucho vocabulario, soy capaz de idear una historia, de documentarme todo lo que haga falta, pero a la hora de contarlo, soy capaz de aburrir hasta las ovejas. Por ello me dedico a otra cosa: corrijo, leo, asesoro a escritores en temas de documentación, pero no, no escribo.

Creo que tienes mucha razón.
Un saludo, Laura.

Emilio Chinchilla dijo...

Muy acertado tu escrito. La habilidad narrativa es una necesidad imperante en un escritor. No cualquiera puede hacerlo. Y además de todo, debe conseguirlo en un estilo único.
Saludos.

(Me ha gustado tu blog, lo visitaré con regularidad)

Asterión dijo...

Comparto lo que planteás. Siempre he sostenido, además, que un rechazo editorial, más allá de las razones (válidas o no) debe servir para que el autor se siente de nuevo a trabajar y a revisar. Es muy probable que el resultado lo deje más satisfecho que su anterior intento. Y si son varios rechazos, mejor.

Laura dijo...

Hola, Begoña, gracias por tus palabras. Yo fui una de esas estudiantes de filología y aspirantes a escritora que deseé conocer muchas cosas relacionadas con el acto en sí de la escritura y las relaciones entre autores y editores. Por supuesto, no obtuve nada en la facultad y ha sido ahora, veinte años después, y con muchos sinsabores a cuestas que (creo) he comenzado a comprender ciertos detalles extraliterarios y literarios muy importantes del mundo autoral y editorial...
Hola, Miguel, bienvenido =) Mira, lo que dices es interesante. También depende de qué entendemos como "habilidad literaria". Yo incluía la habilidad narrativa dentro de las múltiples habilidades literarias que un autor profesional desarrolla con el tiempo y la práctica. Saber contar es una. Qué se cuenta es otra. Pero ese es mi punto de vista y da para debates.
Hola, Ángeles: Pues como lectora has resultado implacable. Lo que mucho, mucho, se agradece =)
Hola, Emilio, bienvenido. Lo del estilo... pues, como que seguimos hablando de las muchas habilidades que un escritor necesita saber desarrollar. Aunque tengo la teoría (personal) de que el estilo propiamente dicho se desarrolla con el tiempo en un proceso casi inconsciente.
Hola, Asterión: Pues esa es la manera más optimista de recibir un rechazo editorial. Y la más acertada, por supuesto, pues es la que te permite crecer y alcanzar un pleno desarrollo. Claro que, en el momento, duele ;)