20 de diciembre de 2008

¿Plagio o inspiración?

Recorriendo en son de paseo la red, me topé con una pregunta llamativa: ¿Eres un plagiario involuntario? Me pareció tan sorprendente que me detuve a leer lo que el autor de la pregunta proponía y me sumergí en una discusión interesante. Era un foro de escritores.

Todos estaban de acuerdo, en líneas generales, lo que un plagio es. Yo compartía el punto de vista general: me parece obvio que copiar en parte o en su todo una obra ajena se identifica como plagio y el ofendido (es decir, el autor al que hemos copiado su trabajo) tiene todo el derecho de demandarnos por la infracción grave a una de las nociones más elementales de los derechos de autor. Pero, ¿qué ocurre cuando el plagio es involuntario?

Me pregunté: ¿acaso existe semejante cosa? Hubo quienes adujeron que copiar elementos o nociones de otra obra ya es un plagio. Pero, ¿qué son "elementos" o "nociones"? ¿Cómo separar lo que es propio del autor de lo que pertenece a la comunidad ("propiedad comunal")? Pues alguien argumentaba que no es posible la originalidad absoluta. Siempre tendremos un referente en el que nos habremos basado, inspirado o impulsado.

Yo pienso lo mismo. Los referentes son necesarios. Casi todos los escritores han comenzado por ser grandes lectores. Y los autores a quienes han leído suelen reflejarse de alguna manera en sus obras, sin que por ello debamos pensar que los están plagiando. Si me gusta mucho Tolkien y escribo una historia sobre elfos, ¿estoy plagiando a Tolkien? ¿De qué manera, si los elfos, para empezar, tampoco fueron creación del propio Tolkien sino que él los tomó del imaginario popular? Las líneas entre la inspiración y la copia pueden diluirse si hilamos delgado.

Alguien alegaba que un verdadero plagiario involuntario suele ir más allá de tomar los referentes culturales y utilizarlos de forma activa en su historia. En realidad, suelen ser fanáticos fervientes de algún autor, quienes en su afán por homenajearlo, piensan que están emulándolo, cuando simplemente lo están copiando. Y utilizan sus historias, sus personajes y sus conceptos para escribir a su vez obras propias. No copian un trozo de su obra directamente, pero al inundar su trabajo con tantos referentes terminan por copiarlo.

El ejemplo no estaba mal. Recordé esos cortos filmados que abundan en la web con los personajes y escenarios de La Guerra de las Galaxias de George Lucas. Son realizados por fanáticos, y hechos con verdadero cariño, tanto, que suelen quedar bastante bien. Pero el hecho es que están copiando la obra de Lucas. Sin embargo, mientras no lucren con eso, el autor los tolera. Los considera "homenajes".

Entonces, ¿dónde estribará la diferencia? Porque los homenajes también existen. Yo creo que está en la claridad. Si yo preparo un cuento y digo abiertamente que está basado en la Tierra Media de Tolkien, al citar a la fuente directa, no puede decirse que estoy plagiando. Será un homenaje. Y es muy importante no pretender lucrar con él, a menos que los herederos de Tolkien me hayan permitido hacerlo. El problema principal sucede cuando me baso en la obra de alguien para construir algo mío y luego lo presento como si todo hubiera venido directamente de mi cabeza. Aunque no pretenda plagiar, estoy haciéndolo. Y lo del lucro sigue siendo vital.

Otra cosa es utilizar elementos comunes. Elfos, dragones y duendes pertenecen al imaginario popular y todo autor puede usarlos. Marcianos, robots y máquinas para viajar en el tiempo, igual. El psicópata asesino en serie, el detective borrachín y hasta el jefe de policía corrupto son clichés sociales. No hay plagio en usarlos. No puede haberlo. (Cuidado, eso sí, si nuestro policía muestras rasgos sospechosamente iguales a los de Simenon, por ejemplo. Allí entra el plagio). Los elementos comunes son comunes precisamente porque no tienen un autor único ni identificable y forman parte del gran tapiz que es la cultura, un referente omnipresente en todo escritor y en general en todo artista.

Cuidado entonces con los plagios involuntarios. Por más que nos guste Frodo, no debemos crear un protagonista igual a él. Por más que nos guste el doctor Watson, guardarse de inventar un doctor Pérez exactamente igual. Amar a nuestros autores favoritos es una cosa, copiarlos es otra...

6 comentarios:

Francisco Javier Illán Vivas dijo...

Interesante reflexión, pero no hay que olvidar que escribimos sobre el lagado de los que nos precedieron. Creo que no hay nadie original en este momento, me parece imposible que en más de cuatro o cinco mil años, en todo el mundo, no se hayan tratado todos los temas habidos y por haber, todas las situaciones posibles, todo, absolutamente todo.

Cada vez que escribo un verso estoy convencido de que alguien, en algún lugar del mundo, y en un tiempo actual o pasado, ha escrito lo mismo que yo.

Y en esa línea, considero que sólo los pintores de Altamira u otras cuevas semejantes, pudieron ser, en su momento, originales. Eran ellos los primeros que escribían.

A partir de ellos, todos hemos escrito sobre los cimientos de quienes nos precedieron.

Saludos y Feliz Navidad

Teo Palacios dijo...

Durante estos últimos meses en los que, como sabes, estuve escribiendo novela histórica, el tema del plagio fue algo que me hizo pensar muy a menudo. Me explico:

Para escribir novela histórica es necesario documentarse, leer sobre la época, los personajes, los acontecimientos... por tanto COPIAS de otros autores!!!! ¿Eso es o mo es plagio? Porque, evidentemente, no copias con sus mismas palabras y tal cual lo exponen, aunque es inevitable que algunas frases sean prácticamente idénticas. Y, desde luego, las ideas están ahí. ¿Dónde, pues, está la línea entre plagio y documentación?

Ah...

Laura dijo...

Entiendo tus afirmaciones con respecto al legado que todos compartimos, Francisco. Es el legado cultural al que me he referido en la entrada original. El problema estriba entonces en determinar qué podemos considerar parte del legado cultural (la propiedad de la comunidad) y qué sería parte del aporte personal y original de un autor en particular.
Pienso que no es prudente hilar muy delgado, pero hay que prestar atención de todas formas...
En cuanto a la documentación, no encuentro tanto peligro. Una vez divulgada pasa a formar parte del referente real del que el arte se nutre. No creo que haya alguien que pudiera realmente acusarte de plagio por eso. ¡Mira lo que sucedió entre Dan Brown y los autores originales de "Sangre Real"! No hubo plagio, sino documentación ;)

Francisco Javier Illán Vivas dijo...

Aunque no esté en la línea del comentario:

Feliz Navidad, amiga Laura.

John Anthony dijo...

Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo.
Cuídate.
Chao.

Laura dijo...

¡Igual para todos en el mundo!
Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo
:)